martes, 24 de noviembre de 2020

Paciencia, calma, esperanza y turismo en Canarias

El turismo de Canarias en pandemia (Istac)
El karma ritual del epidemiólogo canario, Amós Rodríguez, para hacer frente al Covid-19, ha sido mantenido durante meses con perseverancia en el templo del Tweet: “Calma y paciencia”. Con estas palabras inicia cada tuit, complementadas con (+) prudencia. Consignas que podrían poner fin a la pandemia. Pero todo se retrasa y va más lento porque algunos/as son impacientes, imprudentes o irresponsables.

Con las actividades económicas paradas o lastradas, comprobamos la apremiante necesidad de recuperación de la actividad turística, la más importante en Canarias a mucha distancia de las restantes. Un sector que dio positivo en Covid-19 desde el primer momento y no ha parado de recaer. 'Calma y paciencia' insiste Amós, la que no hubo cuando salimos del confinamiento, pero que hay que tener para salvar la temporada de invierno, lo que queda porque ya termina noviembre y parece que algo se moverá en diciembre. Pero quién querría ir a un sitio donde la planta alojativa se utiliza para confinar a personas inmigrantes que han entrado de forma irregular en territorio UE... Se ha esmerado el Gobierno español para impedir que Canarias fueran islas-fortaleza frente al virus. Y se sienten más cómodos relegando este territorio a islas-cárcel.

Pero no todo está perdido. Como buen utópico, bucólico y pastoril, compartí con el artista Pepe Dámaso una convesación el pasado sábado sobre el artículo referido al turismo ‘senior’ que necesita nuestro clima. Y hablamos de la esperanza que se mantiene a pesar del diario recuento de errores y obstinaciones que hacen más difícil la recuperación. Porque hay demanda y oferta. La pandemia no ha podido con el deseo de venir a Canarias, incluso es una alternativa soñada por muchos para superar esta etapa.

Y la esperanza se extiende a otros ámbitos. Hay nuevas miradas hacia la ciudad futura, a los museos sin 'selfiturba'… Hay avances en test rápidos de antígenos, parece que hay vacunas posibles, variadas y con una rapidez en su preparación y fabricación nunca vista, superando a la más rápida descubierta por el doctor Maurice Hilleman contra las paperas y que le costó desarrollar cuatro años entre 1963 y 1967. Sesenta años después de aquel logro contra las paperas, es agotador y desesperanzador el paisaje de la pandemia que estamos viviendo, sin cooperación ni reacción suficiente en diversos ámbitos institucionales a pesar de los resultados de víctimas que se publican cada día. Ante este escenario, la población busca recomponer la seguridad empezando por su entorno familiar y de amistad (burbujas, le llaman). Muy lejos queda recomponer la confianza en las instituciones que no pusieron freno a un virus desde sus orígenes, y que continúa propagándose, tras fracasar la contención, con la obtención de fast-vacunas como -único recurso- defensa. El G-20 ya está repartiéndolas, mientras las farmacéuticas se convierten en las estrellas de la Bolsa. Pero... todo el mundo sabe que la recuperación será lenta y cargará con un endeudamiento para mucho tiempo. ¿Generaciones? Y es que ya arrastrábamos crisis de todo tipo. Pero en esta no basta con un Banco Central que imprima billetes sino mascarillas (como mínimo). El cambio se impone. Se acelera. La población (de todo el mundo) quiere recuperar la confianza para tener esperanza.

En Canarias, además, esa desconfianza extendida atenaza a su principal actividad económica. Un sector que requerirá de mayor protección, cuidado y proyección para iniciar su recuperación, para mitigar los efectos de la recesión e iniciar la recuperación económica. Aunque más que dinero habrá que ver si hay proyecto o modelo para una Europa pos Covid-19, porque (y vuelvo a repetir) nada será igual. La ‘normalidad’ será la que surja a partir de ahora, la que podamos y/o queramos crear para nuestro futuro. Algo que se constata en el estudio realizado por el Instituto Canario de Estadística (Istac) sobre el turismo en los meses de verano.

Las dinámicas de consumo han cambiado instigadas por la desconfianza, la austeridad preventiva de las familias y las incertidumbres; variables que influyen en la toma de decisiones del consumidor, especialmente en los viajeros, ante las motivaciones para separarse del ‘refugio’ pandémico en el que se ha convertido el espacio cotidiano, el hogar. Y, encima, pagando por ello el viaje, la estancia y los PCR a la ida y al regreso.

Por ello, (insisto) no podemos recuperar el turismo ‘de antes’. Salvo que nos arrojemos al abismo tirando precios y exponiendo a la población a una inseguridad de consecuencias dramáticas. Porque 'antes' significa una avalancha de clientes y riesgos para hundir definitivamente el destino turístico, a cambio de pagar con un mínimo margen de beneficio.

Y es que ya se atisban algunos de los cambios que se extienden en el sector turístico por parte de los clientes. Ahora es tiempo de viajar en grupos ‘burbuja’ donde la confianza y la responsabilidad común son principios de obligado cumplimiento. También se puede comprobar cómo la incertidumbre de las ‘olas’ de contagio empujan a las reservas de última hora, no sea que te quedes con el pasaje y no te dejen salir de tu domicilio. Asimismo, crece la apuesta por el turismo verde y ‘sostenible’ en lugares con espacios abiertos y sin polución. Esto ha dado lugar a una nueva motivación turística, el descubrimiento de nuevos lugares donde la tranquilidad se mide por la escasez de visitantes, incluso cerca de casa, que para eso no hace falta recorrer medio mundo.

Durante el confinamiento, y los posteriores toques de queda, semáforos, desescaladas o niveles de restricciones en cada territorio, muchas personas descubrieron que su ciudad o pueblo también podía ser una opción para disfrutar de las vacaciones. Un éxito de las 'Staycation' (vacaciones en casa) que no tienen que ser en el propio domicilio, sino también disfrutar de los servicios del hotel de la zona que siempre estuvo ahí para los foráneos.

También se habla de los nómadas digitales, o los teletrabajadores que pueden realizar su jornada laboral ejecutando las tareas necesarias desde su segunda residencia, hoteles o apartamentos de alquiler, disfrutando del campo, mar o montaña al tiempo que desarrollan su actividad sin tener que exponerse en oficinas insalubres, transportes de posibles víctimas hacinadas en esas ciudades insalubres que hemos impulsado durante siglos.

Pero no sólo hay viajeros solitarios, también crecen los viajes familiares multigeneracionales que se han puesto de moda tras las restricciones de movilidad de los últimos meses que han impedido estar junto a la familia. Ese reencuentro es más factible y satisfactorio en destinos turísticos fuera de urbes masificadas. Lo mismo que las bodas y despedidas de solteros, cuando las limitaciones de aforo puedan ir superándose, lo que augura una próxima temporada complicada para los organizadores de bodas, al juntárseles las de 2020 con las de 2021 y las surgidas de esas relaciones creadas (o rotas) durante esta soledad forzosa.

Por ello, los destinos turísticos deben considerar cómo atraer a clientes que quieren retomar y completar estas experiencias, ya sea aumentando la duración de las estancias (como viene sucediendo) u organizando más actividades dentro del destino. De ahí el auge que probablemente tendrá durante un tiempo el ‘slow travel’ frente a todo lo ‘fast’ y ‘low’. De hecho, ya hay hoteles que ofertan meses completos o mayores estancias por precios muy atractivos. Es una forma de atraer al turismo de plata que intenta economizar las largas estancias en las islas y que el sector alojativo hasta ahora consideraba poco interesante, 'turismo de cama' no 'de calidad' que ahora podría ser un perfil interesante ante la baja ocupación.
Este turismo en tiempos de pandemia elige lugares con actividades, la playa en vez de la piscina rodeado con hamacas ocupadas por extraños, distanciamiento, espacios abiertos, sin aglomeraciones y en entornos naturales, donde el paisaje, las actividades tradicionales o los servicios de bienestar ayuden a superar esta traumática experiencia en la que se nos ha clausurado la vida, o hemos visto la marcha sin duelo de numerosos seres queridos, conocidos o significados…

Por eso, a pesar de los momentos difíciles que vivimos, hemos de mantener el karma: paciencia, calma, prudencia y esperanza. Habrá recuperación, habrá turismo, pero no nos precipitemos y pensemos si podemos aprovechar esta oportunidad para mejorar.

sábado, 21 de noviembre de 2020

Turismo de plata o -mejor- de platino

Turistas 'de plata' en Puerto Rico (Gran Canaria)
El elemento nuclear del turismo canario es la salud. En ese ámbito Canarias ha logrado sacar el máximo Valor Añadido y la mayor redistribución de renta de una actividad económica a lo largo de la historia del Archipiélago. Primero fueron los 'invalids' en los hoteles y balnearios decimonónicos, más interesados por la pureza de nuestro aire. Luego vendrían los suecos en los 50 y 60 para crear sus 'sanatorios' Svenska Re (San Agustín) y Vintersol (Los Cristianos). Sin olvidar el Centro Helioterápico de las dunas de Maspalomas que promovieron Alejandro del Castillo y Eduardo Filiputti. Canarias curó muchas heridas de guerras devastadoras.

Hoy día disponemos de una red de spa, talasoterapia y todos los equipamientos para el bienestar (wellness), el complemento a las mejores playas abiertas de invierno en Europa un clima saludable, único... pero ya no se trata de burgueses con el pulmón carbonizado, ahora cuidamos de 'madurescentes' jubilados que emigran temporalmente en busca de calor y luz. Muchos, cada vez más, deciden vivir definitivamente en nuestras islas.

Ha habido un cambio de perfil y de servicios. De personas enfermas que necesitaban curarse, hemos crecido con personas que quieren cuidarse. Un clima saludable mejora la calidad de vida para personas con dolores musculares o problemas en los 'remos' y 'palancas'. Piscinas de agua templada, terapias, masajes, paseos por la playa, golf, cocina saludable, kilómetro 0, servicios médicos, gimnasios, deportes... De esta manera, la mejora de la salud que atrae un número nada despreciable de turistas (y con posibilidad de crecer) anima la restauración, la actividad cultural, comercial...

Es el turismo ‘plateado’ (sí, por el color del pelo), de septiembre a marzo... aunque aquí no hay estaciones. Tenemos la eterna primavera con seguro de sol para personas de 60 años para arriba, con los ahorros y su pensión dedicados a una vida confortable, feliz. Son extranjeros, de muchos países, no derrochan, pero disponen de mayores ingresos que la población española. El turismo de plata crecerá las próximas décadas por el aumento de la población 'mayor de edad' en el conjunto de la Unión Europea. Y también en España, no lo olvidemos...

Como dice el periodista y ex presidente del Consejo Económico y Social de la ULPGC, Ángel Tristán Pimienta, hemos de aprovechar las largas vacaciones incentivadas por el sistema de pensiones para dar una oferta residencial y asistencial. Algo que no es novedoso pero hay que innovar y crear una oferta complementaria a ese nuevo turista europeo nacido tras la Guerra Mundial.

Apostar por el turismo plateado es aprovechar las fortalezas de Canarias. Pero... ¿estamos preparados para atender sus necesidades? Habrá que mejorar -mucho- la accesibilidad en los establecimientos que no lo han hecho todavía. Y habrá que ir a los países emisores a convencer a las familias con un miembro convaleciente para que no recorran medio mundo desde Europa a Asia para el tratamiento o cura, cuando pueden venir a Canarias, como explicó Manuel Baltar en la Universidad de Verano de Maspalomas en 2012.

Así también lo considera el grupo ‘Canarias importa’, promovido por el Consejo Social de la ULPGC, quienes reconocen que existe mucho por hacer en el turismo. Un comité de diez expertos, liderado por el Rector Honorario, Francisco Rubio Royo, quien también fuera director del plan estratégico Las Palmas de Gran Canaria Proa 2020 (¡ufff! Quién se lo iba a decir hace una década que este año sería como es), y del Centro Atlántico de Pensamiento Estratégico (no puedo dejar de recordar a su extraordinaria gerente, Chiqui Castellano, que también dejaría una profunda huella en el Museo Canario).

El proyecto de 'Canarias Importa' se basa en tres categorías de elementos. “Unos son elementos nucleares”, es decir, componen el ADN de todas las acciones. “Otros son elementos tractores, que nos sirven para empezar, y otros son elementos potenciadores y ayudan a todos los demás a salir adelante y a empezar a caminar hacia ese futuro. Los elementos nucleares son los que nosotros llamamos el ecosistema verde, el ecosistema azul y el ecosistema naranja”, según Rubio Royo.

Regeneración ecológica, mar y océanos y creatividad, talento e innovación. Así se distribuyen las diez líneas de actuación de Canarias Importa (Social, Planeta, Inteligencia, Gobernanza, Salud, Talento Base, Idiomas, Turismo, Mar y Conectividad y Logística) donde lo primordial, señala Rubio, es “partir de aquello que sabemos hacer y hacerlo de manera evolucionada a como lo hacíamos antes".

Canarias Importa plantea un proyecto piloto, el Senior Resort & School Lab. Enfocado en las personas mayores, la iniciativa promueve un hotel y servicios complementarios que permitirán desarrollar la Silver Economy (economía de plata), y “el bienestar sociosanitario de las personas mayores canarias”, además de “terminar con el edadismo” (discriminación por motivos de edad), “dinamizar su envejecimiento activo y crear servicios de proximidad que desarrollen sentido de comunidad y pertenencia en barrios y pueblos”. El proyecto abre la puerta a la creación de “diversificaciones tanto directas, en el propio turismo, como indirectas en la evolución de la Formación Profesional, el bilingüismo, la disminución del paro y la pobreza, la logística del Puerto, la transformación digital y digitalización de la sanidad, educación...”

El Senior Resort & School Lab ejemplifica las relaciones entre los distintos ejes que, añade Rubio, “ejerciendo acciones tractoras, creando sinergias, olas expansivas y círculos virtuosos, permiten un desarrollo diversificado del sistema productivo de Canarias, sin renunciar a lo que ya estamos haciendo bien, pero queriendo ser mejores”.

Esta es una buena iniciativa, en la línea de apoyar al sector alojativo y complementario que apueste por este segmento. Sin olvidar que el empresariado turístico ya conoce bien la demanda de los mayores y ya puede ir reformando sus servicios e instalaciones. Quizás sea más fácil crear ese resort laboratorio en un establecimiento turístico, donde experiencia e innovación podrían servir de 'vacuna' para que nuestro sector turístico deje de ser una víctima fácil de las amenazas exógenas. De hecho, la salud y, ahora, la atención al turismo de 'plata' han funcionado siempre con éxito en nuestra actividad turística. Sólo se necesita que la Universidad rebaje su discurso conceptual y haga entendible para el empresariado turístico cómo se puede beneficiar de un laboratorio turístico y de los resultados de su actividad.

También es una buena noticia que la Universidad de un paso y cruce esa frontera física y conceptual que la ha encerrado en la zona norte de la isla para llevar su conocimiento a la aplicación y experimentación hasta la ciudad turística. Tarde y en situación crítica, pero posiblemente una de las decisiones más 'futurísticas' (nunca mejor dicho) de la institución universitaria. De hecho, varias de las actividades más 'sociales' de la Universidad tienen lugar en Maspalomas (con financiación del Ayuntamiento, al que habría que agradecer con encomio su apuesta por la Universidad de Verano y el Foro Internacional de Turismo.

Y ya puestos, añado un tercer aspecto que debería abordarse: el turismo de plata puede ser una alternativa económica más rentable y de mayor generación de empleo especializado. ¿Y si lo hiciéramos bien y en vez de plata consiguiéramos platino?

martes, 17 de noviembre de 2020

Geoturismo de emergencia

Canarias en una zona que suma conflictos
Entre otras lecciones, muchas trágicas, 2020 ha confirmado la necesidad de disponer de un centro, observatorio, laboratorio o equipo permanente de análisis geoestratégico del turismo para Canarias es este 2020. Pero no un órgano burocrático, sino operativo, ágil, independiente… Quizás si hubiera funcionado y algún alto cargo atendiera sus informes, se podría haber actuado con más eficacia ante la pandemia o -desde hace mucho tiempo- se habría podido orientar el turismo hacia posiciones de mayor defensa y seguridad. Estas dos palabras son la clave, los términos que resumen la geopolítica y geoestrategia, habitualmente usadas con fines militares. Pero muy útiles para mejorar y proteger la actividad turística ante las oportunidades y amenazas que puedan surgir. Y ahora los riesgos o problemas son muchos, gravísimos y muy variados. Por ello es una emergencia para Canarias contar con un gabinete dedicado a la geoestrategia.

Sí, ya sé que existe un Observatorio que se presenta como: “Las estadísticas de la Viceconsejería de Turismo se realizan por el Observatorio del Turismo de Canarias que es la unidad encargada del estudio y seguimiento del sector turístico del Archipiélago. Para ello cuenta con el Sistema de Información Turística que, compartido por las administraciones publicas canarias, integra la información con relevancia o incidencia en el sector del turismo en las islas. El Observatorio Turístico tiene como objetivo básico obtener la información necesaria y a tiempo para una toma de decisiones eficaz y la rápida implementación de las medidas correctoras precisas. De hecho, el mentado Observatorio aparece citado en el área de Estadísticas y Estudios, y su presencia se reduce a un listado de enlaces estadísticos con algún encargo de interés como la capacidad de carga turística isleña o la comparativa sobre normativas referidas al alquiler vacacional. Lo cierto es que no sé distinguir el formato y contenido de éste Observatorio con lo que ofrece el Instituto Canario de Estadística (otro órgano que han dejado languidecer y vaciar de contenido durante muchos años).

Repito que no es suficiente lo que tenemos y muchísimo lo que necesitamos: empezando por la Geopolítica, que es el estudio de la vida e historia de los pueblos en relación con el territorio que ocupan y los factores económicos y raciales que los caracterizan, comprendiéndolos podremos mejorar nuestro destino. Por otro lado, la Geoestrategia es un subcampo de estudio que permite relacionar problemas estratégicos con factores geográficos. Algo que también permite organizar los recursos de un territorio con sus objetivos geopolíticos.

O sea, que tras el uso histórico de la geopolítica con fines militares y políticos encontramos una metodología y unos recursos que también pueden servir para abordar las incidencias estratégicas en ámbitos como el turístico, con su globalidad y fragilidad, ya que el turismo es cooperación, confianza, relaciones en un complejo y cambiante marco de relaciones internacionales. También tiene una enorme influencia sobre las personas -cada vez más, hasta este 2020- que hacen turismo. Es cambio personal y social, diálogo y comprensión entre civilizaciones, razas, países... Por ello es víctima propiciatoria del terrorismo, de catástrofes, de pandemias y otros desastres.
El turismo presenta una enorme fragilidad y si, encima, en tu territorio tiene un gran impacto económico (36% del PIB y 40% del empleo directo), es fundamental que se realice una permanente y amplia investigación geoestratégica, creando los equipos y recursos necesarios para una organización racional de acciones para rentabilizar la actividad turística. Un recurso que no sólo servirá para el beneficio económico, porque esta actividad es tan transversal que servirá para dinamizar todos los subcampos de la geografía humana, tales como la política, economía y la acción cultural.

Y ya que estamos hablando del turismo canario, podemos recordar que nuestra situación hasta hace poco era muy cómoda en la geopolítica mundial. De hecho, Canarias no figura en el listado de islas del mundo con valor geopolítico, y así sucedió cuando la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, cuando se construyeron defensas costeras (ridículas, pero ahí estaban) pensando que seríamos víctimas de un ataque directo y ocupación, cosa que no pasó de los planes que elaboraron los aliados cuando preparaban sus estrategias. Pero estamos en 2020, 75 años después del fin de la segunda guerra y ahora encontramos indicios claros de inestabilidad en nuestro entorno, así como de interés por parte de organizaciones políticas y económicas sobre el territorio isleño, particularmente por la importancia de los minerales raros localizados en el fondo oceánico de las islas, probablemente habrá que actualizar la lista de islas con valor geopolítico, para preocupación nuestra.

La sobre pesca del banco pesquero, la crisis del éxodo africano, el ya ineludible conflicto colonial del Sahara, el cambio climático son algunas de las señales de alarma que van más allá de nuestra capacidad de acción territorial. No olvidemos que en el pasado La geopolítica española tenía claros los objeticos en la Conferencia de Berlín (1884-85), al crear espacios colonizados de vecindad en que eran próximos a Canarias (Río de Oro) y al sur peninsular (Protectorado español del norte de Marruecos). Una situación que acabó en un vergonzoso acuerdo por parte de España con el reparto de la provincia española (casi un siglo) y el despojo de su población mayoritaria (14 de noviembre de 1975). Un pueblo que reclamaba la independencia y que fue entregado a otro colonizador, lo que ha dado lugar a un territorio amurallado para evitar que entre su pueblo. España alteró profundamente la estrategia sobre Canarias y ahí sigue el conflicto enquistado, generando inestabilidad en la zona canario-saharaui.

Tristemente, hasta ahora la geoestrategia española ha tenido más en cuenta otras zonas del planeta que el entorno donde se localiza nuestro Archipiélago. Algo similar sucede con el conjunto de la Unión Europea, cuya estrategia africana es la más reciente, tras ser relegada desde sus orígenes por los países de la UE. De hecho, la ‘Iniciativa 5+5’ apadrinada por Bruselas limita a los países del Magreb y los del sur de la Unión Europea su ámbito de actuación, olvidando que Canarias es más meridional que esos países. Tan sencillo como utilizar la región árabe como colchón frente a problemas de inestabilidad y de frontera ante el éxodo africano hacia Europa. Siempre bajo la perspectiva de lograr la seguridad nacional, pero el concepto ya es antiguo, vivimos en un mundo global, conectado, con organismos internacionales ineficientes. Y ante este escenario habrá que reubicar las fronteras donde se dirimen los riesgos para nuestra seguridad presente y futura.

En Canarias disponemos del Observatorio, pero habrá que darle un buen meneo para que sea una herramienta más potente, efectiva y ágil. En España, de orígenes militares, están los centros del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Centro de Estudios de Defensa Nacional... Y el Real Instituto El Cano, con más carácter político. Pero sumergirse en sus archivos nos demuestra el casi nulo interés por el turismo que estos organismos contemplan, siendo como es una actividad totalmente dependiente de las relaciones entre países e intereses contrapuestos.

Y es que el turismo, esa denostada actividad a la que se considera monocultivo con el manido 'poner todos los huevos en la cesta del turismo', es tratada como una política económica algo irresponsable a ojos de muchas personas por ese protagonismo económico. A esa mala prensa se añaden los evidentes riesgos: Crisis económica en los países de origen de los turistas (como sucedió hace 8 ó 10 años, o sucede ahora en Inglaterra, el principal suministrador, con el Brexit y la pandemia); El Covid-19; problemas en la conectividad y los transportes (Thomas Cook, Ryanair, o a ver cómo quedan las aerolíneas tras la pandemia); mejoras de seguridad en países competidores que nos restaban visitantes hasta las ‘primaveras árabes’ del 2009 (Egipto, Turquía, Siria, Túnez…); crecimiento en países de los Balcanes (Croacia, por ejemplo) o del Este europeo… Y en los últimos meses, amén de la pandemia, se recrudece la crisis migratoria africana con Canarias como escala, el conflicto saharaui o las pretensiones marroquíes sobre las aguas canarias…  Sin olvidar el incremento de la calima, de las temperaturas y los temporales a causa del cambio climático.

Está claro que geopolíticamente, se ha de seguir apostando por el turismo como uno de los pilares de la economía isleña mientras se incorporen otras actividades económicas que garanticen empleo y riqueza, por lo que, geoestratégicamente, habrá que valorar qué líneas de acción mantener o modificar otras, pero sobre todo diseñar algunas nuevas ante esos nuevos escenarios. Hay que pensar en medidas para fidelizar clientes y aumentar su estancia media; hay que diversificar la oferta (sol y playa es lo menos rentable y donde encontraremos más competidores), hay que mantener la alta calidad que ofrecen nuestros establecimientos hoteleros y gastronómicos… Hay que hacer de las afortunadas un objeto de deseo, con un coste beneficioso y no a precio de saldo.  

Y así nos va… Cada vez hay más interés en la geoestrategia sobre los diferentes sectores cuando es el turismo el tablero en el que nos movemos y debería preocuparnos. Hemos de anticiparnos y prepararnos, para poder actuar ante las situaciones que estamos sufriendo día a día con los cambios de estrategias y de jugada que hacen los distintos países por los diferentes problemas actuales (sanitario, económico, bélico, migratorio, político…) que influyen sobre los transportes, el comercio y sobre todo en el turismo y los servicios que, en la práctica, ha paralizado la economía de España y, sobre todo, la de Canarias.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Los episodios turísticos de Galdós

Hace un siglo, en 1920, fallecía en Madrid el escritor Benito Pérez Galdós. Uno de los novelistas más importantes de la literatura española. Impenitente viajero, a caballo entre el origen romántico del Grand Tour, el descubrimiento de los incipientes transportes de masas (barcos a vapor y ferrocarriles), las visiones futuristas de Julio Verne y su afán por la precisión de los lugares que describe.

Galdós entronca en la tradición viajera de Canarias, lugar de escala de tantas expediciones como de salida de ilustres isleños que tendrían un protagonismo singular en la historia del viaje, como José de Viera y Clavijo (amigo de Robespierre que lanzó el segundo globo aerostático en España), Agustín de Betancourt (ingeniero del Zar que fue el primero que voló en un globo en España en 1783), la familia Galván (pioneros del Grand Tour norteamericano en 1903), o Jerónimo Megías (primer turista que dio la vuelta al mundo en un crucero, el 'Franconia' en 1927, y en una aeronave, el Graf Zeppelin en 1929)…

Hay varias publicaciones sobre la faceta ‘viajera’ de la obra galdosiana, si bien literario, sociólogo, geográfico, histórico... con algunas citas o comentarios sobre cómo entiende Galdós el hecho del viaje, cómo manifestó esa transformación que produce en el ser humano, en el conjunto de la sociedad, el viaje.

Y es que Galdós fue un escritor de viajes desde sus primeros escritos, siendo alumno del Colegio San Agustín de Las Palmas, donde publica en el periódico escolar una premonitoria sátira titulada ‘Un viaje redondo’, iniciando las colaboraciones periodísticas que luego continuaría en El Ómnibus, dirigido por uno de sus profesores, Agustín Millares Torres, autor de la 'Historia de la Gran Canaria' (que inspiraría algunos de sus primeros dibujos), quien también despertó en el joven Galdós el gusto por los clásicos y la música. En aquel colegio recibió el magisterio con figuras de la talla de Fernando León y Castillo o Nicolás Estévanez, entre otros.

Las publicaciones sobre Galdós destacan su pasión viajera y cómo ha sido un impulsor del interés por conocer España, si bien visitó otros países de los que dejó una amplia crónica de viajes en los periódicos con los que colaboraba. Una actividad que realizaba con la calidad y profundidad características en este escritor, quien tuvo en su padre militar el estímulo de las referencias históricas en primera persona de grandes acontecimientos bélicos. Además, desde joven tuvo que viajar entre islas (vivió también una cuarentena en 1851 por la epidemia de cólera morbo), así como a la Península, en 1862, para vivir en Madrid, y su residencia en Santander. Además, tenía un especial apego a Toledo, con todo su simbolismo, al igual que la Generación del 98 mostraba su fascinación por Castilla.

Durante su vida, además del barco, Galdós usó en sus desplazamientos el ferrocarril, caballos o carromatos. Los alojamientos y servicios presentaban importantes diferencias. La duración de un viaje hoy día podría ser de una hora por un día, lo que dejaba mucho tiempo para escribir y conocer gente. Viajar era una odisea, pero ya se apuntaba el crecimiento del radio de conexiones, la mayor capacidad de carga y rapidez, así como las frecuencias más estables.

Galdós es uno de los más prolíficos autores de crónicas de viaje del XIX: Cuarenta leguas por Cantabria (1879). Memorias de un desmemoriado, Viaje a Italia (1888) o La excursión a Portugal (1885) la serie La casa de Shakespeare (1889). Un pasaporte literario con sellos de Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda y Dinamarca. Además, habría que añadir sus desplazamientos por España. La biografía realizada por Yolanda Arencibia, recientemente publicada y ganadora del premio Comillas, nos acerca al cuentakilómetros de la vida del infatigable escritor.

Viajar cambia a las personas y Galdós quería contagiar ese cambio a través de su obra literaria. Pero también anticipa algunos fenómenos que estaba gestando el turismo en sus orígenes. En sus textos nos recuerda que "no se viaja sólo para admirar museos, ver espléndidas fachadas y alabar a los arquitectos", porque a Galdós le interesaba la realidad. Amplia. Las ciudades con vida y su esencia. También reconoció las 'ciudades muertas', lo que hoy llamamos 'destinos maduros' u obsoletos.

Galdós conoció el desarrollo turístico de su ciudad, el auge del turismo de salud con los balnearios de Gran Canaria. Pero no comprendía el modelo turístico de moda con los lugares veraniegos de recreo: "lo más a propósito para que el viajero se aburra de lo lindo”.

También visitó lugares que atraían muchos visitantes, como en la tumba de Julieta Capuleto en Verona, donde sintió el asedio por una turbamulta de turistas... ¡en 1888! En ese mismo viaje reflexiona sobre los recursos turísticos y su interés para el viajero: "Aunque el interior de los palacios y de las iglesias de Venecia ofrece innumerables hermosuras a la admiración del viajero, más interés encuentro en recorrer la ciudad por canales y callejones, en ver la espléndida decoración externa de sus monumentos, en examinar los tipos y fisonomías de la raza y en contemplar aquel mar que a ningún otro se parece por la placidez y brillo de sus aguas".

Como progresista, cosmopolita y librepensador, desencantado de la política del "acta y la farsa", prefiere la observación personal, ver a los hombres y a las piedras hablar y describir sucesos memorables a través de los paisajes, de España y otros países, los que ambientan la proyección de sus personajes, tanto en los Episodios Nacionales como en las Novelas Contemporáneas. Un espacio abierto a un gran público, nada desdeñable para mostrar el Galdós erudito, analítico, irónico, poético, pedagógico...

También en ese cementerio de Verona, junto al sarcófago antiguo de mármol sin restos humanos de Julieta, Galdós describe la experiencia del viaje: "la realidad se oscurece, y lo ideal y soñado vive eternamente en la memoria humana". Eternamente, como su obra.

viernes, 13 de noviembre de 2020

De paraíso turístico a cárcel para inmigrantes

Muelle-cárcel de Arguineguín.
Un millar de inmigrantes han sido alojados en el Hotel Servatur Waikiki. Mil personas que se suman a no sé cuántos inmigrantes que están alojados en apartamentos y hoteles del sur de Gran Canaria y en otras islas, aunque en menor cuantía. Están aquí y cada día se suman más en una temporada que no deja de sorprender por la gran cantidad de personas que llegan a las islas, así como por el número de víctimas mortales que fallecen al intentar alcanzar estas costas tan alejadas del continente europeo, que es su verdadero sueño. Un número que seguirá creciendo mientras el Gobierno español (con una tímida protesta del Gobierno de Canarias) y la Unión Europea se lavan las manos porque el problema sigue en ultramar, lejos de su territorio continental.

Desde Madrid o Bruselas creen que el dinero lo resuelve todo, que pagando los hoteles y apartamentos -vacíos por la pandemia-, dan respuesta a dos crisis, cuando en realidad están empeorando ambos escenarios y creando problemas donde no los había. Porque es cierto que no se puede tener hacinadas a cientos -miles- de personas en un muelle-prisión en condiciones inhumanas. Pero tampoco se debe trasladar el problema migratorio al centro de la actividad turística. Ni mucho menos permitir que estas islas se conviertan en cárceles o muros de contención de los migrantes que quieren llegar a la Europa soñada.

Inmigrantes y europeos sabemos que el ‘viejo continente’ necesita solucionar su envejecimiento poblacional importando mano de obra, integrada, cualificada. Y hay muchas personas, de África y otros lugares, que quieren tener un proyecto de vida en Europa, como ese matrimonio de inmigrantes turcos que ha inventado la vacuna contra el Covid-19. O el joven futbolista que ha deslumbrado en el Barcelona, Ansu Fati. Deportistas, científicos, peones agrícolas, sanitarios, albañiles... Todas las profesiones que hay que atender para mantener los servicios y la producción de uno de los mayores mercados económicos del planeta.

Pero aquí no se gestiona con fundamento los flujos migratorios. Por el contrario, se les persigue sin otra alternativa que recurrir a las mafias que se enriquecen con un dinero que reúnen familias y poblados enteros, para poder conseguir que alguien pueda sobrevivir a una odisea muy peligrosa, mortal incluso, con la esperanza de que pueda ayudar a la comunidad.

Y así llevan varias décadas, jugando al gato y al ratón. Ayer venían por el Mediterráneo y se cierra este espacio con medidas que incluyen pagar un ‘impuesto’ a las mafias y a gobiernos que permiten en su territorio situaciones atroces contra las víctimas de este éxodo humano. Ahora toca otrav ez el Atlántico y Canarias en la ruta, a sabiendas de que estamos a más de mil kilómetros de la costa del continente europeo. Y en los despachos de la Comisión Europea utilizan la calculadora para ver el coste diario de mantenimiento de esta gente alejada, en la ultraperiferia.

Mientras tanto, junto a esos complejos turísticos ahora ocupados por inmigrantes por los que se paga  entre 48 y 52 euros por persona y día, viven las familias de los trabajadores que están despedidos o en ERTE, que no pueden hacer frente a la hipoteca, a los gastos escolares, o simplemente sólo comen lo que consiguen de la solidaridad y los bancos de alimentos. No les llegan las ayudas, aunque se llaman de emergencia, porque los trámites y la burocracia no hace más que retrasar estas medidas y poner reparos. Y ven con asombro y vergüenza cómo los ministros españoles de Interior, Defensa y Migraciones no se ponen de acuerdo para crear campos de refugiados o de internamiento de inmigrantes para gestionar sus solicitudes de refugio, asilo, trabajo o para ser devueltos a sus países de origen, cuando llevamos (en Canarias) más de 26 años recibiendo pateras y cayucos. Y todavía no se ha dado solución al problema.

Estas islas no son Lampedusa o Lesbos, ni por tamaño ni por población (con 6500 o 114880 habitantes, respectivamente). Pero se están convirtiendo en islas cárceles con la inacción de las instituciones de Canarias, España y Europa. Por el momento, son pocos los que alzan su voz para exigir soluciones y medidas frente a este despropósito. Algunos otros se suman por oportunismo político o campañas miserables de fomento de odio y xenofobia, otros armados de razón y de coherencia con un discurso de comprensión hacia el drama humano, como el presidente del Cabildo o las alcaldesas de Mogán y San Bartolomé de Tirajana. Pero el miedo al descontrol y a la falta de respuestas se extiende por la población, porque ni se atiende a los inmigrantes ni se tiene en cuenta a los residentes, condenándonos a recelar unos de otros.