miércoles, 18 de agosto de 2021

Manuel González Sosa, centenario del poeta que guiaba al turista

Algunas guías de González Sosa.
Este es un año de conmemoraciones literarias. Y también turísticas. El 2020 celebró con un episodio global de pandemia el centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós y en esta ocasión toca a Tomás Morales tomar el testigo, pero no es el único. Aunque no haya destacado tanto, este 2021 también coincide con el centenario del nacimiento de Carmen Laforet, Lola de la Fé, José María Millares Sall y Manuel González Sosa, de quien el Ayuntamiento de Guía ha realizado una amplia difusión con sus poemas expuestos en las calles, gracias a la colaboración del escritor Santiago Gil con este aniversario.

Además de su bonhomía, la mirada siempre afable y su espíritu colaborador, Manuel González Sosa (hermano del periodista y cronista oficial de Guía, Pedro González Sosa), destacó como colaborador de la editorial Everest, una de las iniciativas literarias más destacadas en la bibliografía turística española. Sus guías de bolsillo, muy completas y detalladas, también ofrecen una visión literaria de gran nivel, gracias a la colaboración de escritores de la talla de Manuel González Sosa. Un autor que fue ‘marca de la casa’ entre los sesenta y los ochenta, con numerosas reediciones de sus guías sobre ‘Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura’. Un autor que no sería el único escritor que participa de este ‘género’ literario, ya que tenemos a otras grandes firmas como Carmen Laforet, Claudio de la Torre, Néstor Álamo o Juancho Armas Marcelo, entre otros/as.

Aprovecho este centenario para mostrar la forma con la que describe González Sosa su isla, desde sus orígenes como “tierras desveladas aún antes que realidad presentida” como “nostalgias del paraíso”. Un territorio con un “especial emplazamiento en una encrucijada importante del planeta” que ha dado lugar a que nuestra isla tenga una “biografía individual, que no ha sido precisamente idílica y oscura, sino más bien agónica y notoria”.

Nuestra isla, “pirámide cónica” no es ya el ‘continente en miniatura’ de Fray Lesco, sino “un brevísimo país que resume todos los paisajes de la tierra y que incluso, atreviéndose a más, nos muestra algunas anticipaciones de las facies lunares”, dentro de un “alarde calidoscópico”. Así la representaba en 1982, cuando contaba con 520.000 habitantes de los que más de la mitad residían en la capital, “o sea, Las Palmas” (todavía no se había enconado la lucha por añadir el nombre de la isla al topónimo de la ciudad). Una capital de la que destaca su “escenario natural” y el “cotidiano espectáculo de la humanidad cosmopolítica”, con una “importante vida cultural” y “completísima red de instalaciones de diversión y reposo que ha puesto en marcha su briosa industria turística”.

Y esa ciudad que “en su origen fue un campamento militar”, creó el barrio de Vegueta “genio y figura”, que “constituye acaso el conjunto arquitectónico más interesante que los siglos pasados han legado al archipiélago canario”, anticipándose otro municipio del archipiélago a la frustrada iniciativa de declarar Patrimonio de la Humanidad este barrio tan machacado por la falta de visión de pasado y futuro, que vivió el mayor hachazo urbanístico posible al soterrar la desembocadura del barranco Guiniguada y sus dos puentes (de piedra y palo), cercenando su unión con Triana “el primer retoño importante de la expansión urbana de Las Palmas”, donde se “conservan viejos nombres de calles que recuerdan la presencia de los mercaderes europeos que aquí actuaron intensamente”, dando paso con el tiempo a otros comercios que conocimos hasta hace poco, cuando “la nota exótica corre a cargo de los bazares hindúes, con sus escaparates abarrotados y tentadores, y los comercios de personalidad menos coruscante, de otras gentes del Asia: sirios, jordanos, libaneses…” (Nada de chinos o franquicias, por entonces).

González Sosa también se adentra en la personalidad o identidad del canario, a través de sus comentarios sobre el folclore, al indicar que entre las creaciones populares “sobresalen los cantos y bailes, en los que evidencian la elegancia espiritual del canario y su condición apacible y querenciosa, así como su fino sentido del humor”. Sin olvidar el timple, instrumento propio “cuyo son desgarrado, agudo y agilísimo, confiere a la música popular canaria un carácter especial”. Igualmente resalta el papel de la artesanía, en particular la cerámica, con sus “formas alumbradas originalmente en plena prehistoria” en cuyos “cacharros coexiste, en síntesis curiosa, elegancia y tosquedad”, para luego descubrirnos el puerto que en aquellos tiempos destacaba “en cuanto a movimiento de buques y registro de tonelaje bruto, el Puerto de La Luz ostenta el primer puesto entre los de España y el tercero entre los del mundo”.

La zona portuaria tiene su barrio o enclave particular: el Parque de Santa Catalina y Las Canteras, “Elemento muy principal de la animación y el tráfago cosmopolita”, “ágora mundial, de plaza mayor ecuménica…”, invitando a pasear por esta zona para “asomarse a un retablo costumbrista sumamente rico y lleno de colorido; o, también, gozarse en la sonería -blanda, o bronca, o cantarina; siempre fascinante- de casi todas las hablas del planeta”. Se regocija el autor con este espacio que “ha ido labrando en el morador de la ciudad el hábito de la cordialidad y la comprensión; hábito que, por cierto, es uno de los rasgos positivos más interesantes de su personalidad”.

Manuel González Sosa también se adentra en Los Riscos “barrios de más solera popular y, sin duda por ello, filones abundantes donde se abastece de materia prima la mitología pintoresca del sainete y la picaresca isleños”; y Ciudad Alta “el conjunto de las ciudades satélites que han surgido últimamente sobre varias de las colinas que sirven de fondo a los distritos de Los Arenales y Ciudad Jardín”.

Respecto a los deportes, destacamos su mención a las ‘regatas de botes’ celebradas “por embarcaciones provistas de una amplia vela latina de ostensible desproporción con respecto al casco” o que “En la lucha canaria, más que a un enfrentamiento de poderes físicos, asistimos a una pugna noble y viril de habilidades y reflejos, en la que también se prodigan las secuencias de gran vistosidad plástico-gimnástica”.

Salimos hacia el norte para encontrar “un paisaje inventado, un paisaje creado por el hombre. O, por lo menos, intensamente remodelado por el hombre”, donde hay un laberinto de minas y galerías para “agenciarse con dificultad y hasta con riesgo dos elementos cardinales: el agua y la tierra”. Una tierra que “se ha visto obligado a escatimarla y cuidarla avaramente, llevándola, como si se tratara de un mineral insólito, de un sitio para otro”, para crear en la franja costera un paisaje “donde en la sinfonía vegetal del verde prima -fuerte, vasto, dominador- el esmeralda brillante de los platanares”. Y nos detenemos en su descripción de Las Nieves con su “wagneriano telón de fondo” en sus imponentes montañas, desde la playa con “sus cantos rodados, su gruesa arena grisácea”.

O realizamos su ruta del sur, ‘Tierra solar’, “de paisaje ambivalente, paradójico: a un mismo tiempo severo y voluptuoso. Su calidad sensual es un presente de la luz, del aire, del cielo… La condición ascética una consecuencia de su desnuda y quemada orografía” gracias a varios elementos: “luz frenética, cálida atmósfera oreada por la brisa constante, cielo rotundo y alto”, junto a un “mar que agita su piel lúbrica junto a los médanos dorados". González Sosa reproduce unas palabras de Carmen Laforet para explicar el espacio sureño: “Cielos tremendos; cielos tremendos, crepusculares, color de sangre y de violetas lo envuelven a la tarde. A mediodía tiemblan las rocas, evaporándose en una neblina de oro. Cuando cae la noche, aún queda un ardor en el agua quieta del mar, que brilla con el reflejo de pesadas estrellas bajas, grandes. Se recortan extrañas las siluetas de los cardones en esta claridad del cielo, y en el calor parecen llamas de fuego verde. No hay posibilidad de escape y de tibieza. Sé quien aborrece este paisaje desolado. Sé también quien, como yo, lo ama violentamente y sin reservas”.

Otra pincelada de las cumbres nos muestra el ‘vértice e la isla’, para mostrarnos la imagen de la “punta de la peonza gigante que es la isla, formada por la aguja del Roque Nublo, esa señera y recortada púa de basalto que gira no sobre el suelo sino sobre el cielo”. Un paraje que es “el dominio de la piedra enfebrecida, el escenario de la ira plutónica detenida para siempre en una secuencia de dramática y retorcida grandiosidad. Tajos profundos, barrancas en torbellinos, degolladas y derrumbaderos, atormentados escarpes, peñascales escoteros que se resisten vanamente a las dentelladas de la erosión…” Y cierro este paseo por la isla de la mano de González Sosa con otra cita, la de la ‘isla vieja’, guardada por los bosques de Tamadaba, Inagua, Pajonales y Ojeda, que describe mediante la cita a ‘Los poemas áridos’ de Alonso Quesada:

“Campos, eriales, soledad eterna
-honda meditación de toda cosa-.
¡El sol dando de lleno en los peñascos
Y el mar… como invitando a lo imposible”


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viernes, 13 de agosto de 2021

¿Requiem? para un planeta

El Correo de la Unesco. 1973
Estamos con la matraquilla de la emergencia climática como si fuera algo inventado por los milennials, o los progres, o los apocalípticos de nueva hornada, cuando ya estas nociones se vienen anunciando desde hace más de medio siglo. Y nada como intentar ordenar las ideas (y la biblioteca/hemeroteca) para encontrar los orígenes de mi posicionamiento contra el modelo autodestructivo que nos conduce a situaciones extremas. Una situación que, en territorios insulares, se va a notar de forma evidente (se está notando en algunas islas de baja altura) por el impacto de la subida del agua y del cambio del clima que ha mantenido sus ecosistemas más o menos estables durante miles de años.

Entre los documentos que guardo, conservo con mucho aprecio la primera publicación que me alertó sobre la situación. Un ejemplar de la revista ‘El Correo’ de la Unesco, de enero de 1973. Cuando era un chiquillaje, pero es esa edad en la que una portada cambia tu percepción del mundo y de la vida. Un planeta que se consumía como una vela era la metáfora más directa y evidente de hacia dónde nos encaminábamos (y seguimos avanzando).

En esta publicación se hablaba de una política mundial sobre el medio ambiente, de la contaminación, del progresivo consumo de recursos, de crecimiento y equilibrio ecológico… En definitiva, el arranque de las políticas sobre la biosfera que oficialmente se señala en 1968, si bien ya se había producido en 1949 una Conferencia de la ONU sobre conservación y utilización de los recursos naturales (en 1948 se había creado la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN), y sobre la aplicación de la ciencia y de la tecnología al desarrollo (1963). En Estocolmo, en 1972, se celebra la primera Conferencia de la ONU sobre el Medio Humano y se dictaron 109 recomendaciones a los gobiernos y a las organizaciones internacionales. Fue el inicio de la comprensión de que hay una sola tierra. Y 50 años después seguimos teniendo la misma, pero más dañada y al borde del colapso.

Arriba tienen el enlace para poder leer los artículos de esta revista, sólo con el objeto de recordar a más de uno qué poco caso hacen de los análisis y estudios científicos. Pero voy a seguir con otras publicaciones interesantes: en 1985 y 1986 se publicaron dos libros que cambiaron la concepción del planeta: los Atlas Gaia de gestión del planeta. Dos obras que permitían comprender la gestión de los recursos del planeta. Otra vez, la alerta se encendió, pero esta vez con más preocupación. Estos trabajos con una documentación y estadísticas apabullantes, advertían de que el planeta “se encuentra en un momento de transición crítico. El modo en que la humanidad emplee los inmensos recursos de la Tierra en la actualidad, determinará el estado y, en última instancia, la supervivencia de nuestra compleja ecosfera en las décadas y siglos por venir”. El segundo tomo, advertía que recogía el “estado de la vida en el planeta: sus ecosistemas, hábitats y especies: las posibilidades de supervivencia y la historia de la lucha por salvar lo que podamos para las generaciones futuras”.

El autor del primero de los Atlas Gaia, Norman Myers, publicó en 1992 el libro ‘El futuro de la Tierra. Soluciones a la crisis medioambiental en una era de cambio’. En la sinopsis se habla de “El calentamiento global y los abruptos cambios políticos, la supertecnología y el hambre, la teoría del caos y la biotecnología, las extinciones masivas y una oportunidad de paz mundial… ¿Qué clase de futuro podemos esperar?”, para señalar que “este desafiante libro proporciona un conjunto de herramientas para elegir el futuro, y ofrece una esperanza que depende de un cambio radical en el estilo de vida, percepción y valores humanos”. Esto fue hace 30 años.

Vendrían las cumbres de Río, de París… los seis informes del Panel de Científicos sobre el Cambio Climático. Pero seguimos igual o peor. Y todavía hay quienes niegan que el planeta está en un punto de no retorno hacia la autodestrucción de la biosfera (hombre y naturaleza) y que ponen obstáculos al cambio de modelo energético que es el principal causante de esta crisis, emergencia o catástrofe que se avecina para la Humanidad.

PS. Se han hecho cosas, pero a la vista está que no ha sido suficiente. Ni de lejos.

Los Atlas Gaia de gestión del Planeta 1985-86

domingo, 18 de julio de 2021

La Casa de Colón. 70 años de parque temático

Maqueta del Real en 1500 (Casa de Colón)

Unos comentan que fue cuando se habló de celebrar el 400 aniversario del paso de Colón por la isla para descubrir la nueva ruta. En otros textos he leído que fue durante los preparativos de los actos del 400 aniversario de la anexión de Gran Canaria a la corona de Castilla. Lo cierto es que en ambas ocasiones, mi tatarabuelo Agustín Millares Torres, pondría de manifiesto su desbordante imaginación ante los asistentes, hasta que alguien le preguntó sobre el coste de semejantes ideas. A lo que mi pariente respondió: "Si empiezan a hablar de tonterías me marcho". Y así hizo. De aquellos esfuerzos surgió la escultura que hoy permanece en la Alameda de Colón, del genovés Paolo Triscornia di Ferdinando, inaugurada el 13 de septiembre de 1892.

Pero, la idea de mostrar la historia  de Colón a los visitantes (entonces, a finales del s. XIX, 'invalids' británicos, víctimas de la polución industrial y el clima insalubre), con poder adquisitivo y tiempo para curiosidades, caló. Y no se extinguió. En 1951, como celebración central del 18 de Julio (conmemoración del golpe  de estado franquista), fue inaugurada una parte de la Casa de Colón, el espacio temático que realizaron varias personas desde diferentes posiciones para, juntos, crear un discurso para el turismo. Y así surge uno de los museos colombinos más conocidos del mundo. Hoy día es la pregunta principal del visitante en las oficinas de información turística. Antes lo fue el Pueblo Canario.

El barrio fundacional fue protegido. Reinterpretado. Con la Casa de Colón como centro de atracción del 'chone', donde veía que Colón habitó una casa palaciega con pasadizos, loros amazónicos, mazmorras y ninguna reliquia del Capitán de la Mar Océana, salvo la oración grabada en mármol en la fachada de la iglesia de San Antonio Abad.

La influencia de Néstor Martín-Fernández de la Torre estaba presente. El éxito del Pueblo Canario tuvo desde el principio un apoyo social amplio y contó con el aval del poder político insular, en la figura del presidente del Cabildo, Matías Vega Guerra, que recurre a Néstor Álamo, para dirigir la Casa de  Colón. Un proyecto en el que interviene el catedrático Antonio Rumeu de Armas. Además del carácter museístico y multidisciplinar, la Casa tendrá un papel americanista y precursor de la demandada universitaria a través de la Universidad Internacional Pérez Galdós.

El proyecto arquitectónico fue encargado  por Vega Guerra al prestigioso Secundino Zuazo Ugalde, quien contó con los asesoramientos de Antonio Rumeu, Néstor Álamo y el artista Santiago Santana.

Y lo que surgió fue un escenario que viene a ocupar la falta de un equipamiento cultural para el patrimonio público (Archivo Histórico, exposiciones, bibliotecas...), y a la vez centro turístico.

Néstor Álamo no sólo aporta su afinidad con el creador del tipismo canario, sino que se convierte en el impulsor de un folclore que va más allá de los coros y danzas, compone y cuida la interpretación. Ejecuta la visión nestoriana de la romería en Teror y deja brillantes obras como su libro sobre la poesía de La Perejila (cuyas cuartillas le entregó mi abuela, Dolores Sall Bravo de Laguna, pero esa es otra historia). Álamo, además, colaboró con las guías turísticas de Afrodisio Aguado, una editorial que emulaba las célebres y pioneras 'Brown' y 'Baedecker', en las que deja su reseña sobre la Casa de Colón (esta es de 1966): "-Palacio de los primeros gobernadores de la isla- recientemente restaurada, ha formado el Cabildo un Museo en el que los fondos de pintura local -entre los que destacan unos trípticos flamencos del siglo XVI- alternan con cuadros depositados por el Museo del Prado. Carracci, Felcone, Veronés, Menéndez, Morales, Esquivel, Guido Reni, Tristán y Madrazo, entre otros, están representados en sus estancias, muy bien ambientadas con antigüedades y muebles canarios, entre los que destaca una bella colección de sillas populares, muchas de ellas de inspiración inglesa. Los dos patios del Museo, la cripta y el Archivo Histórico Provincial, merecen también una merecida visita. Posee la Casa de Colón una magnífica biblioteca, formada en gran parte por la que fue propiedad del ilustre historiador, don Antonio Ballesteros Beretta". Y así lo cree la mayoría de la población. Pocos imaginan cómo sería la 'casa' de los gobernadores que vio Colón, 9 años después de la conquista 'oficial' de la isla. Y de ahí, surge parte de la genialidad de la construción que anexiona varias viviendas colindantes, de los siglos XVIII, XIX y XX, para crear un único edificio que altera plantas, fachadas, pretiles, ventanas... surge una nueva manzana en el casco histórico de Vegueta, justo detrás de la catedral y la plaza Plaza Mayor que serviría de modelo para las ciudades levantadas por los conquistadores que siguieron los pasos de Colón.

Y hoy, esta Casa, cumple 70 años.

PD. También Santiago Santana participó con sus ilustraciones en numerosas publicaciones turísticas.

domingo, 4 de julio de 2021

Pastores de turistas

Los bikinis, diseñados por Louis Reard 1946
En 1962 llega Manuel Fraga Iribarne a dirigir el Ministerio de Información y Turismo, creado 11 años antes y dirigido por el falangista e integrista católico, Gabriel Arias-Salgado. Pero su cerrazón le llevó al fin de su carrera política, al arremeter contra los intentos aperturistas y pro europeístas de los participantes españoles en el IV Congreso del Movimiento Europeo, contra los que promovió una campaña distorsionada y de persecución, acuñando al célebre 'Contubernio de Múnich'. Fallecería de un infarto a los pocos días de su cese. En cuanto al turismo (como publiqué en el artículo que realicé a los pocos días de fallecer el sucesor en el ministerio, Manuel Fraga), Arias-Salgado tenía una obsesión en torno a la defensa de la fe y de la moral. De hecho, sus acciones más importantes en esa década serían el congreso eucarístico de Barcelona en 1952 y la celebración del año santo Jacobeo de 1954. Su objetivo era acabar con el ‘turismo de alpargata’ que se originó tras la guerra mundial, por lo que combatió la apertura de campings, pero ya se hablaba de esta actividad, incluso en las esferas del Vaticano.

Y así fue. Estamos en la época de Juan XXIII, el papa del Concilio, que iniciaría una serie de discursos sobre la actividad que crecía imparable en el mundo: “El turismo, medio de acercamiento de los pueblos” (1962), donde habla del fenómeno social del turismo, la salvaguarda de valores ante esta actividad y los bienes del “auténtico turismo”. En 1963 insistiría con el discurso “Turismo y pastoral, un problema urgente y de máxima actualidad”, en el que señala la movilidad de esta población que disfruta de las vacaciones señalando que “siempre y en todas partes, pastores de almas”, pero insistiendo en "mantener la forma concreta del celo apostólico”. Por último, sería su sucesor, Pablo VI, quien continuaría con los análisis en su alocución “Servicios religiosos especiales para el turismo”, donde ya expresa los vínculos entre ambas actividades y advierte sobre una actividad que “debe sobrepasar las simples miras económicas”. Y terminaría publicando “Queda mucho por hacer en la pastoral del turismo”, donde plantean objetivos en torno a la “ascética del turismo”.

En España, sería el conocido Vicente Enrique y Tarancón el presidente de la Comisión Nacional de Pastoral, quien trazaría las líneas fundamentales de un Plan Nacional de Acción Pastoral del turismo, presentado en 1964. Tarancón ha sido un personaje clave en la historia de la transición política española, por sus disputas con Francisco Franco y reconocido, posteriormente, por su papel conciliador al frente de la Conferencia Episcopal.

Cabe destacar de las conclusiones del trabajo de grupos, lo relacionado con la moral y costumbres, ya que se señalaba que en aquellos momentos se producía un auge turístico que sorprendía al país, en el que la comunidad religiosa advertía de la “rápida proliferación de salas de espectáculos y centros de recreo. La forma de comportarse en los mismos suele ser de amplia libertad, por lo que son moralmente no recomendables. A pesar de ello, no se vigila con el debido rigor la entrada de menores”. Palabras muy conciliadoras y comprensivas. Nada que ver con las cartas pastorales publicadas por Antonio Pildáin Zapiáin, entonces obispo de la Diócesis de Canarias, en mayo de 1964, justo cuando sufrió el primer infarto que minaría su salud progresivamente hasta su fallecimiento 9 años después.

Pildáin publicaría un durísimo texto titulado “El turismo y las playas, las divisas y los escándalos”, en el que afirma cosas como “Ora sea del desnudo total, ora de ese otro desnudo farisaico, o casi desnudo, que trata de cubrir parte del cuerpo con velos tan restringidos y sutiles, que como decían los Reverendísimos Metropolitanos españoles, sirven más bien para aumentar el reclamo de las pasiones”. Para afirmar que “el mostrarse en la playa, completa o casi completamente desnudos, es gravemente ilícito”. Tras varios párrafos, concluye con un Decreto Episcopal en el que destaca sobre el bikini que “viene a ser como el símbolo de la actual delicuescencia y degeneración de la mujer”, por lo que manda “a todos los confesores que nieguen la absolución a toda persona que no prometa seriamente no volver a usarlo”.

Un cambio drástico se produciría tras la dimisión de Pildáin y la llegada de su sucesor como obispo, José Antonio Infantes Florido, quien tomó posesión en 1967, en pleno desarrollo de Maspalomas Costa Canaria, cuando el conde de la Vega Grande le plantea que hay numerosos turistas nórdicos que le manifiestan su preocupación espiritual al no disponer de lugares para el culto. El obispo le responde que el Vaticano II inició un proceso de restauración de la unidad de los cristianos, el ecumenismo. Y ahí surge la idea de construir el Templo Ecuménico en Playa del Inglés, ejecutado por el arquitecto Manuel de la Peña junto a Ulises Medina. Dicen que es el segundo templo ecuménico en el mundo, pero seguro que es el primero en un destino turístico, y ya cumple 50 años de historia.

El Templo Ecuménico tiene curiosas anécdotas que se perderán con las personas que protagonizaron su creación y su desarrollo. Pero en este caso nos preguntamos si primero fue el ecumenismo o el turismo. Y lo cierto es que el turismo de masas es producto y a la vez impulsor del ecumenismo.

No olvidemos que tras el origen de esta actividad con el 'grand tour' en la etapa del romanticismo (elitista ), es a partir de 1936, con la ley de Leon Bum en Francia de vacaciones pagadas, cuando comienza a despuntar el turismo de masas. Casualmente en 1938 tiene lugar el Consejo Mundial de Iglesias. Pero la segunda guerra mundial lo para todo hasta que se vuelve a recuperar en los 50 la posibilidad de viajar, para lo que además se cuenta con numerosos y más rápidos aviones. Ese crecimiento del transporte aéreo coincide con la creación del Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos por Juan XXIII, en 1960. Estamos ante los primeros charter y los primeros esfuerzos por unir a los creyentes del cristianismo europeo que ya no se encierran en sus países, sino que comienzan a moverse en masa entre fronteras. Es el turismo de masas, ecuménico y de sol y playa, donde el bikini, el monokini o el sinkini van a triunfar. Las aspiraciones moralistas de parte del clero también se adaptan, e incluso, otras confesiones tienen que convivir con el turismo en sus diferentes manifestaciones, como es el caso de las mezquitas, que también podemos encontrar en destacados enclaves de Playa del Inglés. Los pastores se mantienen al lado de los turistas.

sábado, 3 de julio de 2021

Maspalomas, Campus Internacional de la ULPGC, un reto

Manuel Castells en su intervención 

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria dispone de varios campus: en la capital grancanaria, Cardones, Lanzarote y Fuerteventura. Pero desde el barrio de San Cristóbal hacia el sur, su presencia es casi imperceptible, salvo como valedor de las actividades que organiza y financia el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Pero algo está cambiando y va a cambiar próximamente, tal como ha manifestado el nuevo equipo rectoral. A eso me referí en mi intervención ayer durante la inauguración de la XXIX edición de la Universidad de Verano de Maspalomas. Y el vicerrector de Internacionalización de la ULPG, Jin Taira, lo reconoció como un objetivo marcado por el Rector, Lluís Serra Majem. Les dejo aquí las palabras que había escrito para el acto que contó con la participación por videoconferencia del ministro de Universidades, Manuel Castells:

"Hace 5 años tuve que dejar la dirección de la UVM por acceder al cargo de jefe de prensa del Ayuntamiento satauteño. Hoy, como un deja vu, revivo la situación, pero como jefe de prensa del Cabildo Insular.

En 2012, recogí esta Universidad en plena crisis económica, con un brutal recorte presupuestario, pero logré que sobreviviera y marqué rumbo hacia la internacionalización o la utopía. Y algo conseguí en aquellos años en los que -decían- no había dinero. El resultado fue el Foro Internacional de Turismo, el Camp Internacional Rotario sobre la Paz y Resolución de conflictos, y el Festival Internacional de Trompeta.

A mi vuelta a la dirección, enfrento la crisis sanitaria y la emergencia climática.

Otra curiosa coincidencia es que hace 5 años me despedí sugiriendo, en la clausura, el cartel de la siguiente edición. Quería contar con Manuel Castells en la inauguración de aquel curso. El entonces alcalde no lo entendió. Pero yo soy cocúo, como diría nuestro Pepe Monagas, y, 5 años después, estamos aquí, en esta sociedad red escuchando a Manuel Castells. Sigo sin creerlo.

Sólo me resta agradecer a las instituciones, empresas, a todo el personal de este Ayuntamiento, al actual grupo de Gobierno, y a este equipo  de organización, comunicación y colaboradores que hagamos posible ofrecer a la población -de uno de los lugares de España más golpeados por esta crisis-, un programa con 24 cursos y 12 talleres, en torno a importantes cambios pos pandemia: la sostenibilidad, el turismo,  la cultura audiovisual, la transición igualitaria y, en definitiva, la incertidumbre. 

Contenidos que suman 36 oportunidades para reinventar la vida profesional, o para reflexionar sobre la vertiginosa transformación del mundo que nos rodea, bajo la premisa de nuestros grandes artistas: Tomás Morales, Néstor Martín-Fernández de la Torre y César Manrique, quienes intentaron inculcarnos que debíamos hacer de la vida una obra de arte. 

Con esa idea hemos preparado la 29 edición de la Universidad de Verano de Maspalomas. Disfrútenla y ojalá que sirva para que la 30 edición pueda realizarse convertida como parte del Campus Internacional de Maspalomas, que merece y necesita este lugar.

Gracias"