domingo, 19 de mayo de 2013

Canarias, escenario cinematográfico secuestrado

Las Vegas es una ciudad escaparate.

Poco han tenido en cuenta políticos y funcionarios la importancia del cine y la televisión para la promoción de Canarias como destino turístico. No hemos aprendido de los casos de éxito de otros lugares (como Las Vegas, que explico a continuación), ni del interés que durante varias décadas hubo por Canarias. Tampoco, y esto no es novedad en mi blog, se ha hecho algún esfuerzo por parte de la Televisión Canaria por usar los escenarios naturales para promocionarlos, cosa que sí han intentado televisiones de fuera con mayor o menor éxito para poder realizar las grabaciones.

Desde que se creara el germen ludópata y hedonista de Las Vegas hace 82 años, este lugar se ha convertido en un referente planetario para el turismo adulto y con ganas de excesos. Es un caso atípico porque no ha tenido etapa de ‘madurez’ (eufemismo con el que los teóricos quieren explicar el agotamiento de destinos como Playa del Inglés que, sin renovarse permanentemente, derivan hacia la obsolescencia). Por el contrario, Las Vegas se reinventa cada día y sus establecimientos caen y se reconstruyen en medio de la fiesta del ave fénix que resurge de las cenizas y escombros.

Las Vegas era un oasis para unos pocos, unos nacientes en medio de un desierto inhóspito, con temperaturas superiores a 40 grados la mayor parte del año (de mayo a septiembre). Una ciudad que contamina de electricidad a quienes la visitan, que cada vez son más gracias a la imagen que se tiene de ese enclave en todo el mundo a través de las pantallas de cine y televisión. Y es que el cine norteamericano ha creado iconos de ciudades donde los personajes tienen más que ver con la urbe que con su condición de seres humanos.

Volviendo a Las Vegas, no hay que olvidar sus orígenes oscuros. La mafia que existió (y existe) en Las Vegas y sus casinos, tal como recogen las novelas, películas, series y los medios de información, donde no es difícil sacar conclusiones sobre el movimiento de capital, las ‘movidas para obtener permisos, el trabajo sucio para ‘poner orden’, las amistades peligrosas… Todas las respuestas están en el cine, en particular en la adaptación de hechos reales que tomaron forma de libro ‘Casino’ de Nicholas Pileggi, que nos conduce por el engaño, poder y amor e infidelidad.

Volviendo a 1931, tenemos la legalización del juego y el, inicio de la fama mundial de Las Vegas, con la construcción del primer hotel de características de la ciudad moderna (Flamingo) bajo la supervisión del gánster Bugsy Siegel. Evidentemente, el negocio no es sólo el juego, ni éste supone la mayor parte de la recaudación. El espectáculo, las exposiciones, las galerías de arte y los museos generan tantos ingresos como los casinos. La tematización hace únicos a cada hotel, algunos de ellos con categoría de ‘cinco diamantes’, de entre los 175 hoteles existentes que suman 130.000 habitaciones con una media de ocupación que supera el 84%.

Pero cómo atraer 40 millones de turistas al año a una ciudad en la que hace un año residía sólo un millón de personas (hoy un millón y medio, siendo el lugar de mayor crecimiento poblacional de EEUU). Pues con una oferta de ocio, diversión y juego única en el mundo. Nombres como Elvis Presley, Frank Sinatra y el rat pack (Dean Martin, Sammy Davis, Jr., Joey Bishop, y Peter Lawford, Angie Dickinson, Juliet Prowse y Shirley MacLaine), Tom Jones, Cher, Celine Dion, Elton John, Shania Twain, Bette Midler, Paul Anka… Forman parte del repertorio historico e inagotable de los scenarios de Las Vegas. A ello se suma el Cirque du soleil (la mayor franquicia mundial del circo musical tiene actualmente más de una decena de espectáculos diferentes y únicos –permanentes- a lo largo del Strip de Las Vegas), a lo que hay que sumar ‘magos’ de la talla de David Copperfield, Criss Angel, o actores de Hollywood que acuden asiduamente a esta meca de la diversión que lleva con orgullo el lema “Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”.

Aunque el destino no ha ‘envejecido’ sí que ha cambiado el polo de atracción. En 1989, el hotel The Mirage se inaugura en las Vegas Strip, lo que perjudicó al downtown histórico (que no quiere decir que los edificios sean los mismos de hace sesenta u ochenta años, ni mucho menos que sean protegidos como Bienes de Interés Cultural inmuebles…). Tampoco todo ha sido un camino de rosas, ya que también se han producido iniciativas que han terminado en fracasos: Fremont Street Experience, Neonopolis.

Exentos del impuesto sobre la renta y con sencillos trámites burocráticos para crear empresas, la actividad festiva se ha visto compensada también con la domicialización de numerosas empresas en esta ciudad.

Aún así, la joya de la corona no es casarse vestido de Elvis, sino la celebración de congresos y convenciones: en 2008 visitaron Las Vegas 5.899.725 delegados que participaron en las 22.454 convenciones y congresos que tuvieron lugar en la ciudad, con una media de 262 participantes. En Gran Canaria, en 2010 tuvieron lugar 1.020 eventos que movilizaron 127.255 participantes. En Tenerife, en 2011 participaron 70.000 personas en 800 eventos. Las diferencias entre Canarias y Las Vegas son abrumadoras.

El perfil del turista de Las Vegas tiene una edad media superior a 50 años, con un porcentaje ínfimo de turismo familiar, ya que sólo el 6% de sus visitantes tiene menos de 21 años. Asimismo, es muy reducida la estancia media, de tan sólo 3,5 noches. No obstante, el 84% de sus visitantes han estado anteriormente en la ciudad.

¿Pero cómo se mantiene un destino tan complejo y con tanto competidor en el mercado en los primeros puestos mundiales de atractivo turístico? No por el precio, ya que la noche no es barata en los hoteles de la ciudad. Yo mantengo que Las Vegas ha tenido y tiene una imagen en medios audiovisuales que no sólo facilita su conocimiento y posicionamiento, sino que invita a visitarla. No es de extrañar que en la industria cinematográfica aparezca Las Vegas como centro de la trama o escala inevitable en el guión de numerosas películas. Por señalar algunas famosas, tendríamos: Ocean’s eleven (1960, 2001 y secuelas); No es país para viejos; Resacón en Las Vegas; El mexicano; My blueberry nights; Pale rider; Up in the air; Friends; Casino; Leaving Las Vegas; The O.C.; The Las Vegas Story; Million Dollar Baby; Diamonds are forever; 21 blackjack; Fear and loathing in Las Vegas (miedo y asco en Las Vegas); Con Air; What happens in Vegas (Algo pasa en Las Vegas); El Padrino II; Rain man; Los reyes del crimen (3000 miles to Graceland); Showgirls; Una proposición indecente; Viva Las Vegas; Bugsy; Luna de miel para tres (Luna de miel en Las Vegas); Miss agente especial; Hick; The cooler; Swingers; This is not a movie; Mars attack; Sin City; Resident Evil: extinción; Next; Cuestión de pelotas… Sin olvidar la música, discos y grabaciones de conciertos que han tenido lugar en las Vegas; y, por supuesto, las series en las que Las Vegas es la localización permanente (ya no añado las que han tenido algún capítulo en esta ciudad porque no cabrían): Las Vegas, con James Caan; CSI Las Vegas; y Vegas, con Dennis Quaid.

Mientras tanto, en Canarias vivimos de los recuerdos de películas rodadas en Sioux City (el intento de la familia condal de disponer en Gran Canaria de un plató cinematográfico); Moby Dick; Hace un millón de años; Cuando los dinosaurios dominaban la tierra; Furia de titanes; o A wonderful life… A todo esto, en la actualidad, grabar unas imágenes en las dunas de Maspalomas o en cualquier lugar de nuestro territorio (más del 40% está protegido por espacios naturales y, otra parte lo es por patrimonio histórico) es un laberinto burocrático asfixiante e insoportable.

miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Quién defiende el turismo?

Colón, personaje de actualidad.
“Ya nada podemos hacer para salvar lo que se destruyó ciegamente, pero sí podemos hacer mucho por mejorar lo que ya se ha hecho. Salvaremos un paisaje si cambiamos el color del albeo de una ‘urbanización’ simplemente o piadosamente con una hábil cortina de verdes plantaciones se puede disimular la hiriente fealdad de cualquier otra ‘promoción turística’. Afortunadamente, los recursos que nos ofrece hoy la técnica combinándola acertadamente con el buen gusto y el espíritu de nuestra arquitectura popular pueden transformar totalmente, a un bajo costo, cualquier estridente adefesio, plantado en lo mejor de nuestro paisaje, por la ignorancia de unos y la pasividad de los otros”.
César Manrique (I Asamblea Provincial de Municipios Turísticos)

Siempre ha habido defensores del paisaje, de la naturaleza, del patrimonio… Este propósito está presente desde los primeros autores de obras sobre historia, naturalistas, científicos, arqueólogos, artistas, etc…, y ha perdurado hasta nuestros días porque el amor a nuestro entorno privilegiado es una constante, un aspecto endémico. Y siempre habrá quien lo defienda porque lo que nos rodea nos debe preocupar e interesar. Es parte irrenunciable de nosotros, de nuestras vidas, la que vivimos y las experiencias que soñamos.

Y el turismo en Canarias es –también- elemento esencial de ese pasado y de los recuerdos más hermosos, los que nos permiten sentir que hemos disfrutado momentos por los que ha valido la pena vivir. Pero también es realidad indispensable y el sueño que todos –cada uno a su manera- deseamos disfrutar. Y, afortunadamente, ¡podemos! No olvidemos que vivimos en el lugar con el mejor clima del mundo, que ya es mucho, un privilegio y un lujo.

Aunque ¿cómo pueden vivir dos millones de personas con sólo un clima único aunque sea el mejor del mundo, con el sol asegurado y las playas que anhelan los europeos? ¿Cómo se comercializa ese clima, el sol, las playas y los paisajes que atraen a millones de visitantes? Por ahora con alojamientos para satisfacer la demanda (lo que trae consigo comercios, transportes, servicios…) y que actualmente atienden el más variado abanico de perfiles de usuarios. Este modelo de negocio que arrancó hace cincuenta años supone que el intermediario -el turoperador- es el que se lleva la mayor parte del negocio y puede imponer sus exigencias hasta el límite que marque la demanda de este destino por sus clientes, ya que si pudieran los llevarían a otros donde tienen mayores porcentajes de beneficio.

Canarias no tiene otros recursos –aparte del turismo y su posición estratégica- que su riqueza biológica (cosa que al parecer no interesa a nuestros políticos por la poca consideración que tienen a las empresas de biotecnología), energía económica en la naturaleza (otro caso sangrante de desidia política en un territorio que podría no depender de recursos energéticos exteriores) y una agricultura que subsiste con ayudas públicas frente a la competencia de productos de las antípodas que resultan más baratos.

Y ahí está el turismo.

Canarias es una estación climática de salud y bienestar. Un espacio en el que se ocupa el litoral para disfrute de turistas y negocio de algunas empresas. Una industria que paga sus impuestos para que determinados representantes públicos (hasta hace poco designados según la isla o las siglas de procedencia y no por sus conocimientos sobre el turismo) gestionen millonadas en promoción de la marca que ellos consideran y en los mercados y foros que estiman oportunos, acudiendo a ferias en las que te encontrabas al concejal de turismo del pueblo más remoto para presentar un díptico de dudoso interés para turoperadores, agencias de viajes o profesionales. Este tipo de políticos ocasionales del turismo, como termómetro del éxito o fracaso de su gestión pública, nos ofrecen periódicamente cifras de entrada de turistas y, cuando pueden, la firma de algún convenio con turoperadores o nueva línea aérea que transporta usuarios para las camas y hamacas que se extienden por Canarias.

Por otro lado, tenemos a los empresarios y profesionales, aunque los que importan son sólo un puñado que dirige sus inversiones según su actividad de procedencia, para los cuales trabaja un ejército de expertos con una cierta movilidad e inquietudes, pero por lo general implicados en la tarea de dar el servicio con la certeza de que el mercado puede en cualquier momento resquebrajarse por causas exógenas (fundamentalmente la guerra de precios como pasó en 2008/09), gracias al tiempo y dinero perdido durante décadas por unas administraciones (salvo honrosas excepciones) en las que los políticos se creyeron que Canarias tenía seguro de sol y no necesitaba de otra cosa.

¿Y hay sinergia entre ambas partes: políticos y empresarios? ¿Y entre éstas y la sociedad?

A la vista de estatutos y organigramas de las entidades, patronatos y sociedades de promoción públicas, está claro que el papel, el protagonismo y la capacidad de decisión está en manos de los políticos que están al frente de estos órganos, con mayor o menor colaboración con la empresa privada o con entidades de ‘menor’ rango. Con situaciones tan sorprendentes como, por ejemplo, si uno o dos municipios representan el 95% de la ‘industria’ turística de la Isla, el organismo insular está por encima de éstos. O, en su caso, la comunidad autónoma con todas las suspicacias y recelos endémicos entre las distintas partes de esta realidad archipielágica.

A todo esto, las contradicciones entre los usos del territorio (por ir a algunos de candente actualidad: litoral, palmeral, Roque Nublo…) o de los argumentos jurídico/políticos (ley de costas, sitio histórico, monumento natural…)  están sacudiendo los cimientos de una industria que se resiste a continuar los pasos del resto de sectores y hundirse en la quiebra de este sistema. De hecho, el turismo se ha convertido en el enemigo a batir, el culpable de la destrucción de nuestra calidad de vida y el asesino de Kennedy. Cosa sorprendente, ya que el turismo se supone que se retroalimenta de esa calidad ambiental que el visitante demanda para cumplir sus sueños vacacionales.

Por eso, veamos qué papel tiene cada uno en la gestión del territorio y del paisaje.

Cuando hablamos del territorio en Canarias tenemos que considerar el nivel de protección del espacio que se trate. Y es que, además de ser un territorio reducido, el 40% de su territorio está protegido, llegando al 58% en El Hierro. Esto en relación a la legislación de espacios naturales y Parques Nacionales. Habría que añadir el dominio público, las reservas de la biosfera, los patrimonios de la humanidad, los Bienes de Interés Cultural y demás situaciones que limitan el uso del territorio. Por ahora, salvo honrosas excepciones, la mayoría de los espacios protegidos posteriores a la Ley de Espacios Naturales de Canarias, son un fracaso de gestión para la supervivencia de sus pobladores. Eso sí, cada día sale a la palestra algún experto o supuesto profesional de gestión del medio natural con las consabidas consignas de aprovechamiento sostenible y demás tópicos.

¿Quién gestiona esos espacios protegidos o regulados? Si son los políticos, constatamos el fracaso de un urbanismo extensivo en las zonas inmediatas o no protegidas; o un ‘dejar pasar’ a los espacios turísticos hacia una madurez decrépita y deprimente. Todo ello adornado con obras mastodónticas (demasiado dinero para la necesidad real) como el aeropuerto de La Palma…

Pero si son los funcionarios nos encontramos con otro dilema ¿quién se atreve a firmar una autorización para hacer una carretera por Ucanca para pasear turistas en guagua y con un restaurante en medio (como hizo César en Timanfaya)? ¿Y convertir en sala de baile con restaurante, auditorio y piscina un tubo volcánico con una especie de cangrejos ciegos única en el mundo (como hizo César en Los Jameos)?

Así, con este panorama ¿hay alguna “actividad ecológica o sostenible” que frene el paro y evite la emigración de las zonas ‘naturales’? ¿Se tiene que empobrecer a los habitantes de las zonas protegidas para que hagan penitencia por la mala conciencia del vecino de las ciudades? Está claro que el sector turístico, la población de los espacios turísticos o naturales, la población de las ciudades, los políticos y los funcionarios… hablan idiomas distintos y ponen en riesgo el presente y futuro de nuestra principal industria.

Y muchos dirán ¿existe un Néstor Martín, un Néstor Álamo, un Fray Lesco, un César Manrique, Jesús Soto, Pepe Dámaso…? Y de existir ¿quién lo elige o decide que sea quien lleve a cabo la necesaria re-creación del destino/s turístico/s de la isla y del archipiélago? ¿Son capaces los políticos o los empresarios de Gran Canaria de elegir un ideólogo del turismo para liderar la diversificación y potenciación de nuestra industria?

En definitiva ¿quién defiende el turismo? ¿Quién puede relanzar esta industria y lograr que sea más rentable con menos presión humana? (algo en lo que coinciden todos en la opinión, aunque luego no lo trasladen a los hechos). Para ello son precisos nuevos productos, recursos y temáticas, de las que algunas he adelantado en estos artículos o pueden encontrarse en interesantes trabajos y propuestas de otros autores. Sería cuestión de analizar y debatir con honestidad y sin oportunismo político o con obcecación administrativista esos objetivos, pero no. Volverán a contratar a consultores foráneos por un pastón para que nos vengan a decir cuáles han de ser nuestras estrategias como marca diferenciada y potente desde el desconocimiento del foráneo. Muchos, sin embargo, esperamos que un día se dignen a escuchar nuestras ideas (aprovechando nuestra experiencia y capacidad de creación) y dejen a un lado la rutina estadística.

“Mi propia experiencia me ha hecho comprobar lo fácil que es cuando existe cooperación y espíritu comprensivo, salvar airosamente lo que irremisiblemente parecía perdido”.
César Manrique (I Asamblea Provincial de Municipios Turísticos)

sábado, 4 de mayo de 2013

Educar a la sociedad canaria sobre la importancia del turismo

Lomo del Polvo 1900. Primer campo de golf de España.
Últimamente me he metido en varios jardines laberínticos en mi blog. Me he posicionado contra la declaración de BIC del Hotel Oasis Maspalomas (y no di importancia al paso de Colón por aquellos parajes, ¡hay que ver!); respecto al teleférico del Nublo, he publicado mis dudas sobre la rentabilidad económica (cosa que ha molestado a alguno) y social así como los criterios del promotor del proyecto (cosa que ha molestado a otro) y he declarado mi rechazo a la forma de gestionar la televisión pública canaria por parte de Willy García (cosa que ha molestado a quienes defienden el éxito de audiencia de determinados productos televisivos). Como en todo, hay muestras de apoyo a unas u otras posiciones, lo que satisface mi deseo de escuchar opiniones y contrastar posiciones de las que yo mismo aprendo.

Sin embargo, ha sido una coletilla sobre la falta de interés por el sector turístico de la cadena pública lo que más polémica ha suscitado entre algunos profesionales que defienden la calidad y originalidad del programa canarios de 5 estrellas. Un ‘docushow’ (según la web de la citada tele) que recuerda mucho al formato de ‘Españoles en el mundo’ y otros títulos similares surgidos en los últimos años. Evidentemente, mi crítica no va dirigida a los que realizan con mérito el programa, sino a la carencia de visión por parte de la televisión canaria hacia el que es el principal sector económico de estas islas.

Pero esa ignominia hacia el sector turístico no es exclusiva de la televisión canaria (que adolece de otros graves problemas por el modelo establecido y la persona elegida para dirigir su rumbo), sino también nuestro sistema educativo (tanto reglado como los intentos de una formación específica, como los hoteles y restaurantes de Hecansa, iniciativa que pudo ser… pero que algunos políticos utilizaron caprichosamente), así como las políticas turísticas que rara vez prestan atención a la necesidad de hacer pedagogía y difusión en nuestra sociedad de la importancia del turismo y que participe toda la comunidad para su impulso y mejora.

Y es que si recibimos más de 12 millones de turistas al año (lo que nos sitúa como uno de los principales destinos del planeta, en cifras), todos nos preguntamos cómo es posible que no se mejoren los datos de ingresos y de empleo en nuestro territorio. Yo considero que es porque no somos capaces de levantar la economía con la realización de iniciativas que permitan incrementar el gasto del turista en el destino. Pero, claro, los responsables políticos (mayormente personas que no tenían ni idea de qué era el turismo en Canarias, aunque últimamente ya hay algunos profesionales en esas tareas) han creído que justificaban su sueldo (elevado) sólo con estadísticas de alza de llegada de turistas ¡y olé!.

Y alguno se preguntará ¿por qué hemos de plantear pedagogía turística en los medios de comunicación y en el sistema educativo? Simplemente porque la sociedad ha de participar en el desarrollo de su principal industria que, además, afecta a su territorio, su paisaje, su economía, su futuro… Una participación con fundamento y conocimiento. Así ha sido en varias ocasiones y con éxito. Y sólo así podemos decidir varias cuestiones vitales. Como por ejemplo, si nos sumamos al modelo europeo (todo es patrimonio intocable y a proteger) o norteamericano (la modernización y la producción es lo principal), o un mix de ambas opciones, cuestión no baladí en estos momentos, ya que hemos visto cómo agonizan en nuestras islas destinos turísticos de menos de 50 años (‘maduros’, le dicen) mientras en otros lugares del planeta con más décadas de actividad turística no ‘maduran’ sino todo lo contrario: mantienen un vigor y una modernidad como destino turístico que ya quisieran para sí los nuevos ‘paraísos’ para el turista.

Insisto –por si alguien no lo recuerda- que Canarias tiene entre sus fortalezas el sol y playa junto al mejor clima. A eso se le puede sumar otros aspectos: paisajes, riqueza natural, seguridad, proximidad al continente europeo, economía, integración europea, tolerancia y hospitalidad... Elementos constitutivos de la marca, pero que no definen el tipo de turista que nos visita (mayoritariamente de piscina que toma el sol, come, bebe, duerme y poco más), ya que hemos dejado en manos de incompetentes el sector y fruto de esa dejadez nuestro destino compite con el resto sin apenas diferenciarse, lo que le somete a la ley del precio más bajo. Pero no porque sea así, sino porque nosotros hemos hecho así, dejando que el visitante sólo aspire a ponerse moreno por poco dinero.

Pero bueno, al caso… Me preguntaba una lectora colaboradora de Canarios 5 estrellas sobre qué haría yo para que un programa sobre turismo tuviera público y fuera entretenido y mejorara lo presente. Yo lo he repetido hasta la saciedad en mi blog, aún a riesgo de que otro listo, amigo del director del ente, se apropie de estas ideas para seguir chupando del bote que se reparten un par de empresas en exclusiva desde hace demasiado tiempo. Pero está claro que esa gente va a lo fácil y no lee ni piensa. Tan sólo repiten modelos y buscan un equipo barato que rellene el modelo con su ilusión y buen hacer para que quede aparente.

Aún así, les dejo reitero algunos detalles que he señalado hasta la saciedad en mi blog: Sin olvidar a Néstor Martín Fernández de la Torre y su discípulo, César Manrique, quienes consolidaron una marca única en el mundo para cada isla. Pero, además, tenemos otros motivos de orgullo: la primera marca de turismo de salud y naturaleza en el mundo; el primer campo de golf de España; el mejor clima del mundo; el concurso de ideas Maspalomas Costa Canaria; el primer vuelo charter; el primer centro de helioterapia; el primer templo ecuménico mundial; el primer club de tenis; la celebración del Día Mundial del Turismo; escala de las grandes rutas de descubridores, de científicos, de artistas y actores de cine; escala de los primeros vuelos trasatlánticos (Gago y Coutinho, Plus Ultra, Zeppelin…); estación espacial y primeros pasos del hombre en la luna; centro de observación astrofísica; Gran Canaria es el principal enclave planetario por la calidad, variedad y cantidad de usos de cuevas… Y hay más, pero esto es suficiente para elaborar un producto audiovisual que atraiga espectadores, sorprenderles y darles una dosis de orgullo… Aunque, insisto, no se trata de un programa, sino de impregnar la programación con la importancia del turismo.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Otro tsunami en Maspalomas

Epicentro del terremoto 1755
Érase una vez una empresa turística alemana, TUI el mayor turoperador europeo, socio de un empresario de Olot (Cataluña) con más de 115 hoteles repartidos por el mundo de los que catorce se situaban en Gran Canaria (el lugar del planeta donde más establecimientos tiene la cadena RIU desde hace décadas). Ambos quisieron derribar un hotel con cinco décadas de antigüedad y levantar uno nuevo con categoría de 5 estrellas, para lo cual realizaría una importante inversión superior a los 55 millones de euros contratando empresas locales durante un tiempo muy difícil para todos por la falta de inversiones en el territorio insular.

La iniciativa de los propietarios del edificio choca con la nostalgia de la familia condal, quienes construyeron el antiguo hotel, aquella obra que se pensó para que fuera el 'mejor hotel del Atlántico', que al año de su apertura tuvo que ampliarse (el doble de tamaño) por el éxito del enclave. De repente, la empresa más poderosa del sector turístico y de construcción insular, Lopesan, se suma a esa iniciativa y solicita ante el Cabildo Insular la incoación de expediente de Bien de Interés Cultural para el edificio que fuera obra de los arquitectos Molezun y Corrales que, además, figura en un catálogo de arquitectura moderna española.

Acto seguido, la misma empresa recuerda que la parcela no debió privatizarse hace 25 años, cuando Mario Conde adquirió del edificio y lo reconstruyó en su interior para multiplicar el número de camas y, así, la oferta alojativa. Pero este proceso hace recapitular a Eustasio López, propietario del Ifa Faro, levantado sobre el dominio público marítimo (antes de que Lopesan adquiriera la cadena Ifa), y así lanza un órdago a instituciones y empresas: recuperar todo el palmeral y convertirlo en el icono natural que necesita Gran Canaria para competir con otros destinos turísticos y no limitarnos al sol y playa. La recuperación de un paisaje único, un jardín natural con sus canales, la charca y el palmeral, que podría ser ese parque temático paisajístico que tanto necesita Maspalomas para relanzar su imagen como destino turístico único.

Pero todo esto no es más que trabas a un proyecto que ha sido tramitado con el objeto de realizar una inversión que impulse un negocio ya existente pero con fecha de caducidad vencida. Los propietarios del hotel piden que le dejen cumplir con la legalidad y transformar la explotación alojativa en un hotel de 5 estrellas muy al gusto de su clientela (principalmente alemanes y nórdicos).

El árbitro político, el Cabildo de Gran Canaria, no acepta la declaración de Bien de Interés Cultural ni se plantea una impagable recuperación y restauración del conjunto del palmeral, pero resucita una presencia casual y no determinante ni significativa del paso de Cristóbal Colón en su cuarto y último viaje a las Américas, para con esa excusa declarar todo el palmeral (no sabemos por qué sólo el palmeral) en un Sitio Histórico (lugar o paraje natural, vinculado a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones populares, creaciones culturales o de la naturaleza, y a obras del hombre, que poseen valor histórico, etnológico, paleontológico o antropológico).

No deja de ser cierto que Colón pasó (a hacer aguada, según el diario de a bordo) por el lugar, cosa que no ha dado lugar a ninguna tradición popular ni alcanza de lejos el valor histórico que el paso de las tres carabelas por Gando en la primera travesía, la del Descubrimiento. De hecho, nada tiene que ver el lugar con el que visitara Colón, ya que en los últimos 500 años, por la erosión, la transformación del ecosistema, por la captación de aguas pluviales y subterráneas, y sobre todo por el tsunami del terremoto de Lisboa que originó el desierto de dunas... es un espacio totalmente distinto al que conociera el navegante genovés. Sin olvidar que el mismo territorio fue totalmente reconvertido en llanuras de surcos y tomateros, en vivero para los jardines de la urbanización turística y en jardines domesticados para el turismo. Incluso los deseos y proyectos de los hermanos Néstor y Miguel Martín Fernández de la Torre o el urbanista/paisajista Tudurí señalaban al cuidado de este lugar frente a los deseos de construir en él.

Pero bueno, el Cabildo ha optado por una decisión más que discutible. Lo de Colón no deja de ser una anécdota en la historia de sus viajes y en la de Gran Canaria, menos significativa por cierto que la escala de la flota de Van der Does para curar –o enterrar a los fallecidos- a sus tropas tras la derrota de Monte Lentiscal; o más aún  la conexión que hubo desde la estación de la NASA en Maspalomas con los astronautas en el momento de que el hombre pisara la luna por primera vez. Unos astronautas que sí que estuvieron en el hotel Maspalomas Oasis descansando tras su regreso de aquella odisea espacial.

Así que esta decisión del Cabildo no recupera ni es trascendente en la historia insular, pero supondrá un grave precedente –otro- para el turismo en Gran Canaria. Y no será ésta vez el enemigo externo (el recurrido chicharrero) el culpable de frenar una inversión en esta isla. El culpable de este ridículo que ya ha recorrido Europa (aunque aquí nos miremos el ombligo) está en la propia isla. Una posición que pone en riesgo la actividad turística en el principal destino de Europa que es Maspalomas, sobre el que ha vuelto a caer un tsunami devastador que, entre otras cosas, va a suponer:

  • Procedimiento indemnizatorio para los trabajadores y la empresa propietaria del Hotel Maspalomas Oasis.
  • Parálisis de la actividad de las empresas canarias contratadas para derribar y levantar el nuevo hotel.
  • Renuncia a la compra de material de obra y de mobiliario del nuevo hotel.
  • Pérdida de más del 40% del valor del inmueble y de todos los inmuebles del lugar (Seaside Hotels es el principal perjudicado)
  • Paralización de esta obra y de la de la reconversión del ya lamentable centro comercial de Maspalomas.

A todo esto, los proyectos que se planteen sobre este lugar tendrán que pasar por una Comisión de Patrimonio Histórico que tiene unos criterios muy concretos de conservacionismo y burocratización de los procesos de renovación turística, principalmente porque aquí han actuado políticos, expertos en leyes, funcionarios y medios de comunicación, pero ¿alguien ha planteado el impacto turístico de las decisiones adoptadas? ¿Alguien piensa en qué es lo importante para el turismo y el desarrollo de Gran Canaria? Está claro que no hay un solo turista que haya llegado a Maspalomas en 50 años siguiendo la ruta colombina, y que hemos de cuidar este sector económico y mejorarlo, pero con decisiones así uno piensa que el objetivo no ha sido el bien común, cosa ya tradicional en este enclave: Ni cuando se levantó el hotel y las viviendas del entorno, ni cuando se amplió, ni cuando se construyeron otros hoteles, ni cuando se declara inejecutable la sentencia de recuperación del palmeral en los años ochenta, ni cuando se declara Sitio Histórico a la zona sin más salida para los propietarios que pasar por el aro de negociaciones y procedimientos arbitrarios. Algo así como un tsunami político y administrativo.

sábado, 27 de abril de 2013

No quiero ser como Willy

Paulino y Willy. Willy y Paulino
Vivimos en una sociedad secuestrada. Una sociedad que es guiada y se refleja en los medios de comunicación de masas, esas ventanas que se cuelan en todas las casas para decirnos qué pasa, qué hemos de hacer, consumir o pensar. Empresas de los mass media on más o menos poder y con más o menos claras sus intenciones. En el caso de Telecinco ya sabemos hasta donde llega la basura. En otras ya intuimos los residuos que no son publicidad (descarada o encubierta). Y todo ello a través de unos espacios (espectros le dicen) radioeléctricos o señal digital que ha de conceder la administración pública. Una administración que apenas se fija en cuánto cobrar por la concesión administrativa –que es una miseria-, olvidando su papel de liderazgo social y aprovechamiento de todos los recursos para ese fin, mientras la población enferma de obesidad, violencia o estupidez.

Pero, después, tenemos las llamadas televisiones públicas. Un engendro surgido de cuando se creó el Ministerio de Información y Turismo, sustituyendo o camuflando con un eufemístico nombre a las labores de Propaganda que desde el régimen franquista se desarrollaban. Así, tenemos la TVE, de la que no voy a entrar a analizar su agonía, pero sí recordar que -supongo que sin quererlo- dio lugar a la consolidación de lo canario: la creación del centro de producción de Canarias, gracias al cual se potenció el habla y la unidad territorial (informativos Canarias), el folclore (Tenderete), la Lucha Canaria… Nunca podremos pagar tan importante contribución a la unidad canaria como la de esta iniciativa de la etapa de Manuel Fraga.

Pero, he aquí que después de tantos siglos de Canarias como entelequia, ahora tenemos un Gobierno de Canarias, con su Parlamento de Canarias y sus Consejerías, y la televisión y radio ‘nacional canaria’. Un ente de comunicación de masas y presupuesto público (y supuestamente privado, aunque más que aportar, están ahí para cobrar). La RTVC inicialmente se planteó como un recurso que contribuiría a una mejor difusión en contenidos canarios, tanto noticias como la labor educativa de recuperación y fomento de la identidad y de los recursos que nos diferencian y posicionan en el mercado global.

Los primeros directores pusieron su empeño en poner en marcha la maquinaria, pero desde que Paulino Rivero accedió a la presidencia de Canarias apostó por lo conocido (su conocido y amigo de la familia), situando al frente de RTVC a un locutor de radio formado en la universidad de la vida: Guillermo García, conocido por Willy. Un señor que se ríe del Consejo del Ente, del Parlamento, de la Audiencia de Cuentas y de todo el que pretenda recordarle que lo que dirige es una televisión pública y no un chiringuito de playa privado.

A dedo, sin control y por su criterio personal: el de la universidad de la vida cuyos catedráticos le han dicho que lo que el pueblo quiere es humor facilón y verbenas de barrio, ha utilizado la mejor plataforma que hemos tenido para transformar la sociedad en un lugar anodino, tópico, simplón, donde la mediocridad es sacralizada, sensacionalista, donde la solidaridad es confundida por la caridad y, a todo esto, con un negocio redondo para una o dos empresas, arruinando a todo el sector audiovisual de Canarias. Una oportunidad de oro desaprovechada y un montón de millones de euros desperdiciados para mediocrizar a los canarios.

En la historia de Canarias hay graves casos de retraso autoinducido por nefastas decisiones. El nombramiento y continuidad de este personaje al frente de la Televisión Pública de Canarias es otro de esos graves casos del que nos arrepentiremos durante muchos años. Sobre todo porque con la crisis que estamos padeciendo, se ha convertido en un icono del despilfarro de dinero público por obstinación del presidente canario. Aunque no sólo es este caso, sino prácticamente de toda la política de comunicación del ‘paulinato’. No olviden que todos los concursos públicos relacionados con este sector han sido desmontados por los tribunales con pronunciamientos muy duros.

¿Y qué tiene que ver esto con el turismo? Pues bastante. De ser el principal sector económico de Canarias a ser el último pato en la tele canaria, con un simplón y anodino programa de canarios cinco estrellas y otras iniciativas que no contribuyen a potenciar el turismo, sino a compararlo con ñoñerías horteras como otros programas de la 'willyfactoría', como  La Gala, o Fiesta, Quiero ser como Pepe o demás engendros que no aportan nada a Canarias, salvo a la productora que cobra por su realización.