miércoles, 7 de diciembre de 2011

El dilema de Spasski y el tablero turístico canario

Portada del libro
Acabo de finalizar la lectura de la obra ‘El dilema de Spasski’, de Juan Carlos Domínguez (Ediciones Idea, 2010. Santa Cruz de Tenerife), opera prima de este profesor de Filosofía del Derecho y vinculado a la administración del Patrimonio Histórico de Canarias, aparte de amigo y cómplice en diversas celebraciones, tertulias y cánticos.

La novela merece ser leída, saboreada y jugada, como un partido sin reloj, un juego de ajedrez en el que las variables cada vez son menores a medida que las fuerzas o valor de las fichas son eliminadas, bien porque tengamos que hacer sacrificios envenenados o porque hemos caído en maniobras hábilmente urdidas por mentes mucho más complejas y premonitorias. Como suele pasar, mientras menos piezas tenemos, más pasión ponemos en la contienda.

La primera parte tiene una narrativa que puede despistar, e incluso hacernos desistir de la lectura, pero así son siempre los primeros pasos de un partido de ajedrez: movimientos archiconocidos: defensa siciliana, gambitos y enroques hasta ver qué dice el enemigo. Pero estamos ante una novela que en un momento no concreto se exhibe plena y adictiva, una obra literaria en la que todos los personajes aparecen -de repente- posicionados claramente entre los dos ejércitos que se enfrentan en un tablero en el que no sólo hay blancas y negras. En realidad, el autor nos sitúa ante un tablero que también es un Plan General de Ordenación Urbana, en el que cada interés intenta superponerse sobre los demás para obtener aquello que más les interesa: dinero, protagonismo, honor, control ideológico, político o religioso.

La trama está bien urdida mediante sabrosas meditaciones e interesantes disquisiciones parapetadas en defensas serias y rigurosas de argumentos y contraargumentos, a través de los cuales vamos conociendo un microcosmos que gira en torno a una de las poblaciones con menos habitantes de Canarias, pero que no se libra de los embates y envites de los promotores turísticos, en este caso con una propuesta tan singular como el enclave donde pretende ubicarse: en las ruinas de un convento (¿el primero de Canarias?) alejado del sol y playa masivo, pero en un enclave único y con más ruinas y misterios que certezas y población.

Dos muertes (y una tercera que colma el triángulo) van oscureciendo la novela hasta hacerla negra con tintes de misterios del más allá en el tiempo y en las historias heredadas y adornadas, ingredientes que chocan ante el profundo escepticismo e incredulidad materialista del protagonista, un periodista del que el autor intenta retratar sus motivaciones para mantenerse en tal vocación profesional, aunque (como periodista puedo corroborarlo) quizás obvia la más importante: el ego y el objetivo jamás entendido de servicio público a través de una empresa de servicios privada y obsesionada con la cuenta de resultados. Poco margen queda al periodista actual para alcanzar a un Emilio Zola, un Ilya Ehrenburg, un John Silas Reed o un Ernest Hemingway... Salvo que las camadas de periodistas con lustroso diploma enmarcado utilicen el pretexto salarial del periodismo para dedicarse a la literatura y así desahogar su frustración.

De ahí que el periodista dilemático posea una mezcla de Charles Bukowski integrado, a veces Petetepedia de listillo y otras Marlowe sin gabardina, o Lou Grant rodeado de una epidemia de ‘gargantas profundas’ que mueven sus peones y alfiles intentando que la información (rumores, interpretaciones, observaciones, falsedades, mentiras...) salgan del microcosmos betancuriano –a veces paraíso y otras un irrespirable y opresivo escenario- para facilitar su victoria frente a los demás, entre las fichas de la especulación y el cambio frente a la conservación y la vuelta al pasado. Una pugna que se libra en numerosos frentes en Canarias, en un afán por poner en el mercado todo aquello que pueda ser objeto de negocio, incluida la alquimia medieval.

Con guiños a ‘El nombre de la rosa’ y devoción a la ciencia ficción y el futurismo clónico de Blade Runner ("Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir"), el libro es también una secuencia de hitos artísticos, intelectuales y disquisiciones que permanecen en el autor. Al igual que muchos personajes que Domínguez también sitúa en la trama con seudónimos fácilmente reconocibles en el entorno local, en un juego de nombres imaginarios que recuerdan aquellos bautizos de las células clandestinas, aunque en este caso la delación es, a su vez, complicidad.

Lo dicho... Canarias tiene valores patrimoniales, culturales y naturales para atraer diferentes perfiles de turistas, o para servir de argumento a una excelente novela que puede traspasar el tablero de lo local porque el mundo es un gran partido de ajedrez en el que las fichas (pasiones, intereses, ideas, luchas...) son casi siempre las mismas a lo largo de los siglos y de los territorios.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Un buen trabajo periodístico sobre el turismo en Gran Canaria

Portada del suplemento
El día a día de los periódicos es muy agobiante y, a veces, se queda en lo superficial o lo más actual. Se suele perder la perspectiva y por ello es tan importante que un periódico aproveche todos los géneros y estilos: la crónica, el reportaje, la entrevista, la opinión... Son formatos que ayudan a formar y esclarecer puntos de vista para los lectores.

Me satisface poner este enlace en el blog porque considero que se ha realizado un trabajo de gran calidad y muy amplio sobre un tema que podría tener otras muchas perspectivas, pero que en este suplemento se ha logrado centrar. Existen algunas obligaciones promocionales, comerciales o turísticas (sin ellas no sería posible pagar el trabajo publicado), pero no desmerecen el conjunto de la obra.

Aprovecho para felicitar al equipo que ha elaborado este suplemento y a quienes han desarrollado el guión para conseguir un resultado equilibrado entre la información, el interés público y el beneficio comercial.

La editorial del diario Canarias7, Inforcasa, ha hecho posible este suplemento y lo ha colgado en Internet para que cualquier internauta pueda descargarlo online y leerlo.

Pinche aquí para poder leer 'Un paraíso abierto al mundo'

jueves, 1 de diciembre de 2011

Santa Águeda, el gran reto de Gran Canaria

Puerto de El Pajar
No tiene espectaculares dunas como Maspalomas, ni un faro de sorprendente ingeniería, ni una charca semi oasis... No cuenta con una enorme playa de arena rubia, ni ha sido objeto de deseo del turismo de masas. Más bien, el turismo pasó de largo por Montaña de Arena, Triana y El Pajar para fijarse en Puerto Rico, Taurito y Mogán. Pero ahí está, la mejor zona climática de Gran Canaria, con el nombre de Santa Águeda, con sus posibilidades para desarrollar algo que atraiga inversión y turismo, rentabilidad y desarrollo. Palabras que podrían sonar mal si las convertimos en tópicos del cabreo civil por lo nefasto de muchas intervenciones y por la falta de actuación del poder político (salvo para innombrables actividades).

Santa Águeda, entre Pasito Blanco y El Pajar, es una de las zonas sin construir del sur de Gran Canaria. Un espacio sorprendente y de grandes posibilidades para una operación singular o, mejor, espectacular.

Pero centrémonos en el sentido de las palabras pronunciadas por Fernando del Castillo, heredero del conde de la Vega Grande, Alejandro del Castillo, quien se refirió a Santa Águeda, su bahía y terrenos en tierra como un espacio digno de un concurso internacional de ideas que recupere el espíritu de hace cincuenta años cuando la misma familia lanzó al mundo el nombre de Maspalomas al convocar a la Unión Internacional de Arquitectos para que ofrecieran alternativas a un espacio para el turismo en el mismo momento en el que los vuelos charter dieron a luz el fenómeno del turismo de masas.

Santa Águeda tiene otras cualidades que ofrecer. Su temperatura estable, sus aguas tranquilas y sus horas de insolación convierten la zona en uno de los mejores microclimas del mundo durante todo el año. A ello se suma un puerto que dejó de interesar a las empresas cementeras, un puerto creado por la familia condal cuando para construir Maspalomas Costa Canaria constituyeron una empresa cementera que fue expulsada del mercado por empresas peninsulares mediante una política de dumping (venta por debajo del precio) para monopolizar el mercado en Gran Canaria. Pero ahí está el puerto.

Para la familia condal, esa infraestructura es una oportunidad de negocio, un posible lugar de atracción para cruceros turísticos, si bien para ello tiene que haber un atractivo en el entorno, una oferta de ocio turístico que sea singular y única, capaz de atraer las navieras de cruceros a Santa Águeda como puerto base en vez de a la capital grancanaria.

Sin embargo, los periodistas y los ciudadanos en general han cogido el anuncio de la familia condal como un más de lo mismo, más camas en un territorio donde su suelo de mayor calidad se encuentra en franco proceso de deterioro y residencialización, sin que nadie lo impida ni obligue a los propietarios a cumplir con la calificación de suelo turístico.

Lejos de interesarse por una propuesta que podría significar un revulsivo para el sector económico más importante de la Isla, como lo ha sido Meloneras, la horda de anónimos se ha lanzado contra la supuesta invasión de camas y no han planteado posibles iniciativas que contribuyan a que Gran Canaria deje de ser el destino de sol y playa sujeto al precio de mercado de este producto turístico controlado por turoperadores foráneos.

Esperemos que impere la cordura y que el concurso anunciado por la familia condal se convierta en la gran oportunidad para Gran Canaria y nuestros descendientes.

sábado, 26 de noviembre de 2011

La ciudad de espaldas al mar

Ha vuelto a la tribuna política el debate sobre el futuro de la Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria, aquella obra que divorció la ciudad y el mar, que desvió la tensión circulatoria de toda la Isla hacia la Avenida de Mesa y López donde, estratégicamente, se levantó el gran centro comercial de El Corte Inglés (y aquel de Galerías Preciados que luego sería adquirido por el citado grupo comercial). Un tráfico que con el tiempo colapsó la zona.






Ahora se habla del soterramiento de la actual avenida para superar los problemas de tráfico y recuperar el contacto de la ciudad con el mar, un mar al que la ciudad debe su éxito y su desarrollo: turismo, transportes marítimos, estación de tránsito o base, gran nodo para contenedores, pesca, granos, combustibles, reparaciones... Todo ello con la siempre cambiante estampa marinera que adorna la capital insular.

Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad que siempre ha mirado hacia el mar. Sus riscos se exhiben a nuestros ojos en casitas coloreadas con ventanas, puertas y pequeños recovecos que buscan la mirada hacia la costa, por donde llegaban los marineros que habitaban esas viviendas. Anteriormente, los castillos, torreones y construcciones de defensa escrutaban el horizonte en busca de pabellones enemigos que hacían pirateo o tenían licencia de corso, para saquear la isla como se hizo o se intentó en numerosas ocasiones.

Sin embargo, en los años sesenta y setenta se realizaron varias de las operaciones urbanísticas más negativas de la historia de la ciudad, cuyos efectos se constatarían a continuación con la pérdida de atractivo turístico y el consiguiente desplazamiento hacia el sur de la actividad económica más importante.

Por contra, esta ciudad tiene un clima excelente, está rodeada de mar, es una de las bahías más confortables y mejor equipadas del Atlántico, pero ha desoído a quienes se empeñaron en convertirla en la ciudad de mar que debió ser. Juan Bautista Carló Guersi, un visionario que en 1910 contrató al urbanista Constant Martin, para crear en la zona alta (hoy Schamann) un centro turístico, con un casino y hoteles al estilo de Montecarlo o Mónaco… por sus vistas inmejorables al puerto. Néstor la pintó a la manera de Santorini o Saint Tropez, como modelo de ciudad atractiva para el turismo. En los años sesenta se crearon los miradores de El Lasso y Altavista... Pero también el desarrollismo levantó un muro de edificios y una barrera de tráfico que se llamó eufemísticamente Avenida Marítima.

El puerto ha seguido creciendo, pero dejó de lado la actividad de cruceros hasta hace unos pocos años, constatándose que con poco que se haga se puede atraer a millones de viajeros que vuelvan a llenar los museos, las terrazas, el Pueblo Canario y los comercios. Con el tiempo, se ha tenido que construir la circunvalación por donde debió hacerse hace décadas, tras mucho sufrir los ciudadanos de toda la isla y, en particular, los de la capital grancanaria, un acoso de tráfico insoportable.

La apuesta por recuperar el contacto con el mar no debe caer en saco roto. Pero también ha de producirse la respuesta a la necesaria comunicación del puerto con la isla, ahora mismo aprisionado por un embudo de tráfico insoportable.

Las Palmas de Gran Canaria ha de ser la Ciudad del Atlántico, cantada por Tomás Morales y reconocida a lo largo de su historia. Somos sus vecinos y sus políticos los que han de corregir errores del pasado y actuar con visión de futuro.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Turismo s XXI ¿Laboratorio de ideas o estudio de mercado?

Acto del show sobre The Beatles en Las Vegas
En los últimos años (ojo, no digo meses...) he mantenido reuniones con todo tipo de profesionales para plantearles ideas que pueden dar una personalidad diferenciciada (posicionamiento, como dicen los expertos mba’s) para Gran Canaria. La mayoría de los consultados me han dado opiniones muy elogiosas -y espero que sinceras- sobre los proyectos. Sobre todo, porque son conocedores de cuáles son las carencias de nuestro destino, el cual soporta su éxito y declive de marca en el trinomio ‘sol, playa y clima’.

A diferencia de otros destinos icónicos, carecemos de monumentos (no naturales) de renombre global y otros productos que sean marca identificable por todo tipo de ciudadanos que tengan vocación o algún estímulo para recorrer el mundo y poder acudir a un lugar con unas expectativas tan dispares que pueden ir desde lo religioso hasta lo ludópata, o desde lo infantil a la cumbre de la ciencia astrofísica.

Las posibles motivaciones del viajero podríamos dividirlas en diversas variables: geográficas (naturaleza), históricas (culturales, religiosas, etc.), o puramente humanas (comercio, juego, negocio, diversión...), pero en todas hay un tema que marca la diferencia: el éxito o el fracaso.

Esa línea sutil y caprichosa entre los numerosos fracasos y los sonoros éxitos de los destinos turísticos no se limita a un correcto o excelente trabajo de análisis de mercado o plan de negocio, ya que el contenido del mismo se fundamenta en las variables del mercado (fundamentalmente el precio y el beneficio que sacan los intermediarios) y no de la originalidad o personalidad del producto. Si el producto es bueno, podrá competir, pero si es único su posicionamiento también lo será y podrá alcanzar un éxito imprevisible. ¿Qué consultoría puede dar con las variables de algo que es único y original? Ninguna.

De los profesionales consultados, algunos insisten en que lo importante es el plan de negocio y el estudio de mercado. Si fuera así, probablemente muchos de los casos de éxito no se habrían realizado nunca. También puede ser éste el motivo que ha impedido que en el mundo no haya más destinos turísticos donde naturaleza y/o creación humana nos ofrezca lugares que atraigan a millares de turistas dispuestos a recorrer miles de kilómetros y gastar miles de euros por visitar esos iconos de la interacción del hombre con su entorno a través de su inventiva y creatividad. Lugares donde las visiones de algunos individuos han recreado el espacio para el disfrute del ocio y que se han extendido por la humanidad convertidos en marcas, en objetos deseados de consumo.

Podríamos considerar que esos lugares son parques temáticos, como lo es un cuadro, si bien de éste nos atrevemos a decir que es su story board. Una ensoñación para que el espectador pueda viajar con la imaginación en un recorrido pautado por los límites del marco. Pero hay quienes han trasladado al espacio abierto esas visiones y las han convertido en parques temáticos. La mayoría son lugares para el contacto con la naturaleza o la diversión activa. Otros han evolucionado el concepto ofreciendo una interpretación más humana del entorno, de la propia experiencia humana, como son los casos de dos canarios que han mostrado al mundo una forma peculiar de recrear el espacio para el turismo: Néstor Martín Fernández de la Torre y César Manrique.

No me canso de repetir que en Canarias no hemos gestionado bien su herencia. Aquí tenemos dos fundaciones que se limitan a mantener una actividad expositiva y estrangulada económicamente en el caso del Museo Néstor, mientras la Fundación César Manrique peca de endogamia y un bloqueo institucional y territorial, con un nulo impulso al espíritu creativo y de respuesta a las contradicciones entre desarrollo y usos del territorio. Esta Fundación, mantenida con la importante herencia de su impulsor, no ha respondido a la necesaria promoción de valores y creadores que puedan innovar y continuar convirtiendo Canarias en ese destino/s único/s que no sólo atraiga turistas, sino que además provoque tal demanda que haga subir la cotización del destino por encima de las posiciones de los intermediarios y turoperadores.

También podríamos debatir acerca del espíritu y legislación sobre mecenazgo y fundaciones en España, pero creo que no es necesario reiterar que –a diferencia de otros países como EEUU- nuestro caso es un ejemplo de política de desconfianza, cortedad de miras y falta de estímulo a la sociedad civil. Por ello, las fundaciones y otras entidades no podrán ser la verdadera correa de transmisión del capital a la creatividad, ni entre el espíritu de creadores como Néstor o César y una sociedad creativa que ha mamado desde la cuna y en los genes de sus antepasados el reconocimiento de este territorio como singular y atractivo para los ciudadanos de otros lugares del planeta.

Lo cierto, a lo que voy, es que cada vez estoy más convencido que vivimos en un mundo en el que hay mucho consultor, ejecutivo o administrativo que ocupa, adultera o anula espacios de creatividad. Y ese es uno de los elementos que determinan el fracaso de cualquier iniciativa.

Y acabo con la pregunta inicial: ¿qué es primero. El creador o el consultor?