martes, 11 de enero de 2022

El péndulo del tiempo aborigen

En Acusa, durante el solsticio...
Gran Canaria ofrece una enorme variedad de paisajes y localizaciones extraordinarias. En estos platós naturales en miniatura, visitamos desiertos, selvas o ciudades de ambos lados del Atlántico, y también está Acusa, un paraíso místico y armonioso, una Shangri-la para descubrir en lo más profundo de Gran Canaria, rodeada de montañas y coronada por los símbolos naturales de una isla donde cada rincón es simbólico, cada paisaje único y el tiempo se mide como una calma tropical. Pero en este recóndito observatorio se corona el cielo, con el Roque y el Bentayga como friso de un santuario natural declarado Patrimonio de la Humanidad.

El escenario impresiona, rodeado de riscos y acantilados, Acusa se eleva para mostrar la gran caldera de hundimiento, un impresionante colapso telúrico, rodeada de más de 500 láminas de roca subvolcánica (cone sheet), permiten imaginar y hasta sentir la colosal erupción y posterior explosión para crear la gran depresión de 18 kilómetros de diámetro máximo y hasta 1949 metros de altura, erosionada por la lluvia y el viento, en cuyo centro está Acusa.

Acudimos a un lugar que emociona al contemplar la perfecta conjunción entre la cumbre y los astros, un paisaje que inspira canciones que emocionan en la voz de Alfredo Kraus, e impactantes descripciones literarias, junto a imágenes paradisíacas que pueblan las redes.

En esos momentos decisivos de la órbita terrestre, el altar de la tierra amada, que es también tempestad petrificada y ahora montañas sagradas, adquiere un nuevo sentido. Nace el ritual, la convivencia entre lo científico y lo espiritual. En Stonehenge, el ser humano construyó un Observatorio ritual. En la Caldera de Tejeda, la tierra creó su propio reloj estacional para la isla. Y el lugar se pobló de santuarios.

Sólo un par de días tiene lugar el fenómeno que permite contemplar desde esa meseta, rodeada de vertiginosos barrancos, los primeros rayos del sol abrirse paso entre los dos roques. Sólo en ese lugar se puede ser testigo de un acontecimiento que despierta todos los sentidos. En el día más corto y el más largo del año. Donde los dos roques marcan las fechas de los solsticios como un péndulo, de lado a lado, de invierno a verano. Durante unos instantes se abre ese foco de luz sobre Acusa y crece la energía que da calor a nuestros cuerpos. El sol se exhibe con toda la plenitud en la cercanía o distancia entre la Tierra y el Sol, en su máximo perigeo o apogeo.

El espectáculo que ofrece la naturaleza -dos veces cada año-, atrae y atrapa a personas que disfrutan de un espectacular amanecer con un escenario sorprendente. Una explosión de luz y color que atraviesa los dos grandes pitones basálticos, dando comienzo la secuencia del haz de luz que señala varios de los lugares arqueológicos más sorprendentes dedicados a invocar a su dios 'Magec', el astro rey del sistema solar. Sus primeros rayos iluminan la zona de acantilados donde se encuentra la Cueva de los Candiles, decorada con más de 300 triángulos púbicos. Desde lo alto del Bentayga, un almogarén (lugar de culto religioso) dirige las ceremonias del sol con solemnes representaciones y el uso de leche de cabra, gofio, miel, como recuerdan los guías de Turinka. La investigación permite comprobar que este guión, marcado por la naturaleza, creó una cultura para un pueblo ligado a su paisaje y a las puntuales señales de los astros.

Algunas posibles definiciones de este acontecimiento en el idioma Amazigh, de los antiguos pobladores, son muy descriptivas de lo que se puede vivir con todos los sentidos en estas efímeras experiencias. Para ellos, el solsticio de diciembre era la Puerta del invierno, y el de junio es el Triunfo del sol. Incluso hay una descripción del astro rey como "la/lo que posee resplandor, brillante".

En Acusa, el solsticio se produce en una puerta triunfal, resplandeciente, brillante y vibrante. La esfera celeste adquiere una luminosidad única que extiende sus cálidos rayos por los acantilados que desperezan en silencio reverencial. El deseo de captar todo produce una ceguera de embriaguez de luz. Y el recuerdo de lo vivido queda grabado en la memoria, como un sentimiento que nos acerca al pasado desde un instante eterno.

  • PS Artículo que publicará el periódico turístico It's Gran Canaria en su próxima edición.

domingo, 9 de enero de 2022

Del turismo social franquista al Imserso, crónica del 'baby boom'

Folleto Turismo Social 1963
Hoy el turismo social se llama 'Programa de Vacaciones para Mayores del Imserso' , la oferta de vacaciones para aquellas personas jubiladas que necesitan ocupar su tiempo y que pueden disfrutar de infraestructuras turísticas a precios asequibles. En realidad, es una fórmula para mantener cierta actividad en temporada baja que, en la Península, es casi todo el año salvo el verano, Semana Santa y poco más (como es el caso de las estaciones de nieve).

Se da la circunstancia de que la gran mayoría de beneficiarios del Imserso vivieron también tiempos difíciles en su infancia y adolescencia, cuando viajar era un privilegio de pocos, cuando el turismo extranjero trajo las divisas para un país subdesarrollado (entonces apenas existía la deslocalización industrial y Europa comenzaba en los Pirineos).

El Gobierno de la dictadura creaba el 'turismo social',  dentro de su 'Obra Sindical de Educación y Descanso', en diciembre de 1936, siguiendo el modelo de la organización italiana Opera Nazionale Dopolavoro (OND) que había existido durante el régimen fascista de Mussolini. Denominada en sus comienzos 'Alegría y Descanso' -nombre de claras resonancias nazis-.En sus primeros años de existencia mantuvo contactos con la organización nazi 'Kraft durch Freude', llegando a firmarse un convenio de cooperación entre ambas en 1943. Este organismo se centraba en eventos deportivos y de adoctrinamiento, promoviendo una red de albergues e instalaciones por el Estado, pero también lanzó ofertar de viajes al extranjero como alternativa a la falta de opciones, aunque la imagen de aquellos folletos recordaba más a las películas de los horrores de los campos de concentración y a la emigración masiva de mano de obra española a los países del 'Mercado Común' (la Comunidad Económica Europea, surgida del Tratado de Roma en 1957, con España excluida), que a un folleto prometiendo experiencias y parajes de ensueño.

Folleto Turismo Social 1974

España vivía su transición de la autarquía a los procesos de la etapa del Desarrollismo, con el Plan de Estabilización (1959) y los tres Planes de Desarrollo posteriores. Fue el período en que el Opus Dei se hizo con el poder económico del país, favoreciendo la entrada de inversores (turismo, fábricas  de Rensult, Citroen...) en los 'polos de desarrollo' con los que impulsaron una industrialización tardía (gracias a las divisas de los emigrantes españoles y del turismo), que acabaría en un estrangulamiento económico en los años 70 y una sucesión de reconversiones que continúan medio siglo después.

Fue, precisamente, en los setenta cuando se aprobó la jubilación a los 65 años, mejoran la esperanza de vida, las infraestructuras turísticas y de transportes, y se idea el programa  de vacaciones para la tercera edad, con el fin de aprovechar las instalaciones turísticas de la península, que padecen el problema de la estacionalidad, con la consiguiente mejora de estabilidad en el empleo del sector. Una actividad que comenzó con 16.000 usuarios y ya superaba los 600.000 antes de la pandemia. Curiosamente, estas vacaciones apadrinadas por el Estado, vuelven a conectar a la generación del 'baby boom' (nacidos entre los 50 y los 70) con el pasado, con aquellos recursos de turismo social a través de la obra sindical de Educación y Descanso, mientras hoy son beneficiarios de un sistema que les permite viajar, sólo que a diferencia de los primeros viajes de Educación y Descanso o el Inserso, ya no es un descubrimiento para ellos, sino una forma de vida.

sábado, 8 de enero de 2022

Camellos, del arado al chárter turístico

Maspalomas 1960. Fachico Rojas
En 1934, con motivo de la celebración del aniversario de la II República, el ministro Rafael Guerra del Río, amigo del artista Néstor Martín-Fernández de la Torre, le encarga el diseño y ejecución del cortejo regional canario que participó en el desfile conmemorativo, una elección que aprovecharía nuestro artista para mostrar su propuesta de imagen turística y tropical, una exhibición de tipismo plasmado en sus diseños de trajes, la arquitectura, la artesanía y, cómo no, el plátano que exportamos a América y el uso del camello que importamos de Oriente. Así recorrió Madrid la comitiva isleña ante el asombro y aplauso de la multitud. El exotismo y la belleza de los diseños que paseó por las calles madrileñas, fue la carta de presentación de un nuevo modelo turístico que tendría una gran repercusión en Gran Canaria durante décadas.

Desde hace más de 500 años, la figura del dromedario forma parte del paisaje isleño, principalmente en las Canarias orientales. Traídos desde la costa noroeste de África, los camellos fueron de gran ayuda para las explotaciones agrícolas y como transporte de carga pesada. Su uso se ha transformado, como lo ha hecho la economía de las islas, al trasladar el protagonismo de la agricultura al sector turístico.

La silueta del camello en las dunas como imagen turística de Gran Canaria se mantiene después de 60 años, junto a la playa y el oasis de Maspalomas con su palmeral. La mezcla ideal de exotismo, belleza y calidez que consolida un destino líder de sol y arena en el invierno europeo. Justo en la Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas, con sus 400 hectáreas de un paisaje que recuerda al desierto del Sahara (que tiene una superficie de 9,2 millones de kilómetros cuadrados). Una imagen que perdura en un idilio entre los turistas europeos y este enclave durante más de medio siglo. Y todo empezó en 1961 con un libro que presentaba las bases del concurso internacional de ideas para crear Maspalomas Costa Canaria, cuando en el lugar no había nada más que el faro, algunas cabañas ¡y una estación espacial de la NASA!, que formó parte de los programas Mercury, Gemini y Apolo.

Astronautas del Apolo en Maspalomas.

Tanto en aquel libro que convocaba el concurso, como durante la presencia de los famosos astronautas norteamericanos, incluidos los héroes que pisaron la luna por primera vez, hay una presencia muy especial que destaca en las imágenes: los camellos o dromedarios. Un animal de carga que ya se incorporaba como parte de la postal turística del destino, una imagen que coincidía con el estreno en todo el mundo de ´Lawrence de Arabia´, una de las películas más famosas de la historia del cine, entre los 10 mejores filmes, y ganadora de 7 estatuillas Oscar, dejando para la historia la icónica imagen de los paisajes desérticos, con Peter O'Toole rodeado de tribus árabes, montados sobre dromedarios contra los cañones del ejército turco.

Boda en Teror. Néstor Martín-Fernández.

Otros/as turistas famosos también montaron a lomos de camellos, como la escritora Olivia Stone, a finales del s XIX, quien detalla la presencia de estos animales en varias de las islas. Sin embargo, desde hace 60 años, la supervivencia de esta especie en las islas depende de su papel como atractivo turístico. Una situación que ha permitido que los ejemplares existentes en Gran Canaria, no sólo sean los únicos exportables a Europa, Brasil o Australia (entre otros puntos del planeta), sino que también han sido objeto de estudios promovidos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con fines médicos, mejorando los resultados que se obtenían en las muestras de otras especies animales. Otros servicios que puede prestar es la limpieza o restauración del conjunto de dunas, o participando en escenas cinematográficas. Por ahora, son el más antiguo transporte que recorre el entorno de las dunas en un tranquilo paseo.

Casino de Tenerife. Néstor Martín-Fernández.
  • PS: Artículo que publicará el periódico It is Gran Canaria en su próxima edición.

martes, 7 de diciembre de 2021

Una isla para catarla

Algunas de las mieles de la isla en el concurso
Pocas son las personas que tienen las habilidades para formar parte de los jurados de cata de productos gastronómicos. Se trata de individuos que han nacido -o educado- con sus sentidos muy sensibles para percibir todos los matices que puede ofrecer cada tipo de producto, tantos como alimentos que podemos consumir. Como, por ejemplo, los vinos, sal mieles, aceite, quesos... todo aquello que, además de saciar nuestro apetito, nos puede dejar una huella en el olfato, la vista, el gusto, el tacto e incluso el oído.

Pero no se crea que todas las catas son iguales. No existe un manual o un modelo único para catadores que permita decidir cuál es el mejor aceite de oliva virgen y, a la vez, aplicarlo a una cata de sidra, o de ron. Por el contrario, cada producto tiene sus características y sus formas de presentación y ritual de cata. En el caso del aceite, el producto no se sirve en copa transparente como es habitual en las catas de vino, sino con un color que impide ver las tonalidades del aceite. Asimismo, el recipiente se calienta un poco, mecánicamente o con las manos, para que esté templado o a unos 28º. Después, los miembros del jurado probarán uno a uno los aceites y valorarán aspectos como el frutado, el amargor y el picante. Un proceso no muy gratificante, ya que los únicos elementos que podrá degustar son los resultados de la cosecha tras su paso por la almazara, junto a unos bizcochos o una manzana verde, para arrastrar los restos de sabor de la muestra. Bien distinto es el caso de, por ejemplo, la sal, en la que lo primero que se observa es la intensidad del color blanco (desde el blanco de mayor pureza al blanco roto) así como el brillo. Después se comprueba el tamaño del grano (cuanto más pequeño, mejor), el tipo de grano (en busca de la forma cúbica), el momento en que se deshace entre los dedos y el grado de humedad (la sal debe tener algo de humedad, a pesar de que se piense lo contrario).

Y así podríamos continuar con diversas modalidades de cata, como la del vino, el agua, las mieles, o los quesos que se producen en la isla, con su enorme cantidad de variedades. Si a esto le sumamos las diferentes especialidades gastronómicas de la isla, de cumbre a costa, nos encontramos con diversos atractivos en forma de jornadas de degustación que nos permiten catar las diversas carnes y formas de preparación del cabrito, cordero, cochino, conejo o vacuno. Pero, lo asombroso de este recorrido por los sabores de Gran Canaria es que la mayoría de estos eventos coinciden con la finalización del año, lo que convierte la isla en una gran feria de sabores. Una realidad que asombra a quienes nos visitan porque, probablemente, esta isla sea el único lugar del mundo donde se puede dar cita a tantos sabores y, además, por tratarse de productos estrella de grandes certámenes internacionales, como la World Cheese Awards, en la que los quesos de las islas se imponen sobre muestras llegadas de todo el planeta, de regiones donde tengan algún concurso de cata, pero no tantos como los que coinciden cada año en Gran Canaria.

Para nosotros es algo natural, propio, diferencial. Vivimos en un 'continente en miniatura' como acuñara hace un siglo Domingo Doreste 'Fray Lesco', lo que nos permite no sólo disfrutar de diversos productos de calidad, sino también celebrar con ellos concursos que tienen como característica principal que vienen de materias primas de primera calidad y de variedades propias. El hecho insular y los diferentes microclimas que tiene Gran Canaria, hacen que contemos con cultivos de excelencia, variedad y originalidad, a diferentes alturas, humedades, al sol o con lluvias, pero nunca con temperaturas tan extremas como pueden producirse en los territorios continentales, lo que diferencia los productos isleños de los provenientes del continente, cultivados en pequeñas plantaciones, como obliga el hecho insular, pero de calidad extraordinaria.

Vale la pena recorrer la isla para catarla.

(Este artículo es una nueva entrega para el periódico turístico It is Gran Canaria)

domingo, 7 de noviembre de 2021

Amar a la sombra de la Reserva

Roque Bentayga
(Mi nueva entrega para el periódico turístico 'It's Gran Canaria' habla de futuro, amor y vida...

La vida del canarión discurre en una pequeña capa de la Tierra, una superficie, una piel, del tamaño de una isla. Cada día, alza la vista y comprueba el horizonte. De mar a cumbre. Los primeros rayos y las nubes. Entre el agua y el cielo, donde se puede respirar una brisa perfumada por el Atlántico o, en ocasiones, masticar el polvo del Sahara. Es el ritual del amanecer en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, el momento en el que se ilumina nuestro mundo isleño. Un estallido de luz y color, cuando el océano da al cielo una limpieza y profundidad hipnótica, solo interrumpida por la  ocasional aparición de la calima del desierto.

Casi la mitad de la isla está declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. De hecho, todas las islas que conforman el Archipiélago Canario son o tienen parte de su territorio declarado como territorios del programa MAB (los casos de Gran Canaria y Tenerife). Pero, al igual que las demás islas, podría ser Gran Canaria entera, con su puerto y aeropuerto, histórica plataforma atlántica, ciudad cosmopolita, Luz de la mar océana. Cerquita de la capital y más al sur, la meca del turismo europeo en invierno, todo en un área a pocos minutos de la Reserva, al alcance de la mano. Es parte de ella, aunque no dentro de su mapa, destinada a convivir con la población isleña. Y esta -su gente- disfruta, orgullosa, del mismo paisaje, porque no puede levantarse un muro, una frontera interior, en el alma del isleño y su alma está en sus cumbres, sus bosques y en la 'isla vieja' de su origen volcánico y apocalíptico, cuya orografía la hizo indómita.

Pero el isleño sabe que no hay fronteras ni separación. Es la aceptación de que no hay una Biosfera a cuidar, si no es toda la isla, y todo el planeta. Todos los seres vivos en un territorio y sus interrelaciones. ¿Se puede ovidar el isleño de su realidad insular? O... ¿debemos actuar para que toda la isla actúe en la mejora de la biosfera, de la vida en el planeta?  

Quizás sea el momento de actualizar el concepto de las Reservas, de aplicar lo que impone la crisis climática. Sabemos que no existen fronteras ni muros para frenar la acción de la naturaleza y menos el clima, que se guía por patrones y corrientes que recorren el planeta ocasionando fenómenos atmosféricos que cada vez serán más extremos a causa del exceso de gases producidos por el uso desmedido de combustibles fósiles en una carrera creciente en las últimas décadas. Sólo nos queda actuar para mitigar lo ya inevitable y revertir el proceso.

Y en territorios insulares la contradicción está servida. Una isla es un todo. Su biosfera en miniatura está formada por el conjunto de los seres vivos de su territorio y sus interrelaciones. Sin olvidar que forma parte de la 'envoltura viva' de la Tierra, donde se desarrolla la vida. Donde vivimos y vivirán nuestros descendientes. Por ello, mirando hacia nuestro pasado, hacia nuestro entorno, nos damos cuenta de lo afortunados que hemos sido al tener uno de los entornos más bellos, agradables y saludables del planeta. Donde han surgido grandes creadores que han intentado explicar que hay una forma de vida en armonía con la naturaleza y la espectacularidad de sus paisajes, como Néstor Martín-Fernández de la Torre o César Manrique, quienes han defendido y demostrado que se puede "hacer de la vida una obra de arte", convirtiendo nuestro territorio en lugares de atracción y de concienciación sobre la fragilidad de la vida ante la acción del ser humano.

Quizás sea el amor la fuerza más poderosa del arte, de esos creadores que nos muestran cómo disfrutar de los pequeños detalles, de los rincones que pasan inadvertidos o que convertimos en vertederos, pero con un poco de cuidado se convierten en lugares icónicos para todo el mundo. Porque la vida puede ser un escenario de dificultades y obstáculos, el clima puede ser un castigo para el ser humano, por el frío, el calor, la humedad... pero también puede convertirse en ese espacio donde florecen los mejores sentimientos. De ahí que recordemos, constantemente, las palabras de los artistas: hagamos de la vida una obra de arte, lo que, viviendo a la sombra de la Reserva de la Biosfera, nos invita a amar la vida y dejar una huella que haga que nos recuerden por haber sido consecuentes con la herencia recibida.