martes, 7 de diciembre de 2021

Una isla para catarla

Algunas de las mieles de la isla en el concurso
Pocas son las personas que tienen las habilidades para formar parte de los jurados de cata de productos gastronómicos. Se trata de individuos que han nacido -o educado- con sus sentidos muy sensibles para percibir todos los matices que puede ofrecer cada tipo de producto, tantos como alimentos que podemos consumir. Como, por ejemplo, los vinos, sal mieles, aceite, quesos... todo aquello que, además de saciar nuestro apetito, nos puede dejar una huella en el olfato, la vista, el gusto, el tacto e incluso el oído.

Pero no se crea que todas las catas son iguales. No existe un manual o un modelo único para catadores que permita decidir cuál es el mejor aceite de oliva virgen y, a la vez, aplicarlo a una cata de sidra, o de ron. Por el contrario, cada producto tiene sus características y sus formas de presentación y ritual de cata. En el caso del aceite, el producto no se sirve en copa transparente como es habitual en las catas de vino, sino con un color que impide ver las tonalidades del aceite. Asimismo, el recipiente se calienta un poco, mecánicamente o con las manos, para que esté templado o a unos 28º. Después, los miembros del jurado probarán uno a uno los aceites y valorarán aspectos como el frutado, el amargor y el picante. Un proceso no muy gratificante, ya que los únicos elementos que podrá degustar son los resultados de la cosecha tras su paso por la almazara, junto a unos bizcochos o una manzana verde, para arrastrar los restos de sabor de la muestra. Bien distinto es el caso de, por ejemplo, la sal, en la que lo primero que se observa es la intensidad del color blanco (desde el blanco de mayor pureza al blanco roto) así como el brillo. Después se comprueba el tamaño del grano (cuanto más pequeño, mejor), el tipo de grano (en busca de la forma cúbica), el momento en que se deshace entre los dedos y el grado de humedad (la sal debe tener algo de humedad, a pesar de que se piense lo contrario).

Y así podríamos continuar con diversas modalidades de cata, como la del vino, el agua, las mieles, o los quesos que se producen en la isla, con su enorme cantidad de variedades. Si a esto le sumamos las diferentes especialidades gastronómicas de la isla, de cumbre a costa, nos encontramos con diversos atractivos en forma de jornadas de degustación que nos permiten catar las diversas carnes y formas de preparación del cabrito, cordero, cochino, conejo o vacuno. Pero, lo asombroso de este recorrido por los sabores de Gran Canaria es que la mayoría de estos eventos coinciden con la finalización del año, lo que convierte la isla en una gran feria de sabores. Una realidad que asombra a quienes nos visitan porque, probablemente, esta isla sea el único lugar del mundo donde se puede dar cita a tantos sabores y, además, por tratarse de productos estrella de grandes certámenes internacionales, como la World Cheese Awards, en la que los quesos de las islas se imponen sobre muestras llegadas de todo el planeta, de regiones donde tengan algún concurso de cata, pero no tantos como los que coinciden cada año en Gran Canaria.

Para nosotros es algo natural, propio, diferencial. Vivimos en un 'continente en miniatura' como acuñara hace un siglo Domingo Doreste 'Fray Lesco', lo que nos permite no sólo disfrutar de diversos productos de calidad, sino también celebrar con ellos concursos que tienen como característica principal que vienen de materias primas de primera calidad y de variedades propias. El hecho insular y los diferentes microclimas que tiene Gran Canaria, hacen que contemos con cultivos de excelencia, variedad y originalidad, a diferentes alturas, humedades, al sol o con lluvias, pero nunca con temperaturas tan extremas como pueden producirse en los territorios continentales, lo que diferencia los productos isleños de los provenientes del continente, cultivados en pequeñas plantaciones, como obliga el hecho insular, pero de calidad extraordinaria.

Vale la pena recorrer la isla para catarla.

(Este artículo es una nueva entrega para el periódico turístico It is Gran Canaria)

domingo, 7 de noviembre de 2021

Amar a la sombra de la Reserva

Roque Bentayga
(Mi nueva entrega para el periódico turístico 'It's Gran Canaria' habla de futuro, amor y vida...

La vida del canarión discurre en una pequeña capa de la Tierra, una superficie, una piel, del tamaño de una isla. Cada día, alza la vista y comprueba el horizonte. De mar a cumbre. Los primeros rayos y las nubes. Entre el agua y el cielo, donde se puede respirar una brisa perfumada por el Atlántico o, en ocasiones, masticar el polvo del Sahara. Es el ritual del amanecer en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, el momento en el que se ilumina nuestro mundo isleño. Un estallido de luz y color, cuando el océano da al cielo una limpieza y profundidad hipnótica, solo interrumpida por la  ocasional aparición de la calima del desierto.

Casi la mitad de la isla está declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. De hecho, todas las islas que conforman el Archipiélago Canario son o tienen parte de su territorio declarado como territorios del programa MAB (los casos de Gran Canaria y Tenerife). Pero, al igual que las demás islas, podría ser Gran Canaria entera, con su puerto y aeropuerto, histórica plataforma atlántica, ciudad cosmopolita, Luz de la mar océana. Cerquita de la capital y más al sur, la meca del turismo europeo en invierno, todo en un área a pocos minutos de la Reserva, al alcance de la mano. Es parte de ella, aunque no dentro de su mapa, destinada a convivir con la población isleña. Y esta -su gente- disfruta, orgullosa, del mismo paisaje, porque no puede levantarse un muro, una frontera interior, en el alma del isleño y su alma está en sus cumbres, sus bosques y en la 'isla vieja' de su origen volcánico y apocalíptico, cuya orografía la hizo indómita.

Pero el isleño sabe que no hay fronteras ni separación. Es la aceptación de que no hay una Biosfera a cuidar, si no es toda la isla, y todo el planeta. Todos los seres vivos en un territorio y sus interrelaciones. ¿Se puede ovidar el isleño de su realidad insular? O... ¿debemos actuar para que toda la isla actúe en la mejora de la biosfera, de la vida en el planeta?  

Quizás sea el momento de actualizar el concepto de las Reservas, de aplicar lo que impone la crisis climática. Sabemos que no existen fronteras ni muros para frenar la acción de la naturaleza y menos el clima, que se guía por patrones y corrientes que recorren el planeta ocasionando fenómenos atmosféricos que cada vez serán más extremos a causa del exceso de gases producidos por el uso desmedido de combustibles fósiles en una carrera creciente en las últimas décadas. Sólo nos queda actuar para mitigar lo ya inevitable y revertir el proceso.

Y en territorios insulares la contradicción está servida. Una isla es un todo. Su biosfera en miniatura está formada por el conjunto de los seres vivos de su territorio y sus interrelaciones. Sin olvidar que forma parte de la 'envoltura viva' de la Tierra, donde se desarrolla la vida. Donde vivimos y vivirán nuestros descendientes. Por ello, mirando hacia nuestro pasado, hacia nuestro entorno, nos damos cuenta de lo afortunados que hemos sido al tener uno de los entornos más bellos, agradables y saludables del planeta. Donde han surgido grandes creadores que han intentado explicar que hay una forma de vida en armonía con la naturaleza y la espectacularidad de sus paisajes, como Néstor Martín-Fernández de la Torre o César Manrique, quienes han defendido y demostrado que se puede "hacer de la vida una obra de arte", convirtiendo nuestro territorio en lugares de atracción y de concienciación sobre la fragilidad de la vida ante la acción del ser humano.

Quizás sea el amor la fuerza más poderosa del arte, de esos creadores que nos muestran cómo disfrutar de los pequeños detalles, de los rincones que pasan inadvertidos o que convertimos en vertederos, pero con un poco de cuidado se convierten en lugares icónicos para todo el mundo. Porque la vida puede ser un escenario de dificultades y obstáculos, el clima puede ser un castigo para el ser humano, por el frío, el calor, la humedad... pero también puede convertirse en ese espacio donde florecen los mejores sentimientos. De ahí que recordemos, constantemente, las palabras de los artistas: hagamos de la vida una obra de arte, lo que, viviendo a la sombra de la Reserva de la Biosfera, nos invita a amar la vida y dejar una huella que haga que nos recuerden por haber sido consecuentes con la herencia recibida.

domingo, 17 de octubre de 2021

La fascinación por el pasado de los canarios

En la gruta de Ansite. (Oscar Barroso/Turinka)
Pasear por las entrañas de las cuevas de La Audiencia, en Temisas, donde unos agujeros que pasan desapercibidos en distintos puntos de la montaña dejan pasar una tenue luz que se apaga en una pequeña oquedad en la cueva, diminuta, pero con espacio suficiente para un par de personas en pie. Sucede en uno de los numerosos silos de cuyo cuidado dependía la supervivencia de aquel poblado. Un descubrimiento para muchos que conocemos el lugar, pero no sus secretos.

He llegado al lugar con los amigos de Turinka, los hermanos Óscar y Javier Barroso, a quienes conocí antes de emprender esta aventura en el sector turístico. Sus fotografías, el comentario de los/as participantes y su tenacidad para convertir el misterio, junto a unos sorprendentes escenarios en una experiencia inolvidable, han dado resultados. Sobre todo, porque hacer una de sus rutas es entrar en un mundo fascinante de una realidad a la que sólo podemos acercarnos con la imaginación. La realidad es el rastro físico de la presencia de aquellos antiguos canarios, todo lo demás es adentrarnos en el pasado, con el rabillo del ojo de la curiosidad que nos despiertan nuestros anfitriones

Y tras la visita retumban las preguntas... ¿Qué habrían colocado en aquella ojiva excavada en la toba hace cientos de años? ¿Por qué en aquel recóndito lugar? ¿A quién se le ocurrió? Y así un largo recorrido por tierras del sur prehistórico. Con más preguntas en cada parada, en cada rincón y en cada sorprendente estructura de aquellos tiempos de fortalezas de piedra, cerámicas piezas de arte y momias. Degustando el gofio con leche y miel en un gánigo, mientras suena una endecha…

Ante cada evidencia física más se acrecienta la pregunta y el interés ¿Qué sabemos con certeza de nuestro pasado isleño? ¿Por qué sigue siendo un misterio o -en algún caso- una vergüenza para los que descendemos de conquistadores y conquistados? Y así se queda uno tras el recorrido y actividades que prepara Turinka en lugares inolvidables, en lugares que son víctima del olvido de un pasado que fue sepultado por la conquista, el tiempo, las ruinas… Pero que reviven en cada visita con estos guías cuya inquietud los lleva a rebuscar en libros, expertos y en el propio lugar los restos del pasado, de la experiencia aborigen.

Y no son los únicos, hay varias empresas y guías en solitario, pero con una gran inventiva y entusiasmo, muy perjudicado el sector por la crisis pandémica, pero ahí continúan, como también lo hacen Trip Gran Canaria, Ngaro Games y otras propuestas de conocimiento de nuestro entorno inmediato que no pasan desapercibidas, pero que deberían despertar la curiosidad colectiva, disfrutar de sus originales propuestas para concienciarnos de las extraordinarias posibilidades para disfrutar nuestro entorno, nuestro paisaje y nuestra realidad histórica.

domingo, 26 de septiembre de 2021

La vida entre volcanes

Desde Los Muchachos (Kike Navarro)
(Como no puede ser de otra manera, mi colaboración con el periódico It's Gran Canaria, gira en torno al volcán de La Palma y la solidaridad que ha desatado)

La fuerza de la naturaleza se percibe a cada instante y en cada rincón del archipiélago canario. El embate del Atlántico o sus calmas, intentando ocupar el espacio de la tierra, representando la eterna lucha entre los elementos: tierra, fuego, agua y viento. Todo sucede en un reducido y aislado espacio. El lugar de encuentro -a veces colisión-, entre el alisio húmedo del Atlántico norte y el viento caluroso del Sahara, donde suena en sinfonía la brisa y el siroco, el mar de nubes y la calima. Y, sobre este paraíso de leyenda, vivimos los isleños.

Islas mitológicas donde sucedieron las grandes epopeyas, en los confines del mundo conocido, más allá del panteón de los dioses olímpicos, en el imaginario jardín de las islas afortunadas que bautizaron los clásicos, en la creencia de que esas fuerzas de la naturaleza también crean belleza y bienestar. Un escenario épico y dramático que se puede admirar desde hace una semana, con retazos de aquel paisaje idílico que formó la naturaleza con su tenacidad durante siglos, creando una gran variedad de ecosistemas únicos. Un jardín de jardines en un territorio que sufre el fuego de sus volcanes, los temporales o la puesta en producción de sus bosques y consumo sistemático de los recursos naturales por sus colonizadores. Y, a pesar de todo, pervive la huella del pasado que describe magistralmente Miguel de Unamuno, tras sus estancias en Gran Canaria, para transportarnos a "lo que debió ser el terrible combate entre Vulcano y Neptuno, entre el dios del fuego y el dios del agua". Y estos días hemos visto nuevamente lucha mitológica con una imparable erupción telúrica de fuego, roca, humo... Hemos acompañado, impotentes, las lenguas de lava en su carrera hacia el mar para arañarle unos metros, los que la constante fuerza mareomotriz arrebata a los límites costeros de la isla en su constante empuje frente a la roca incandescente que cubrió el océano y que éste ha enfriado.

Pero el volcán también deja su propia huella, su memoria, una cicatriz cauterizada sobre la piel delicada de la isla. Un mar de cenizas que ha sepultado cientos de historias de personas que van a rehacer sus vidas. Supervivientes de una catástrofe natural. Otra más. Sin ningún herido, salvo en sus almas. El paraíso fue inundado por un río de fuego.

Vivimos estos días una erupción volcánica espectacular y sorprendente. A pesar de que durante días acechábamos el baile de temblores de tierra que demostraban el movimiento telúrico que estaba gestándose, bajo la zona de Cumbre Vieja en la isla de La Palma. Teníamos la esperanza de que siguiera el rumbo de San Juan (1949) y Teneguía (1971). Al final, el 20 de septiembre se abrió paso hacia la superficie, casi en el centro de la isla. 10 años después de la erupción submarina de El Hierro y en el 50 aniversario de la erupción del Teneguía (a pocos kilómetros de la actual). Y, por mucho que se esperaba y se sabía que iba a producirse, nadie podía precisar dónde y tampoco imaginaban la magnitud de la catástrofe, para quienes han perdido todo sepultado por una avalancha de magma imparable.

Y este es nuestro paisaje cotidiano. Grandes cráteres y picos, calderas de hundimiento y erosión profunda, y la vegetación nacida del volcán, criada en la necesidad, en la adaptación, en la resistencia frente a épocas de sequía, temporales de lluvia y viento…

Ese espacio también es la identidad de su población, que ha sabido adaptarse a su contradictorio destino. Los volcanes son el paisaje real, espectacular, como lo describe Unamuno: "Todas aquellas negras murallas de la gran caldera, con sus crestas que parecen almenadas, con sus roques enhiestos, ofrecen el aspecto de una visión dantesca. ...Es una tremenda tempestad petrificada, una tempestad de fuego más que de agua". Y en esa fragua, de inciertos pronósticos, viven personas. Con esa fuerza de la naturaleza, de mar en el firmamento y vértigo en la visión del centro de la tierra. Son canarios y canarias que conocen el latido de la tierra, el rugido de la roca, el choque del océano contra el acantilado. Una realidad que inspira, que durante siglos ha vivido en nuestros sueños, pero que también puede originar situaciones trágicas, aunque no haya víctimas mortales. Es el contradictorio mundo que habitamos, donde una erupción volcánica ha acabado con el sueño de muchas personas, pero también ha despertado el interés y atracción de otras muchas y, sobre todo, la solidaridad. Un volcán mucho mayor de apoyo y generosidad.

viernes, 17 de septiembre de 2021

300 mil

Diez años de evolución de lecturas del blog.
No se asusten, no voy a hablar de la película sobre la batalla de las Termópilas. Pero sí, de forma espartana, con mucho esfuerzo y constancia, he llegado a los diez años  (y nueve meses), con la publicación de 528 artículos (más este) que han facilitado -gratis- 300.000 lecturas (trescientas mil, tengo que ponerlo en letras y pellizcarme para bajar del sueño).

Tampoco les voy a hablar de todos los artículos, sino destacar que la gran mayoría (más del 95%) están referidos a la historia y a disquisiciones sobre el turismo en Canarias. Y el resto a algunos artistas canarios, sin que tenga que ver directamente con el turismo. En el ranking de los diez más leídos, les indico de más leído hacia abajo: Maspalomas (un parque temático natural); El Confital (y el sueño no realizado de César Manrique); El todo incluido (aquel que usa la masificación como negocio); La isleta (y el proyecto de teleférico); La cementera de El Pajar (y su futuro); El origen canario del Gran Tour en USA; Maspalomas en la ruta a la Luna; El ocaso turístico capitalino; César Manrique y Gran Canaria: y los vinos canarios shakesperianos.

Tengo que reconocer que no he sido muy constante con este trabajo. Tampoco lo he rentabilizado ni he incluido publicidad. Lo escrito no es ni más ni menos que mi opinión, mis impresiones y mis conocimientos tras décadas investigando y recopilando documentos (algunos inéditos) que me permitirían crear un pequeño museo del turismo en Gran Canaria. Y es que una cosa he aprendido en estos años de artículos y de participación en exposiciones, conferencias, jornadas, cursos, publicaciones... Que hay una enorme ignorancia (y osadía, por parte de algún contertulio de tantos espacios de opinión que se prodigan por los medios) sobre lo que significa el turismo y, especialmente, en un territorio en el que el turismo es el pilar fundamental de su economía. Pero también de su calidad de vida, para bien y para mal. El turismo es todo y somos todos y todas, pero nos escudamos en tópicos y críticas desde el sofá, sin luchar por ser partícipes de nuestro futuro y nuestro bienestar. De ahí que la turismofobia vaya más allá de los problemas de masificación, especulación, corrupción y gentrificación, posicionándose en el rechazo a una actividad que no es patrimonio de unos pocos, sino de más de mil millones de personas al año (las que viajan) y la población de todo el planeta (los que reciben). Y lo que hay que perseguir es la reciprocidad y justicia en el reparto de cargas y beneficios. A lo que hay que añadir una imperiosa necesidad: la sostenibilidad.

La espinita que me queda después de tanto esfuerzo es el desprecio que mis trabajos recibieron en dos concursos. Uno sobre periodismo y turismo (2015) que convocó el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana dentro de las actividades de difusión de la obra de Pancho Guerra, que vino a ganar un amigo arquitecto por la publicación del 'abstract' de su Tesis (nada que ver con un artículo o con el periodismo), en una web que almacena tesis doctoraless. Y, además, esa publicación se había realizado un año antes del plazo establecido en las bases del concurso. Una pena que los jurados (con periodistas veteranos, supuestamente) se tomen tan a la ligera sus propias condiciones. Peor fue el fallo del concurso del III Foro Internacional de Turismo (2015), al que presenté trabajos en dos de las categorías (internet y prensa escrita), quedando desiertos ambos sin que, hasta la fecha, alguien me explique cómo se valoró de forma tan vejatoria el trabajo de las personas que nos presentamos. Pero ahí queda. Pasé página... Por el otro lado, llevan dos años incluyéndome en una lista de influyentes del turismo en España. Y yo creo que más que influir, sirvo de distracción con mis historias y ocurrencias. Lo único cierto es que yo me desahogo así y lo disfruto.

Mi tristeza en este tiempo pandémico ha sido la cancelación del proyecto de una serie documental sobre la historia del turismo en Canarias. Estragos de la pandemia. Dudo que se haga y sé que cada día que pasa son menos los actores que fueron clave en esos momentos en que, de la nada y el silencio solitario de nuestras costas improductivas hace medio siglo, se levantó un negocio que nos ha permitido el desarrollo actual. Un tesoro descubierto que no ha sido tan dañino como las minas de carbón, la siderurgia o la industria química que ha supuesto el desarrollo en otros territorios, a cambio de severísimos impactos ambientales. Aquí nos quejamos del cemento (con razón a veces), pero sólo nos miramos el ombligo. Y aquí, también, todos añoramos a César Manrique, pero si hoy viviera no podría realizar sus obras de arte en la naturaleza porque surgirían colectivos que rechazarían cualquier intervención, con argumentos científicos, legales y sentimentales... entendible, pero el resultado sería un territorio sin arte, un paisaje a imagen y semejanza de las normas que parlamentos e instituciones elaboran sin dar cabida a la visión de quienes han revolucionado nuestro paisaje y nuestra percepción sobr el entorno.

En estos momentos de ¿pos? pandemia, cuando el turismo se reinventa, habría sido una ocasión extraordinaria para entender y renovar el turismo en Canarias. Para animar a nuevos emprendedores a diversificar la economía, siendo el turismo un elemento capaz de impulsar esa diversificación, por mucho que digan que se puede cambiar el modelo económico con una varita mágica o una Ley (otra más).

Mi blog ha continuado gracias a tantas personas que lo visitan y a las que agradezco su interés por leer estas páginas y compartirlas. En definitiva, creo que ha servido para hacer algo de pedagogía y divulgación entre aquellas quienes han querido profundizar un poco en las historias que el turismo y Canarias han dejado. Una historia inacabada. Continuará...

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Jardines de Gran Canaria, del amor al arte

Jardín de Chano Corvo (FEDAC. 1905)

Recibir un libro como ‘Jardines de Canarias. Provincia de Las Palmas’ (2020), dirigido por Flora Pescador y en el que colaboran doce autores, es un estímulo para los sentidos. Dice la directora en su introducción que los jardines “están dirigidos a la percepción, a los sentidos, a las emociones, a la creatividad, a la belleza…” y al amor. Así se lo comenté tras disfrutar de este trabajo, y coincidimos que hay historias de amor tras cada planta, árbol o jardín, comenzando por el de Chano Corvo, en los altos de Los Tilos de Moya, cuya historia relata magistralmente José Miguel Alzola. Flora me adelantó que probablemente haya una nueva edición con otras incorporaciones tan sorprendentes de jardines.

Esta obra es una oportunidad para disfrutar de una ruta de belleza, arte y emociones que se transmiten a través de los cinco sentidos, con espacios que podemos encontrar en nuestra isla. Solo hay que echar a andar los sentidos. Y así lo hacen millones de personas en este turismo de nicho en crecimiento, y más tras la pandemia. Un producto turístico que tiene en España una realidad bastante alejada de la riqueza y biodiversidad que tiene el Estado, no así en Canarias, donde hay varios jardines de proyección mundial. De hecho, los inicios históricos de los viajes para descubrir jardines y casas de campo se remontan a la época victoriana (s XVII) y a los mismos orígenes del 'Grand Tour' , de donde viene la propia palabra 'Turismo'.

Cada jardín o árbol singular,  tiene una historia. Y estos libros (o los de Leoncio Rodriguez. 'Los árboles históricos y tradicionales de Canarias'. 1946. Dos tomos) recogen una parte. La más reconocida. Pero hay jardines que también son escenarios. Tienen su propia historia, innumerables. Tantas como miles de isleños que habrán vinculado una planta, un árbol, un jardín al recuerdo de un ser querido. Y lo pude comprobar esta mañana al visitar el antiguo drago de Luis Verge, en Valsequillo. ¿Quién sabe de sus orígenes, hace 230 años? Poco puede decirse de ese momento lejano, cuando el negocio de la barrilla está en pleno auge y el del vino se hunde, debido a la guerra hispano-británica. De hecho, podría coincidir el nacimiento de este drago con la derrota de Nelson en Tenerife y la pérdida de su brazo. Lo que sí es cierto es que uno de los descendientes del drago se alza, a gran altura, esbelto y poco frondoso. Fue plantado siglos después para honrar la memoria de un hijo querido.


Pero hay otras historias de jardines y amores trágicos. Quizás la más sorprendente sea la del jardín de Chano Corvo, un descendiente de portugueses que se asentaron en Gran Canaria para cultivar azúcar, si bien Chano se aleja progresivamente del negocio y se convierte en un personaje amante de las artes e interesado por la botánica, al conocer el Jardín de Aclimatación de La Orotava y al botánico Hermann Wildpret, “y cada vez se agranda más en él el deseo de convertir las tierras altas de Doramas en un bello jardín”. También se relacionó con el músico Luis Rocafort, quien “se hizo construir una casa en las lomas del barrio de San Roque, cuya fachada reproducía el órgano de la catedral de Las Palmas que él tocaba a diario. La Casa de los picos”. Estas historias y muchísimas más forman parte del libro 'Don Chano Corvo. Crónica de un jardinero y su jardín' (versión en pdf), que narra la belleza de la selva de Doramas, su agonía y la historia de este singular personaje, cuya novia murió de tifus. “Chano se encerró con su pena”… “La hurañía se apoderó de él” sólo deseaba estar solo. La familia decidió que debería viajar por Europa para abandonar su dolor, llevando en su maleta un recuerdo: las trenzas de Pino Quesada, su malograda novia. En Madrid visitó a los hermanos varones de Pino, Juan (la calle Juan de Quesada está dedicada a él) y Miguel. En París encargó un relicario con las trenzas. A su regreso a Gran Canaria vuelve cargado de plantas jóvenes. Tiene decidido su futuro: “escapar de todo esto, abandonarlo para siempre y pronto. Las tierras de Doramas se le representan como la promesa de paz y de retiro que anhela”.

La deforestación de la selva de Doramas había sido tan enérgica que la finca de Corvo era entonces un calvero. Y Chano plantó “pinos, robles, plátanos del Líbano, pinos, eucaliptos, dragos, mocanes, lentiscos, barbusanos, el viñátigo y el til, el laurel y el escobón como muestra de la flora vieja de la isla”. Y construyó invernaderos y quiso, “inspirándose en el Botánico de París, que una hermosa rosaleda constituyera el centro del parque”, trayendo ejemplares de la Península, Francia y Bélgica, que finalizaban en un cenador cubierto de hiedra en parte, rodeado de hortensias, geráneos, claveles, romero, bignonias, heliotropos y embelesos, con la música de la acequia. No tuvo tiempo de aburrirse ni de pensar. “Él descubrió el remedio contra el mal que le afligía el ánimo: trabajar sin descanso, pero en un escenario que no le recordara el pasado”. Trabajar en el comercio que tenía en la calle de La Peregrina “le hubiera significado la muerte; en cambio, cultivar flores, plantar árboles, crear belleza fue para él vida, confianza y seguridad en sí mismo”.

El jardín creció, y creció en Chano Corvo la ilusión y un sentimiento que daba cabida al amor. Y la felicidad volvió a su vida tras iniciar una relación con María Guadalupe Cabral, con quien la madre de Chano no quería una relación matrimonial por diferencias de clase. Durante dos años, María tuvo una vivienda propia que le arregló Chano, hasta que tuvieron una hija. Esta situación dio lugar a una boda secreta autorizada por el obispo Padre Cueto… Pero esa es otra historia. El jardín curó el corazón roto de Chano.

Otra historia de amor, otro jardín de inspiración y reconocimiento mundial es el Jardín Botánico Viera y Clavijo, el más grande de España y el mayor banco genético de flora (a pesar de ser el gran olvidado en los artículos especializados, donde apenas de habla de La Alhambra y del Jardín de Cactus manriqueño), tiene también una historia de amor poco conocida en sus orígenes… La de Eric Sventenius con Lotti (Charlotte) Schrader. Madre de Barbara Friecke, la mujer del creador de los refrescos Clipper (Octavio Juan Gómez) y cuñada de Mercedes Juan Gomez, la mujer del inolvidable Jaime O’Shanahan.

Lotti llegó a la isla en compañía de Otto Kercher (había sido responsable del Palace en Madrid, durante la época de la Residencia de Estudiantes, entablando amistad con Lorca, Buñuel, Dalí...) para gestionar un hotel en la capital, pero los propietarios dieron marcha atrás y se hicieron cargo del Hotel Lentiscal. Otto dio su apellido a Lotti, pero con el tiempo el amor surgió entre ella y el botánico.

El hotel contaba con diez habitaciones. Un establecimiento tranquilo y familiar. Otto era un gran cocinero. Uno de los huéspedes habituales del hotel era Sventenius, el creador del Jardín Botánico Viera y Clavijo. Erik Ragnor Svensson (1910-1973), como en realidad se llamaba, trabajó de forma muy cercana con Jaime O’Shanahan.

Jaime buscó alojamiento a Sventenius en el Hotel Lentiscal. Era ideal por su cercanía al Jardín y porque conocía a sus regentes, ya que Lotti era la suegra de su cuñado Octavio. Allí siempre había una habitación reservada para don Enrique, como le llamaban, aunque en ocasiones se quedaba a dormir en una de las cuevas del Jardín o en alguno de los barrancos de la isla buscando nuevas plantas. Lotti y Sventenius se conocieron en el hotel. Sventenius, finalmente pidió matrimonio a Lotti.

Al morir Otto Kercher, Lotti dejó el hotel. Ella continúo su relación con Enrique, yendo todas las tardes al Jardín a acompañarle a cenar en el restaurante del Jardín. La tarde noche del 23 de junio de 1973, después de la cena, acompañó a Lotti a la parada del ‘pirata’ y al cruzar la carretera, de regreso al Jardín, fue mortalmente atropellado. Esto supuso un duro golpe para Lotti que, a las puertas del altar la vida le arrebató su último sueño. En su desolación, intentó suicidarse. Pudieron salvarle la vida en extremis y al despertar sollozaba diciendo “¿Por qué no me han dejado morir?”. Lotti reharía su vida. Así lo cuenta Patricia Juan Fricke en un estudio histórico sobre su familia que será publicado próximamente...

El Jardín Canario, símbolo botánico mundial, cumple 70 años de historia el año próximo. Y ya su vegetación es muestra la madurez de un proyecto realizado con tanto cariño desde sus orígenes, como el que le ofreció David Bramwell y otros muchos trabajadores que dejaron su impronta en cada planta y rincón.

Los jardines tienen eso, lo curan todo. Y viviendo en el Jardín de las Hespérides, en los Campos Elisios o en el Jardín de las Delicias… ¿Cuándo vamos a valorar nuestra naturaleza y el amor a nuestros paisajes?

sábado, 11 de septiembre de 2021

“Que vengan a copiarnos”

Manrique, arte, naturaleza y concienciación
 Esta frase de César Manrique refleja el objetivo del artista de conseguir unas islas que fuera originales, inspiradoras... por ello inspira una de las respuestas al formulario que me planteó el Colegio Oficial de Profesionales en Turismo (Copturismo) y que formará parte (una entrevista de 6 folios) del libro “Visiones de arte, cultura y turismo de Canarias”. Un trabajo que verá la luz en breve, ya que estaba previsto para septiembre/octubre, pero fui uno de los culpables de que se retrase la edición, aunque espero que no mucho.

Tras una introducción muy poco seria de mi vinculación al turismo, doy respuesta a preguntas muy interesantes que no sólo centran el tema que anuncia el título del libro, sino que reflejan un amplio conocimiento de mi trayectoria, mis publicaciones y mis actividades en el sector.

Para no hacer spoiler, tan sólo les indico las preguntas, y les adelanto que las respuestas están en consonancia con el nivel de profundización que el libro pretendía. Ya les avisaré de su presencia en librerías o la presentación, si es que la hay y si los niveles Covid nos dejan un respiro…

  • ¿Qué significa el turismo para usted?
  • ¿Qué relación existe entre el turismo y el arte?
  • En relación con la crisis sanitaria actual, ¿cuáles son sus percepciones futuras sobre el sector turístico?
  • Si pudiese cambiar cualquier aspecto del turismo y la visión que tenemos sobre el mismo, ¿cuál sería?
  • Su libro “Isla. El Turismo en la Provincia de Las Palmas (1946-1969). Entre Néstor y el Desarrollismo” que se presentó al público en diciembre de 2006, muestra cómo comenzó a desarrollarse el sector turístico en la provincia de Las Palmas. ¿Qué aspectos considera que fueron claves para el éxito del turismo como sociedad en aquella época?
  • En su libro, destacaba el “tipismo de Néstor” y otras manifestaciones culturales, ¿podría compartir a que se refería?
  • Además del libro, es autor de varias guías de turismo. ¿Cuándo comenzó y a qué se debió su interés y su especialidad periodística en turismo?
  • En un escenario como el actual, ¿qué aspectos del pasado evocaría para ayudarnos a entender y transitar el camino hacia un modelo de desarrollo turístico más avanzado?
  • En su blog “Islas Bienaventuradas” comparte una serie de reflexiones sobre varios aspectos, entre ellos, la recuperación turística tras la pandemia y el poner en valor a Lanzarote tal como cita “probablemente el destino mundial con más centros artísticos -casi toda la isla- creados para el turismo”, destacando que en las convocatorias de los Planes de Sostenibilidad Turística en Destinos (PSTD) no aparezcan los conceptos de “Creatividad”, “Arte”, ni “Naturaleza”. ¿A qué cree que se puede deber este problema?
  • Dado que atesora un gran conocimiento sobre los orígenes y desarrollo del turismo en Canarias, ¿qué recomendaría que tuvieran en cuenta los actuales y futuros profesionales del sector turístico?


Y termino afirmando (esto sí es un spoiler): “… Quizás habrá que buscar un nuevo modelo, más actual, capaz de superar el papel de las administraciones que tan sólo se preocupan por la promoción y las tareas administrativas. El turismo es todo y somos todos. No lo olvidemos”. Tal como han quedado las cosas tras la pandemia, debería de replantearse todo, pero no sólo en los despachos.

jueves, 26 de agosto de 2021

Meterse en charcos

Pozo de Las Calcosas (El Hierro)
Las islas son reconocidas en el mundo como un destino de éxito de sol y playa (sun & sand). No hay mayores ni mejores piscinas naturales que las extraordinarias playas -principalmente en la vertiente sur-en las Islas Canarias. Las hay de dunas, de viento, urbanas, más o menos turísticas. Pero también hay pequeñas calas, charcones, arrecifes, peñas, muelles, bufaderos, jameos... lugares que se convierten en parte de la vida social, en especial en nuestras islas. Son el interfaz entre la tierra volcánica y el Atlántico, donde la naturaleza nos ofrece caprichos hermosos y tentadores. Nuestro paisaje natural e histórico, nuestro parque temático, de juegos, fiestas (La Aldea) y también tragedias.

Su uso antrópico se remonta a los primeros pobladores de las islas, extrayendo de ahí sus alimentos y tras la conquista la explotación de los productos (la sal, la barrilla). Y, más recientemente, como lugar de juegos y de baños. De ahí que sean numerosos los puntos de nuestro litoral donde con algo de cemento y unas piedras o unas escalas se han creado ‘piscinas naturales’ que son muy del agrado de la población de la zona y, cada vez más, de canarios y canarias de distintos lugares porque no sólo es espectacular la vista de una playa. Los charcones y las 'piscinas naturales' son también hermosos escaparates de un territorio considerado el Jardín de las Hespérides.

Así, tenemos intervenciones más o menos afortunadas: Salinas de Agaete, Castillo del Romeral, Bañaderos, El Agujero, Roque Prieto (Gran Canaria); Punta del Hidalgo, Charco del Viento o Ten Bel (Tenerife); La Maceta, Charco Azul, Los Sargos, Tacorón o el Pozo de las Calcosas (El Hierro); Charco Azul o La Fajana (La Palma); Hermigua o el Charco del Conde (La Gomera); Aguas Verdes o Puertito de Lobos (Fuerteventura); Punta Mujeres o Los Charcones (Lanzarote). ¿Quién no las conoce? Y otras muchas que existen pero que sólo acuden quienes se arriesgan al juego incierto del mar y sus peligros. Y en aras de ‘aprovechar’ la costa… ¿Cuántas intervenciones desafortunadas se han realizado llenando de hormigón el litoral para disfrute de unos pocos que ocuparon el dominio público…?

Pues este tema se ha convertido en objeto de estudio riguroso y detallado por parte del arquitecto Alberto Luengo, el coautor junto a Cipriano Marín del libro ‘El Jardín de la sal’ (Unesco, 1994), con un prólogo de César Manrique (también autor del logo del proyecto) en el que afirma: “La cultura, el turismo, el paisaje, la ecología y el rendimiento práctico se unen para evitar que se pierdan las salinas y para que todos podamos disfrutar de una actividad casi desaparecida, pero que en otro tiempo fue muy importante, cuando el hielo no existía”.

Y, ahora, el Gobierno de Canarias aprovecha un nuevo trabajo de Alberto Luengo titulado ‘Charcos de marea de Canarias’ para volver a mirar hacia nuestra costa más desatendida o, incluso, machacada. Y plantea la Consejería de Turismo actuar en 117 charcos para potenciar su atractivo natural. Y aquí surge la bronca: “Los charcos no se tocan” “No a la turistificación de los charcos”. Y nos olvidamos de la realidad para desahogarnos contra un enemigo común: turismofobia.

Comparto el criterio de Alberto Luengo de que el proyecto es técnicamente correcto pero puede estar desenfocado y de ahí la furibunda reacción. Asimismo, señala que en algunos casos son intervenciones necesarias, en otros totalmente desacertadas. Y en otros no se debería ni intervenir. O incluso habría que intervenir en gran parte de los charcos ya construidos, pero mal construidos. Una pena, un desastre.

Pero… ¿A qué viene a culpar al turismo de este problema? ¿Acaso el turismo de masas va a dejar sus hamacas en el todo incluido para perder su tiempo recorriendo barrios perdidos y senderos de trekking para un baño? Los charcos de Canarias no son la alternativa a las playas de arena, sino una moda local cada vez más presente en las redes sociales, que podrían interesar a un tipo de turista muy específico (¡ojalá!). Pero claro, basta decir turismo para que un plan que puede contagiar a nuestra población del respeto al medio y hacer más seguros esos enclaves, se convierta en una amenaza para la fauna y flora de estos espacios. ¿Pero no estamos hablando de las mismas charcas o ‘piscinas’ que llevamos décadas usando?

Gracias a esta polémica sabemos que en Canarias hay 492 charcos catalogados, incluidos en la red oficial de charcos de marea, y repartidos por todo el litoral, sin embargo, una gran mayoría no son recomendables ni para turistas ni para isleños, por motivos como la inseguridad frente al mar y un acceso peatonal y en coche complejo, si no imposible.

Por ello, el Gobierno de Canarias trabaja en un proyecto que pretende actuar en los 117 charcos que considera que tienen interés turístico aunque yo le llamaría de uso social, y sobre los que llevará a cabo un proyecto de actuación individual para potenciar su valor como atractivo natural. Las actuaciones previstas se limitan a mejorar la accesibilidad, señalización y basuras, que respeten el medio ambiente y las normativas vigentes de urbanización y costas, mediante una inversión de 30 millones de euros para intervenciones "de bajo impacto y reversibles", que podrían comenzar en 2023, y que se consensuarán con la Consejería de Transición Ecológica.

Una realidad que se quiere mejorar, porque los charcos ya se venían utilizando y desde hace unos años se promocionan entre isleños en las redes sociales. Y nadie se preocupaba del riesgo, de la suciedad, de la masificación...

Por ello, aparece en escena de nuevo el jinete apocalíptico de "turistificar". Porque para algunos/as, el turismo es la gran pandemia del siglo XXI, aunque en este caso los turistas sean los propios canarios. Porque así es y así ha sido desde hace décadas. Salvo algunas excepciones como Punta Mujeres en Lanzarote. Porque el paisanaje habitual de estas 'piscinas' somos nosotros y nosotras. Pero claro, como lo ha dicho la Consejería de Turismo, el desastre está servido porque pone "en riesgo" y "en manos del turismo de masas" sus frágiles ecosistemas, muchos de ellos mantenidos "en secreto" hasta el momento. Las hordas de turistas van a invadir los riscos y acantilados y supongo que expulsarán a los nativos que hasta ahora venían disfrutando de sus baños sin alterar los ecosistemas.

Porque está claro que no se va a actuar sobre charcos inaccesibles y ‘vírgenes’ de contaminación humana. Se va a dignificar y mejorar aquellas zonas de baño que ya son ‘patrimonio’ de nuestra sociedad, de nuestros turistas ‘del país’. Y ya era hora, incluso para quitar algún elemento que nunca debió construirse, o convertir algunos puntos en lugares de observación, prohibidos al baño.

Y hay otro argumento de los anti turistas de charco contra el usuario local, ya que cuando un charco se pone de moda a través de las redes sociales al final acaba llenándose de basura, que curiosamente es una de las cuestiones que se pretende solucionar: facilitar la recogida de basura por los propios usuarios (si se brindan a no seguir convirtiendo todo en basureros).

Frente a esta iniciativa que ha levantado tanta oposición, se recogen firmas y se pide al Gobierno que lleve a cabo acciones de conservación para proteger la fauna y flora de los charcos. Claro, en los 117 accesibles y los 380 menos accesibles. Y resulta que eso es lo que inspira la obra de Alberto Luengo.

Está claro que la simple presencia de personas ya perturba el ecosistema de los charcos, muchos de ellos ubicados en zonas cercanas a acantilados donde anidan aves marinas. También supone una amenaza para moluscos, como lapas y burgados, para varias especies de cangrejos, esponjas, erizos, estrellas de mar, cangrejos y vacas de mar. Y así es, pero el culpable -hasta ahora- no ha sido el turista de sol y playa. No condenemos al inocente sin un juicio justo.

Y basta dos ejemplos. El cangrejo ciego de Los Jameos vive mejor que nunca, en uno de los principales centros turísticos de Lanzarote. Probablemente, si no hubiera intervenido César Manrique y sus colaboradores necesarios, hoy ese lugar estaría cubierto de escombros, como cuando lo empezaron a restaurar, sacando la montaña de basura que tiraban por el ‘ojo’ superior del jameo, con riesgo de acabar para siempre con esa especie de cangrejo. Y ya puestos, un espacio tan sorprendente, sin construcciones y turistificado como El Confital ¿Cuántos turistas extranjeros atrae?

Bajen el volumen y volvamos a plantear el asunto. No es un problema de turistificación, sino de gestión de nuestro territorio para todos y todas.

domingo, 22 de agosto de 2021

Los felices 20 para Gran Canaria

Laforet, Guerra, Noreg y Mesa. Madrid 1947
Elaboro nuevamente mi artículo para el periódico turístico 'It's Gran Canaria' y no encuentro mejor motivo que hablar de un año cargado de homenajes a quienes nacieron hace un siglo y, como el caso de Carmen Laforet, con importantes aportaciones a nuestra realidad turística. Como las mejores añadas de las cosechas célebres, los años 20 del siglo XX engendraron a un destacado y amplio grupo de intelectuales y artistas en la isla de Gran Canaria. De ahí que se multiplican los centenarios en los que se homenajea y revive la memoria de esas personalidades, su época, su trascendencia y la huella enorme del legado de tantas personas, isleñas o adoptivas. Una herencia que se llama canariedad: la aportación isleña a la historia mundial.

Celebrar el centenario de una persona ilustre a lo largo de un año da para mucho: exposiciones, conferencias, documentales, publicaciones… Pero si coinciden varios en el mismo ejercicio, todo es más confuso, probablemente no debería afrontarse como un recordatorio personal, sino generacional. Y así tendríamos una generación conformada por varias personalidades de la isla. A los que habría que sumar aquellos/as que nacieron en otros lugares, pero que deben a la isla su realización personal. En esta situación tendríamos dos barceloneses de la talla de la escritora Carmen Laforet y al pintor Baudilio Miró Mainou. ¿Se puede separar su creación de la de sus coetáneos isleños como los escritores José María Millares Sall, Lola de la Fe, Manuel González Sosa o la pintora Lola Massieu? Probablemente, no. Y menos en una ciudad que en aquella década oscilaba entre los 60.000 y 70.000 habitantes, cuando hoy ya se sitúa en los 380.000.

Aquella generación no lo tuvo fácil. Nacieron con la resaca de la primera Guerra Mundial, la dictadura de Primo de Rivera y la dictablanda, y sufrieron los efectos de la primera gran crisis planetaria del crack del 29 en Wall Street. Luego vendría una Guerra Civil y su posterior dictadura, que se prolongó durante décadas, además de una segunda Guerra Mundial y su ‘guerra fría’.

Puede que esta realidad que les tocó vivir determinó su futuro, pero si algo influyó en su obra fue su vinculación con Gran Canaria. Ahí tenemos el caso de la escritora Carmen Laforet, quien reflejó el momento de España en sus grandes novelas, pero también tuvo un tiempo y un pensamiento hacia la isla donde vivió su infancia y juventud, hasta finalizada la guerra española.

Y ahí están sus artículos y una guía sobre Gran Canaria (Editorial Noguer, 1961) que demuestran el conocimiento y sentimiento de la isla, de su capital que “es aún una ciudad adolescente. Se ve cómo por años va creciendo y perfilándose”, donde pasar “unas magníficas vacaciones de playa en pleno invierno, y esto le pone de buen humor al recién llegado”. Y de ahí hacia ‘Las Palmas’ “la ciudad propiamente dicha”, tras recorrer la zona residencial de la Ciudad Jardín y “el Pueblo Canario, construido en memoria de Néstor de la Torre, canario y amante de sus islas hasta preocuparse de resucitar su folklore, de dibujar sus trajes típicos sobre modelos casi olvidados”.

Carmen Laforet conoce perfectamente el carácter isleño, de quien “cuento que el canario es alegre y parrandero, pero que hay que conocerlo en su hospitalaria intimidad. Si mi amigo permanece algún tiempo en la isla, conocerá los bellos interiores de las casas canarias, su cálida acogida. Será recibido en simpáticas reuniones; oirá cantar isas y folías acompañadas por guitarras y timples”, momentos que “brotan espontáneamente de la misma manera de ser de la gente de aquí y de su alegría de vivir”. Una ciudad que vive una perpetua primavera porque “en las zonas bajas de Canarias no se conoce ningún aparato de calefacción. En Las Palmas jamás haría falta”.

Nuestra escritora, que tan intensamente vivió su juventud y que tuvo por amigos íntimos a numerosos isleños, entre los que destaca Pancho Guerra Navarro, el escritor que trabajaría como redactor en el diario Informaciones que dirigía su entonces esposo, Manuel Cerezales, y a quien prologó el libro ‘Memorias de Pepe Monagas’ (1957). Vio salir de imprenta la guía de Gran Canaria el mismo año en que fallecía repentinamente su amigo en Madrid. Un momento muy especial para recordar aquellos paisajes de su infancia y juventud. Aquella isla que tenía tres carreteras principales para que el visitante “pueda darse cuenta de las principales bellezas, y de los panoramas insólitamente distintos que ofrece” Gran Canaria, el ‘continente en miniatura’, “como si en su territorio se reuniesen distintas costumbres, paisajes y países”.

Laforet detalla cada pueblo y caserío, sus cultivos que son como los trazos de un cuadro de una realidad de hace seis décadas en la que resalta las plataneras, el cultivo de la cochinilla sobre las tuneras o las “plantaciones de tomates, uniformes, blanquecinas gracias al encafiado que sostiene las plantas, y el cálido mar brillando detrás de ellas”“El cultivo de este fruto invade ampliamente la mitad sur de Gran Canaria. Más que labor agrícola parece de jardinería. Millares de mujeres siembran, levantan con un bosque de cañas las tiernas matas de los tomateros. La tomatera canaria es una figura pintoresca de la mayor fuerza expresiva, por su atuendo original y su animoso carácter”.

De ese paisaje agrícola surge la visión de la “inmensa playa de Maspalomas, con su faro y su laguna de agua dulce, llena de plantas acuáticas y aves, rodeada de bosques de palmeras que llegan al mar y cordilleras de suaves dunas doradas. Es un paisaje de belleza espectacular, verdaderamente turística. Al fondo, la cumbre de la isla, brumosa, de color violeta y rojizo. Enfrente el mar, siempre, en cualquier época del año, cálido y dispuesto a recibir vuestros cuerpos para un delicioso y prolongado baño. Maspalomas es uno de los lugares paradisíacos del mundo”.

Y traigo esta última cita de la escritora sobre la zona cumbrera de la isla, donde “Entre estos riscos gigantescos destacan los monolitos del Nublo y del Bentayga y el Fraile. Eran riscos sagrados para los primitivos habitantes de la isla. Aún hoy producen una fuerte emoción, casi religiosa, entre el oleaje mudo, azulado, de las montañas”. Hoy siguen como montañas sagradas con el reconocimiento, además, como Patrimonio de la Humanidad.

miércoles, 18 de agosto de 2021

Manuel González Sosa, centenario del poeta que guiaba al turista

Algunas guías de González Sosa.
Este es un año de conmemoraciones literarias. Y también turísticas. El 2020 celebró con un episodio global de pandemia el centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós y en esta ocasión toca a Tomás Morales tomar el testigo, pero no es el único. Aunque no haya destacado tanto, este 2021 también coincide con el centenario del nacimiento de Carmen Laforet, Lola de la Fé, José María Millares Sall y Manuel González Sosa, de quien el Ayuntamiento de Guía ha realizado una amplia difusión con sus poemas expuestos en las calles, gracias a la colaboración del escritor Santiago Gil con este aniversario.

Además de su bonhomía, la mirada siempre afable y su espíritu colaborador, Manuel González Sosa (hermano del periodista y cronista oficial de Guía, Pedro González Sosa), destacó como colaborador de la editorial Everest, una de las iniciativas literarias más destacadas en la bibliografía turística española. Sus guías de bolsillo, muy completas y detalladas, también ofrecen una visión literaria de gran nivel, gracias a la colaboración de escritores de la talla de Manuel González Sosa. Un autor que fue ‘marca de la casa’ entre los sesenta y los ochenta, con numerosas reediciones de sus guías sobre ‘Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura’. Un autor que no sería el único escritor que participa de este ‘género’ literario, ya que tenemos a otras grandes firmas como Carmen Laforet, Claudio de la Torre, Néstor Álamo o Juancho Armas Marcelo, entre otros/as.

Aprovecho este centenario para mostrar la forma con la que describe González Sosa su isla, desde sus orígenes como “tierras desveladas aún antes que realidad presentida” como “nostalgias del paraíso”. Un territorio con un “especial emplazamiento en una encrucijada importante del planeta” que ha dado lugar a que nuestra isla tenga una “biografía individual, que no ha sido precisamente idílica y oscura, sino más bien agónica y notoria”.

Nuestra isla, “pirámide cónica” no es ya el ‘continente en miniatura’ de Fray Lesco, sino “un brevísimo país que resume todos los paisajes de la tierra y que incluso, atreviéndose a más, nos muestra algunas anticipaciones de las facies lunares”, dentro de un “alarde calidoscópico”. Así la representaba en 1982, cuando contaba con 520.000 habitantes de los que más de la mitad residían en la capital, “o sea, Las Palmas” (todavía no se había enconado la lucha por añadir el nombre de la isla al topónimo de la ciudad). Una capital de la que destaca su “escenario natural” y el “cotidiano espectáculo de la humanidad cosmopolítica”, con una “importante vida cultural” y “completísima red de instalaciones de diversión y reposo que ha puesto en marcha su briosa industria turística”.

Y esa ciudad que “en su origen fue un campamento militar”, creó el barrio de Vegueta “genio y figura”, que “constituye acaso el conjunto arquitectónico más interesante que los siglos pasados han legado al archipiélago canario”, anticipándose otro municipio del archipiélago a la frustrada iniciativa de declarar Patrimonio de la Humanidad este barrio tan machacado por la falta de visión de pasado y futuro, que vivió el mayor hachazo urbanístico posible al soterrar la desembocadura del barranco Guiniguada y sus dos puentes (de piedra y palo), cercenando su unión con Triana “el primer retoño importante de la expansión urbana de Las Palmas”, donde se “conservan viejos nombres de calles que recuerdan la presencia de los mercaderes europeos que aquí actuaron intensamente”, dando paso con el tiempo a otros comercios que conocimos hasta hace poco, cuando “la nota exótica corre a cargo de los bazares hindúes, con sus escaparates abarrotados y tentadores, y los comercios de personalidad menos coruscante, de otras gentes del Asia: sirios, jordanos, libaneses…” (Nada de chinos o franquicias, por entonces).

González Sosa también se adentra en la personalidad o identidad del canario, a través de sus comentarios sobre el folclore, al indicar que entre las creaciones populares “sobresalen los cantos y bailes, en los que evidencian la elegancia espiritual del canario y su condición apacible y querenciosa, así como su fino sentido del humor”. Sin olvidar el timple, instrumento propio “cuyo son desgarrado, agudo y agilísimo, confiere a la música popular canaria un carácter especial”. Igualmente resalta el papel de la artesanía, en particular la cerámica, con sus “formas alumbradas originalmente en plena prehistoria” en cuyos “cacharros coexiste, en síntesis curiosa, elegancia y tosquedad”, para luego descubrirnos el puerto que en aquellos tiempos destacaba “en cuanto a movimiento de buques y registro de tonelaje bruto, el Puerto de La Luz ostenta el primer puesto entre los de España y el tercero entre los del mundo”.

La zona portuaria tiene su barrio o enclave particular: el Parque de Santa Catalina y Las Canteras, “Elemento muy principal de la animación y el tráfago cosmopolita”, “ágora mundial, de plaza mayor ecuménica…”, invitando a pasear por esta zona para “asomarse a un retablo costumbrista sumamente rico y lleno de colorido; o, también, gozarse en la sonería -blanda, o bronca, o cantarina; siempre fascinante- de casi todas las hablas del planeta”. Se regocija el autor con este espacio que “ha ido labrando en el morador de la ciudad el hábito de la cordialidad y la comprensión; hábito que, por cierto, es uno de los rasgos positivos más interesantes de su personalidad”.

Manuel González Sosa también se adentra en Los Riscos “barrios de más solera popular y, sin duda por ello, filones abundantes donde se abastece de materia prima la mitología pintoresca del sainete y la picaresca isleños”; y Ciudad Alta “el conjunto de las ciudades satélites que han surgido últimamente sobre varias de las colinas que sirven de fondo a los distritos de Los Arenales y Ciudad Jardín”.

Respecto a los deportes, destacamos su mención a las ‘regatas de botes’ celebradas “por embarcaciones provistas de una amplia vela latina de ostensible desproporción con respecto al casco” o que “En la lucha canaria, más que a un enfrentamiento de poderes físicos, asistimos a una pugna noble y viril de habilidades y reflejos, en la que también se prodigan las secuencias de gran vistosidad plástico-gimnástica”.

Salimos hacia el norte para encontrar “un paisaje inventado, un paisaje creado por el hombre. O, por lo menos, intensamente remodelado por el hombre”, donde hay un laberinto de minas y galerías para “agenciarse con dificultad y hasta con riesgo dos elementos cardinales: el agua y la tierra”. Una tierra que “se ha visto obligado a escatimarla y cuidarla avaramente, llevándola, como si se tratara de un mineral insólito, de un sitio para otro”, para crear en la franja costera un paisaje “donde en la sinfonía vegetal del verde prima -fuerte, vasto, dominador- el esmeralda brillante de los platanares”. Y nos detenemos en su descripción de Las Nieves con su “wagneriano telón de fondo” en sus imponentes montañas, desde la playa con “sus cantos rodados, su gruesa arena grisácea”.

O realizamos su ruta del sur, ‘Tierra solar’, “de paisaje ambivalente, paradójico: a un mismo tiempo severo y voluptuoso. Su calidad sensual es un presente de la luz, del aire, del cielo… La condición ascética una consecuencia de su desnuda y quemada orografía” gracias a varios elementos: “luz frenética, cálida atmósfera oreada por la brisa constante, cielo rotundo y alto”, junto a un “mar que agita su piel lúbrica junto a los médanos dorados". González Sosa reproduce unas palabras de Carmen Laforet para explicar el espacio sureño: “Cielos tremendos; cielos tremendos, crepusculares, color de sangre y de violetas lo envuelven a la tarde. A mediodía tiemblan las rocas, evaporándose en una neblina de oro. Cuando cae la noche, aún queda un ardor en el agua quieta del mar, que brilla con el reflejo de pesadas estrellas bajas, grandes. Se recortan extrañas las siluetas de los cardones en esta claridad del cielo, y en el calor parecen llamas de fuego verde. No hay posibilidad de escape y de tibieza. Sé quien aborrece este paisaje desolado. Sé también quien, como yo, lo ama violentamente y sin reservas”.

Otra pincelada de las cumbres nos muestra el ‘vértice e la isla’, para mostrarnos la imagen de la “punta de la peonza gigante que es la isla, formada por la aguja del Roque Nublo, esa señera y recortada púa de basalto que gira no sobre el suelo sino sobre el cielo”. Un paraje que es “el dominio de la piedra enfebrecida, el escenario de la ira plutónica detenida para siempre en una secuencia de dramática y retorcida grandiosidad. Tajos profundos, barrancas en torbellinos, degolladas y derrumbaderos, atormentados escarpes, peñascales escoteros que se resisten vanamente a las dentelladas de la erosión…” Y cierro este paseo por la isla de la mano de González Sosa con otra cita, la de la ‘isla vieja’, guardada por los bosques de Tamadaba, Inagua, Pajonales y Ojeda, que describe mediante la cita a ‘Los poemas áridos’ de Alonso Quesada:

“Campos, eriales, soledad eterna
-honda meditación de toda cosa-.
¡El sol dando de lleno en los peñascos
Y el mar… como invitando a lo imposible”


Otros artículos sobre escritores canarios y turismo

viernes, 13 de agosto de 2021

¿Requiem? para un planeta

El Correo de la Unesco. 1973
Estamos con la matraquilla de la emergencia climática como si fuera algo inventado por los milennials, o los progres, o los apocalípticos de nueva hornada, cuando ya estas nociones se vienen anunciando desde hace más de medio siglo. Y nada como intentar ordenar las ideas (y la biblioteca/hemeroteca) para encontrar los orígenes de mi posicionamiento contra el modelo autodestructivo que nos conduce a situaciones extremas. Una situación que, en territorios insulares, se va a notar de forma evidente (se está notando en algunas islas de baja altura) por el impacto de la subida del agua y del cambio del clima que ha mantenido sus ecosistemas más o menos estables durante miles de años.

Entre los documentos que guardo, conservo con mucho aprecio la primera publicación que me alertó sobre la situación. Un ejemplar de la revista ‘El Correo’ de la Unesco, de enero de 1973. Cuando era un chiquillaje, pero es esa edad en la que una portada cambia tu percepción del mundo y de la vida. Un planeta que se consumía como una vela era la metáfora más directa y evidente de hacia dónde nos encaminábamos (y seguimos avanzando).

En esta publicación se hablaba de una política mundial sobre el medio ambiente, de la contaminación, del progresivo consumo de recursos, de crecimiento y equilibrio ecológico… En definitiva, el arranque de las políticas sobre la biosfera que oficialmente se señala en 1968, si bien ya se había producido en 1949 una Conferencia de la ONU sobre conservación y utilización de los recursos naturales (en 1948 se había creado la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN), y sobre la aplicación de la ciencia y de la tecnología al desarrollo (1963). En Estocolmo, en 1972, se celebra la primera Conferencia de la ONU sobre el Medio Humano y se dictaron 109 recomendaciones a los gobiernos y a las organizaciones internacionales. Fue el inicio de la comprensión de que hay una sola tierra. Y 50 años después seguimos teniendo la misma, pero más dañada y al borde del colapso.

Arriba tienen el enlace para poder leer los artículos de esta revista, sólo con el objeto de recordar a más de uno qué poco caso hacen de los análisis y estudios científicos. Pero voy a seguir con otras publicaciones interesantes: en 1985 y 1986 se publicaron dos libros que cambiaron la concepción del planeta: los Atlas Gaia de gestión del planeta. Dos obras que permitían comprender la gestión de los recursos del planeta. Otra vez, la alerta se encendió, pero esta vez con más preocupación. Estos trabajos con una documentación y estadísticas apabullantes, advertían de que el planeta “se encuentra en un momento de transición crítico. El modo en que la humanidad emplee los inmensos recursos de la Tierra en la actualidad, determinará el estado y, en última instancia, la supervivencia de nuestra compleja ecosfera en las décadas y siglos por venir”. El segundo tomo, advertía que recogía el “estado de la vida en el planeta: sus ecosistemas, hábitats y especies: las posibilidades de supervivencia y la historia de la lucha por salvar lo que podamos para las generaciones futuras”.

El autor del primero de los Atlas Gaia, Norman Myers, publicó en 1992 el libro ‘El futuro de la Tierra. Soluciones a la crisis medioambiental en una era de cambio’. En la sinopsis se habla de “El calentamiento global y los abruptos cambios políticos, la supertecnología y el hambre, la teoría del caos y la biotecnología, las extinciones masivas y una oportunidad de paz mundial… ¿Qué clase de futuro podemos esperar?”, para señalar que “este desafiante libro proporciona un conjunto de herramientas para elegir el futuro, y ofrece una esperanza que depende de un cambio radical en el estilo de vida, percepción y valores humanos”. Esto fue hace 30 años.

Vendrían las cumbres de Río, de París… los seis informes del Panel de Científicos sobre el Cambio Climático. Pero seguimos igual o peor. Y todavía hay quienes niegan que el planeta está en un punto de no retorno hacia la autodestrucción de la biosfera (hombre y naturaleza) y que ponen obstáculos al cambio de modelo energético que es el principal causante de esta crisis, emergencia o catástrofe que se avecina para la Humanidad.

PS. Se han hecho cosas, pero a la vista está que no ha sido suficiente. Ni de lejos.

Los Atlas Gaia de gestión del Planeta 1985-86

domingo, 18 de julio de 2021

La Casa de Colón. 70 años de parque temático

Maqueta del Real en 1500 (Casa de Colón)

Unos comentan que fue cuando se habló de celebrar el 400 aniversario del paso de Colón por la isla para descubrir la nueva ruta. En otros textos he leído que fue durante los preparativos de los actos del 400 aniversario de la anexión de Gran Canaria a la corona de Castilla. Lo cierto es que en ambas ocasiones, mi tatarabuelo Agustín Millares Torres, pondría de manifiesto su desbordante imaginación ante los asistentes, hasta que alguien le preguntó sobre el coste de semejantes ideas. A lo que mi pariente respondió: "Si empiezan a hablar de tonterías me marcho". Y así hizo. De aquellos esfuerzos surgió la escultura que hoy permanece en la Alameda de Colón, del genovés Paolo Triscornia di Ferdinando, inaugurada el 13 de septiembre de 1892.

Pero, la idea de mostrar la historia  de Colón a los visitantes (entonces, a finales del s. XIX, 'invalids' británicos, víctimas de la polución industrial y el clima insalubre), con poder adquisitivo y tiempo para curiosidades, caló. Y no se extinguió. En 1951, como celebración central del 18 de Julio (conmemoración del golpe  de estado franquista), fue inaugurada una parte de la Casa de Colón, el espacio temático que realizaron varias personas desde diferentes posiciones para, juntos, crear un discurso para el turismo. Y así surge uno de los museos colombinos más conocidos del mundo. Hoy día es la pregunta principal del visitante en las oficinas de información turística. Antes lo fue el Pueblo Canario.

El barrio fundacional fue protegido. Reinterpretado. Con la Casa de Colón como centro de atracción del 'chone', donde veía que Colón habitó una casa palaciega con pasadizos, loros amazónicos, mazmorras y ninguna reliquia del Capitán de la Mar Océana, salvo la oración grabada en mármol en la fachada de la iglesia de San Antonio Abad.

La influencia de Néstor Martín-Fernández de la Torre estaba presente. El éxito del Pueblo Canario tuvo desde el principio un apoyo social amplio y contó con el aval del poder político insular, en la figura del presidente del Cabildo, Matías Vega Guerra, que recurre a Néstor Álamo, para dirigir la Casa de  Colón. Un proyecto en el que interviene el catedrático Antonio Rumeu de Armas. Además del carácter museístico y multidisciplinar, la Casa tendrá un papel americanista y precursor de la demandada universitaria a través de la Universidad Internacional Pérez Galdós.

El proyecto arquitectónico fue encargado  por Vega Guerra al prestigioso Secundino Zuazo Ugalde, quien contó con los asesoramientos de Antonio Rumeu, Néstor Álamo y el artista Santiago Santana.

Y lo que surgió fue un escenario que viene a ocupar la falta de un equipamiento cultural para el patrimonio público (Archivo Histórico, exposiciones, bibliotecas...), y a la vez centro turístico.

Néstor Álamo no sólo aporta su afinidad con el creador del tipismo canario, sino que se convierte en el impulsor de un folclore que va más allá de los coros y danzas, compone y cuida la interpretación. Ejecuta la visión nestoriana de la romería en Teror y deja brillantes obras como su libro sobre la poesía de La Perejila (cuyas cuartillas le entregó mi abuela, Dolores Sall Bravo de Laguna, pero esa es otra historia). Álamo, además, colaboró con las guías turísticas de Afrodisio Aguado, una editorial que emulaba las célebres y pioneras 'Brown' y 'Baedecker', en las que deja su reseña sobre la Casa de Colón (esta es de 1966): "-Palacio de los primeros gobernadores de la isla- recientemente restaurada, ha formado el Cabildo un Museo en el que los fondos de pintura local -entre los que destacan unos trípticos flamencos del siglo XVI- alternan con cuadros depositados por el Museo del Prado. Carracci, Felcone, Veronés, Menéndez, Morales, Esquivel, Guido Reni, Tristán y Madrazo, entre otros, están representados en sus estancias, muy bien ambientadas con antigüedades y muebles canarios, entre los que destaca una bella colección de sillas populares, muchas de ellas de inspiración inglesa. Los dos patios del Museo, la cripta y el Archivo Histórico Provincial, merecen también una merecida visita. Posee la Casa de Colón una magnífica biblioteca, formada en gran parte por la que fue propiedad del ilustre historiador, don Antonio Ballesteros Beretta". Y así lo cree la mayoría de la población. Pocos imaginan cómo sería la 'casa' de los gobernadores que vio Colón, 9 años después de la conquista 'oficial' de la isla. Y de ahí, surge parte de la genialidad de la construción que anexiona varias viviendas colindantes, de los siglos XVIII, XIX y XX, para crear un único edificio que altera plantas, fachadas, pretiles, ventanas... surge una nueva manzana en el casco histórico de Vegueta, justo detrás de la catedral y la plaza Plaza Mayor que serviría de modelo para las ciudades levantadas por los conquistadores que siguieron los pasos de Colón.

Y hoy, esta Casa, cumple 70 años.

PD. También Santiago Santana participó con sus ilustraciones en numerosas publicaciones turísticas.

domingo, 4 de julio de 2021

Pastores de turistas

Los bikinis, diseñados por Louis Reard 1946
En 1962 llega Manuel Fraga Iribarne a dirigir el Ministerio de Información y Turismo, creado 11 años antes y dirigido por el falangista e integrista católico, Gabriel Arias-Salgado. Pero su cerrazón le llevó al fin de su carrera política, al arremeter contra los intentos aperturistas y pro europeístas de los participantes españoles en el IV Congreso del Movimiento Europeo, contra los que promovió una campaña distorsionada y de persecución, acuñando al célebre 'Contubernio de Múnich'. Fallecería de un infarto a los pocos días de su cese. En cuanto al turismo (como publiqué en el artículo que realicé a los pocos días de fallecer el sucesor en el ministerio, Manuel Fraga), Arias-Salgado tenía una obsesión en torno a la defensa de la fe y de la moral. De hecho, sus acciones más importantes en esa década serían el congreso eucarístico de Barcelona en 1952 y la celebración del año santo Jacobeo de 1954. Su objetivo era acabar con el ‘turismo de alpargata’ que se originó tras la guerra mundial, por lo que combatió la apertura de campings, pero ya se hablaba de esta actividad, incluso en las esferas del Vaticano.

Y así fue. Estamos en la época de Juan XXIII, el papa del Concilio, que iniciaría una serie de discursos sobre la actividad que crecía imparable en el mundo: “El turismo, medio de acercamiento de los pueblos” (1962), donde habla del fenómeno social del turismo, la salvaguarda de valores ante esta actividad y los bienes del “auténtico turismo”. En 1963 insistiría con el discurso “Turismo y pastoral, un problema urgente y de máxima actualidad”, en el que señala la movilidad de esta población que disfruta de las vacaciones señalando que “siempre y en todas partes, pastores de almas”, pero insistiendo en "mantener la forma concreta del celo apostólico”. Por último, sería su sucesor, Pablo VI, quien continuaría con los análisis en su alocución “Servicios religiosos especiales para el turismo”, donde ya expresa los vínculos entre ambas actividades y advierte sobre una actividad que “debe sobrepasar las simples miras económicas”. Y terminaría publicando “Queda mucho por hacer en la pastoral del turismo”, donde plantean objetivos en torno a la “ascética del turismo”.

En España, sería el conocido Vicente Enrique y Tarancón el presidente de la Comisión Nacional de Pastoral, quien trazaría las líneas fundamentales de un Plan Nacional de Acción Pastoral del turismo, presentado en 1964. Tarancón ha sido un personaje clave en la historia de la transición política española, por sus disputas con Francisco Franco y reconocido, posteriormente, por su papel conciliador al frente de la Conferencia Episcopal.

Cabe destacar de las conclusiones del trabajo de grupos, lo relacionado con la moral y costumbres, ya que se señalaba que en aquellos momentos se producía un auge turístico que sorprendía al país, en el que la comunidad religiosa advertía de la “rápida proliferación de salas de espectáculos y centros de recreo. La forma de comportarse en los mismos suele ser de amplia libertad, por lo que son moralmente no recomendables. A pesar de ello, no se vigila con el debido rigor la entrada de menores”. Palabras muy conciliadoras y comprensivas. Nada que ver con las cartas pastorales publicadas por Antonio Pildáin Zapiáin, entonces obispo de la Diócesis de Canarias, en mayo de 1964, justo cuando sufrió el primer infarto que minaría su salud progresivamente hasta su fallecimiento 9 años después.

Pildáin publicaría un durísimo texto titulado “El turismo y las playas, las divisas y los escándalos”, en el que afirma cosas como “Ora sea del desnudo total, ora de ese otro desnudo farisaico, o casi desnudo, que trata de cubrir parte del cuerpo con velos tan restringidos y sutiles, que como decían los Reverendísimos Metropolitanos españoles, sirven más bien para aumentar el reclamo de las pasiones”. Para afirmar que “el mostrarse en la playa, completa o casi completamente desnudos, es gravemente ilícito”. Tras varios párrafos, concluye con un Decreto Episcopal en el que destaca sobre el bikini que “viene a ser como el símbolo de la actual delicuescencia y degeneración de la mujer”, por lo que manda “a todos los confesores que nieguen la absolución a toda persona que no prometa seriamente no volver a usarlo”.

Un cambio drástico se produciría tras la dimisión de Pildáin y la llegada de su sucesor como obispo, José Antonio Infantes Florido, quien tomó posesión en 1967, en pleno desarrollo de Maspalomas Costa Canaria, cuando el conde de la Vega Grande le plantea que hay numerosos turistas nórdicos que le manifiestan su preocupación espiritual al no disponer de lugares para el culto. El obispo le responde que el Vaticano II inició un proceso de restauración de la unidad de los cristianos, el ecumenismo. Y ahí surge la idea de construir el Templo Ecuménico en Playa del Inglés, ejecutado por el arquitecto Manuel de la Peña junto a Ulises Medina. Dicen que es el segundo templo ecuménico en el mundo, pero seguro que es el primero en un destino turístico, y ya cumple 50 años de historia.

El Templo Ecuménico tiene curiosas anécdotas que se perderán con las personas que protagonizaron su creación y su desarrollo. Pero en este caso nos preguntamos si primero fue el ecumenismo o el turismo. Y lo cierto es que el turismo de masas es producto y a la vez impulsor del ecumenismo.

No olvidemos que tras el origen de esta actividad con el 'grand tour' en la etapa del romanticismo (elitista ), es a partir de 1936, con la ley de Leon Bum en Francia de vacaciones pagadas, cuando comienza a despuntar el turismo de masas. Casualmente en 1938 tiene lugar el Consejo Mundial de Iglesias. Pero la segunda guerra mundial lo para todo hasta que se vuelve a recuperar en los 50 la posibilidad de viajar, para lo que además se cuenta con numerosos y más rápidos aviones. Ese crecimiento del transporte aéreo coincide con la creación del Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos por Juan XXIII, en 1960. Estamos ante los primeros charter y los primeros esfuerzos por unir a los creyentes del cristianismo europeo que ya no se encierran en sus países, sino que comienzan a moverse en masa entre fronteras. Es el turismo de masas, ecuménico y de sol y playa, donde el bikini, el monokini o el sinkini van a triunfar. Las aspiraciones moralistas de parte del clero también se adaptan, e incluso, otras confesiones tienen que convivir con el turismo en sus diferentes manifestaciones, como es el caso de las mezquitas, que también podemos encontrar en destacados enclaves de Playa del Inglés. Los pastores se mantienen al lado de los turistas.

sábado, 3 de julio de 2021

Maspalomas, Campus Internacional de la ULPGC, un reto

Manuel Castells en su intervención 

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria dispone de varios campus: en la capital grancanaria, Cardones, Lanzarote y Fuerteventura. Pero desde el barrio de San Cristóbal hacia el sur, su presencia es casi imperceptible, salvo como valedor de las actividades que organiza y financia el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Pero algo está cambiando y va a cambiar próximamente, tal como ha manifestado el nuevo equipo rectoral. A eso me referí en mi intervención ayer durante la inauguración de la XXIX edición de la Universidad de Verano de Maspalomas. Y el vicerrector de Internacionalización de la ULPG, Jin Taira, lo reconoció como un objetivo marcado por el Rector, Lluís Serra Majem. Les dejo aquí las palabras que había escrito para el acto que contó con la participación por videoconferencia del ministro de Universidades, Manuel Castells:

"Hace 5 años tuve que dejar la dirección de la UVM por acceder al cargo de jefe de prensa del Ayuntamiento satauteño. Hoy, como un deja vu, revivo la situación, pero como jefe de prensa del Cabildo Insular.

En 2012, recogí esta Universidad en plena crisis económica, con un brutal recorte presupuestario, pero logré que sobreviviera y marqué rumbo hacia la internacionalización o la utopía. Y algo conseguí en aquellos años en los que -decían- no había dinero. El resultado fue el Foro Internacional de Turismo, el Camp Internacional Rotario sobre la Paz y Resolución de conflictos, y el Festival Internacional de Trompeta.

A mi vuelta a la dirección, enfrento la crisis sanitaria y la emergencia climática.

Otra curiosa coincidencia es que hace 5 años me despedí sugiriendo, en la clausura, el cartel de la siguiente edición. Quería contar con Manuel Castells en la inauguración de aquel curso. El entonces alcalde no lo entendió. Pero yo soy cocúo, como diría nuestro Pepe Monagas, y, 5 años después, estamos aquí, en esta sociedad red escuchando a Manuel Castells. Sigo sin creerlo.

Sólo me resta agradecer a las instituciones, empresas, a todo el personal de este Ayuntamiento, al actual grupo de Gobierno, y a este equipo  de organización, comunicación y colaboradores que hagamos posible ofrecer a la población -de uno de los lugares de España más golpeados por esta crisis-, un programa con 24 cursos y 12 talleres, en torno a importantes cambios pos pandemia: la sostenibilidad, el turismo,  la cultura audiovisual, la transición igualitaria y, en definitiva, la incertidumbre. 

Contenidos que suman 36 oportunidades para reinventar la vida profesional, o para reflexionar sobre la vertiginosa transformación del mundo que nos rodea, bajo la premisa de nuestros grandes artistas: Tomás Morales, Néstor Martín-Fernández de la Torre y César Manrique, quienes intentaron inculcarnos que debíamos hacer de la vida una obra de arte. 

Con esa idea hemos preparado la 29 edición de la Universidad de Verano de Maspalomas. Disfrútenla y ojalá que sirva para que la 30 edición pueda realizarse convertida como parte del Campus Internacional de Maspalomas, que merece y necesita este lugar.

Gracias"

martes, 25 de mayo de 2021

Nueva etapa profesional…

Con Ramos Camejo, Luis Hipólito y C. Artiles
Durante varios años (1985-92), en mis comienzos de periodista, trabajé como 'redactor de Cabildo' para el periódico La Provincia. Fue durante la época de Carmelo Artiles Bolaños como presidente. Siendo también consejeros Carmelo Padrón, Alfonso Armas Ayala, Camilo Sánchez, Macías, Lezcano... fueron personas a quienes recuerdo de forma entrañable. Una época, por otra parte, de escasa representación femenina en aquellas Corporaciones.

Entre plenos, comisiones informativas y visitas, me presenté, y fui uno de los premiados, al concurso periodístico en el 75 aniversario de la Ley de Cabildos, en 1987, con un artículo sobre la historia de sus presidentes desde 1913, un trabajo que quedó muy bien, a pesar de las muchas lagunas que encontré y en las que me orientó el profesor Manuel Ramírez Muñoz, quien publicaría, en 1995, su obra sobre la historia de la institución, desde su creación hasta la Guerra Civil. Un trabajo que muestra cómo se hizo realidad el Gobierno-isla, tras un larguísimo periodo de ciudad-isla, dependiente de la provincia única con capital en Santa Cruz. Pero Manuel Ramírez, además de gran investigador, puso también alas a la historia de la aviación en Gran Canaria, con su libro 'Aves de paso'. Ramírez, junto a los profesores Bethencourt Massieu, Guillermo Morales o González Molina me animaron a indagar en la historia del turismo, ya que por aquellos años escribiría mi primera guía turística sobre Gran Canaria, para El País Aguilar.

Y cuento esto porque me incorporo como periodista en el Gabinete de Comunicación de la Corporación Insular, debido a la marcha de Fátima Martín Montesdeoca y Gregorio Cabrera, a quienes conocí cuando realizaron sus prácticas de verano en La Provincia. Fátima ha estado 6 años al frente de esa tarea, con un extraordinario trabajo de información de servicio público, incluyendo momentos dramáticos para la isla, en los que el fuego arrasó lugares emblemáticos y amenazó con una imparable devastación (si a todos nos afecta, imaginen vivirlo en primera persona). Esos sitios donde la naturaleza mantenía algunos reductos de flora, o eran el esfuerzo de repoblación, también los recorrí como 'redactor de Cabildo'. Las visitas a Osorio, Tirma... adquisiciones que convirtieron al Cabildo en el mayor propietario de la isla. 'Reverdecer Gran Canaria' se impuso como lema por Artiles, continuando la labor que con más constancia ha desarrollado el Cabildo desde la etapa de Matías Vega Guerra, Diaz-Bertrana... y los técnicos Nogales, Hidalgo y O'Shanahan... El paisaje actual de las cumbres es un legado del Cabildo, de la isla.

Pero son tantas y tan importantes las áreas de gestión, los servicios e instalaciones que ofrece esta institución, que el conocimiento de esta realidad debe ser constante para que pueda llegar a toda la comunidad insular, aunque el día a día imponga la urgencia y sitúe en un segundo plano la planificación de la isla, que es pieza fundamental de esta organización.

Y es que un Cabildo tiene muchas vertientes, la gestión de los intereses comunes; la representación política, con un Gobierno surgido de las urnas, en este caso con 29 representantes de seis organizaciones políticas que conforman el Pleno; y la administrativa, con un equipo humano numeroso, con más de 1000 trabajadores. Además, el de Gran Canaria tiene 6 organismos autónomos (Valora, Deportes, IASS, Turismo...); 3 sociedades (Spegc, Sogetec, CAAM); 5 fundaciones; y 7 entes, consorcios (Emergencias)... El último en sumarse es el Instituto de la Reserva de la Biosfera y Risco Caído. Su centenaria historia nos cuenta la vida de la isla en el período de mayor crecimiento y transformación, siendo el Cabildo uno de sus artífices principales.

La situación de pandemia ha trastocado nuestras vidas. En el ámbito del Cabildo, todo requiere un mayor esfuerzo. La comunicación también, para mostrar qué, cómo, cuándo y dónde está el Cabildo e cada rincón de la isla.

Un trabajo ilusionante, como grancanario, al poder colaborar en una de sus instituciones emblemáticas para lograr un futuro mejor que "nunca está conseguido, lo tenemos que hacer desde el presente". (César  Manrique).