viernes, 19 de agosto de 2011

La estrategia turística canaria invisible

Portada del libro
Ya en los primeros trabajos sociológicos sobre el turismo de masas (‘de sol y playa’, si así lo prefieren) en España, dirigidos por Mario Gaviria (‘España a go-go. Turismo charter y neocolonialismo del espacio’, 1974;  o ‘El Turismo de playa en España: chequeo a 16 ciudades nuevas del ocio’, 1975), se nos muestra claramente la política de turoperadores y agencias en busca de un beneficio máximo, un objetivo que marca una estrategia a través de la cual se pretende “introducir al ‘hombre acrítico’ dentro del circuito del consumo turístico, prometiéndole el acceso a mundos míticos presentados de forma que su gozo resulte posible, por lo que las vacaciones adquieren un matiz de incuestionabilidad que imposibilita toda reflexión y, desde luego, toda crítica”.

Es así que las agencias y turoperadores nos ofrecen el sueño impreso en grandes catálogos especializados según los destinos, tipos de turismo, o por ofertas, donde la identificación del posible cliente con los modelos humanos que aparecen en las fotografías está garantizada por la falta de definición (edad, estatus económico…) y que resaltan a las propias vacaciones como si fueran un producto de primera necesidad y obligado consumo.

Lo cierto es que las vacaciones se convierten (desde que los charter las transformaron en el fenómeno de turismo de masas) en el mecanismo para extraer una última plusvalía de los trabajadores –clases medias y bajas- a quienes manipulan a través del control de los turistas desde el país de origen para así presionar y conseguir las mejores condiciones (en ocasiones leoninas) de los destinos turísticos, ya que éstos, los Estados receptores, han sido sustituidos en su papel de productor turístico, papel que se atribuyen los turoperadores, lo que les permite manipular a su antojo los  valores paisajísticos o culturales, los establecimientos y su ubicación los territorios de mayor calidad que existen en el mundo. Eso sí, gracias a la complicidad de quienes creen que otro turismo no es posible.

De ahí que los grandes turoperadores y agencias lleven a cabo una labor de control económico a través del producto principal: el turista, mediante la amenaza de la sustitución por otros destinos o establecimientos. De hecho, los folletos presentan una premeditada homogeneidad de todos los establecimientos y destinos, se evitan presentaciones privilegiadas y así, si lo necesitan, pueden derivar la demanda según sus pactos económicos. De esta forma, el folleto ha servido para que el turista decida consumir vacaciones, pero no para elegir el lugar concreto donde llevarlas a cabo con vistas a lograr el riguroso control del consumo turístico por parte del turoperador, ya que apenas está insinuada en dicha propaganda que el viajero pueda salir del hotel salvo en las visitas acordadas (y pagadas). De hecho, el análisis de dichos documentos permite comprobar que el tratamiento referido al mar vende más la certeza de su existencia que la posibilidad de su uso para los destinos de sol y playa.

En este escenario se desarrolló el destino turístico de Canarias, en especial tras la puesta en marcha de Maspalomas Costa Canaria en 1962, si bien en sus primeros momentos existió un comité técnico que supervisaba y decidía las cuestiones urbanísticas y arquitectónicas, por lo menos fue así hasta que el Ayuntamiento se 'hizo grande' y dotaron a la Corporación de funcionarios y a su política urbanística de decisiones en despachos que -al calor del esplendor del vellocino de oro- modificaban normas y usos al arbitrio de intereses particulares.

Así se consolidó el sur de Gran Canaria como un destino charter, de masas, de sol y playa... Un destino 'commodity', o mercancía, genérico, básico y sin mayor diferenciación entre sus variedades. Precisamente, lo que buscaban los interesados en poder desplazar a sus turistas hacia otros destinos según el beneficio que pudieran obtener.

Las imposiciones de los turoperadores obligaban a reducir precios y, por tanto, rebajar costos y aumentar la ocupación para poder lograr beneficios, lo que da lugar al hotel mecánico, transformado en ‘fábrica’ de vacaciones bajo la obsesión de encerrar al turista en el establecimiento para que realice el gasto en el mismo. Así, durante todo este periodo de casi medio siglo, los turoperadores han actuado como oligopolios de demanda, con una fuerza superior a la oferta que no ha sabido diferenciarse y posicionarse con una oferta que supere las barreras de los intermediarios de la demanda.

De ahí que, señala Gaviria, “conjugado con el enorme desinterés por el paisaje, muestra la verdadera imagen de un tipo de vacaciones, de un tipo de turismo nacido a partir de la década de los 60 y que permite a las clases media y baja de los países industriales gozar del sol y del buen clima, así como de una diversión garantizada fundamentalmente por el constante consumo de alcohol a bajo precio”.

Por ello, insisto, las políticas llevadas a cabo en Canarias no han servido para crear una oferta que supere el sambenito de turismo de masas, el tópico del sol y playa (y clima) y que conviertan a Canarias en un destino atractivo diferenciado de sus competidores, capaz de atraer público de todas las edades y que deseen venir a las Islas sin que puedan ser manipulados por los turoperadores y sus intereses especulativos.

Tenemos el mejor clima, excelentes instalaciones y una planta alojativa suficiente y de calidad, equipamientos e infraestructuras, experiencia y una marca consolidada. ¿Nos falta…? Un poco de audacia y crear productos que nos lleven más allá de los tópicos y dejemos de ser un destino commodity. Para ello los empresarios han de apoyar ideas y nuevas apuestas, y los políticos deben apoyar la elaboración de planes estratégicos y de marketing y dejar de distorsionar el mercado con normativas que no pueden ser aplicadas de forma general, sino en cada isla con un proyecto claro de futuro, lejos de las palabras vacías y decisiones populistas pero que conducen a la ruina del sector.

jueves, 4 de agosto de 2011

Sioux City, pionero de los parques temáticos en España

Cartel de 'Por la senda más dura'
Sioux City fue construido en el año 1.971 e inaugurado en el año siguiente para el rodaje de películas y, según sus propietarios, “esta considerado único en Europa por el hecho de que no sólo tiene las fachadas sino que está completamente construido”.

Ubicado en un barranco montañoso y cubierto de cardones y tabaibas, de “belleza singular y salvaje”. Se diseñó y construyó con la intención de que fuera una réplica de las ciudades del ‘salvaje Oeste’ americano. Según publica la revista Costa Canaria (número 23, de diciembre de 1971) "han intervenido técnicos y decoradores norteamericanos. Un 'far-west' que ha costado muchs millones de dólares para recreo y admiración del visitante".

Este espacio, pionero en España de los parques temáticos, cuenta desde sus inicios con numerosos profesionales, especialistas, jinetes, cuidadores de caballos, artesanos, y personal de restaurante y cocina.
Durante 40 años, Sioux City ha sido escenario de espectáculos diarios y en determinadas ocasiones fondo y "plató" de muchas películas, teleshows, videoclips, anuncios publicitarios, etc. Según la empresa que gestiona la ‘ciudad’, algunos de los títulos rodados son:
Así como anuncios para revistas como: Vogue, Elle, Nicloe, etc.

Este espacio ha sido también escenario de conciertos y actuaciones de grandes figuras como: James Brown, Gloria Gaynor, Joaquín Cortés, Los Inhumanos, Rebeldes, etc.


En este parque temático se unen varios elementos que reflejan el espíritu de los primeros años del turismo en Canarias, donde además de lanzar una oferta importante de establecimientos alojativos, se desarrollaron iniciativas arriesgadas para dar al turista una oferta complementaria que, además, impulsara también otras líneas de negocio, como la cinematografía.

En los últimos años, las iniciativas empresariales han pecado de reiterativas, actuando la mayoría de las inversiones sobre productos que existen en todos los destinos: hoteles temáticos, golf, spa…

¿Se ha perdido en la iniciativa empresarial canaria el espíritu de los aventureros y héroes del ‘salvaje Oeste’?

lunes, 1 de agosto de 2011

Cáceres insta a cambiar el modelo turístico y la 'porquería extendida'

Eduardo Cáceres
El catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio y profesor emérito de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Eduardo Cáceres Morales, pronunció la conferencia de clausura de la XX edición de la Universidad de Maspalomas, que tituló ‘Algunas ideas sobre el fenómeno turístico en el sur de Gran Canaria’. Dicha conferencia supuso un repaso a la situación de la costa de San Bartolomé al celebrarse en estas fechas el cincuenta aniversario de la convocatoria del Concurso Internacional Maspalomas Costa Canaria que significó el inicio de la construcción de la gran ciudad turística que hoy día recorre la costa desde Bahía Feliz hasta Meloneras.

Para el urbanista, es preciso saber dónde estamos para afrontar los retos que provoca una situación que presenta problemas de inestabilidad interna y externa, que obligan a modificar el modelo turístico a través de consorcios públicos y privados, con la cooperación regional y con medidas medioambientales.

Cáceres hizo una breve descripción de la situación del turismo en las Islas en los dos últimos ejercicios, pero insistió que la recuperación de los últimos meses no nos debe conducir a tirar campanas al vuelo, ya que la madurez del destino Maspalomas es una evidencia, sobre todo en determinadas zonas donde este proceso llegó en el 2000.

“No se trata de más o menos turistas”, afirmó, sino de si el modelo vale o no. De ahí que comentara que en los sectores urbanos de la costa de Maspalomas, existen unos porcentajes de espacios para superficies libres colectivas insignificantes, aunque con algún espacio pero que está ocupado por terrenos de nadie (solares) o campos de golf. Por el contrario, las superficies libres interiores en los complejos de apartamentos y hoteles son amplias, pero no accesibles para cualquiera, lo que lleva a una “endogamia de los resorts”.

También criticó la distribución y organización de las alturas, o la confusión enorme de viarios y el excesivo espacio ocupado por las carreteras y calles en las zonas turísticas.

Más tajante fue al señalar que el deterioro urbanístico en determinadas zonas es muy grave, al aportar el dato de que un 3% de las construcciones de Playa del Inglés debería ser tirado, pero que a punto de entrar en la consideración de derruible se encontraría el 39% de las construcciones de la zona. Otro desaguisado urbanístico es la presencia de un 43% de área residencial, no turística en San Agustín, al tiempo que otro 26% de los establecimientos turísticos no están reglados. Algo similar ocurre en Campo Internacional, donde el 56% son residencias privadas y sólo el 24% corresponde a establecimientos reglados.

Cáceres insistió en que debería cambiar el modelo de ciudad, que antes de ser turística debería ser ciudad, con sus actividades integradas en la trama urbana. Criticó “la endogamia de los resort, el efecto perverso de los centros comerciales, la dislocación de las comunicaciones, la falta de espacios libres, la falta de cuidados medioambientales y el deterioro edificatorio” y propuso diez ideas para reconvertir la situación actual, la “porquería extendida por la zona”:
  • Mentalidad nueva para un producto contemporáneo
  • Nueva idea de ciudad turística planificada y con centros urbanos
  • Técnicamente competente
  • Innovación tipológica de cada establecimiento
  • Nuevo oferta alojativa y de servicios segmentada
  • Actividad comercial distribuida estratégica y homogéneamente
  • Bulevares de ocio
  • Urbanismo con capacidad suficiente para la convivencia del uso turístico y la ciudad
  • Formas de explotación flexibles, compatibles con grado de profesionalización y rentabilidad
  • Carácter identitario del lugar: Estoy en Maspalomas y no en cualquier otro punto del planeta.
A estas sugerencias, añade que exista un comportamiento transparente y honesto de la gestión pública y privada. También resaltó el escaso suelo utilizado en el desarrollo turístico, comentando que existen más territorios que pueden dar cabida a la necesidad de parques temáticos, con diseños que contribuyan a la transformación.

martes, 26 de julio de 2011

Un libro para evidenciar los fracasos de la planificación turística

Portada del libro
Acabo de finalizar la lectura del libro ‘Condicionantes de la competitividad turística grancanaria’, cuyo autor es Antonio Garzón Beckmann, a quien tengo el honor de conocer personalmente, así como a su padre, Daniel Garzón Luna, profesional del turismo que no se ha mantenido al margen, al poner en evidencia las incongruencias de un sector que ha estado en manos de caprichosos intereses políticos y carecer de un sector empresarial local con un mínimo de unión para defender sus intereses y plantear una estrategia de presente y futuro, a medio y largo plazo.

Llevo muchos años a la caza de libros, estudios, folletos y artículos que aporten luz a nuestra principal actividad económica –la locomotora- de Canarias, el turismo. Y lo cierto es que hay poco material, demasiado poco para la importancia que tiene para nosotros. Incluso podríamos hablar de épocas de absoluto silencio. No es así con la publicación de revistas y prensa especializada (como los numerosos ejemplares de Canarias Turista entre 1910 y 1930) o los 41 números de la revista Isla (entre 1946 y 1969) o inmediatamente después las voluminosas y cargadas de publicidad bajo el nombre de Costa Canaria. Si a estas publicaciones les añadimos los numerosos libros, folletos y publicaciones en forma de guías… Una ingente y cuantiosa obra que habla del turismo en Canarias y que apenas profundiza sobre este sector.

La obra de Garzón Beckmann surge en un momento en el que se está formando un ámbito de opinión, debate e ideas muy importante para el turismo en Canarias. Tanto desde los profesionales del sector (más concienciados y valorados), como los empresarios (con un papel protagonista del capital canario) y las instituciones políticas (ya no es ‘María’ el Turismo), parece que se están dando pasos hacia un serio y riguroso tratamiento de la actividad turística, incluyendo un cierto apoyo (en recuperación) de la sociedad civil.

Decíamos que hay pocos trabajos sobre el turismo en las Islas, pero el libro de Antonio Garzón no es un libro más sobre Turismo en Canarias. Por el contrario, es un excelente análisis del gran fracaso de la planificación inadecuada, de la falta de comunicación y consenso, de la inexistencia de un plan estratégico, del triunfo de los miedos, fobias, frustraciones y de la ignorancia que ponen en grave peligro la supervivencia del turismo en Canarias y, por ende, su principal fuente de riqueza actual y a medio y largo plazo.

El libro de Garzón Beckmann es para leerlo despacio, tomar nota y discutirlo públicamente. Reconocer los errores y abrir las ventanas de las cuestiones que pone sobre la mesa para el debate. También es una obra que permite avanzar en aquellos aspectos que no profundiza, al tener un sesgo muy centrado en el aspecto alojativo, si bien deja entrever claramente que el modelo turístico de Canarias –en particular de Gran Canaria- precisa un replanteamiento que pueda posicionar la Isla como un destino con excelentes referencias (históricas) para el turista de sol y playa, pero con nuevos productos que puedan ser tan importantes (o casi) para atraer turistas que consuman y que vengan en cualquier temporada y con atractivos para todos los perfiles de usuario (el llamado familiar, donde tenemos el mayor déficit).

No se trata de un libro que pueda ‘despacharse’ en un artículo, sino más bien capítulo a capítulo. Por ello, hablaré con el autor y amigo para ver si está conforme en que su obra pueda ser profundizada públicamente y colaborativamente para así poder contribuir en la segunda y necesaria edición de este libro. Un trabajo que es fundamental analizar, aportar ideas y argumentos, dar a conocer y exigir mayor responsabilidad a los agentes que intervienen en el Turismo, ya que en ello nos va el presente y el futuro de este territorio insular.

domingo, 17 de julio de 2011

La rehabilitación turística no basta, necesitamos un Plan de Reconversión

Costa Teguise
La foto actual de Canarias –en particular de Gran Canaria- es inquietante, con oscuros nubarrones sobre un territorio con pinceladas de devastación junto a imágenes idílicas de un pasado y presente de este paraíso de leyenda: Mayor nivel de paro de España, los salarios más bajos, diáspora de la ‘generación más preparada de nuestra historia’, marginalidad…

Este retrato del momento actual contrasta con la realidad de hace apenas tres o cuatro años, cuando el desempleo se reducía a un tercio del índice actual (aunque siempre por encima de la media española). Y es que partimos de una situación que combina el hecho insular con su realidad colonial/periférica histórica y presente. Un colonialismo que tiene su origen en la ocupación y apropiación del territorio y sus habitantes, convertidos en mercancía humana, y que se extiende a lo largo de los siglos hasta que hace poco más de dos décadas, cuando las islas asumen un autogobierno ultraperiférico con una sociedad atrasada, sin apenas infraestructuras, con el nivel más elevado de analfabetismo del Estado y con la herencia de una estructura administrativa, económica y cultural ultracentralista.

Los éxitos y logros de la economía canaria a lo largo de su historia permitieron –cíclicamente- obtener importantes beneficios para los intereses foráneos, sin tener en cuenta la necesidad de estrategias para que estas Islas pudieran tener recursos suficientes con los que garantizar el mantenimiento de su población y su competitividad. Por el contrario, sólo interesaba obtener las rentas inmediatas y las divisas que pudieran entrar por Canarias, tanto en su sector primario como posteriormente en su turismo. En esto estábamos cuando surgió el turismo de masas y el cambio político, con una sociedad que rápidamente se benefició de las rentas, pero que no llegó a planificar ni tener el control sobre el sector turístico porque apenas existían capitales locales para ello. De ahí que fueran empresas peninsulares y fondos germánicos liberados por la Ley Strauss, o inversores nórdicos. De ahí que el turoperador asumiera tempranamente la dirección de marketing del destino canario (estudios de mercado, política de precios, definición del producto en su catálogo, política de imagen y de comunicación, etc).

Hoy día, el escenario es distinto. Hay capital canario invertido en grandes grupos turísticos (incluso en turoperadores), pero Canarias sigue viviendo del sol & playa en exclusiva, gracias a su clima y a su proximidad a Europa. Y nada más… Y sol y playa es una combinación que se da en muchas partes del mundo. Demasiadas.

Por ello, por ese monocultivo turístico, no estamos exentos de amenazas: que si hay más competencia de sol & playa con precios más bajos; que si perdemos atractivo por la ‘madurez’ de las zonas turísticas más que amortizadas, abandonadas; que si la naturaleza lanza las cenizas de un volcán islandés y paraliza el tráfico aéreo (y el turoperador reduce unilateralmente sus pagos por esas pérdidas); que si el cambio climático afecta a nuestras playas e incrementa el número de días de siroco con el paisaje cafényleche; que si los combustibles sólidos se van a acabar y se encarecerán los transportes aéreos; que los controladores aéreos o los limpiadores de aeropuertos se ponen en huelga (o de baja colectiva)… etc…

En este escenario, la pregunta es obvia ¿tenemos futuro?  Está claro que todo es ponerse: que si la biotecnología (aunque sea con un apoyo más que simbólico), el liderazgo de los puertos en carga (aunque el millón de TEUs de La Luz no llegue ni por asomo al tráfico de Algeciras, por citar uno, o nos enfrentemos a la competencia de los puertos marroquíes); perdimos nuestro papel como centro de capturas y distribución de la pesca del banco canario-sahariano; tenemos una agricultura que sobrevive gracias a las subvenciones de la UE; nos enredamos sobre qué hacer con el petróleo en nuestras costas (aunque el beneficio se lo lleve otro o nosotros rechacemos su explotación por el impacto sobre nuestras islas); o un futuro como centro financiero; o que cambien las tornas y nuestro territorio vecino deje de ser un Magreb pobre y en conflicto…

Encima de no tener claro otro escenario económico, estamos junto a una de las zonas más pobres del planeta y en conflicto latente, gracias a la política española y su vergonzosa huída del Sahara, incumpliendo las recomendaciones de la ONU y sin importarle lo que supondría para Canarias la inestabilidad en la zona.
Pues sí, siendo realistas, si falla el turismo en el momento actual viviremos una terrible catástrofe, porque la situación actual con un 28,52% de parados es la antesala del desastre. Y si no hacemos nada, el futuro llega mañana o pasado y convertirá este jardín de las Hespérides en un polvorín.

Todos coinciden: el modelo ha de cambiar. ¿Pero qué hacemos para conseguirlo? Se nos venden planes de rehabilitación, consorcios, planes de modernización y de dinamización… En definitiva, labores de adecentamiento, chapa y pintura. Fondos escasos para prolongar unos años la agonía y decadencia de los enclaves turísticos. Un acuerdo entre metrópoli y ultraperiferia para que todo siga igual que antes, cuando todos sabemos que ya nada es igual al pasado reciente.

Insisto en lo de la condición de Canarias como ultraperiferia, ya que en escasas ocasiones se ha apostado (como el caso de Manuel Fraga, y luego lo explico) por Canarias como un lugar donde el Estado apueste por su liderazgo mundial en turismo. Quizás porque teman que pensemos que somos capaces de autogobernarnos si nuestros recursos nos lo permiten. Y, sí, digo liderazgo porque nunca nos han apoyado para ir más allá del sol y playa, con ofertas que nos posicionen como destino único, o para ser sede de eventos internacionales (y veremos qué hacen con la propuesta de la Expo Canarias 2023), mientras otras ciudades españolas potencian -con recursos de todos- sus infraestructuras y su marca internacionalmente.

Tampoco se nos ofrece superar nuestra dramática situación laboral con una reconversión como las industriales en los setenta o de los ochenta (que se pagaron con dinero canario también). Ni se impulsó un INI turístico que facilitara la continua renovación de la planta alojativa y el impulso de oferta complementaria que pudiera situarse al mismo nivel que la marca Canarias o Gran Canaria a la hora de identificar el destino por parte de los potenciales turistas (ya he comentado que Eurodisney ha tenido 150 millones de visitantes entre 1992 y 2010, lo que contrasta por cinco mil habitaciones hoteleras en comparación con Gran Canaria, por ejemplo, con sus 65.500 camas hoteleras).

En resumen, con el escaso dinero que aporta el Estado para apoyar la industria que está tirando de la economía canaria, apenas podemos realizar unos arreglos que no garantizan el rejuvenecimiento del destino, con una oferta de ocio complementario pobre y en declive, con el desarrollo de productos turísticos incompletos, sin innovación, intervencionismo inadecuado (moratorias, planes insulares…), con infraestructuras anticuadas e insuficientes, pero no garantiza nada el futuro frente a competidores más modernos y baratos, ni evitará las repercusiones económicas, sociales y estructurales del declive de Canarias como destino turístico.

La rehabilitación o modernización, con escasos recursos y sin plan estratégico, es insuficiente. Hay que ser más contundente, como señaló el subdirector de Air Berlin, Pablo Caspers: “Hay cosas que no se pueden adaptar, sino que es necesario tirar y volver a construir. Es difícil competir con hardware antiguo y Canarias, si no pone remedio, pude perder cuota”.

Con una apuesta decidida de RECONVERSIÓN y MEJORA PERMANENTE, podríamos desarrollar la estrategia de futuro del nuevo destino. Podríamos abordar expropiaciones de camas que han salido del mercado y se encuentran en lugares de extraordinario valor para el turismo. Podríamos revertir ese suelo expropiado (recuperar el gasto realizado) para proyectos de establecimientos de gran calidad, parques temáticos innovadores y otros (a través de concursos o subastas). Podríamos lanzar hitos que sean símbolos internacionales, como ha sido el Guggenheim para Bilbao (sin que con esto pretenda decir que lo copiemos o que volvamos a caer en aumentar el número de museos, que eso no es lo que busca el turista).
En definitiva:
  • Tenemos que exigir al Estado financiación suficiente para un plan que permita reconvertir el destino turístico, no para arreglar aceras y fachadas.
  • Tenemos que impulsar una estrategia desde Canarias, ya que nosotros sabemos quiénes somos y quiénes son los turistas. Lo hemos aprendido de nuestros bisabuelos, abuelos, padres y lo llevamos en nuestra sangre, en el Adn (“el trabajador canario lleva la hospitalidad en la sangre”, Bjorn Lyng. La Provincia 14/10/1999).
  • Tenemos que ser líderes, creerlo también. Somos el destino (en especial Gran Canaria) que tiene la mayor fidelización en Europa… Pero podemos aprovechar las fortalezas para potenciar el liderazgo europeo en turismo de sol, playa, bienestar y ocio.
  • Y tenemos que aprender de los líderes turísticos en el mundo. Porque estamos todo el día recordando que nuestros históricos enclaves turísticos son maduros u obsoletos y tan sólo tienen cincuenta años o menos. ¿Y Las Vegas, con 39 millones de turistas al año? ¿después de ochenta años? ¿No envejece?
  • Tenemos que revisar las normas que nos ahogan y nos hemos impuesto, como la Moratoria, que según la isla que se trate ha sido negativa o una catástrofe.
  • Tenemos que defender el paisaje y el paisanaje, pero con la convicción y no sólo con la norma administrativa arbitraria (“si no crecemos respetando el medio ambiente, la tortilla podría volverse manchando al cocinero”, Bjorn Lyng).
Tenemos que… Tantas cosas que podemos hacer… ¿Por qué no nos atrevemos? ¿Por qué nos conformamos con las migajas de las reconversiones realizadas en este país? ¿Por qué invertimos más en aumentar los aeropuertos y no en reconvertir los destinos turísticos para que vengan los pasajeros que todavía caben en esos aeropuertos…?

PD: tal como dije más arriba, es de destacar el papel de Manuel Fraga, quien apostó atraer inversión, la creación de infraestructuras, los paradores… Errores aparte, las inversiones de su etapa como ministro de Turismo sí que supusieron una reconversión para Canarias.