martes, 7 de agosto de 2012

Sol, playa, clima y…

Publicidad turística
El turismo se ha convertido en el tema de interés de expertos y profesionales en Gran Canaria. La Universidad, aunque son su parsimonia propia de un ente que le cuesta caminar, también está interesada en lo que acontece al principal sector económico de las Islas y de gran Canaria en particular. De ahí que mi columna –bastante abandonada, por cierto- se convierta en motivo para arrancar interesantes conversaciones.

Uno de los temas que más se plantea es hacia dónde deberíamos ir. Todos tienen ideas, o sospechas, de los problemas que tiene el destino Gran Canaria y que son más que evidentes, aunque cada uno pueda tener el foco puesto en aspectos diferentes.

La primera respuesta es un baño de realismo: el primer problema que tenemos es que recibimos –en Gran Canaria- 3,3 millones de turistas en 2011 (Lanzarote 2,0; Fuerteventura 1,9 y Tenerife 4,4) y no le sacamos rendimiento. ¿Por qué? Pues porque ofrecemos sol, playa, buen clima… y el negocio sobre esos valores naturales se lo lleva el turoperador, ya que el turista gasta cada vez más en origen y cada vez menos en el destino.

Pero ahí están. 3,3 millones de turistas que han llegado a Gran Canaria. Y también están ahí los empresarios, obstinados en camas y centros comerciales. Sin trabajar la promoción de forma conjunta, sin propiciar un punto de encuentro para abordar posibles iniciativas que den valor al destino y que la referencia no sea exclusivamente sol y playa. A lo largo del pasado siglo, en particular hasta la llegada del turismo de masas y la irrupción de las administraciones en el sector turístico, existió una entente y una colaboración que hicieron posible el ‘milagro’ turístico de Gran Canaria. También hubo una serie de personajes (creativos y apoyos institucionales) que lo protagonizaron. Pero hoy día –cuando de verdad hay capital isleño- no miramos en nuestro interior, en nuestros orígenes y así nos irá… Venderemos a precio de saldo nuestro sol, nuestras playas, nuestro clima, nuestros paisajes y no conseguiremos aprovechar la gestión de esos 3,3 millones de turistas que ya quisieran para sí numerosos destinos turísticos en el mundo.

sábado, 7 de julio de 2012

LPA: La Polémica Anunciada

G. Canaria en vez de LPA
La semana próxima participaré en la presentación de la revista turística que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria va a difundir Urbi et Orbi, siguiendo los pasos (lentos) de un Plan Estratégico de Marketing Turístico de Las Palmas de Gran Canaria que realizó el ya fallecido Josep Chías por encargo de Aday Ruiz (que fuera concejal de Compromiso por Las Palmas). Tras un largo paréntesis, desde su presentación en 2008 hasta hace escasos meses, el dinero gastado en el Plan se ha utilizado más bien poco por la propia desidia del mandato de Jerónimo Saavedra, y por la falta de recursos que se encontró a mediados del pasado año un profesional de casta al frente de dicha área, Pablo Barbero.

Pero, hete aquí que el mentado Plan traía consigo una carga de profundidad. La nueva marca supondría el espaldarazo a la falta de consenso y de visión del topónimo de esta ciudad. De hecho, el consultor, empeñó su visión en convertir el destino en un acrónimo IATA, al pensar y apostar que si la sociedad actual es la de la movilidad y la globalización qué mejor manera de posicionar un destino que usando su código aeroportuario. Con esa lógica, todas las ciudades del mundo tendrían sus webs turísticas con los acrónimos establecidos para codificar los aeropuertos, sin otro sentido que el que pueda tener una pantalla de sala de espera o embarque en Gando o en heathrow.

Yo supe de este asunto en octubre de 2010, cuando se requirieron los servicios de mi empresa para presupuestar la realización de la web con un presupuesto máximo de 18.000 euros. Las bases eran muy ambiciosas y, en parte, tenían grandes lagunas. Tan grandes como crear un portal turístico con todos los elementos de promoción, idiomas, redes y un largo etcétera para el que se contaba con muy pocos recursos humanos y precisaban de un conocimiento del sector turístico y de esta ciudad que diera garantías. Aunque no venga al caso, pero ya que estamos…, nosotros presentamos una oferta que indicaba que en cuatro meses podría estar disponible una web con unos contenidos y recursos adecuados, accesible, posicionable y, además, colaboraríamos en el desarrollo de un plan de etapas (con plazos y objetivos) para la construcción de ese gran portal. Nuestra oferta fue rechazada por otra “más económica” y bueno…, ha pasado más de año y medio, pero aquí está el portal (por cierto, lo busqué en Google como turismo de Las Palmas y no apareció, ni tampoco por visit lpa, por si pueden corregirlo).

Desde un principio –y ya que tuve acceso al briefing o resumen del Plan de Chías, que no sé quién lo debatió ni a qué expertos se dirigió para elaborarlo- vi numerosas lagunas. Ya saben que yo creo que hemos tenido una persona que marcó una línea nítida y de éxito (como ninguno) para nuestra marca turística, de la que tenemos que aprovechar y actualizar (o revolucionar) muchas cuestiones, pero que no hay nada mejor que alguien del lugar y que, encima, sea un gran artista y visionario -como Néstor- para poder crear un proyecto duradero y fundamentado en lo real, no en cómo creen que han de conocernos la propia gente de fuera. De esto podríamos hablar largo y tendido, pero les sugiero que lean mi blog porque ya lo he comentado en múltiples artículos.

Intentaré centrarme brevemente en el uso del acrónimo LPA. Y es que no deja de ser una opción, pero no debe ser la única ni la prioritaria. Y así se lo dije a Pablo Barbero en plena campaña electoral en varias reuniones que mantuvimos gracias a su interés por conocer opiniones de expertos, lo cual ya era un avance, ya que es el primer concejal de Turismo que ha pedido opiniones a personas de distintas áreas y sin vinculación personal o partidaria. Digno de reconocerlo.

Y sigo. Se podría hablar mucho de los acrónimos en el éxito de los destinos. Quizás el caso más señalado sea el de NY, pero esa gran ciudad, esa gran manzana no puede publicitarse sólo con dos letras, por lo que el corazón, el gran corazón que se utilizó para el I love NY dio sentido a la propuesta.

Puede que funcione el LPA en parte, pero si hasta la IATA ha cambiado ya el nombre del aeropuerto de Gando en todo el mundo ¿qué hacemos? Evidentemente, nos quedaríamos con un acrónimo falso y anacrónico. Recordemos que Las Palmas es el nombre de la provincia, un nombre administrativo surgido de la -entonces- modernización administrativa napoleónica, suspendido rápidamente por la reacción absolutista y vuelto a recuperar apenas hace un siglo durante la dictadura de Primo de Rivera. Pero, en una España de las autonomías, ¿qué significa la provincia? Prácticamente nada, un inútil recuerdo de otra época. Ni Lanzarote ni Fuerteventura se sienten ligados a ese nombre y de hecho, sus empresarios ya han creado cámaras de comercio insulares. Quizás sea el momento de reivindicar el nombre para la ciudad donde surgió que, no olvidemos, comenzó llamándose El Real de las Tres Palmas. ¿Y qué gentilicio tenemos? ¿Alguien lo sabe? ¿Seguro que es ese?: palmeños, laspalmeños… ¿Y no será laspalmeñosgrancanariones? Puestos a ser tiquismiquis, valdría algo así de atragantador.

Curiosamente, también vivimos en Gran Canaria y nos sentimos tanto o más de la isla que de la ciudad. Pero es que ninguna otra isla se llama Canaria, pero sí el archipiélago. Y eso no lo aprovechamos, aunque el periódico El Día sabe del potencial de esa marca e intenta permanentemente reducir a la mínima expresión el nombre de la isla que, por extensión, se aplica al conjunto del archipiélago. Y he aquí otra curiosidad. Un individuo de Ponferrada es de Ponferrada, de León y español (y no sé hasta qué punto se sentirá castellano-leonés, pero los que conozco me hablan más del Bierzo que de la Autonomía). Un vecino de Las Palmas de Gran Canaria es, además, de Gran Canaria, de Las Palmas, de Canarias, de España y si quieren de la Macaronesia.

Bueno, que son muchas las diatribas y tonterías que se pueden decir, pero yo creo que LPAvisit no es la marca definitiva. Es un dinero (mucho) gastado en un plan (y ha habido varios) que adolece de una importante falta de inspiración, que no de profesionalidad, pero no estamos hablando de que si se hace bien o mal el proceso, sino si el resultado es el que esta ciudad precisaba y recogía el trabajo de décadas de la mayor tradición turística de España y con genios que hicieron posible ese desarrollo (Francisco González Díaz, Domingo Doreste, la Luján Pérez, los británicos, la familia condal, Néstor Martín Fernández de la Torre, Néstor Álamo…).

Permítanme añadir que es curioso que mi amiga Nardy sea quien advierta al alcalde que esta estrategia de acronimizar el destino turístico separe a Gran Canaria de la capital. No sé si es que ella rechazó el Plan de Chías y por eso se paralizó (después de gastarse una pasta gansa su concejal Aday en dicho plan) o tan sólo no le gustó este apartado. Lo cierto es que su partido político, de ámbito local e insular se llama Compromiso por Las Palmas, para la ciudad, y Compromiso por Gran Canaria para la isla, por lo que también ha realizado esa disección…

domingo, 1 de julio de 2012

¿Qué sabemos de turismo en Canarias?

Fernando Sáenz-Marrero
Mañana lunes 2 de julio arranca la XXI Edición de la Universidad de Verano de Maspalomas con un lujo de conferencia para inaugurar la XXI Edición de la UV Maspalomas. Entrada libre hasta completar aforo. A las 11,30. La conferencia la impartirá Fernando Sáenz- Marrero, profesor asociado de la ULPGC y socio director de la empresa EDEI Consultores, pronunciará la conferencia inaugural titulada Re-diseñando, ahora la nueva empresa turística,  que dará paso al curso sobre Turismo que se celebrará, durante la primera semana, con la participación de ocho ponentes que abordarán otras tantas conferencias sobre diversos segmentos turísticos. Acudir a algunad e sus clases o de los otros cursos relacionados con el turismo, podrán de manifiesto el escaso conocimiento, publicaciones y medios especializados en este área en nuestra Comunidad.

Esta Universidad de Verano incluye dos cursos sobre turismo y uno sobre redes sociales y marketing turístico. También abordará áreas de cultural, sostenibilidad y economía. La UVM entra en una etapa de transición de la mano de su nuevo director, Míchel Jorge Millares, con las instrucciones de convertirse en un referente de formación en el ámbito del turismo. Estas son las directrices por parte de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y el Ayuntamiento de San Bartolomé, que se han cumplido en esta edición con un programa amplio pero centrado en el conocimiento con el turismo como eje transversal.

Fernando Sáenz-Marrero ha participado o dirigido más de 300 estudios o investigaciones en distintas áreas de la economía, el marketing, la gestión de la innovación, la emprendeduría, la generación de nuevos modelos de negocio, la viabilidad empresarial y la gestión de recursos de las organizaciones públicas o privadas. Ponente en múltiples eventos y programas de desarrollo directivo, es miembro del Panel de Expertos del World Competitiviness Project-IMD, del Competitive Institute?TCI y es premio a la Mejor Labor Creativa Empresarial del Club de Marketing de Las Palmas (1982). Desde 2009 viene participando en el proceso co-creativo del ?Business Model Generation Book Project?, junto a 470 profesionales de 45 países.

Es autor del libro Las 3R de su Negocio: Re-pensar,Re-diseñar y Re-emprender (Netbiblo-Pocket Innova, 2011). Una obra que señala que en la era poscrisis, los negocios ya no serán más de lo mismo. Estamos viviendo una transformación profunda de dónde y cómo vivimos, trabajamos, consumimos y nos organizamos. Las empresas estan mutando sus vínculos con otros actores, se están expandiendo y las barreras sectoriales se están desvaneciendo. Este es un libro de introducción a la Innovacion en Modelos de Negocio. De presentación sencilla y visual de los nuevos conceptos, herramientas y casos de referencia que pueden ayudarle a re-pensar, re-diseñar y re-emprender su negocio abriéndole nuevos senderos, sin desviaciones de lo que resulta realmente relevante: qué hacer, cómo actuar y qué priorizar a la hora de llevar adelante nuestro proyecto empresarial.

domingo, 6 de mayo de 2012

Maspalomas +50: cuestión de voluntades

Episodio 1

Logo del cincuentenario
Hace unos tres años, en el salón de reuniones que había dispuesto la entonces alcaldesa de San Bartolomé de Tirajana, María del Pino Torres, en la Casa Condal de San Fernando, participé en una reunión con los representantes de los partidos que gobernaban el municipio para presentar un proyecto de parque temático (que les encantó, por cierto):  la citada alcaldesa, acompañada por el coordinador de Nueva Canaria, Ángel López, la dirigente del PSC-PSOE, Conchi Narváez, y los representantes de (hoy coaligados con el PP) AV, Marco Aurelio Pérez y Elena Álamo.

Mi propuesta finalizaba con un reto y una premonición, ya que el proyecto coincidía con la finalización de un mandato caracterizado por la crisis económica y, como imagen gráfica y esclarecedora, el desahucio del edificio del Ayuntamiento por riesgo de derrumbe. El reto/oportunidad era la coincidencia con la celebración del 50 aniversario del concurso internacional de ideas y del comienzo de las obras de Maspalomas Costa Canaria. De aquella reunión, salió el acuerdo de que a través del Consorcio del Sur se financiaría el plan de empresa del proyecto para poder disponer de la información necesaria para plantearlo a entidades y organismos que pudieran estar dispuestos a invertir en él. Todavía espero que se cumpla ese acuerdo… También es cierto que luego hubo un cambio (y otro más al poco tiempo) en el Consorcio y, además, se rompió el pacto tripartito que sustentaba la mayoría gobernante.

Episodio 2

El año pasado, en conversaciones con el director de la Universidad de Verano de Maspalomas, Santiago Hernández León, le sugerí aprovechar el cincuentenario para desarrollar un curso sobre el pasado, presente y futuro de Maspalomas. El mismo tuvo lugar en la primera semana de la UVM y me encargaron su organización y comisariado, lo que aproveché para incluir una exposición de mi colección de guías turísticas de Gran Canaria. Uno de los asistentes era una excelente y experta profesional del área de Turismo municipal. Asimismo, a varias de las conferencias acudieron el actual concejal de Turismo y el recién nombrado alcalde, Ramón Suárez y Marco Aurelio Pérez, respectivamente, quienes habían ganado las elecciones a finales de mayo y habían constituido el Ayuntamiento apenas 15 días atrás (el de San Bartolomé de Tirajana fue uno de los últimos en constituirse porque tuvo que aplazarse al atropellar la portavoz socialista, Concha Narváez, a un ciclista cuando se dirigía al Pleno). Al finalizar el curso, ambos me reconocieron la necesidad de conmemorar el 50 aniversario y que no había ningún preparativo en marcha, además de reiterarme (constantemente) que el Ayuntamiento no tenía/tiene fondos para un programa que pudiera estar a la altura de esta efeméride.

Epílogo

Para no aburrirles, sólo tengo que señalar un par de cuestiones: hasta ahora, son muchas las ideas y proyectos en cartera que no se han presentado públicamente porque el alcalde no quiere anunciar nada que no tenga garantizada su financiación. De ahí que todo haya sido trabajar en la creación de un ambiente propicio a la ilusión y la colaboración con el cincuentenario y con la celebración del Día Mundial del Turismo en el municipio, un acontecimiento único e irrepetible en España, ya que es la primera vez que es el país anfitrión y no volverá a serlo hasta dentro de más de un siglo… Mientras, también preparamos un amplio programa de iniciativas para las que buscamos financiación y que, en caso de conseguirla, será un verdadero impulso promocional para el destino en todo el mundo. Pero, como he indicado antes, todo depende de que muchos hagan pequeñas aportaciones.

El autor

Desde un principio, me plantearon que fuera el comisario de esta iniciativa, reto al que me sumo con todo mi entusiasmo y capacidades. El presupuesto de mi tarea, tal como ha dicho la oposición en el Pleno, es de 18.000 euros (impuestos incluidos) por todo el año de trabajo. Sin embargo, hay algún anónimo que me reprocha que no sea del municipio, como argumento más profundo de denuncia a mi colaboración

La obra

Es una lástima que esta sociedad, nuestra isla, tenga que soportar tanta mediocridad y mezquindad. Pero bueno, lo importante es el resultado: sin apenas dinero, sin un plan o programa elaborado con anticipación y recursos adecuados…, hemos conseguido (y digo hemos porque son muchos los que dentro y fuera del Ayuntamiento contribuyen a esta ilusión colectiva) que el municipio sea noticia en todo tipo de medios con una extensión nunca antes vista (ni tan positiva) porque es un modelo sobre el que estudiar muchas cosas (con sus luces y sombras), como lo fue  la iniciativa audaz de Alejandro del Castillo, los primeros inversores canarios, la arquitectura desarrollada, los primeros suecos (muchos de ellos ya residentes en el municipio), la lucha contra los enemigos en la isla, los grandes hitos (primer parque temático de España, primer templo ecuménico de Europa), los ilustres visitantes y, sobre todo, el futuro que deberíamos preparar para que este enclave único en las Islas siga siendo uno de los destinos más importantes de Europa.

Quedan cinco meses para el Día Mundial del Turismo y seis para el cincuenta aniversario… Pensemos en Maspalomas y en Gran Canaria que después vendrá el tiempo de presentar y debatir los resultados de lo que –deseo- servirá junto a las demás iniciativas de acicate para la recuperación y proyección de Maspalomas y Gran Canaria.

PD: perdonen que tenga tan abandonado este blog, pero apenas tengo tiempo a causa del comisariado.

sábado, 3 de marzo de 2012

El saqueo al turismo canario

Playa de Las Canteras. 1964
Hace unos días consideraba -en uno de mis artículos- como simplonería o demagogia partidista el discurso de los políticos que arremeten contra los empresarios turísticos a los que culpan del imparable ascenso del paro en Canarias. Según estos (más bien, los responsables de escribirles lo que tienen que soltar en cada momento), el lleno turístico tendría que suponer automáticamente la contratación de miles de desempleados. Un silogismo tan simple y estúpido que rápidamente ha sido contestado y olvidado.

Por el contrario, recientemente, el director del Servicio Canario de Empleo, Manuel León, declaró lo que muchos políticos intentan maquillar pero que ya es un clamor: para frenar el paro hay que construir más alojamientos, impulsar el sector construcción, aunque cometió el error de indicar que se trata de crear más camas turísticas, lo que nos lleva a más de lo mismo, aunque ahora lo maquillen con una supuesta mejora de calidad de la oferta alojativa. Y así dicho suena aberrante, sobre todo porque no deja en buen lugar a los organismos, instituciones y maquinaria sustentada con nuestros impuestos (muchísimos), sobre todo si operan con criterios que deciden reducidos grupos que se arrogan el interés público o, peor aún, utilizan su poder para favorecer intereses particulares de forma arbitraria sin tener en cuenta el presente y futuro de la sociedad.

Y digo esto porque es sangrante ya la relación de las administraciones públicas con el turismo. Una relación en la que los resultados han dado lugar al peor de los escenarios posibles para el principal sector económico de Canarias: Pérdida de rentabilidad, de liderazgo, bloqueo a la inversión e innovación y condena a competir con el resto de destinos en posición de desventaja, formación inadecuada y obsoleta, desorganización, cambios e inseguridad administrativa…, son algunos de los problemas derivados de la nefasta intervención pública en un sector en el que han entrado con la prepotencia extendida entre numerosos políticos que se creen capaces de gestionar cualquier faceta de la vida del país, poniendo en riesgo la atención y garantía de los servicios públicos. En su megalomanía cualquier ámbito de la vida social es susceptible de ser asaltada por el poder político y la burocracia, incluido el arte y la creación donde aportan dosis de subjetividad y delirio que rayan en lo escatológico, aparte de una grotesca exhibición de nepotismo.

Pero sigamos con el turismo. Un sector poco conocido por nuestros dirigentes, y al que han dedicado muy poco presupuesto para su análisis e investigación. De ahí que insistan –erre que erre- con la cantinela de que el turismo en Canarias tiene poco más de cincuenta años de existencia. Un cálculo que obvia los verdaderos orígenes del turismo canario como marca. Una marca de salud y naturaleza que se gesta y desarrolla desde el mundo clásico y evoluciona a lo largo del renacimiento, el romanticismo y la revolución industrial, cuando a finales del siglo XIX las islas se convierten en el sanatorio de ‘invalids’ británicos y germánicos.

Pero no sólo reivindicamos la condición de pioneros como marca de turismo de salud y naturaleza, sino que somos los pioneros también en buscar un nuevo concepto de turismo cultural, con la publicación en 1910 de un vanguardista libro titulado ‘Cultura y turismo’, cuyo autor fue el también director del periódico ‘Canarias turista’, Francisco González Díaz. Esta publicación formaba parte de un espíritu colectivo que lideraban personajes como Domingo Doreste (Fray Lesco) y contagió a toda la comunidad artística e intelectual animadora de la sociedad grancanaria a través de la Escuela Luján Pérez. Aunque el caso más destacado es el de Néstor Martín Fernández de la Torre.

Recordemos que en 1911, en Las Palmas de Gran Canaria residían 60.000 personas. Una cifra que contrasta con la presencia en la misma ciudad de 23 establecimientos hoteleros (Santa Catalina en 1890, el Metropole de 1894 o el Monopole), con el primer campo de golf de España (creado en 1891), campos de tenis, piscinas, balneario y otros ‘sports’ para los visitantes, unos extranjeros que podían realizar en un par de horas ‘La vuelta al mundo’, con visitas a Marzagán, Bandama, los viñedos, la Atalaya y sus cuevas trogloditas habitadas por vestigios de la prehistoria… Y eso que todavía no existía el Jardín Canario…

Pero bueno, trasladémonos a los años sesenta. El punto de partida de la mayor transformación económica y social de nuestras islas en su historia. Un cambio que coloca al sector servicios en las islas en el 73,9% del PIB, de cuya magnitud más de un tercio corresponde al turismo. Y no olvidemos que el sector construcción (otro 10,3% del PIB) está tan ligado al turismo desde los sesenta que juntos han sido el verdadero motor (en ocasiones locomotora) de la economía insular. Y no es para menos, ya que este desarrollo ha situado a Canarias entre las quince primeras regiones receptoras de ingresos turísticos internacionales en el mundo (OMT, 2008). Un crecimiento cuyo despegue vertiginoso tiene lugar con la aparición de los vuelos charter y el desarrollo del turismo de masas. Pero, también, con la consolidación y crecimiento desproporcionado del verdadero depredador del turismo: el sector público. De ahí que tengamos que en 1964 el nivel de stock de capital físico en Canarias estuviera equiparado entre el capital público y privado, pero desde entonces y hasta 1994, el capital público se ha multiplicado por diez (sobre todo tras la plena integración a la Unión Europea), mientras el capital privado ha crecido la mitad (Fundación BBVA y CES de Canarias, 2000).

Así es, estamos ante un territorio preparado para desarrollar una actividad con una potencia nunca vista en las islas (con sus fases de crisis y crecimiento), un potente imán para la inversión, tanto local, nacional como extranjera, ahora liberada tras la adhesión de España a la Unión Europea. Si bien, antes era una necesidad conseguir divisas, en especial alemana tras la aprobación de la Ley Strauss (Bonn, 11 de marzo de 1968). Decisión del Gobierno germano que aprovechó Manuel Fraga (ministro de Información y Turismo entre 1962-69) para impulsar la venta y ocupación de los espacios de mayor calidad del litoral español (terrenos que en aquellos momentos no tenían valor y eran considerados improductivos) para sacar al país del atraso económico y social que padecía. Sin recursos ni capacidad inversora, España (y con ella se arrastró a Canarias) se adaptó a un tipo de turismo que demandaba sol, playa y precios bajos. Nada que ver ya con los 8.500 turistas de alto poder adquisitivo que arribaban a las Islas en 1910, o los gentelmans que desembarcaron coincidiendo con el crecimiento de la oferta hotelera que se produjo hasta 1927 (y que se prolongaría hasta el comienzo de la Guerra Civil), al alcanzar los 102 establecimientos alojativos frente a los 42 que contaba Canarias a principios de siglo, una época en la que todavía predominaba el turismo de cruceros, bien de salud o el llamado ‘golondrina’, cuyo objetivo era aclimatarse para sus viajes entre continentes.

Sin embargo, Canarias estaba sometida a las arbitrariedades de la metrópoli (controles de entradas de personas y divisas, falta de inversión en infraestructuras, inexistencia de formación, control de precios en establecimientos…) que perjudicaban de forma extraordinaria al Archipiélago. A ello se unió la situación crítica tras la guerra civil y la guerra mundial (carestía, mala calidad de bienes y servicios, problemas de transporte, racionamiento de productos básicos, problemas energéticos, suspensión de los puertos francos…), un proceso que eclipsó logros de épocas de mejoría sustancial: construcción del puerto de la Luz, ley de Puertos Francos, Cabildos, división provincial. Incluso el Mando Económico de Canarias apostó por el turismo al destinar el 17% de su presupuesto a construir y comprar hoteles y paradores.

Así, volviendo a 1953, encontramos una situación social y económica dramática, con apenas 16.498 turistas llegados a Gran Canaria, si bien es en esta década cuando arranca el servicio de vuelos charter. La revolución en los transportes favorece un nuevo impulso turístico que se encuentra con una oferta alojativa reducida y de baja calidad, limitadísima oferta de pasajes por barco, déficit de infraestructuras aéreas y terrestres, racionamiento, carestía, nula propaganda y poco interés del capital local por este sector que, en aquellos años apenas representaba el 17% de lo que producían las exportaciones agrícolas.

Un nuevo marco internacional pone fin al aislamiento español, el desbloqueo coincide internamente con el proceso de liberalización a través del Plan de Estabilización de 1959 en España. A partir de esta nueva situación, la economía isleña crece de forma espectacular, multiplica su producto interior bruto por siete entre 1960 y 2009, casi tres puntos por encima de la media nacional. Todo ello gracias a recursos naturales sin coste: sol, clima, paisaje, naturaleza, junto a otros creados por el isleño durante siglos (bienes intangibles, patrimoniales etnográficos...). Estamos en un momento en el que el capital privado, local y foráneo es el protagonista de este proceso de gran desarrollo económico turístico, junto a escasas inversiones públicas (con excepción de los Cabildos y los principales ayuntamientos, más implicados que la administración central), como fue el caso de Maspalomas Costa Canaria, donde la familia condal y las empresas promovidas por éstos tuvieron que hacer frente a los viarios, abastecimiento de aguas, electricidad, sanidad, vivienda, transportes...

Nadie duda que se trató de un esfuerzo extraordinario, tanto en impacto exterior como en la constante reinversión para consolidar el éxito y el crecimiento turístico de esta Isla, la generación de empleo y el trasvase de rentas para otras islas. Pero, la riqueza hizo crecer a las administraciones y, con éstas, la arbitrariedad y la adopción de normas y medidas para controlar a los que ponían en riesgo su trabajo y patrimonio. De hecho, Ulises Medina, uno de los protagonistas del desarrollo de Maspalomas Costa Canaria recuerda que en un principio la ordenación urbana se realizaba desde un gabinete técnico (gratuito) hasta que “el ayuntamiento se hizo grande y comenzó a contratar personal. La primera decisión que adoptó el Ayuntamiento fue recalificar el uso de un edificio para permitir un local comercial de un familiar”. Claro está, era una época en la que la Administración local era inexistente, un caldo de cultivo propicio para la incubación de la cultura del mangoneo.

Y a todo esto, los impulsores de la zona demandaban sin éxito de las administraciones servicios de limpieza, telefonía, red de abasto, red energética, policía, control e inspección de precios, de cambio de divisas, mejoras en las carreteras, transportes públicos... Ante la inacción de las instituciones, la iniciativa privada cubrió –como pudo- los principales déficits para que la actividad turística pudiera desarrollarse.

Eso sí, las administraciones facilitaban la puesta en mercado de más y más suelo, para así poder cobrar más impuestos y recibir más suelo en compensaciones. O facilitaban el crédito para quien quisiera invertir en el sector turístico. Iniciativas que podrían hacernos pensar que se estaría en la línea correcta para potenciar el sector, pero en realidad estamos ante actuaciones que no persiguen la potenciación de un sector, su posicionamiento como líderes, hacerlo competitivo... No. El beneficio rápido ha sido el leitmotiv institucional, aunque lo fácil sea echar la culpa al empresariado. Un claro ejemplo es el de la aprobación del REF de 1972. Un proyecto de Ley que en sus borradores no tenía en cuenta a la industria turística, la que más riqueza aportaba a la región y creaba más puestos de trabajo. No planificaba los servicios e industrias auxiliares que requería la población turística flotante, limitaba el turismo interior español, olvidaba que las explotaciones turísticas canarias padecían gravámenes superiores a la Península, o que se pretendía aumentar la presión fiscal lo que habría supuesto un grave freno al desarrollo turístico (alegaciones presentadas por el Centro de Iniciativas y Turismo de Gran Canaria según acuerdo de la Junta de 17 de agosto de 1970). Otros sectores canarios también manifestaron su rechazo al REF promovido desde Madrid, lo que costó el cierre de la revista Sansofé y la clausura del Centro de Investigación Económica y Fiescal (CIES) de la Caja Insular.

A pesar de todo, el turismo continuó creciendo y el sur se consolidó como el gran destino turístico de Canarias. Un proceso que hizo aumentar la recaudación con las nuevas herramientas fiscales (arbitrios a la entrada de mercancías y sobre el lujo), que permitió la autonomía financiera de las corporaciones locales e insulares. Hasta que llegó el Estatuto de Autonomía y la adhesión española a la Comunidad Económica Europea, lo que alteró la fiscalidad directa e indirecta en una secuencia inacabada e imprevisible y limitó la confianza económica, a la vez que padecían el mangoneo –convertido en endémico- administrativo junto a grandes dosis de intervencionismo a través de leyes urbanísticas y de planes insulares. Por el contrario, no se actuaba en la mejora de infraestructuras y espacios de valor medioambiental o paisajístico lo que provoca una pérdida de atractivo de las Islas como destino. Esta situación obligó a buscar salidas por donde único podían los empresarios e inversores: reducción de costes, plantillas, bajada de precios, temporalidad y economía sumergida...

Es la Unión Europea quien aporta fondos para solucionar el desfase de infraestructuras no ejecutadas o mantenidas, si bien los sucesivos autogobiernos han mantenido la simplonería y falta de criterio secular de las instituciones con el principal sector económico de las Islas, aprovechando los fondos para otros fines en vez de apuntalar al sector turístico (en otra ocasión abordaré el Plan FuturE). Para ello, basta comprobar el desinterés, desentendimiento o abandono de las zonas turísticas (hasta ahora, cuando se produce un cambio con la puesta en marcha de consorcios y Planes de Mordernización), el peregrino y escaso presupuesto para el área de Turismo (hasta el último ejecutivo compartido con otras materias, como Transportes), o el mantener al sector profesional y empresarial como convidado de piedra en las decisiones importantes que afectan al sector, ya que no vale con que acudan a los consejos de las empresas públicas Saturno (ahora Promotur), Hecansa, Tindaya, patronatos insulares..., donde ya el presupuesto está limitado por el Gobierno de Canarias y ‘cocinado’ en los mentideros de las políticas de mantener contentos a todas las islas, los partidos de los pactos, donde muchos entienden que turismo es lo que hacen cuando viajan fuera de las islas con dietas y gastos pagados.

Las cifras son claras. Canarias tiene un sector turístico que en 2006 suponía el 32,1% del PIB. Tras la crisis (o bajo la amenaza de ésta), en 2010 el PIB turístico suponía el 27,8% del PIB. Sin embargo, sólo el 8,7% del gasto público de todas las instituciones (Gobierno autónomo, Cabildos y Ayuntamientos) se dedica al turismo (suma de promoción, limpieza, servicios asistenciales, etc.)

Y ahí está el reto... ¿Hasta cuándo vamos a dejar que el turismo en Canarias pierda o agote su atractivo turístico? ¿Por qué no apostamos por la reconversión del destino con nuevos productos que nos sitúen en la vanguardia del mercado turístico mundial?