martes, 18 de abril de 2017

El origen canario del 'Gran tour' norteamericano

Familiares de Luis Suárez Galván a comienzos del siglo XX.

Este año se cumple un siglo del fallecimiento de uno de los grancanarios más destacados en la historia mundial, Luis Suárez Galván (o Galbán). Un caso de éxito de emigrante que se conviertió en un empresario de éxito internacional, fundador del Banco de Cuba, Gran Maestre de la Logia de Cuba, presidente de honor de la Cámara de Comercio de Cuba y un filántropo como pocos ha tenido la isla, en especial su municipio de Santa María de Guía. Vaya aquí este homenaje que he publicado en la revista 'Welcome Gran Canaria' que se distribuye gratuitamente en hoteles y puntos de información turística. Espero que en alguna ocasión el empresariado canario y el Cabildo de la isla otorguen el mayor reconocimiento a este gran-canario que, además, dejó una descendencia que han destacado como pioneros en la historia del turismo mundial y mecenas culturales, quienes conservaban obras del artista galdense Antonio Padrón que acaban de 'redescubrirse' porque en su tránsito a las Américas saltaron al olvido o desconocimiento en la isla.

La historia del turismo tiene orígenes mitológicos, religiosos o curativos, con visita a lugares sagrados o balnearios. Sin embargo, los estudios sitúan el origen del turismo moderno en la etapa del 'Gran Tour' europeo entre mediados del siglo XVII y la década de 1820 para aristócratas con inquietudes artísticas, fundamentalmente el movimiento del romanticismo, que los llevaba a visitar los iconos de la cultura clásica (palacios, catedrales, obras escultóricas o pictóricas) con Italia como destino final tras recorrer paisajes de Francia, Alemania u otros países. Estados Unidos no podía ofrecer esos monumentos, pero el desarrollo de la ciudad de los rascacielos y una naturaleza espectacular con las cataratas de Niágara como reclamo, propiciaron un tour que fue documentado a comienzos del siglo XX por una familia de canarios en un interesante álbum de fotos y otro de postales que pudo ser salvado de la destrucción cuando iba a ser tirado a la basura.

Estos álbumes pertenecieron a los descendientes de Luis Suárez Galván (Santa María de Guía, 1851, La Habana, 1917). La colección cuenta la odisea de éxito de un emigrante a través de postales de los centros urbanos de moda a comienzos del siglo XX (Cuba, Nueva York, Londres, Amberes, París y ¿por qué no? Gran Canaria).
Luis Suárez Galván partió a Cuba con quince años para trabajar en el comercio de su tío, José Antonio Galván Pagán, del que se hace cargo en 1872 al regresar su tío a las Islas Canarias. Dos años después convence a su hermano Eugenio para que culmine los estudios de Ingeniería y se traslade con él a Cuba.

Paseo en coche por el puente de Manhattan.

En 1879 viaja por primera vez a Estados Unidos para establecer sus negocios. Nunca olvidó sus raíces y con sus beneficios reformó el mármol blanco y negro que luce el suelo la Iglesia Parroquial de Santa María de Guía. También ejecutó la red de suministro de agua de abasto para Guía.

La producción y exportación de azúcar le obliga a organizar los transportes con vapores como consignatario de las líneas de Nueva Orleans, Galveston y Larriga y Cia de Liverpool. Además, representa la aseguradora más importante del momento, la alemana Aachen & Munich Fire Insurance. En 1904 es nombrado presidente de la Cámara de Comercio de Cuba, y Presidente de Honor en 1908. Igualmente, es directivo del banco North American Trust Co, a partir del cual organiza y preside el Banco Nacional de Cuba en 1901 hasta que instó a que fuera un cubano el presidente del mismo. Al fallecer en La Habana, el gobierno cubano decretó que ondearan las banderas a media asta.

El objeto de su empresa abarcaba importación y exportación de azúcar, droguería, productos químicos, lubricantes y gomas, ferretería, víveres, mieles, ceras y vegetales; seguros contra incendios; automóviles y transportes marítimos.
Pero el descubrimiento turístico es el álbum que comienza con la partida desde el puerto de ‘Havana’ y finaliza con el regreso desde los muelles de Nueva York. Un viaje que realizan los hermanos Federico y Eugenio Galván Ramírez, unos turistas modernos que visitan los recursos más atractivos de la costa Este de EEUU. Una travesía que documentan con una colección fotográfica artística en la que observamos los rasgos de movimientos como el futurismo o el modernismo.

Además, estamos ante la prueba documental de uno de los primeros Gran Tour realizados en los Estados Unidos de América del Norte. De hecho, hay que remontarse a 1863 para encontrar los primeros libros de viajes en EEUU, escritos por Mark Twain, si bien los recursos turísticos surgen a finales del citado siglo, como los Parques Nacionales de Yellowstone, 1890; Josemite, 1890; y Monte Rainier, 1899.

Paseo relajante en Lake George.

La ruta de los hermanos parte de La Habana a Nueva York, donde visitan sus oficinas para desplazarse al hotel The Antlers, en Lake George, y a continuación visitar las cataratas del Niágara.

Además, las imágenes nos sitúan en momentos históricos: el hundimiento del Maine y la pérdida de la última colonia española en América tras la guerra con EEUU, el auge del capitalismo, el fenómeno migratorio y el hundimiento del Valbanera, el de mayor número de víctimas de la historia naval española.

Entre las postales de Cuba destacan la de tropas mambises (guerrilleros independentistas) y los restos del acorazado norteamericano 'Maine', hundido en enero de 1898 por una explosión fortuita que utilizaron los magnates de la prensa Hearst y Pulitzer para promover la Guerra hispano-estadounidense. No era el inicio del movimiento insurgente, ya que previamente se produjo la guerra de los diez años (1868-1878) y la 'guerra chiquita' (1879-1880).
Los descendientes de Luis Suárez Galván están repartidos por EEUU y España, si bien los hermanos Galván Ramírez regresaron a Gran Canaria donde fueron impulsores de su desarrollo económico y turístico, participando en la fundación de la Sociedad Fomento y Turismo en 1915.

viernes, 31 de marzo de 2017

Orígenes 'bichados' del turismo de masas en España (I)

Maspalomas y el Centro Helioterápico.
Cada vez somos menos los que recordamos que hubo un tiempo en el que la intervención sobre el sector turístico era asfixiante, dirigida hacia objetivos políticos y económicos que poco tenían que ver con el desarrollo del sector, y lo condenaba a la incertidumbre y a una trayectoria errática llena de obstáculos (especulación, masificación, precios bajos...). Hoy día ha cambiado, pero probablemente perduren muchos de los problemas de raíz que fueron abonados en aquellos años en los que se gestó el actual modelo de turismo de sol y playa.

Para entender esta situación hemos de remontarnos a los orígenes, cuando el auge de las comunicaciones y la 'aceptación' de España en el contexto internacional en uno de los bandos de la 'guerra fría' es aprovechado por el Gobierno Español para abrirse a los países europeos y atraer sus divisas para poder hacer frente al déficit comercial. La política de crecimiento industrial propiciada por los Planes de Desarrollo (1959-1973) pretendía un aperturismo de una economía estancada y autárquica que hacía peligrar el propio régimen dictatorial. Algunas zonas como las Islas Canarias o Baleares mostraban la potencialidad del turismo para atraer divisas, por lo que Franco encarga a Manuel Fraga la proyección, estructuración e impulso del sector a través del Ministerio de Información y Turismo, un sector hasta entonces dedicado a encuentros religiosos, campistas y turismo social en Residencias de Educación y Descanso. El Nacional-Catolicismo era sustituido por la tecnocracia opusdeísta que provocó una profunda transformación económica que superó el inmovilismo político.

En los sesenta se sentaron las bases del modelo turístico español y canario, una etapa con apenas referencias para establecer la capacidad de expansión del turismo de masas, impulsado por la obsesión del régimen político por consolidar el desbloqueo diplomático y su incorporación a los organismos internacionales. La nueva política económica del Plan de Estabilización y los siguientes Planes de Desarrollo apostó por un desarrollo fuerte y sostenido pero carente de financiación, lo cual consolidó un modelo asentado en la improvisación y la instrumentalización del sector turístico con fines ajenos a éste. Se buscaba el máximo crecimiento al precio que fuera, a lo que contribuyó un mercado que logró por sí solo el objetivo pero al que exigían superar las marcas con un crecimiento turístico carente de criterios selectivos y un análisis económico cortoplacista en el que los costes sociales o las distorsiones en la asignación de recursos fueron infravalorados o, directamente, ignorados. La administración puso al turismo al servicio incondicional del desarrollo y comprometió así su futuro.

Los instrumentos usados en el momento fueron:

  • Política de precios autorizados.
  • Líneas de créditos especiales que no contemplaban la internacionalización.
  • Creación de una oferta de propiedad pública o mixta.
  • Actuación sobre las infraestructuras y campañas de promoción. 

Lo más grave fue la política de precios, con autorizaciones que año tras año eran inferiores a las tasas de inflación que soportaban las empresas turísticas, lo que supuso una infravaloración de las ventajas que presentaba la oferta española respecto a sus competidores en Europa.

El sociólogo Amando de Miguel y el propio Sindicato Nacional de Hostelería y Actividades Turísticas advertían del desfase, al indicar respectivamente que “los servicios públicos que consumen los turistas no compensan las divisas que traen”, o más claro: “se ha venido negando, año tras año, los aumentos de precios debidamente proporcionados a la subida de los costes”, de ahí que en poco más de una década (entre 1955 y 1973) la pérdida de calidad económica se podía cifrar en un 68% por unos precios muy bajos que impedían la profesionalización del sector, su proyección de futuro y unas bajas tasas salariales que hubo que afrontar en las décadas posteriores.

Así, el turismo se convirtió en fuente de financiación y creadora de renta sin recibir un tratamiento igualitario respecto a otros sectores muy protegidos. O sea, se buscaba inflar la burbuja sin límite, rebasar permanentemente los topes de afluencia a costa de convertir al sector en antieconómico, empresarial y socialmente, a la vez que se descapitalizaba.

Construcción del Hotel Fariones (Lanzarote)
De ahí que la primera industria exportadora del país no accedía a los instrumentos de la política de exportación, con una política de Crédito Turístico pensada para financiar la construcción de alojamientos y dejar fuera las inversiones en el exterior. Y aún así, el crédito no era barato y su volumen, por ésto y por falta de voluntad política, fue notoriamente bajo. De hecho, el crédito turístico en los sesenta era casi anecdótico y en 1973 apenas representaba el 6% del crédito oficial. Esto condenó al control extranjero de un importante número de empresas hoteleras cuyas inversiones fueron un anticipo de contratación, con unos precios que acababan por estrangular a las empresas y obligaban a la venta o cesión de los establecimientos, o en el mejor de los casos a sobrevivir sometidos a la dependencia, a la vez que se fomentaba la especulación sobre nuevos suelos ante la pérdida de calidad de los destinos descapitalizados.

Un episodio de esta guerra perdida fue el intento del ministro Sánchez Bella de transformar las Oficinas Españolas de Turismo en el extranjero en una alternativa al monopolio de los turoperadores, frente a lo cual se recibió un duro ataque por la Federación Universal de Asociaciones de Agencias de Viajes (FUAAV) en su cumbre de Lisboa (1972) que hizo dar marcha atrás al intento.

Algo similar ocurre con las infraestructuras y las prioridades, al relegar los valores estéticos, ecológicos y otros a criterios técnicos, los cuales además chocaban con una realidad que limitaba o impedía tomar las riendas del sector: la incapacidad de las administraciones (que partían de una realidad centralista), en particular la Local, para atender las necesidades derivadas del rápido crecimiento del turismo.

El turismo en el III Plan de Desarrollo se encuentra, además, con la crisis internacional del petróleo y la acuciante necesidad de captar divisas para hacer frente al sobrecoste de la energía tras la guerra del Yom Kipur, al cuatriplicarse el precio del barril de crudo. Sin embargo, esta situación no provocó un crecimiento moderado, sino lo contrario con crecimientos superiores al 30% llegando incluso al 38,8% dos años después del conflicto árabe israelí. Ante este contexto, el Plan establecía unos objetivos e inversiones que incorporaban más de 750.000 camas turísticas, pero para ello hacía falta mejorar infraestructuras (redes de agua, saneamiento, electricidad, carreteras, embalses, centros sanitarios y un largo etcétera): la pescadilla que se muerde la cola. El Plan se extendía como una gran mancha sobre el litoral español y, particularmente, en los archipiélagos.

Proyecto urbanizador de la isla de Lobos
A estas políticas se suman las inversiones alemanas alentadas por la Ley Strauss (ventajas fiscales para invertir en países subdesarrollados) para crear, por ejemplo, fondos inversores como IFA (hoteles en Gran Canaria) o Geafond (Corralejo e Isla de Lobos), en una época en la que se compraba suelo sin urbanizar y sin planificar. Recordemos que en Fuerteventura a principios de los setenta tan sólo había un técnico de urbanismo para toda la isla... mientras desde el Ministerio se aprobaban Planes Especiales de Turismo ponía en el mercado suelo para cientos de miles de camas por todo el litoral. En el caso de Lanzarote, por ejemplo, el alcalde de Teguise llamó a uno de los pocos abogados para que subiera desde Arrecife para una consulta. D. Emilio Sáenz llego a la Villa y se encontró en un sombrío salón de plenos la gran mesa ocupada por tomos y tomos de papeles bien ordenados en cajas y, al fondo, al alcalde abrumado que le dice: “Este es el proyecto de Costa Teguise que han mandado los de Explosivos Río Tinto. ¿Qué hago?”, a lo que le respondió: “¡Aprobarlo!”. Respecto a Gran Canaria, al éxito de la capital insular se sumaría el fenómeno de Maspalomas Costa Canaria y el papel de la Casa Condal que hicieron de esta iniciativa un éxito que arrasaría con sus propios promotores.

El resultado del desarrollo turístico en la década de los sesenta y comienzos de los setenta fue decisivo para la economía española, convirtiéndose en la partida decisiva para compensar el déficit de la balanza comercial, si bien a mayor crecimiento también crecía el déficit comercial, pasando en dicha época de 279 millones de dólares a 2253 millones, debido a la debilidad de las exportaciones frente a las grandes necesidades de importación que provocó el proceso de desarrollo económico, particularmente la industrialización que auspiciaba el régimen. Aún así, en aquella época, los ingresos por turismo fueron tan importantes que superaron a la principal fuente de divisas: las remesas de los emigrantes y las inversiones extranjeras juntas.

No obstante, el turismo partió la historia de España y se puede afirmar que hay una historia antes y otra después del turismo. La revolución del turismo

Fue el fin de una economía agrícola para crear una de servicios, a precio de saldo, al tomar el rumbo más fácil que el Plan de Desarrollo no concibió como un esfuerzo por remodelar el crecimiento de la economía y aprovechar mejor la gran oportunidad que se brindaba al país. Por el contrario, se alimentó la 'bomba' (hoy decimos 'burbuja') del turismo con un modelo económico marcadamente exógeno y dependiente.

Zonas turísticas aprobadas en Fuerteventura (1973)
Tal fue el despropósito de la política económica que no contentos con los precios máximos autorizados, el Gobierno español también utilizaba la política monetaria para intentar hacer caja, perjudicando al sector. De ahí que las devaluaciones de la peseta (1960, el dólar se encareció al devaluar la peseta de 42 a 60 por dólar; en 1967, fue de 60 a 70 pesetas por dólar). Esta obsesión por los precios bajos produjo dos efectos destacados: caía el nivel económico de los visitantes y, sobre todo, ponía en peligro la salud de las empresas del sector.

El precio era el principal reclamo y se olvidaba -el Gobierno- de poner en valor las posibilidades de evasión, lo inédito, lo pintoresco, el clima agradable, la apuesta por la salud, la cultura, la moda, etc... El resultado fue que empeoró la posición relativa de España entre los destinos turísticos y obligó a las empresas a actuar en condiciones de explotación prácticamente insostenibles para mantener nuestra posición por los precios bajos y, por tanto, con un sector con salarios precarios. Aunque no hemos de olvidar que veníamos de una economía agrícola que no daba para vivir a los campesinos.

En Canarias, a pesar de todo, tuvimos la suerte de contar con 'profetas' e ideólogos del turismo como Néstor Martín-Fernández de la Torre y Cesar Manrique. Pero no fue suficiente...

domingo, 12 de febrero de 2017

La caja de Pandora del Festival de Música de Canarias

The english concert (La opinión de La Graciosa)
El Festival de Música de Canarias (FMC) está frente a su realidad, liberado del aura de intocable que ha perdurado 33 años, a pesar de tratarse de la apuesta institucional más cara y que hipoteca el resto del abanico de la política cultural autonómica. Pero he aquí que este año todo el mundo opina sobre esta edición y se posiciona en torno a si el programa era bueno o malo; llena auditorios o era un fracaso de público, en algunos casos con premoniciones apocalípticas. Yo he preferido esperar a la bajada del telón y, frente a valorar si hubo o no público, prefiero ver si se cumplieron los objetivos originales de este Festival, para ver de qué hablamos y en qué gastamos el dinero que se niega a otras áreas culturales o de servicio público desde hace 33 años.

La llegada de Nino Díaz, el nuevo director (y van tres después de la larga dirección de Rafael Nebot), conllevó un cambio de programación que incluía más espectáculos y la participación de bandas como las de los municipios de Santa Cruz y de Las Palmas de Gran Canaria. Una incorporación que no creo que sea tan fallida en cuanto a calidad sino a la elección de los espacios donde actuaron. Pero volviendo al tema, la programación de esta 33 edición levantó críticas furibundas y el rechazo más radical de los consejeros del festival y de diversos medios de comunicación. Se afirmaba que se perdería unos 400.000 euros en la recaudación de taquilla. Al final ha sido en torno a 200.000 euros que asumirá el Gobierno de Canarias desde sus presupuesto como ha sucedido desde el primer Festival de Música hace 33 años y en el que ha habido ‘derramas populares’ mucho mayores que esta, pero parece que ése no es el problema para los que en estos meses han abierto la caja de Pandora de este festival. Y no es que el FMC sea malo, ni bueno, es resultado de la decisión de los políticos que votamos y tenemos que asumirlo, pero no silenciarlo cuando no nos interesa.

Pero entre tanto artículo y posicionamientos, no he visto que se aborde lo verdaderamente importante, y es que este festival surge con la excusa de elevar el nivel cultural musical en las islas y atraer turismo cultural. A la vista está que después de 33 ediciones y no se sabe cuántos millones de euros o miles de millones de pesetas seguimos con una sociedad sin un incremento sensible de la cultura musical (y tampoco educación musical, por no decir educación en general), porque la volatilidad de los espectadores en los espectáculos musicales -los no gratuitos- ha quedado de manifiesto, cuando después de 33 festivales debería tomar el testigo la segunda generación de nacidos desde la creación del FMC.

Tampoco se ha producido un cambio en la atracción turística como se anunció desde el principio. En 2016 se vendieron 288 entradas a turoperadores. Puede que alguno más acudiera por sus medios, pero bueno… queda claro que no estamos ante uno de los cometidos que más potencie la organización del Festival, lo cual no me extraña.

Lo dicho, sigo sin entender tanta descalificación y catastrofismo general. Es evidente que en esta edición hay fallos –siempre los habrá, lo sé por experiencia en festivales-, pero no creo que merezcan los artículos u opiniones que se han producido durante estos meses que han desmotivado también a algún que otro espectador indeciso, ni creo que sea el fin del Festival porque mientras pague el Gobierno se mantendrá. Quizás en la crítica haya otras múltiples razones, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de un festival “del” Gobierno de Canarias. Pero lo importante es que acaba de abrirse la caja de Pandora (33 años tarde, tristemente), y ahora podemos -o deberíamos- analizar en profundidad si se cumplen los objetivos iniciales o si en realidad hay objetivos. Mientras, tenemos otras realidades que nos enorgullecen como la Sociedad Filarmónica de Las Palmas, la primera creada en España; los Amigos Canarios de la Ópera que celebran este año su 50 festival... Es la demostración de que la sociedad civil puede hacer las cosas bien, por mucho menos dinero y por mucho tiempo.

viernes, 13 de enero de 2017

Si Néstor -y Miguel- levantara la cabeza...

Pueblo Canario en su etapa de esplendor turístico.
El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria anuncia la inversión de un millón de euros para rehabilitar cubiertas y reformas de urgencia en el Pueblo Canario y el bodegón en este año, y está previsto que el año 2018 se aporte otro millón y medio para la 'puesta a punto' de este 'Bien de Interés Cultural'. Algo es algo, pero en absoluto es suficiente. Ni tan siquiera es digno de la herencia de Néstor Martín-Fernández de la Torre y no sólo hablo de su obra pictórica (que no pertenece al Ayuntamiento, sino que está cedida por su familia) sino de su aportación a lo que fue el gran cambio de una economía del sector primario a una de servicios turísticos, propiciando el mayor desarrollo conocido en este territorio. Y no es digno porque no se trata de engrandecer el papel del artista y su obra polifacética, sino de restaurar unas semirruinas provocadas por la desidia endémica del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para con este espacio/museo/artista.

Permítanme un inciso importante: la obra del Pueblo Canario fue realizada en dos etapas (1950 y 1956) por el arquitecto Miguel, hermano de Néstor (fallecido en 1938), con quienes también trabajó Rafael... Un arquitecto que dejó una gran cantidad de obras -y proyectos- destacadas en las islas, principalmente en Gran Canaria.

Pero tampoco me satisface el papel de las demás instituciones. Llámese Cabildo, con su casi simbólica participación en este Pueblo Canario que es museo, pero también santuario del turismo en la capital insular; o el Gobierno de Canarias, que tiene una deuda histórica con Néstor Martín-Fernández de la Torre, a quien ha ninguneado a pesar de su importancia en todos los ámbitos, cuya labor supera el reconocimiento personal, al transmitir o contagiar sus ideas y su sensibilidad ("Hacer de la vida una obra de arte") a numerosos discípulos o adeptos de la talla de Pancho Guerra, Néstor Álamo, Sergio Calvo, Santiago Santana, Felo Monzón, Juan del Río Ayala, César Manrique..., o entidades como el Centro de Iniciativas y Turismo junto a otras. Sin olvidar de su poco divulgado protagonismo como uno de los grandes artistas internacionales en el simbolismo y el modernismo.


Además, yo creo en el potencial inexplorado de su faceta como ideólogo, profeta y artesano del turismo en las islas, en particular en Gran Canaria. No insistiré en sus obras que le recuerdan (Pueblo Canario, Parador de Tejeda, Casa del Turismo...), sino en sus ideas que no son proyectos de hace 80 años, sino una forma de ver, entender y hacer que merece una actualización y continuidad, aunque es difícil que los políticos actuales dejen de mirar y copiar en otros lugares en vez de buscar la originalidad creativa que desarrolló e inculcó Néstor. El agónico y sin proyecto Pueblo Canario debería ser ése espacio en el que se encontrara el laboratorio de ideas del turismo de la isla. Pero ni para escuchar a la sociedad civil, a los defensores y familiares de Néstor, pudimos ver en la convocatoria ciudadana que se celebró en el Club Prensa Canaria (con participación del nieto del arquitecto, José Miguel Martín-Fernández Periquet, el divulgador del conjunto arquitectónico y artístico, Joaquín Nieto Reguera, Daniel Montesdeoca, director del Museo Néstor, José Antonio Sosa Díaz-Saavedra, catedrático de Arquitectura, y el autor de estas líneas). No asistió, insisto, ninguno de quienes tienen en sus manos el destino de este conjunto (acudió un edil de Unidos por Gran Canaria, partido en la oposición en el Ayuntamiento capitalino). Pero, si no les interesa lo que opine la ciudadanía, podrían al menos debatir públicamente cuál es el proyecto de Pueblo Canario, de contenidos teóricos y artísticos de lo que podría ser un verdadero centro atlántico de arte y turismo ¿o es pedir demasiado a nuestros representantes?
Logo del acuario 'Poema del mar'

Es digno de mención el hecho de que en días previos a esta noticia, nos enteramos de que el mismo Ayuntamiento invierte 6 millones de euros en mejorar las infraestructuras del entorno del acuario 'Poema del mar', el cual se encuentra en una zona con graves problemas de tráfico en horas punta y también en las horas 'valle'. Un establecimiento cuyos promotores han sido perdonados al pago de 600.000 euros en impuestos municipales. Esto sucede mientras el mismo ayuntamiento ha permitido durante décadas convertir el pueblo canario en un ente agonizante y a Néstor en un icono de rango localista al que denigran con un logo del acuario que debería ser retirado de inmediato.

También es digno de mención el apoyo que el mismo empresario recibe del Gobierno para que le faciliten la construcción de un parque acuático en el sur de Gran Canaria, mientras seguimos esperando alguna alusión (presupuestaria) a las distintas facetas en las que destacó Néstor en el arte y el turismo por parte del Gobierno de todas las islas.

Una lástima. .. Si Néstor -y Miguel- levantara la cabeza...

lunes, 9 de enero de 2017

El reto turístico en Gran Canaria: el diálogo

Cauces, proyecto de parque y propuesta inicial de estación de tren.
 Francamente, me resulta muy complicado abordar este tema que enfrenta a los grupos de gobierno del Cabildo y del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana (y de paso, al de Mogán) a colación de la aparición de restos arqueológicos en la zona de El Veril, donde el alemán Wolfang Kiessling -que ha hecho de Tenerife un lugar más atractivo si cabe gracias a sus parques temáticos-, promueve un parque acuático tipo Siam Park. El motivo de mi tribulación se debe a que no comprendo cómo una anécdota o una posible noticia positiva puede convertirse en uno de los más graves conflictos institucionales visto en Gran Canaria.

En el fuego cruzado entre los presidentes electos de ambas instituciones veo cierta desproporción respecto al hallazgo de dichos restos y su posible incidencia sobre el proyecto del parque acuático. Por lo que he leído, prácticamente se trata de cuevas naturales (que no labradas) que pudieron ser utilizadas antes o después de la conquista, así como una posible construcción de piedra. Asociado a ésto, habría un conchero, que demuestra que alguien comió lapas y burgaos en el lugar en algún momento de la historia. De por sí, no estamos ante un hallazgo relevante, como pudo ser el cementerio de Lomo Maspalomas que fue rápidamente excavado y trasladado de sitio a un almacén donde permaneció durante años para vergüenza de los políticos que lo permitieron y la desidia de los ciudadanos que no defendieron aquel hallazgo salvo el ya fallecido ex concejal José Juan Cardoso (fallecido en septiembre de 2011) que convocó una manifestación a la que acudió él con un amigo y un servidor con fotógrafo al ser La Provincia el único medio que se interesó por aquel tema. En aquella ocasión el cementerio se encontraba justo donde se enlaza la autopista con el barrio de San Fernando y reformar la obra habría costado un potosí, además de un retraso importante para la ejecución.

Por eso, en este asunto creo que hay mucho más ruido por otros motivos que por el propio hallazgo. También creo que la mecha estaba dispuesta para el enfrentamiento, el vaso estaba a punto de llenarse cuando cayó esta gota y que -como suele suceder- el perjudicado es el destino turístico ya que las contradicciones pueden retrasar -espero que lo justo- la inversión del parque temático que, tal como he dicho en otras ocasiones, no me llena de alegría porque no deja de ser otro parque acuático más de los cientos (¿miles?) que hay en el mundo, aunque lo promocionen como el más grande (cosa que en Tenerife no sentará muy bien) o que cuente con atracciones más espectaculares. Yo insistiré siempre en que para distinguirnos debemos tener más originalidad, pero como esto es predicar en el desierto, lo dejo aquí escrito otra vez y sigo con el tema. Un tema que tiene muchas aristas: se levanta en parte sobre suelo o cauce público que el Estado no reclamó durante el proceso, ocupa la parcela donde iría la estación de tren (ése sí que era un problema: el proyecto pagado se ha tenido que hacer de nuevo alterando el trazado y la ubicación). La obra debió comenzar en verano de 2015, para lo que fue declarado de interés estratégico por el Gobierno de Canarias, con la aprobación de la Cotmac al proyecto y al hotel de seis plantas... Pero llegó la denuncia de la competencia en los tribunales que retrasó varios meses el proyecto y se superó el procedimiento, hasta que aparecen los restos arqueológicos que cada vez son más temidos, en vez de ser motivo de interés por un pasado todavía desconocido.

Lo cierto es que lo más probable es que la prospección arqueológica sea rápida y que el hallazgo -si tuviera valor- pueda integrarse en las zonas visitables del parque acuático. Un atractivo más y no una rémora, ya que Kiessling, o cualquier promotor, están obligados a competir con el mejor parque temático de las islas, natural y gratuito: Maspalomas, a pesar del respaldo institucional logrado para disgusto de los empresarios de otros parques de la zona, más alejados pero que han apostado y mantenido su actividad contra viento y marea. La competencia de este nuevo parque, probablemente, les lleve a replantearse su continuidad en un mercado limitado con cada vez menos clientes porque los establecimientos 'Todo Incluido' ya alcanzan el 30% de la oferta alojativa.


Almacén donde guardaron los restos de Lomo Maspalomas.

Pero, al margen de las disquisiciones sobre si aporta o no interés o valor un yacimiento arqueológico a un centro de ocio, este enfrentamiento institucional hace un gran daño al sector turístico en Gran Canaria. Otro más (la lista crece y crece). Un sector del que depende la economía de la isla, más del 35% de los empleos, y precisa urgentemente de consensos y de acuerdos en torno a numerosas cuestiones: un modelo a medio y largo plazo, una promoción adecuada, una oferta actualizada, unas zonas turísticas seguras, conectadas, saludables y alegres. Aparcar los enfrentamientos y buscar puntos de encuentro, desatascar los asuntos empantanados a cuenta de la burocracia innecesaria (no toda es innecesaria), propiciar el diálogo -permanente- entre instituciones y empresas (sobre todo éstas), o mejor dicho, poner fin a la guerra abierta entre esos sectores que provoca la ruina de la isla como efecto más que probable.

Hay quienes animan al enfrentamiento. Quien intenta ganar en río revuelto, sin preocuparles cuál es el futuro de la isla. Un futuro que ha de pasar por recuperar nuestro pasado, nuestra identidad, nuestra originalidad, nuestra hospitalidad, nuestro clima saludable casi milagroso, nuestra inventiva y creatividad, y todo aquello que nos diferencie y nos distinga, pero para ello es necesario un consenso básico que mandato tras mandato, legislatura tras legislatura se va apagando para un siguiente gobierno porque el futuro está más allá de la cita electoral, aunque en realidad, el futuro ya está aquí y se nos va a escapar de las manos, ya sea con yacimiento arqueológico, con flora autóctona o con inversiones millonarias en productos turísticos.

Diás tristes para una de las etapas más brillántes de nuestra historia turística y para la mejor ocasión que se nos podía presentar. Espero que el empresariado y los políticos estén a la altura de las circunstancias.