lunes, 26 de octubre de 2020

Entender el turismo para reconstruirlo

Abanico y Rotonda (demolidos)
La crisis turística ha dado lugar a la búsqueda de posibles fuentes de riqueza alternativas al turismo en Canarias. Y no es que se quiera eliminar la actividad que representa el 36% del PIB isleño o cualquier otra producción y servicios que contribuyen, también con sus impuestos, al PIB, al empleo y a la renta per cápita, sino que si no hay turismo habrá que buscar dónde puede trabajar el 40% de los/as empleados/as de las islas. Pero, además, si existieran alternativas serían compatibles con el turismo. Una actividad que no ha suplantado, limitado o prohibido el desarrollo de otras formas de creación de riqueza y empleo. Por el contrario, las ha impulsado. Hemos comprobado estos meses su impacto en muchos productos km 0 o la industria local y cómo impulsa el sector servicios y comercial. Turismo es todo. Lo tangible y lo intangible. Somos todos. Y por eso debemos preocuparnos y preguntarnos quién decide sobre el turismo y nuestro futuro.

Estamos ante una actividad transversal que afecta a casi todo en casi todos sitios, en mayor o menor intensidad. En todo el mundo. Un planeta donde cada vez había menos lugares con colas de turistas (incluso en el pico Everest), donde la cultura de viajar se extiende a casi un tercio de la población mundial, y hay lugares como los 'sures' de nuestras islas, creados para un tránsito constante de personas cuando antes del turismo eran costas desérticas, improductivas. Allí se puso a producir el espacio. ¡Y tanto! Un espacio afortunado y deseado por los europeos, sobre todo en invierno. 

Así hemos visto nacer y crecer ciudades/espacio para esa colectividad desplazada por períodos -estaciones-, los migrantes o refugiados climáticos, quienes generan una actividad que es tan amplia que, tras más de treinta años escribiendo y aprendiendo sobre el turismo, sigo encontrando entresijos apasionantes. Sigo sorprendiéndome de la iniciativa e inventiva de la Humanidad y cómo hace del turismo su forma de vida en innumerables variedades. Pero bueno, también hay actividades más enriquecedoras y de futuro que deberíamos promover. Pero no es que no se intente atraer inversión, al contrario, porque son muchas las facilidades y ventajas de nuestro territorio implantadas desde hace décadas, con escaso éxito porque no vemos prodigarse tantas empresas como para superar a la actividad turística, salvo que la pandemia cambie la tendencia. Ni el clima, el REF, la Zona Especial, ser territorio europeo, las infraestructuras sanitarias, el IGIC vs IVA, la conectividad, los centros de I+D+i, las universidades, ocio, deportes y cultura todo el año... ¿Qué más quieren para convertir Canarias en Silicon Islands, o en Canarywood? Con medio millón de camas en instalaciones turísticas de calidad para atender esas iniciativas...¿dónde mejor que en el paraíso de las Afortunadas? Pues algo no funciona en esas promocionadas fortalezas y oportunidades para que sigamos (hasta el Covid-19) con la hegemonía del turismo. 

Hay países que tienen -o tuvieron- importantes cantidades de materias primas: el petróleo, los minerales, o incluso la capacidad de invención porque no profesan el españolísimo “que inventen ellos” (Miguel de Unamuno). De hecho, nos dijeron hace unos meses que entre tabaibas y dragos tenemos minerales raros y muy valiosos. La mala noticia es que para extraerlos y separarlos tendríamos que desmontar el Archipiélago y vivir sobre una montaña de escombros para poder vender el telurio, el vanadio o el itrio, hasta que se agote, como se acaba el petróleo, el oro o el aire puro. Sin olvidar que las zonas industriales extractivas en el mundo son las que presentan peores niveles de contaminación, o exportan residuos nada inofensivos a otros lugares, que se convierten en cementerios de productos contaminantes.

Tenemos un clima estupendo para la agricultura, pero ya sabemos de memoria la 'Polca frutera’ (Los Sabandeños) y conocemos la dureza del día a día del trabajo en un invernadero sofocante, o en las terrazas que escalonan los barrancos de las islas, labrados durante siglos y que hoy lucen abandonados y derrumbándose. La realidad estadística es que el sector primaro tan sólo supone el 1,5% del PIB y el 2,1% del empleo Todo ello a pesar de ser uno de los sectores más subvencionados. Tampoco olvidemos la importancia mundial del banco pesquero que fue canario y hoy está siendo saqueado por flotas de China, Turquía y la UE, sin que existan ya barcos isleños que puedan vivir de esos recursos. Bueno, se pueden desarrollar piscifactorías, pero ese es otro tema.

El sector industrial cuenta con medidas proteccionistas para las escasas fábricas existentes en las islas, pero hablamos de más o menos el 3,7% del PIB y el 1,4 del empleo. Por lo que, sin turismo, tanto la limitada industria como el agonizante sector agropecuario pierden uno de sus principales soportes.

Y, todavía, seguimos considerando el turismo como un enemigo de nuestra tierra. Sin diferenciar entre el turismo de masas, más vacacional y masivo, del experiencial, el de mayores y tantas otras modalidades. Sólo nos percatamos de la masificación del espacio y su rentabilidad puesta en cuestión por los intermediarios (nueva versión de la 'Polca frutera'). Y nos enfrascamos en buscar culpables sin asumir nuestra cuota  de responsabilidad. Porque no es que nos hayamos prodigado en apoyar otros tipos de turismo, en los que se genere más renta y valor añadido en el destino. Sobre todo en un Archipiélago donde 'vendemos' el paisaje, el clima, el sol... Y todo eso es gratis, por lo que los anuncios de una tasa siempre han desatado la polémica.

Hay opiniones contrarias a esta actividad, con sus razones, que culpan al turismo de la crisis (no sólo de ésta), mientras hemos estado décadas sin preocuparnos por cómo vivir y progresar en un entorno que nos produzca orgullo, salvo visionarios como Néstor Martín-Fernández  de la Torre o César Manrique, quienes nos advertían de la responsabilidad  común y la importancia de cada detalle, de vigilar los fundamentos de una actividad que ha supuesto la etapa más larga de desarrollo, pero que podría ser mucho más y no sólo económicamente, pero para ello hay que entender el turismo y, a pesar de llevar un siglo y medio conviviendo con él, adaptándonos a él, seguimos siendo unos analfabetos. Y eso nos limita las posibilidades de reconstruir o reconvertir el paraíso.

sábado, 24 de octubre de 2020

Antígenos ‘low cost’

Test de antígenos.
Si repasamos los últimos siete/ocho meses podemos hacer la secuencia de héroes y villanos de la película Covid-19. Para salvar a la población se arriesgó la salud de los/as sanitarios, que fueron la primera fila del combate con un enorme costo de vidas de profesionales quienes sin dudarlo atendieron a los pacientes de una enfermedad desconocida, con un porcentaje de mortalidad bajo -salvo para la población de riesgo- pero con una capacidad de propagación sorprendente, sin medios, ni EPIs ni mascarillas... pero no dudaron en actuar y aliviaron el sufrimiento de muchas personas, así como salvaron numerosas vidas. ¡Gracias infinitas!

Para garantizar el abastecimiento a la población se mantuvieron los/as empleados de los supermercados y servicios esenciales. Sin saber apenas nada de cómo evitar los contagios, han intentado proteger al personal de tiendas con mamparas y mascarillas tras las cuales encontrabas una sonrisa y una enorme preocupación. ¡Gracias, de corazón!

Para mantener los programas educativos ponen al profesorado ante un riesgo multiplicado. ¡Gracias, por el futuro de los/as más pequeños y jóvenes!

Y para salvar la economía son, ahora, los/as trabajadores/as de la hostelería quienes han de atender a miles de personas, que huyen de sus países confinados o en toque de queda y con niveles de contagio superiores a los que hay en las Islas Canarias (cuando hace unos días era al revés…). Está claro que, como señalan los medios especializados, la consideración de Canarias como “destino seguro” en la pandemia ha desatado una locura por viajar a nuestras islas entre británicos, nórdicos y germanos. Y es que no sólo tenemos menos contagios, sino que además no tenemos toque de queda, ni temperaturas gélidas o lluvia que impidan disfrutar del aire libre. De hecho, aquí podrán disfrutar del atardecer en una terraza sin mascarillas y tomando una bebida refrescante tras un día de playa tumbados al sol sobre una hamaca, con temperaturas por encima de los 20 grados.

El ‘efecto llamada’ ha sido inmediato y se ha desatado la "locura por viajar a Canarias". Las búsquedas en internet de pasajes para viajar a nuestro archipiélago han crecido un 500%. Y las aerolíneas ya han confirmado más de 70 vuelos por semana desde Alemania (13.000 plazas) y más de 90 desde Reino Unido (18.000). Supongo que vendrán con una alta ocupación, no como hasta ahora, y a estos habrá que sumar los que vengan de la Península y de los países escandinavos.

La noticia mala es que comienzan ya a llegar y no hay un protocolo claro de pruebas en origen o en destino. El Gobierno de Canarias y el de España no aclaran si habrá pruebas y quién ha de pagarlas, a pesar de la insistencia de meses por parte de los empresarios y expertos turísticos de la necesidad de controlar la enfermedad en los desplazamientos. Por ello, a la primera que empiecen a aparecer rebrotes el sueño podría tornarse en pesadilla. Y todo porque nuestros políticos siguen pensando en quién es más de derechas o de izquierdas, sin preocuparse por algo tan sencillo como establecer dispositivos en puertos y aeropuertos para convertir Canarias en una fortaleza frente al Covid-19. ¡Qué vergüenza de políticos/as tenemos!

Y por si no lo tiene claro, pregúntese ¿qué es más barato y rápido que sacarse un pasaje desde Inglaterra a Canarias por menos de 25 euros que es lo que ofrecen Ryanair o Easyjet? Pues sí. La respuesta es hacerse una prueba de antígenos que en cuestión de minutos nos puede decir si alguien es portador de la enfermedad con un altísimo porcentaje de certeza.

Y se me olvidaba: ¡Gracias a los profesionales del sector turístico! De ellos depende recuperar la economía insular porque, aunque muchos digan que hay que cambiar el modelo económico, esto no es posible a corto o medio plazo y menos en una situación de crisis absoluta y global. 

¡Gracias!

viernes, 23 de octubre de 2020

Historias de la ciudad de La Luz

Castillo de Mata ¿Museo de la Ciudad?
En 1978 Las Palmas de Gran Canaria celebraba el 500 aniversario de la Fundación de la ciudad, la aventura de una urbe que nació como campamento en una selva de palmeras junto al río Guiniguada un 24 de junio de 1478. Rápidamente sus habitantes darían forma a Vegueta, en torno a una plaza con las instituciones representativas del nuevo modelo social que sería referente urbano para las nuevas ciudades en las colonias de las Indias. Con el tiempo la imagen del barrio fundacional se volvería "levítica y conventual" (Pancho Guerra) hasta la desamortización que comenzó a finales del XVIII dando lugar a la ciudad moderna. Aquel fortín nació con vocación de conquistar la isla y hoy sigue siendo una ciudad-isla.

Dentro de unos pocos años habrá concluido otro medio siglo de la larga historia de aquel Real de las Tres Palmas y que ahora llamamos Las Palmas de Gran Canaria. Un breve plazo de 50 años, para mostrar una imagen totalmente distinta a la que conocí en la celebración de los 500 años, cuando era alcalde Gabriel Megías Pombo tras sustituir a Ortiz Wiot en el 77 y que dejaría paso en el 79 -primeras elecciones locales democráticas tras la dictadura-, al primer (y único) gobierno nacionalista que ha tenido la capital insular, bajo la presidencia de Manuel Bermejo Pérez, cabeza de lista de la Unión del Pueblo Canario (UPC). Un mandato muy convulso, en una época no menos complicada, cuando se produce la histórica municipalización de las guaguas y la no menos sorprendente dimisión del alcalde, ante la moción de censura que presentaría el PSOE conjuntamente con la UCD.

La década de los setenta no sólo fue convulsa en lo político y social. Se ponía en marcha la mayor transformación urbana de la historia capitalina. Desaparecían las playas y el muelle de Las Palmas por la construcción de la Avenida Marítima con su salida al Norte por el embudo comercial de Mesa y López (entonces con Galerías Preciados y El Corte Inglés) y se asfaltaba el barranco del Guiniguada con la pérdida de los puentes de Piedra y de Palo, para dar salida a la ciudad hacia el Centro por una autopista que finaliza en Tafira (hoy día tenemos otra autopista paralela que acaba también al llegar al Monte), dejando una herida que todavía pervive entre el Vegueta y Triana. Un trauma, un divorcio con el pasado y la desaparición de la estampa de la ciudad de avance pausado y edificios antiguos por pastiches arquitectónicos que todavía nos avergüenzan.

El crecimiento económico y cultural de la ciudad estaba en su apogeo. La ciudad turística se inmolaba por su éxito masificador. Era el momento de la playa de Las Canteras y ‘Catalina Park’ (Orlando Hernández. Premio Plaza y Janés, 1975), la novela de personajes reales en el ambiente noctámbulo y marginal de Las Palmas (así la llamábamos). El entorno del parque era la Babel insular, con gran cantidad de discotecas herederas del Flamingo, Altavista, El Buho, Saxo, Tam Tam, Half Note…, santuarios de la noche que se multiplicarán en los 80. Junto a aquellos establecimientos con sabor a ‘chones’ o ‘guiris’ como Casa Suecia y los restaurantes que se anunciaban por la Emisora Sindical en sueco (inolvidable el periodista y actor Ingmar Palin que realizaba un programa para turistas en Radio Atlántico), El ‘Fuji’, primer restaurante japonés en España nacido de la necesidad de la flota que tenía en La Luz la base para los buques pesqueros que se codeaban con los trasatlánticos turísticos, haciendo honor a los 100 pabellones de la poética de Tomás Morales. El puerto franco, sostén de los comerciantes indios y de varios continentes.

La música... de todos los lugares, pero con el corazón en la América de Yupanqui, Los Gofiones, Los Canarios, Alfredo Kraus, Néstor Álamo y Mary Sánchez. Una actividad musical que se refleja en el éxito inmediato (y mantenido hasta hoy día) de Nanino Díaz Cutillas y su Tenderete, el programa decano de Televisión Española, ‘Made in’ el Centro de Producción de TVE-C que convertiría las islas en uno de los primeros territorios con los mejores recursos para el sector audiovisual del país.

La ciudad vivía un auge cultural que la introdujo entre las 5 principales capitales de provincia españolas del circuito de grandes producciones teatrales, un festival de ópera que crean los Amigos Canarios de la Ópera de gran prestigio, salas de cine, galerías artísticas... La sociedad civil cubría una gran parte de la demanda y movilizaba recursos a través de todo tipo de entidades y asociaciones, como los Amigos Canarios del Teatro, Cine y Música (ACTCM), cuya actividad fue sorprendente, produciendo el primer concierto lírico de España en un estadio: ‘Doña Francisquita’ con Alfredo Kraus, aunque su siguiente producción, Lucía de Lammermoor, tuvo que realizarse en el Pérez Galdós porque no les cedieron el Estadio. Entidades que apenas recibían subvenciones, en un tiempo en el que la cultura no formaba parte de la agenda de las administraciones ni apenas había espacios para espectáculos.

Déjenme recordar algunas de las actividades más destacadas de ACTCM en sus 7 años de actividad que fueron posibles gracias a la iniciativa de Luis (Gongui) Jorge Millares (que sería el gerente), Luis Jorge Ramírez y Julio Caubín Hernández. Entre otras actuaciones, la capital vivió manifestaciones culturales como el ‘Living Theatre’ de Nueva York, Els Joglars, ‘Yerma’, ‘Divinas palabras’, Adolfo Marsillach, Fernando Arrabal, ‘Los Goliardos’… Todos/as los grandes actores de la década. El musical ‘Hair’, Nacha Guevara, Cafrune, la Nueva Trova Cubana, ‘Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta’, Los Canarios, United o Taburiente, etc. Más de 500 películas proyectadas con varios estrenos en España como ‘La dolce vita’. El ballet con 16 funciones, 49 espectáculos musicales, conferencias… En sus 7 años de actividad recibió tan sólo 8 millones de pesetas en subvenciones, de los que 7 millones fueron aportados por el Ayuntamiento. Llama la atención el silencio posterior sobre esta realidad…

También fue importante la actividad editorial, a pesar de las leyes que perseguían las libertades. Aún así, se pusieron en marcha iniciativas tan interesantes como Edirca que sería la gran iniciativa literaria, histórica y cultural, o las colecciones que imprimieron Manolo Padorno y Josefina Betancor tras crear Taller Ediciones JB para difundir la literatura (y las artes plásticas) de las islas. No olvidemos las iniciativas periodísticas que dieron lugar a sorprendentes publicaciones como ‘Sansofé’ el semanario de información general que movilizaba la opinión de la oposición a la dictadura y ‘Costa Canaria’, la lujosa publicación turística que llegaba a toda Europa; sin olvidar Aguayro con informaciones de su promotor (La Caja Insular de Ahorros) y mucha cultura...

En los setenta, la sociedad había superado las cruzadas moralistas del obispo Antonio Pildáin y sus pastorales anti bikinis y otras muchas cosas, como su rechazo al carnaval, frustrando la alegría del pueblo de Gran Canaria. La Feria del Atlántico crecía en su éxito popular mientras los astronautas nos recordaban que el mundo vivía una carrera espacial entre las potencias capitalista y soviética, en medio de una guerra fría entre el tratado de la OTAN y el ‘telón de acero’, pero lo importante es que en Gran Canaria disponíamos de una de las pocas estaciones espaciales que siguieron los progresos de las misiones a la Luna. La Unión Deportiva, gloriosa y luctuosa con la pérdida de Guedes y Tonono... El auge de las ideas conservacionistas de la mano de las dos primeras asociaciones creadas en España: Ascan y ATAN (de Tenerife).

La transición comenzó tras la muerte del dictador a mediados de la década, tras lo cual se produjo el mazazo que supuso la entrega de la provincia de El Sahara a Marruecos, Argelia y Mauritania. Una cesión que alarmó a los canarios coincidiendo con el auge de los movimientos independentistas isleños y su posterior deriva en organizaciones de carácter nacionalista y en un minoritario grupo que realizó acciones terroristas que convertirían a su líder exiliado en Argelia en diana de un atentado fallido por agentes de los servicios policiales españoles dos meses antes del 500 aniversario de la fundación de la ciudad. Era época de manifestaciones constantes y las carreras huyendo de ‘los grises’ eran el ejercicio deportivo más habitual en las calles de la ciudad. El Manifiesto de El Hierro (1976) tuvo en Las Palmas de Gran Canaria el mayor apoyo e impacto al abordar un tema tabú por el centralismo imperante: la relación con África en un momento en el que la OUA había considerado al Archipiélago Canario como colonia (ver documental de TVC en Youtube).

La década de los 70, con un crecimiento de población en la ciudad de un 20 % (de 287.000 en 1970, a 378.000 en 1980), mostraba la expansión, una pirámide poblacional muy joven y un turismo que se duplicó en la isla en ese periodo al alcanzar el millón de visitantes extranjeros, pero con la aparición de Maspalomas Costa Canaria, el turista abandonó la capital. El transporte rápido del tren vertebrado al sur pudo suponer una solución para mantener a los nórdicos en la capital y que pudieran disfrutar de todo el sol posible, pero en la ciudad cada vez había más obras, más ruido y una persistente ‘panza de burro’ que puso el punto de mira de los turistas en el sur. El transporte insular (Salcai y Utinsa, herederos de Aicasa y los ‘piratas’, hoy Global) daban un servicio muy precario para las necesidades de la población y, sobre todo, para los turistas. El modelo de bungalow y el extraordinario atractivo de la playa de Maspalomas hizo que creciera una ciudad para el turismo y la estampa de los chones en la capital fuera una imagen de postal, del pasado.

La Caja Insular de Ahorros, verdadera máquina económica crecía con su Obra Social y su apuesta turística a través de Protucasa, sus grandes proyectos arquitectónicos de sede central, el Palacio de Deportes o la donación de la fuente luminosa a la ciudad... Se construía la UNED y las primeras facultades (Arquitectura, CULP, Ingenierías…), ante la marginación universitaria a la que sometió La Laguna a los grancanarios. Se levantaban urbanizaciones de viviendas sociales… Un auge inmobiliario y poblacional que casi hace duplicar la población entre 1960 y 1980, pero con enormes carencias culturales, educativas, deportivas. Sin Universidad y con los nuevos hospitales Insular y El Pino.

Tras la muerte del dictador, el Cabildo impulsaría sus programas (el Plan Cultural que dirigiría tras el exilio Agustín Millares Carló, turístico, sanitario, educativo, medioambiental...) y los ayuntamientos se adaptan a la ‘nueva normalidad’... La cultura comenzaba a burocratizarse y a contar con un dinero que no se le había dado a la sociedad civil para que mantuviera su voluntariosa dinámica.

  • 50 años después...

Esta radiografía breve, incompleta, nos muestra que no sólo ha cambiado el paisanaje y el paisaje de la ciudad, sino su carácter. Hoy es universitaria, accesible, con grandes parques, con una red de carriles bici que cubre casi toda la zona baja y un sistema de movilidad que veremos pronto llamado la metroguagua; el jardín canario ha madurado y aquellos plantones son hoy imponentes árboles. Los hospitales han dado lugar a cuasi ciudades de salud. Y los barrios de auto construcción ya son barrios integrados en la capital. El Estadio Insular lo convirtieron en un monumento a la memoria de la afición. Ahora hay un 'Arena', un Estadio más frío y los indios venden en centros comerciales de franquicias globales. Y han desaparecido los vertidos de aguas residuales directamente al mar sin tratamiento -no su aroma en Barranco Seco-. El agua no tiene restricciones ni es preciso almacenarla en bidones. No somos de los más analfabetos y hemos sido referente de penetración de tecnología y de telecomunicaciones.

Hay auditorios, pero casi no hay cines, ni galerías de arte, ni revistas. Los locales nocturnos y la música en directo son objeto de persecución. La programación cultural es casi toda institucional y salvo algunos festivales o conciertos (también patrocinados) la institucionalización de la cultura es una realidad -y la politización o el amiguismo-. Nuevas normas y nuevas reglas de juego en las que la vida cultural (como en casi todo) depende de la capacidad del responsable político de turno. Con una infraestructura de equipamientos y personal que son un gasto fijo, para un resultado incierto, caprichoso y en ocasiones decepcionante, como es el caso de la parálisis de la ampliación del Museo Canario que sigue pendiente desde hace 15 años de la aportación del Ayuntamiento capitalino para culminar las obras.

La ciudad bulliciosa y alegre de hace medio siglo está hoy sobrecogida por una administración que te obliga a ‘teleprotestar’ con una maquinaria burocrática que sigue sus propios criterios. Pero esta sociedad late y busca sus vías de escape o de superar las barreras impuestas desde el BOP. El carnaval se recuperó hace menos de 50 años. Pero volverá a recuperarse cuando sepamos controlar el Covid-19 o dispongamos de vacuna. Quienes vivimos el retorno al carnaval vimos a La Isleta volcada con la ciudad, el reencuentro de la sociedad. La música de Sindo Saavedra, del folclore social al himno alegre del disfraz. ¡Con qué poco fuimos felices! Hoy la fiesta ha crecido, es un espectáculo global que se emite en directo por televisión con un escenario de cartón propio del Cinemascope. No fue hace tanto cuando estaba prohibido y aún así parece que nunca nos disfrazaron nuestros padres a escondidas... Pero era imparable. Las tiendas de discos de importación (que en la Península tardarían años en llegar), de ropa, de todo tipo de aparatos y electrodomésticos nos hacían diferentes, incluso envidiados, por quienes todavía vivían la España gris que en los 80 descubriría la ‘movida’, mientras en Gran Canaria ya habíamos superado la losa de la represión moral, política y económica de la España 'orgánica'.

Pero volvamos al aniversario fundacional que deberá ser en 2028. ¿Celebramos el 550 aniversario del inicio de la conquista, el despojo, la esclavitud? No queda otro remedio. Pero en realidad se celebra otro capítulo de su historia. Los cambios y la realidad de una comunidad que es la protagonista de sus transformaciones. Y ya muy alejado de aquella historia de guerra y saqueo, vale la pena recordar que el 450 aniversario, en 1928, supuso el comienzo de la aventura de la provincia de Las Palmas y el rápido desarrollo de estas islas orientales. Hoy la provincia ha sido superada por el nuevo orden administrativo de una Comunidad Autónoma, con su eterna competencia, a veces pleito. 50 años después de la división provincial, en el 78, volvería tímidamente la democracia para una sociedad madura y alegre, cosmopolita, en fulgurante y desmadrada expansión. De hecho, todavía hoy intentamos recuperarnos de aquel rápido crecimiento y la pérdida de referencias de personalidad de la población de esta ciudad-isla.

El campamento fundacional con aquellos centenares de 'pardillos' (color de la ropa de las tropas de la conquista) es ahora una urbe de cientos de miles de ciudadanos/as. Un pasado que arranca con un ‘pecado original’, y una evolución que promueve distintas formas de valorar, de sentir. Pero es uno de los elementos iniciales de la personalidad de este pueblo. Una isla que se sometió por la fuerza y luego tuvo que unirse (conquistadores y conquistados) para defenderse de otros ataques con protagonistas como Hawkins, Drake, Van der Does…, durante siglos. Y así creció esta sociedad criolla, como la llama J.J. Armas Marcelo, fruto de la mezcla que señala Juan Rodríguez Doreste o del síndrome del colonizado como destaca Manuel Alemán… Hasta después de la segunda guerra mundial en que se producen nuevas colonizaciones, pacíficas, gentes que solo piden una pequeña parte del paraíso durante unos días. Y pagan por ello. El Chone o turista.

Quizás sea el momento de preguntarse si nuestra historia merece ser contada y conocida por la población residente y visitante. Las vicisitudes de una sociedad aislada y, a la vez, plataforma atlántica, portuaria y aérea para comunicar con todos los continentes. Un museo de la ciudad que se hace esperar y que quisieron ubicar en el irreconocible Castillo de Mata. Por lo que podríamos plantear retomar su idea original para reflexionar sobre nuestros orígenes y nuestra misión. Hay tanto que rememorar…

Las Canteras a finales de los 60



 

martes, 20 de octubre de 2020

La incomprensión peninsular del turismo canario

Llegada de inmigrantes a Arguineguín (foto C7).
Decepcionante, aunque no sea una sorpresa. Fitur renuncia a mantener la fecha y aplaza su celebración, en Madrid, para impulsar la temporada de verano. La propuesta del SKAL Club de celebrar la feria en Canarias en enero no ha sido estimada.

No importa para Ifema y Fitur que en las islas haya la menor incidencia del Covid-19 de España. Que toda la planta alojativa, restaurantes, alquiler de coches, espacios culturales... estén disponibles y preparados para demostrar que Fitur no es Madrid. Y, encima, en enero cuando el clima del invierno canario es un alivio para la mayoría de los europeos y permite disfrutar del aire libre y de la playa.

Fitur e Ifema se vuelcan en impulsar la temporada de verano. Precisamente, la temporada baja de Canarias. Y dejan a Canarias sin poder mostrar que España no es sólo la Costa del Sol o los enclaves mediterráneos, sin poder cubrir durante unos días la oferta alojativa y la necesidad de impulsar la imagen de destino seguro, aislado, fortaleza en estos momentos de retraimiento y miedo a viajar.

Mientras, el Gobierno de España sigue rechazando que Canarias y Baleares puedan controlar las entradas a las islas con pruebas de antígenos. Ignorando el hecho Insular y que en otros y países emisores de turistas se imponen estas medidas y las cuarentenas. Con lo sencillo y económico que se ha puesto la realización de dichas pruebas para salvar el sector turístico de un desastre que adquiere proporciones cada vez más graves...

Y, para colmo, los ministerios no saben o no quieren solucionar el problema de la crisis migratoria en la que están sumidas las islas, que se prolonga en el tiempo y se incrementa con el creciente número de inmigrantes que arriban a las costas canarias, con la peor campaña de 'marca Canarias' que podríamos tener en estos momentos: cientos de personas acampadas en el muelle de Arguineguín y hoteles y apartamentos cuyos clientes son parte de esa corriente migratoria que tienen que vivir la incertidumbre de su éxodo hacia la tierra prometida europea en los establecimientos que usan los europeos en su diáspora climática.

Queda claro que existe una concepción centralista de la política en España, trasladada a todas las esferas, lo que da lugar a que no se entienda que Canarias (sin que rechace otras opciones) puede ser una alternativa válida para celebrar eventos como Fitur, en enero, quizás con más razones que en Madrid. Pero... tendremos que seguir siendo la periferia de la periferia.

sábado, 17 de octubre de 2020

¿Un epílogo o un epitafio para el turismo?

Fiesta de difuntos en México.
Me pregunta un amigo si estamos ante el final del turismo a causa de la pandemia, por el miedo o las molestias al viajar, la mascarilla, los controles y pruebas… Pues yo le digo que no. Pero añado que no se parecerá a lo que vivimos en los últimos años, incluso si dispusiéramos de vacunas contra el Covid-19. Tampoco es igual la atención en un supermercado, en el colegio o los trámites en los organismos públicos. Todo lo que suponga una interacción entre personas incluirá nuevas fórmulas que tienen por objeto limitar los contactos y aumentar la higiene. Pero, si hay un sector en el que la limpieza, la higiene y el trato al cliente es lo primero que se valora, ese es el turismo. Así era antes y, ahora, se ha convertido en una obsesión para los clientes.

Y digo que no será igual -aunque haya vacuna y se inmunice a la población-, porque nadie querrá volver a ser víctima de la improvisación, la falta de recursos y la bronca política, como ha sido esta pandemia. Una experiencia que demuestra las vulnerabilidades de un planeta hiperconectado pero también hiperdesprevenido, capaz de movilizar 1.300.000.000 turistas en un año, pero incapaz de establecer protocolos que eviten la propagación de virus, a pesar de haberlo escenificado en la ‘fábrica de sueños’ hollywoodiense, con un variado repertorio que creíamos que era ficción: ‘Contagio’, ’12 monos’, ‘Estallido’, ‘Tren a Busan’, ’28 días después’ (del canario Carlos Fresnadillo), ‘La amenaza de Andrómeda’, ‘Virus’, ‘Cargo’, ‘Soy leyenda’ y todas las películas de zombies de la cartelera…

Pero el cine y los telediarios apocalípticos no podrán cambiar que el turismo es ya una necesidad, un hecho cultural arraigado a pesar de su corta existencia. En realidad, el turismo se ha convertido en el hábito social más extendido, a pesar de ser un invento de las clases pudientes que crearon el ‘Grand Tour’ en el s. XVIII, y que comenzó a crecer con la revolución industrial y la aparición del tren, que transportó desde 1830 los primeros grupos de turistas; o los barcos de vapor y sus líneas regulares (aquí entran los destinos insulares como las Islas Canarias, plataforma de las rutas marítimas). Imagen romántica de aquellos pioneros del turismo frente a lo que hoy es el fenómeno de sol y playa, que ha convertido las costas en un torrente humano en ocasiones agobiante.

Y quién iba a decirlo, pero en ese tránsito de viajeros comenzó a tomar fuerza el turismo de salud, los ‘invalids’, para quienes podían costearse una estancia en las islas y salvarse de morir, a causa de las enfermedades que provocaba la polución de las nuevas industrias y el clima continental. Y así fue creciendo el turismo y desarrollándose la sociedad industrial, con el auge de los movimientos sociales y la consecución de nuevos derechos para los trabajadores, creándose las vacaciones pagadas en 1936 por el gobierno francés del Frente Popular, presidido por Léon Blum.

Pues bien, ahí está el meollo del cambio cultural. Los europeos, primero, y luego extendido a otros continentes, crearon el hábito de las vacaciones que, unido a las jubilaciones, dio lugar a una masa de personas ávidas de tener propuestas para ocupar esos periodos, especialmente cuando el mal tiempo empuja a emigrar como las aves que viajan miles de kilómetros huyendo del frío. Y de ahí el auge del turismo de masas con sus empleos, impuestos, destinos, alojamientos, conectividad y un largo etcétera, porque siempre se habla de revoluciones como cambios de sociedad, pero el turismo es una de las más importantes revoluciones que ha vivido la humanidad, quizás la que a más gente ha llegado en este multitudinario tránsito entre países. Ya estábamos en esas cantidades de más de 1.300 millones de turistas que viajaban de un país para otro, cuando llegó la pandemia y desaparecieron del mapa todos. Una realidad inusual, extraordinaria, que ha afectado a todo el turismo en un primer momento, pero con el paso del tiempo se ha ido recuperando la demanda en determinados destinos y tipologías, salvo en las ofertas vinculadas al turismo de masas, que necesita de un flujo constante de clientes en rotación.

De hecho, no se trata de la crisis más grave y duradera. El turismo ha sobrevivido a diferentes tipos de crisis y algunas de ellas han durado años, aunque la salida de éstas ha pasado por reinventarse, crear nuevos formatos adaptados a las necesidades de los turistas y a los avances tecnológicos, los cambios sociales, la mejora de los transportes... También es cierto que en el siglo XX hablábamos de "crisis mundiales", mientras que el siglo XXI arrancó con los atentados de las torres gemelas y se caracteriza por las "crisis globales" que nos ha tocado vivir, sufrir y, lamentablemente, comprobar que no hemos creado los organismos y medios necesarios para evitarlo. Más bien, al contrario.

Pero volviendo al comienzo. ¿Desaparece el turismo? Rotundamente, no. Ni los museos, ni las escuelas, ni los restaurantes o los teatros… ¿Cambiará el turismo? Ya estaba cambiando. Probablemente a peor y por eso la pandemia aprovechó sus propios defectos. Toca reinventarse. O reconvertirse, que ya era hora, en destinos turísticos que no fundamenten su negocio en la masa. Tenemos unas condiciones que animan a pensar en la recuperación, algunas archiconocidas y otras poco aprovechadas. Ahora sólo falta que volvamos a creer y crear.