viernes, 19 de enero de 2018

La Vuelta al Mundo, el rescate de la primera ruta turística en Gran Canaria

Vehículos usados para la ruta.
La primera referencia a la ruta turística la 'Vuelta al mundo’ la encontré en los textos de la periodista Magaly Miranda, en un manual sobre turismo que realizó para el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana y en el librito ‘Destino Gran Canaria’ que escribió para Ediciones Idea. Posteriormente conocí a la investigadora y profesora María del Pino Rodríguez quien ha desarrollado numerosos trabajos sobre los recursos y la historia turística de la zona de La Atalaya, la zona vinícola, el entorno de Bandama… En ambos casos, las autoras citan como referencias sobre la primera ruta turística de Gran Canaria a la revista ‘Canarias turista’ (1910 y segunda época en 1930-31), un tema que no figura en dicha publicación con un artículo o reportaje dedicado a la ruta, ni ofrece imágenes que puedan mostrarlo, pero en la memoria colectiva y en esas referencias periodísticas quedaba la constancia de una oferta turística pionera que atraía a los numerosos pasajeros de los barcos que hacían escala en el puerto de La Luz, y aquellos que se hospedaban en los excelentes alojamientos construidos en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Brígida.

La ruta contaba con diversos alicientes, consistía en salir en tartana desde las palmas con dirección a Telde, subir por la Higuera Canaria y luego La Atalaya y El Monte, para regresar a la ciudad de Las Palmas. Esto era lo que se sabía... No teníamos más información sobre cómo se desarrollaba la ruta hasta que descubrimos en la bodega de San Juan del Mocanal un álbum de fotos de una Vuelta al mundo realizada con una pequeña caravana de automóviles, cuyos pasajeros eran recibidos con gran expectación y una animada parranda. Una situación sorprendente para el grupo de extranjeros y extranjeras que probaban en la bodega el reputado Canary Wine mientras escuchaban islas y folías exóticas para sus oídos.
Una parranda acompaña a los visitantes

Era otra de las grandes sorpresas de la ruta tras o antes de visitar el poblado troglodita de La Atalaya y el cráter del volcán. Todavía no se había mudado a Bandama el club de golf, pero imaginamos que en aquellos tiempos (comienzos del siglo XX), el paisaje tendría que ser agrario y predominante la presencia de viñedos, incluso en el fondo del cráter donde se encontraba un lagar.

Las fotografías descubiertas nos aportan una información valiosísima... Los/as visitantes de la bodega venían en sus vehículos con atuendos de viajar en coche que usaban para protegerse del hollín y del polvo de las carreteras. Eran recibidos con gran animación y acompañados por rondallas y mucha gente para visitar las plantaciones y la bodega.

Esta experiencia, no un invento o improvisación, ha sido retomada por los expertos en turismo con la ya citada, María del Pino Rodríguez, además del geógrafo Álex Hansen, el arquitecto Álvaro González, el investigador y cronista de la Villa, Pedro Socorro, así como los nuevos responsables de la bodega de San Juan del Mocanal, con sus lagares, viñedos. En definitiva, los paisajes que ofrece la Villa y el entorno del Monte, también perteneciente a Las Palmas de Gran Canaria, que ya no sólo cuentan con los recursos de aquella Vuelta al Mundo de hace un siglo, sino que suman una oferta mayor (Jardín Canario, Casa del Vino, Club de Golf, Senderos, Centro Locero y alfar museo de Panchito, parque El Galeón...) además de una amplia oferta gastronómica y comercial que se complementa con los espacios naturales, culturales (el casco histórico ha sido declarado como Bien de Interés Cultural). Y, la comodidad de encontrarse a pocos minutos de la capital insular y con conexión a las autopistas que circunvalan la isla, además de ser paso obligado para el acceso al centro insular y sus cumbres.

Para retomar la Vuelta al Mundo ha sido fundamental el apoyo de la Concejalía de Turismo de Santa Brígida y del Patronato de Turismo del Cabildo, que han incorporado el proyecto elaborado por la asociación Aran Canarias en su programa para otoño de este año de 2018, tras dos 'ensayos' en las que han participado algunos turistas, empresas de guías y turismo experiencial, así como isleños ávidos de conocer su tierra y sus originales y exclusivos recursos.

Una turista con su chófer.
La nueva Vuelta al Mundo está por hacer, por conseguir que interese a los operadores y guías, si bien se trata de una propuesta más bien minimalista (en relación con las bodegas por sus pequeñas dimensiones), ya que se ha perdido la espectacularidad de aquel enjambre de lagares y bodegas de antaño -demasiadas en ruinas- si bien esta iniciativa puede contribuir a su recuperación. O, a una reinterpretación de este producto, donde lo pequeño es resultado de nuestra propia escala, de lo singular y variado de nuestro continente en miniatura.

Y para ello, se busca el apoyo a los operadores turísticos para que conozcan esta oferta de paisajes, lugares emblemáticos, degustación y cata de vinos y queso; la visita a Bandama, con su espectacular espacio geológico, panorámico y el campo del golf del primer club creado en España; así como el barrio de La Atalaya, con la memoria del poblado troglodita y la actividad artesanal. Las visitas contarán con la explicación de expertos en los diferentes temas que guiarán a las personas participantes y el problema radica en que son tantas las posibilidades que pueden formar parte de la ruta que se analiza con detalle si se realizan diferentes programas para realizar en el día o plantear una ruta diferente según la época del año.

Al tratarse de la primera ruta turística de Gran Canaria, el municipio de Santa Brígida considera una oportunidad rescatar esta iniciativa y cuyo recorrido permite ver varios de los elementos más destacados y originales de esta isla para el turismo. Para su ejecución se ha contado con el apoyo de los expertos antes citados, las bodegas y comercios, así como la empresa de transporte Global, si bien el objetivo es que sean los propios operadores los que aprovechen estos recursos que fueran reconocidos por la viajera y escritora británica Olivia Stone, que realizara el 24 de noviembre de 1883, una visita que abrió al turismo el poblado troglodita de La Atalaya donde sus habitantes elaboraban “toda la alfarería de barro que se utilizan en los campos, en especial cántaros, braseros y vasijas para tostar café, que vendían en la ciudad". Desde entonces a nuestros días, muchas cosas han cambiado, pero también se incorporan nuevos elementos para el visitante, como el surgimiento de Los Gofiones en torno a las parrandas en el restaurante Bentayga y otros locales del Monte, o que en el Hotel Santa Brígida se encuentra el centenario pub (el más antiguo de la isla) donde tomarse una 'pinta' tiene otro sabor.

miércoles, 17 de enero de 2018

Fitur o la Feria de las polémicas

Infografía del stand de Canarias en Fitur 2018
Se podría hacer una larga serie -un culebrón inacabable- con la sucesión de episodios de desencuentros, críticas y debates nunca cerrados sobre la presencia de las Islas Canarias en las ferias, particularmente en la que se celebra en Madrid: Fitur, que es la que genera los mayores enfrentamientos, no así en la ITB de Berlín o la WTM de Londres que nunca suenan en la prensa como la de la capital española. Será por eso del eco mediático que tiene la cita madrileña o que allí acude tanto isleño que necesitan algún tema de tertulia.

El asunto es importante, o por lo menos eso parece a tenor de las discusiones que protagoniza la presencia en Fitur y porque vivimos del turismo en un elevadísimo porcentaje del PIB, recaudación de impuestos, empleos y demás...

Pero ¿qué relevancia tiene fuera de las islas para la/s marca/s y productos turísticos isleños la presencia en Fitur y, sobre todo, este debate que recuerda al Guadiana? ¿Entre cientos de expositores y actos promocionales que se suceden en Fitur... Tiene algún protagonismo la presencia canaria y alguna mención sobre este debate? ¿Cuánto espacio dedican a Canarias los medios si tienen para elegir entre cientos de temas que se ofrecen en la Feria y ya que estamos: les interesa algo este debate? ¿Cuándo va a haber una presencia en Fitur que cumpla satisfactoriamente el papel de convertir a las islas en el destino más deseado por los peninsulares como lo es para los nórdicos? Y ¿cuándo se acabará este eterno debate entre islas, Promotur/Gobierno, destinos locales, empresarios y medios de comunicación?

Andalucía en Fitur.
No nos engañemos. Canarias es una de las principales comunidades turísticas de España y ocupa en Fitur un espacio que no se corresponde con su éxito exterior. Con un stand de 1425 metros que cuesta 800.000 euros (subvencionado un 85% con fondos FEDER) el Archipiélago mantiene su presencia sin hacer frente a los 5300 metros de Andalucía que le cuestan 1.022.000 de euros (curioso que a los andaluces les salga la promoción por metro cuadrado 193 euros, mientras a Canarias, más alejado, le cuesta 561 euros el metro, según lo publicado en prensa). Y hago la comparación porque la presencia de Andalucía se fundamenta en promocionar el destino lider en el turismo interior, con amplios stands para cada provincia. Un concepto que me convence. El espacio envuelve y vende una marca común en la que conviven 8 provincias y numerosos destinos locales, productos y servicios. Quizás tengan claro lo que le conviene para mantenerse como principal destino para los españoles.

Canarias aparece al final. En la entrada norte. Más profesional que popular. Menos promocional si se compara con Andalucía aunque un punto de encuentro indiscutible con una enorme cantidad de encuentros y reuniones de trabajo, éso sí. Pero sin 'llenar' de Canarias a Fitur como escaparate para el público general. Por ello siempre surge el debate y siempre volvemos al punto de partida ¿Puede Fitur traer más turismo peninsular? ¿De qué tipo? ¿Como lograrlo o cómo lo logran los destinos de éxito en la Península? 

Y es que el turismo es el sector de las alegrías (y algún disgusto) para los políticos, ya sea porque siempre hay cifras para contentar, aunque esa carrera hacia el infinito la llegada de turistas es de suponer que ya tiene los días contados porque sólo sería posible azulejiando toda la costa.

Aún así, somos líderes turísticos en un país turístico también líder. Pero para llegar a ser potencia mundial turística la promoción es fundamental, y así lo entendieron los pioneros del sector en la isla. Los primeros organismos que creamos (Sindicato y Centro de Iniciativas) tenían como prioridad la promoción. Los empresarios, junto a algunos cargos públicos que les apoyaban, hicieron esfuerzos extraordinarios para dar a conocer a la isla como destino avanzado (apoyo a guías Brown, Baedecker y propias; revistas como Canarias Turista, Isla o Costa Canaria; la Casa del Turismo; miradores, parador, el Pueblo Canario), incluso promovieron grandes eventos como el Congreso Internacional de los Skal Club o de la Federación Mundial de Agencias de Viajes (años sesenta), sin olvidar la primera Expotur en la isla (Feria del turismo anterior a lo que hoy es Fitur).

Pero la promoción turística era competencia estatal. Y de ahí la reivindicación del sector en aras de que fuera profesional ya que hasta la llegada de Manuel Fraga al Ministerio de Información y Turismo, su antecesor Gabriel Arias-Salgado había dispuesto de esos recursos para fomentar -principalmente- jubileos y peregrinaciones. Pero con el nuevo ministro todo cambió y se dio un gran impulso a la más productiva fuente de divisas: el turismo. Se crearon organismos para la gestión, promoción, oferta alojativa... Se organizaron encuentros (Asambleas de municipios turísticos) y seminarios de estudio sobre el desarrollo turístico y poco a poco las administraciones tomaron conciencia de la importancia de una actividad que crecía gracias a la iniciativa privada. La promoción fue uno de los temas que asumieron. Una decisión que facilitó su profesionalización pero también su burocratización y, a la larga, su uso arbitrario en algunos casos al ponerla al servicio del interés del cargo público de turno, marginando a las empresas y profesionales.

En el caso de Canarias los Cabildos iniciaron sus estrategias promocionales a comienzos de los setenta, poco antes de que la competencia administrativa fuera transferida por el Estado a la Comunidad Autónoma (hasta la actualidad, a través de la empresa Promotur, antes Saturno) si bien hay una parte que se transfiere a los Patronatos Insulares de Turismo, gestados hace 42 años con muchos logros en el de esta isla gracias a la designación por Lorenzo Olarte de un eficiente Antonio Cruz Caballero (el Patronato de Gran Canaria apostó inicialmente por la Mancomunidad con Lanzarote y Fuerteventura, que apenas tenían recursos, e invitó a Tenerife a sus acciones promocionales). Pero, actualmente, es Promotur (Gobierno de Canarias) quien lidera la presencia canaria en las ferias. Entre el Gobierno autónomo y los Cabildos, el papel de los ayuntamientos ha quedado bastante 'apagado' como gestores de marcas locales de destinos. De ahí que a las disputas entre islas, se sume ahora la de los municipios, con la presencia de varios de los más significativos en un stand de municipios de sol y playa que suma a Adeje, Arona, Guía de Isora, San Bartolomé de Tirajana y Mogán. Curiosa mezcla que permitirá ver las dunas de Maspalomas junto a los establecimientos del sur tinerfeño... Y eso sin olvidar que los estudios (que no ha sido publicado en la web de Promotur) indican que la marca Canarias se identifica en Península con Tenerife y Lanzarote ¡Ojo!

Actualmente, las instituciones tienen casi todo el protagonismo y la presencia del empresariado es casi anecdótica en la promoción de la marca. El empresariado tuvo un papel protagonista cuando no había prácticamente ninguna actividad promocional por parte de la administración. Sindicato o centros de iniciativas y turismo realizaban estas acciones, aunque este modelo dice mucho de la falta de interés de las empresas por gestionar la marca de sus destinos. No sucede así en Baleares, donde la promoción la gestiona una empresa que se financia a partes iguales entre administraciones y empresas, con su lógica, ya que se trata de una actividad económica privada que debe velar por sus intereses y no tirar del dinero público y dar por válida esta 'intervención' pública sobre un sector económico.

En resumen. ¿Nos tomaremos algún día en serio la promoción turística de nuestro destino?

miércoles, 10 de enero de 2018

De Expotur a Fitur: metamorfosis del ‘chone’

'Chones'. Eduardo Millares Sall (1946)
Puede que la palabra 'chone' le suene ahora a chino, pero hasta hace poco fue el vocablo 'made in Gran Canaria' usado para decir 'turista'. Y tiene su lógica y su raíz. Está en el sentido humorístico del isleño que surge en todo, incluso al inventar motes y palabras para convertir en léxico algo o alguien de forma autóctona. Por ello tenía que suceder aquí donde se inventara un vocablo para describir al 'turista', en un destino turístico pionero en el mundo como es esta isla, donde los turistas tuvieran un nombre diferente, original y con gracia. Así lo comento en este artículo que acaba de publicar el periódico turístico 'Welcome to Gran Canaria'.

El origen de este vocablo debe estar en el nombre británico 'Jhony', tal como afirma el escritor Pancho Guerra (1909-1961). Un nombre propio que se extendió por el canarión a todos los nativos de la Gran Bretaña, al indicar que lo mismo los de la extensa colonia insular que los de tránsito, son para el isleño "Jhonys" o 'chones' (aunque últimamente se ha extendido el uso de 'choni'). Para Pancho Guerra “lo curioso es que suele generalizarse alegremente llamándose chone a cualquier extranjero con rubia pinta de tal. Corrió fama de que se los engañaba, aplicando a su ignorancia del idioma -más bien jerga-, a su perplejidad nórdica y a su desconocimiento de ciertos juegos menores de la picaresca, la viveza y el garabato meridionales. Por eso el nativo a quien piden en el trato comercial precios rapaces, replica todavía: '¿Usted se cree que yo soy chone?'. Una muestra del sentido isleño de los negocios”. Puede que fuera así, que la dificultad para entenderse entre británicos y canarios se plasmara también en las diferencias sobre el intercambio de productos, pero no sólo en ello, sino en la diferente percepción del coste, ya que los canarios vivían en unas condiciones económicas muy precarias y el precio para el vecino de la isla se adaptaba a sus posibilidades económicas, no así al foráneo que podía pagar mucho más, por su nivel de vida y por el valor de su moneda. Lo cierto es que el negocio con los 'chones' permitía un trasvase de rentas y divisas que era muy apreciado por los isleños y, sobre todo, por el Estado español que precisaba de esas divisas para su balanza de pagos.

Ese fue un argumento de peso para el desarrollo turístico: la entrada de divisas. Y también la especialización y diversificación de una economía que dependía casi exclusivamente de la producción hortofrutícola y de la actividad portuaria, dependiente de competidores externos. De ahí que hace más de un siglo comenzara la transformación más profunda en la historia de la isla hacia un modelo de desarrollo turístico que comenzó como destino de salud, luego de moda y tipismo, de sol y playa, hasta nuestros días como líder en varios segmentos, tal como comprobarán en Fitur, una de las ferias turísticas más importantes del mundo que tuvo sus antecedentes en la feria Expotur que se celebró en Gran Canaria en 1967.


Pueblo de Chone, en Ecuador

Y no olvidemos, como anécdota, que en Ecuador existe la ciudad de San Cayetano de Chone, a orillas del río Chone. Fundada en 1735. Pero supongo que no serían nuestros 'chones' los fundadores. Valga esto para, con un poco de humor, celebrar medio siglo de promoción turística y de éxito de 'chones' en la isla.

lunes, 8 de enero de 2018

El turismo como revolución

Con Fernando Gallardo y la guía en la que colaboramos.
El foro Canarias Comunica celebró un encuentro bajo el título Claves de la Próxima Revolución Turística, con una charla de Fernando Gallardo (escritor y crítico de hoteles de El País, que hizo el apartado de hoteles en la guía de Gran Canaria de El País/Aguilar que escribí en 1992), y un coloquio en el que participé junto al gerente del Patronato de Turismo de Gran Canaria, Pablo Llinares, el director de comunicación de Lopesan, Francisco Moreno, la responsable de comunicación de Loro Parque en Gran Canaria, Begoña Vera Guanche, y una representante de Globalia Canarias. El acto tuvo lugar coincidiendo con la celebración de la 41 Feria Internacional del Atlántico. Y se nos hizo poco el tiempo que tuvimos para la charla...

Gallardo ofreció varias perspectivas sobre la irrupción de las criptomonedas (el bitcoin, en particular) y su posible incidencia en el sector turístico, incluyendo otras novedades tecnológicas que ya se están implantando, pero que -a su juicio- la transformación más impactante será el desarrollo del dinero electrónico por cuanto el valor de las monedas oficiales está sujeto a los gobiernos y sus fines, mientras las monedas 'virtuales' surgen de una economía algorrítmica que crea otro concepto sobre el valor y la confianza.

El título del coloquio 'Claves de la próxima revolución turística' señala un escenario posible en un negocio que moviliza 1300 millones de personas al año (y creciendo). O sea, cada segundo parten 41 personas hacia otro país para 'turistiar', según la Organización Mundial del Turismo (OMT). Y ante esta realidad ¿cuántas revoluciones ha vivido el turismo para ser el 10% del PIB mundial y el sector que más crece en los últimos años? ¿Es el turismo una revolución permanente? ¿Es la revolución social más importante?

Más de un siglo de revoluciones, sociales, tecnológicas...
Cuando Marx y Engels afirmaron aquello de “Un fantasma recorre Europa” (Manifiesto Comunista, 1848) pudieron decir sin equivocarse que no era un fantasma sino un tren a vapor, la gran aportación de la primera etapa de la revolución industrial que se desarrolló entre finales el siglo XVIII y mediados del XIX. Sin transportes no habría revolución industrial y viceversa. Y esto transformó la demografía, creó una nueva economía, parió -dolorosamente- un nuevo modelo social, aceleró el deterioro ambiental… Pero fundamentalmente –para nuestro tema- provocó una revolución en el transporte y en los procesos productivos con la mecanización y la producción en serie.

El nuevo escenario exigía una mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, factor de producción fundamental que se desplazó de las zonas agrícolas porque, además, la nueva sociedad creó una espiral de demanda de más obreros especializados, técnicos, investigadores y, sobre todo, consumidores.
 

Aunque ya existía una forma de turismo previa a esta revolución industrial (como en todo hasta entonces, sólo para las élites), conocida como el Gran Tour (s XVII a 1820), la locomotora industrial creó nuevas posibilidades y necesidades para desplazarse. Por un lado, el tren permitía recorrer distancias en grupo. Esta oportunidad fue aprovechada por organizaciones religiosas para organizar las primeras excursiones turísticas que consistían en llevar alcohólicos a centros de rehabilitación por unos días (ahora hay destinos turísticos para emborracharse). Y por otro, las líneas marítimas se establecen con barcos a vapor y surgen los primeros cruceros y, de ahí, la turoperación (en ‘Thompson & Co.’ 1905,  Julio Verne lo anticipa en un viaje cuyo destino era ¡Gran Canaria y Tenerife!).

La sociedad industrial potenció el turismo de salud porque con sus humos envenenó regiones enteras. La nueva clase obrera añoraba entonces sus orígenes bucólicos entre plantas y ganado con un cielo impoluto. Y fue así como Canarias se convirtió en un gran destino para 'invalids'. En 1911 vivían 60000 personas en Las Palmas de Gran Canaria y contaba con 13 hoteles. Luego vendría el turismo burgués, tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, una clientela para la que idealizó Néstor Martín-Fernández de la Torre su destino de tipismo que fue truncado por la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Otro de los impactos de la revolución industrial...

Las guerras, dramáticas, devastadoras, nos dejaron también la transformación del transporte aéreo y propició el turismo de masas, el turismo de esa clase trabajadora que los gobiernos comunista, fascista y nazi organizaron en colonias vacacionales con su carga de adoctrinamiento. Pero en 1936, el gobierno del Frente Popular francés de León Blum había aprobado una ley revolucionaria: un periodo de vacaciones pagadas para todos los trabajadores. Una norma que se ha extendido y consolidado en Europa. Una decisión que necesitaba espacios para esos millones de personas dispuestas a desplazarse para cambiar la monotonía.

Hoy el turismo de masas ha superado más de medio siglo de transformaciones en los transportes, la economía, la tecnología y la cultura. Hay destinos verdes, lgtb, de sol y playa, singles, nómadas digitales, familiares, terroríficos… De cualquier cosa que se demande surge un destino, incluso hay destinos que se inventan a sí mismos para llevarse parte del pastel. Ha sido una revolución constante y que permanece. No ha sido una revolución de barricadas, sino cultural y económica que ha transformado a toda la sociedad y está inserta en ella. Un derecho civil y social que aporta beneficios y también problemas que deben ser solventados teniendo en cuenta que no estamos ante un asunto local sino global totalmente revolucionado por la sociedad en red impulsada de forma meteórica por las telecomunicaciones y, como dice Fernando Gallardo, a las puertas de una nueva y profunda revolución turística.