miércoles, 3 de agosto de 2016

Las dunas de Maspalomas. El momento de actuar...

(Un resumen -muy resumido- de las ponencias pronunciadas por los expertos sobre dinámicas dunares de las universidades de Cantabria, Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria, La Laguna, Ministerio de Medio Ambiente y director de la Reserva Natural Especial de Maspalomas, en el curso coordinado por el catedrático Guillermo Morales Matos y por mi en la Universidad de Verano de Maspalomas)

Terremoto de Lisboa. 1755
Tal como llegaron, casi de imprevisto y con una fuerza arrolladora, las dunas de Maspalomas se van.

Según los estudios científicos realizados desde hace una década, se ha comprobado que hace aproximadamente 250 años la puesta en explotación de grandes extensiones en la isla para uso agrícola supuso la roturación de una enorme superficie de tierras que dejaron al descubierto arenas fósiles que la naturaleza trasladó por el viento y el mar hacia Maspalomas. Puede que también tuviera su impacto el traslado de arena que se produjo por el terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755) y el maremoto posterior que impactó sobre la isla, tal como informó el alguacil. De ahí que los estudios científicos realizados han datado que la arena que elevó las dunas llegó en torno a hace 250 años, pero su composición tiene una antigüedad de 12000 años, a diferencia de la arena que se encuentra debajo de estas dunas, que se asentaba lentamente a lo largo de los siglos sin producir las elevaciones que hoy día todavía podemos contemplar.

Ese es el origen de la mayor parte de las dunas que conforman el paisaje de Maspalomas, fruto de una aportación masiva a un terreno que anteriormente tenía un aspecto radicalmente distinto, con una llanura arenosa que crecía muy lentamente año tras año y que en un corto periodo de tiempo creció de forma sorprendente hasta levantar enormes montañas de arena de hasta 40 metros de alto. Pero desde ese acontecimiento histórico, que dio lugar a que el propio Viera y Clavijo (1731-1813) advirtiera del peligro de que Maspalomas fuera el inicio de la desertización de la isla. Pero eso ya es historia, ya hace siglos que no entra tanta arena como la que se pierde en el veril de la Bajeta o la Punta de Maspalomas.

Los temporales cíclicos del sur, el 'tiempo moganero' como lo llamaba mi padre y todos los de generaciones pasadas, son la causa principal -con otras causas de menor virulencia- que contribuyen al cambio o pérdida del paisaje dunar, al arrojar al veril o fosa marina la acumulación de arena que durante años hace crecer la punta de la Bajeta hasta recibir la puntilla del temporal que la hace desaparecer.


Vista aérea de los balancones en Playa del Inglés.

Las construcciones de Playa del Inglés hacen que el viento no pueda atravesar como antes esa cota, al actuar como pantalla sin corredores para la arena y el viento, por lo que se concentra más en la zona del mirador y centro de interpretación, lo que acelera el movimiento de las dunas hacia el sur, creando espacios sin arena entre la cadena de dunas, distanciándolas. Asimismo, la pérdida de balancones (plantas que estabilizaban las dunas y frenaban el viento) se ha acelerado por la acción humana (evitable), plantas que también frenaban el viento y ayudaban a la formación de dunas. Por el contrario, los balancones de la zona norte de Playa del Inglés han crecido mucho más de lo normal, con gran cantidad de hojas pero con menos capacidad de reproducción. Ello se debe al exceso de luz artificial que producen las luminarias del centro comercial Anexo II. Mientras los balancones de la zona sur de Playa del Inglés son destruidos por los usuarios de la playa para convertir esos lugares en goros o refugios, o por la micción de los bañistas que por no se sabe qué motivo vierten sus orines sobre las plantas en vez de en la arena.

Otro aspecto es la colocación de mallas o chiringuitos que actúan como barreras y complican el paso de la arena de forma natural, en vez de meditar la forma y disposición de estas instalaciones para facilitar el tránsito de la arena en la dinamica dunar.

Estudio de la dinámica de vientos en Maspalomas.
Pero todo esto que sucede -y muchísimo más- ya está estudiado desde hace casi una década y no se han adoptado medidas para dar respuesta a la progresiva pérdida del paisaje que sirve de atracción al turismo, aunque en realidad ¿son las dunas el espacio que utilizan los turistas?. Está comprobado que no. Los turistas se asientan mayoritariamente en la franja de 70 metros que hay entre la marea baja y la zona de baño inmediata. La mayoría abrumadora sólo utiliza la franja litoral, salvo numerosos hombres y mujeres que practican el 'cruising' o 'cancaneo' (práctica sexual en lugares públicos con desconocidos) para lo que internet muestra diversas rutas muy populares en la zona de las dunas de Maspalomas. Una práctica que debe ser objeto de medidas preventivas para evitar la suciedad descontrolada que actualmente padecen diversas zonas de este lugar. Unos hábitos inadecuados, éstos y los de aquellos urbanistas y arquitectos que no tuvieron en cuenta el efecto pantalla de sus proyectos al construir junto a las dunas. Decisiones inocentes o inconscientes, evitables o recuperables, que son las que iniciaron la aceleración del proceso de pérdida de dunas.

Balance de entrada y salida de arena del conjunto de Maspalomas.

Y es que la arena entra por El Inglés en cantidades muy inferiores a las que se pierden por la punta o la Bajeta, no como hace 250 años cuando Maspalomas recibió por este lugar millones de metros cúbicos de arena y que ahora se depositan rápidamente en el punto desde el que caen al veril de la bajeta con ingentes cantidades que se pierden en la fosa marina dejando cada vez más empequeñecida la imagen de las dunas de Maspalomas.

Todo está estudiado, con informes que detallan todos los aspectos a tener en cuenta, pero durante estos años se ha perdido un tiempo valiosísimo ya que no se han adoptado medidas para dar respuesta al proceso degenerativo. Y no se trata de llevar a cabo una operación de choque, sino realizar pruebas que han sido sugeridas por los técnicos para comprobar la efectividad de las mismas como si se tratara del primer laboratorio mundial sobre recuperación de espacios dunares de uso turístico. Unas pruebas que han de ir acompañada de campañas informativas y educativas a la sociedad para mantener y mejorar la imagen más atractiva para el turismo que ofrece Gran Canaria.

Maspalomas es el principal icono turístico de Gran Canaria. Un recurso que ya quisieran tener nuestros competidores. Un ecosistema dunar que costaría apenas el 0,001% del dinero que produce el turismo en Canarias recuperarlo. ¿A qué esperamos? ¿A que sea irreversible?

sábado, 2 de julio de 2016

Otra acción ejemplar del Condado de la Vega Grande

Con Óscar Naranjo, Inés Jiménez, Ángel López y Fernando del Castillo

No es que me entusiasmen los títulos nobiliarios más allá de la curiosidad histórica, pero todavía hay quienes hacen de su vida (durante generaciones) un compromiso con unos principios de nobleza (palabra que chirría hoy día, sobre todo en determinados espacios de gestión de lo 'público'). Unos preceptos que se educan y se tienen que cumplir para poder mantener y transmitir el título de nobleza en la categoría correspondiente, e incluso, aspirar a un escalafón superior. Esta forma de vida, determina su existencia y, en el caso de Gran Canaria, la misma historia de toda la comunidad insular.

Días atrás tuvo lugar la inauguración del museo de la Casa Condal. No voy a explicarles qué ofrece porque es digno de visitar y de buscar en sus leyendas y objetos nuestra historia. Sí les quiero comentar que hace tres o cuatro años me invitaron a participar en la elaboración de un proyecto museístico que no tenía otra cosa que un edificio muy singular (patrimonio histórico de la isla) que fue la casa de la familia Amoreto y que durante mucho tiempo fue considerada la 'puerta del desierto' que hoy día es el principal motor económico de Gran Canaria.

A falta de más información, planteé un proyecto en el que se contara la historia de la isla y vincularla a la historia de la propia familia. El museo tendría también un protagonismo muy especial con la actividad turística, ya que si bien todas las actividades económicas en Gran Canaria tenían como protagonistas a los miembros de la familia condal, este es el caso singular y más próximo, que sitúa a esta isla en la Champions del turismo mundial. Por ello, instaba a crear una sala que hablara sobre el turismo en el mundo, o lo que es lo mismo, la importancia de Gran Canaria y del Archipiélago en la actividad turística mundial. Una propuesta que contaba con el apoyo e interés de la Organización Mundial del Turismo, aunque esta cuestión quedó definida pero no incorporada al conjunto de salas del museo.

Sala de los logros e iniciativas industriales.

Paralelamente a la elaboración de este proyecto, la familia había encargado a los catedráticos Manuel Lobo Cabrera y Fernando Bruquetas Castro un estudio histórico del Condado y el resultado ha sido un extraordinario trabajo que es fundamental para conocer la historia de Gran Canaria. La publicación del libro y otras circunstancias dieron un giro al proceso de elaboración de los contenidos del museo hace dos años. Las tareas de diseño y corrección se encargaron a Sergio Hernández y Antonio Becerra, respectivamente, bajo la dirección de la responsable de marketing del museo, Rosa María Fey.

Reitero que no hablaré de sus contenidos, pero el conjunto de la Casa Condal de Juan Grande cuenta con espacios de naturaleza, antiguos vehículos y carruajes (no estaban el día de la inauguración), la singular iglesia con artesonado y el órgano que diseñó Javier Rapisarda, las bodegas que continúan una tradición iniciada nada más finalizar la conquista y, sobre todo, la revisión histórica de los méritos de esta saga familiar. Desde el vino hasta la llegada del hombre a la luna, los intentos de crear industrias de todo tipo como preocupación constante y la aventura internacional del concurso Maspalomas Costa Canaria, todo ello se ha realizado por iniciativa de esta familia que, con este museo vuelve a dar un aviso de cómo la iniciativa privada ha superado la acción institucional, a pesar del dinero (de todos) que utilizan para la foto del día, pero no conseguirán la presencia histórica que se respira en este museo. Y digo ésto porque si se compara lo que ha costado crear éste museo y lo que está costando el museo del Faro de Maspalomas, nos puede dar un patatús...

Y, estoy convencido, estamos ante otro caso más de discriminación del isleño. Si esta saga se encontrara en algún territorio peninsular, sus logros y éxitos les habrían dado méritos suficientes para el ascenso en el escalafón nobiliario (que no es gratis) como reconocimiento a los que han defendido sus intereses e impulsado sus proyectos comerciales internacionales. Unos intereses que, en definitiva, han contribuido a la mejora de las condiciones de vida de todos los grancanarios.

miércoles, 15 de junio de 2016

El faro de las ocasiones perdidas

Faro, charca y palmeral en 1925.

Si hay una obra de ingeniería emblemática en Gran Canaria, la más retratada y evocadora de la isla, es sin duda el faro de Maspalomas. Uno de los hitos de ingeniería que fuera realizado por el ingeniero Juan de León y Castillo. Pero, también como tantas cosas, es uno de los más grandes despropósitos que esta 'cagada de mosca en el océano' (como acertadamente definiera Pancho Guerra a las islas) que nos cuesta un dineral en proyectos inútiles, años perdidos y una solución definitiva propia de la mediocridad de los políticos a los que ha tocado participar en esta errática travesía cuyo desenlace va a ser otra oportunidad perdida.

Amén del baile administrativo entre la Autoridad Portuaria, Ayuntamiento y Cabildo, cada cual quitándose el 'muerto' de encima y sin una idea clara de la gran oportunidad que supone este icono en el corazón del principal destino turístico de Europa en invierno, nos encontramos con un proyecto que lleva años para ejecutarse que supondrá un uso poco atractivo (en mi modesta opinión) para servir como revulsivo de atracción turística: un museo o centro etnográfico e histórico de Gran Canaria.

Atrás quedan las inversiones de mantenimiento que realizó el Ayuntamiento tras recibir el edificio, para que una alcaldesa se desentendiera de esta joya y cediera al Cabildo la titularidad y el liderazgo. Un Cabildo que lleva casi ocho años para dar uso al edificio, con muchísimo dinero gastado (y lucro cesante), sin escuchar la voz de quienes abogábamos por una idea innovadora y moderna para ese espacio, frente a la creación de un nuevo centro artesano y etnográfico que tiene su sentido y razón de ser, pero que no deja de ser una más de las ofertas de este tipo que hay en la isla y que no aporta nada novedoso a la oferta internacional que debe distinguir los destinos turísticos.

Pero lo que más me apena es que la primera reunión que mantuvimos para los preparativos del 50 aniversario de Maspalomas Costa Canaria, en octubre de 2011, fue con el entonces consejero del cabildo Juan Domínguez, responsable de la Consejería sobre la que recaía el proyecto para el faro de Maspalomas. En la reunión, con el apoyo decidido del alcalde de San Bartolomé de Tirajana, Marco Aurelio Pérez, el concejal de Turismo, Ramón Suárez, y yo como comisario del cincuentenario y portador de una propuesta que considerábamos un revulsivo (más) para el destino.

La respuesta fue negativa. Según el entonces consejero, las obras iban a iniciarse de inmediato y el concurso estaba adjudicado y cambiar el rumbo supondría perder mucho dinero. ¡¡¡Y nos lo creímos!!!

Lo cierto es que hoy, 15 de junio de 2016, casi cinco años después, escucho en la radio que no se adjudicó ni se inició ningún proyecto. Además, van a tener que destinar 600.000 euros para el proyecto de un centro etnográfico e histórico de Gran Canaria para que lo visiten los turistas. Recuerdo que hace unos dos años, el entonces consejero de Cultura, Luis Larry Álvarez, afirmó que se incluiría en el mismo edificio alguna referencia al paso de Cristóbal Colón por Maspalomas... Pero ahí está, sin proyecto ni con posibilidad de que se abra en breve.

Yo, qué quieren que les diga. Harto estoy de la falta de visión de los políticos, pero más doloroso es la falta de gestión que es lo único que podría salvar su paso por el control y uso (o abuso) del dinero de todos los contribuyentes.

Lo cierto es que perdimos la oportunidad de contar en el faro de Maspalomas con el primer Centro de Interpretación Mundial del Turismo, apoyado por la Organización Mundial del Turismo y que diera al visitante las claves de la importancia de Gran Canaria y el Archipiélago como destino turístico a lo largo de la historia de la Humanidad. Una oferta única en el mundo para un destino también único. Así nos va y otra vez será...

viernes, 3 de junio de 2016

Sol y playa… ¡Y agua!


Sorprende que el principal sector económico de Gran Canaria se haya dado de narices contra la puerta del Consejo Insular de Aguas, al no lograr representación en dicho órgano por el veto del presidente de la Confederación Canaria de Empresarios, Agustín Manrique de Lara. Una decisión que ha provocado el divorcio entre la patronal turística y el dirigente empresarial, si bien este enfrentamiento tiene un trasfondo mucho más profundo y grave de lo que parece una disputa limitada a la obtención de cargos o personalismos, ya que demuestra el sistemático desprecio, ninguneo o la permanente demonización de la actividad turística en esta tierra.


Es significativo que en el apartado 3.2.2 Turismo y Ocio, del “Plan Territorial Especial Hidrológico de Gran Canaria (PTE-04). Documento para la Aprobación Inicial. Memoria de Información” (descarga del pdf), comience el análisis con frases como “La urbanización ligada al turismo puede suponer un riesgo de daños futuros sin una planificación territorial ligada a la protección frente a inundaciones. Asimismo, supone un riesgo cuando la planificación territorial no va ligada a la disponibilidad de recursos actuales y futuros pudiendo provocar situaciones futuras de déficit en la atención de la demanda que pueden verse agravadas por situaciones de subidas en el precio de la energía o por falta de presupuestos para afrontar el mantenimiento de todas las instalaciones”. El lenguaje empleado, amenazante y casi apocalíptico, no tiene nada que ver con el que se utiliza en los demás sectores económicos y de consumo de agua siendo, además, los que más agua de calidad consumen, más pérdidas contabilizan y actúan con menos eficiencia en la gestión de los escasos recursos de agua de la isla.



Francamente, no me cuadra que el sector que más empleo, renta, ingresos fiscales y menos ocupación del territorio se encuentre con el rechazo para poder entrar en el organismo que regula la gestión del agua en la isla. Basta ir a los gráficos elaborados por el Consejo Insular de Aguas para constatar que el porcentaje de agua que utiliza el sector turístico es el ‘combustible’ que da vida a la actividad más rentable (hoy por hoy) y que ocupa a la mayor parte de la población. Además, habría que ver hasta qué punto se puede aplicar a este sector todo el consumo que se le adjudica, ya que si miramos los datos desglosados por municipios nos encontramos con que los dos términos municipales que acaparan casi toda la oferta turística (San Bartolomé de Tirajana y Mogán) ocupan, además un tercio del territorio de la isla. Pero es que, encima, San Bartolomé lidera el ranking insular del municipio que menos pérdidas de agua registra, no así el caso de Mogán, donde debe mejorar considerablemente la gestión del agua. Y eso sin olvidar el escándalo mayúsculo que ha supuesto la gestión de empresas de abastecimiento de guas (públicas que fueron privatizadas para "mejorar la gestión") como Emalsa.


Otro dato interesante es que estos municipios turísticos consumen más agua desalada que el resto del territorio. Asimismo, los usos recreativos (campos de golf y otros relacionados con la oferta turística complementaria) se abastecen en un 70% con agua regenerada (depurada).


Con estas cifras, es más que sorprendente que se impida al sector turístico que pueda participar como miembro de derecho del Consejo Insular de Aguas. Es preciso que ése recurso sea gestionado adecuadamente y si hay algún sector que puede demostrar su eficacia es el turístico. Pero es que, además, el sector turístico necesita que se gestione mejor el agua, que éste recurso sirva para mejorar el paisaje insular porque sólo así se puede mejorar el destino para atraer y fidelizar a los turistas. Miguel de Unamuno afirmó que “el agua es el alma del paisaje” y así lo sabe el sector turístico. Tanto el paisaje natural como el transformado por la actividad humana (incluido el turismo). Por ello, al igual que a la patronal turística, nos asaltan varias preguntas ¿Tienen miedo los aguatenientes a un mayor control y eficacia en la gestión del agua? ¿La “sostenibilidad” de turismo no conlleva el mejor uso de los recursos? Entonces… ¿A qué viene ése rechazo a la participación del sector turístico en el Consejo Insular de Aguas?

miércoles, 11 de mayo de 2016

Turismo, el arte de vivir

Patio ajardinado del Hotel Metropole. 1900 (FEDAC)

Publico en este post el artículo que pueden leer en la edición impresa  de la revista turística Welcome Gran Canaria, donde tengo una sección que se titula 'enYESque' de la que estoy muy orgulloso y que me permite divulgar mis elucubraciones sobre la actividad turística. En este caso, creo que he podido sintetizar en pocas líneas lo que -visto desde Gran Canaria- significa (o significó) el turismo para el desarrollo de la isla. El texto es el que sigue:

“Hacer de la vida una obra de arte” (Néstor Martín-Fernández de la Torre) o “Llevar el arte a la vida” (César Manrique) son frases que resumen el espíritu que inspiró a los artistas para poner en marcha su visión del turismo, su forma de entender esta actividad como un estado del alma, el gusto por las experiencias, el deseo de satisfacer expectativas que nos transportan (con viaje incluido) a ese imaginario/sueño alejado de las prisas, de las calles ruidosas y frías, con sus espectros acelerados y borrosos que intentan evitar la polución. En definitiva, hacer de cada segundo de nuestra vida el momento de los sentidos, de ser afortunados.


Ha transcurrido más de un siglo desde que los primeros turistas llegaron a la isla. A lo largo de este tiempo se ha transmitido y consolidado durante generaciones esa vinculación, omnipresente, del turista como un vecino efímero, una persona que mira con asombro novelero cualquier detalle, como la farola que todas las noches nos alumbra desde que tenemos conocimiento y que ahora nos percatamos del escaso o nulo interés que teníamos sobre ese artilugio cotidiano y anónimo.


Esos rostros lampiños y atribulados que deambulan por nuestras calles como un bote de vela latina buscando la travesía más segura hasta la meta, recorren un lugar desconocido en el que las palabras de sus residentes son sólo sonidos a descifrar con un ejercicio de lógica aventurera. Puede que exista, de hecho, un lenguaje de signos acordado tácitamente entre el visitante y el residente. Un lenguaje global con unos siglos de historia, pero que se ha propagado y consolidado en las últimas décadas entre los más de mil millones de turistas que recorren el planeta cada año.


Turistas y nativos intentan compartir ése arte de vivir. La demanda acude a la oferta de un intangible que sólo puede “estar en nuestros corazones pero se escapa de entre nuestras manos”, como explicaba José de Viera y Clavijo (1731-1813) la imaginaria isla de San Borondón.  Una visión profética que inspiró a Néstor en su visión para convertir Gran Canaria en ese lugar de sueño, al plantear “sobre todo un experimento cultural, una obra de larga cultura, que exige una elevación espiritual en el pueblo que desea ser visitado. Más que habilitación de hoteles, preparación de almas”. Esto es el turismo una preparación para el espíritu. Para el arte.