Mostrando las entradas para la consulta tasa ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta tasa ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de agosto de 2019

La tasa turística hoy es una esperanza para el futuro

Manifestación contra el cambio climático.
Son varios los artículos que he escrito relativos a la tasa turística. En todos me he manifestado en contra de su implantación, fundamentalmente porque no aclaran el destino final del impuesto y ante la duda o la tradición de despilfarro en ocurrencias o asuntos que poco tienen que ver con el turismo, mejor dejar las cosas como están.

Hay que recordar que la tasa turística afecta al principal sector económico de las islas por lo que su impacto se notará en todo el cuadro económico isleño, para bien o para mal, según se plantee y se ejecute. De hecho, una parte destacada del IGIC que se recauda viene del sector turístico, aunque también habría que poner en el balance los gastos que produce y que atiende la administración canaria en sus distintos niveles. Aunque también es cierto que en numerosos destinos cobran la tasa y, también lo he dicho, el que deja de venir a Canarias por ahorrarse un euro diario no merece venir (a ningún sitio, aclaro).

Lo cierto es que hoy voy a posicionarme a favor de una tasa turística que tenga una finalidad concreta: actuar ante la emergencia climática. Y así se ha indicado por los firmantes del pacto del gobierno autonómico, aunque las declaraciones posteriores de algún consejero ya no van por esa línea (la tasa ha sido puesta en entredicho por la evolución a la baja del turismo y también se ha dicho que su objetivo es atender infraestructuras). Y ahí está el dilema: ¿a quién se cobrará? ¿Cómo y cuánto? Y, para mi lo más importante: ¿cuál es su cometido?

Yo la apoyaré decididamente si se utiliza para actuaciones concretas que puedan contribuir a frenar la destrucción del planeta. Actuaciones que han de ser urgentes, decididas ante la hecatombe que vemos cada día por la desaparición de los casquetes polares, el cambio terrible y veloz que padecen en Islandia, Groenlandia... Los nórdicos son conscientes de esta realidad y han de apreciar las iniciativas que se realicen para evitar el desastre que cada día es más cercano, con acciones que deben ser conocidas por los turistas, publicitando las cuentas de esa tasa y el destino del gasto, e incluso que puedan ver y participar en las mismas.
En definitiva, más que una tasa que se pierde en el entramado de la burocracia, hemos de demostrar la vocación decidida de la administración de uno de los destinos turísticos más importantes del mundo con la situación de emergencia que vive el planeta. Será una promoción directa y tendrá carácter sensibilizador. Y eso lo premiarán los turistas que cada vez más son conscientes de la huella nefasta que produce el transporte marítimo o aéreo, con destacados activistas invitando a no usar el avión, cuyo efecto sobre el destino turístico canario sí que es más peligroso que la tasa turística.



Ante esta campaña 'antivuelos' en la que participan líderes como la niña de 16 años, Greta Thumberg, es mucho más poderosa que los recursos que destina Canarias (Promotur y Patronatos de Turismo de Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote o Fuerteventura) para promocionar sus alojamientos y playas.

Por ello, pienso que esta tasa será positiva o negativa según se plantee y se gestione. Pronunciarse antes de conocer el alcance y objeto de la misma es participar del negacionismo de la emergencia en que vivimos. Una postura que podrá significar pan para hoy pero destrucción del planeta en un futuro no tan lejano.

 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Un 'tasazo' para el sector turístico

Impuesto a forasteros en 1946.
Lejos de reducir impuestos como el IGIC (que se incrementó un 40% en junio de 2012) o acabar con el esperpéntico espectáculo del DUA (que encarece de forma inasumible cualquier producto traído de la Península, como si no fuéramos territorio europeo), nos anuncian en la precampaña electoral la propuesta de "un impuesto destinado al desarrollo y la promoción del turismo", con el objetivo de "garantizar la financiación de los programas plurianuales de inversiones públicas de las administraciones canarias en las áreas turísticas a renovar garantizando la modernización y la competitividad del principal sector económico de Canarias". Esta tasa turística, planteada por Nueva Canarias, se aplicaría a los visitantes "por persona y noche además del precio del hotel" y se distribuiría entre la Comunidad Autónoma (el 50%) y Cabildos y Ayuntamientos turísticos (el 50% restante).

Habrá que ver si hay 'letra chica' para saber cómo casan el desarrollo y la promoción del turismo con la modernización y competitividad para un territorio con ocho islas en las que hay actividad turística en todas (en diversas escalas) con más de 15 destinos importantes de los que uno lo es de primer orden mundial como es Maspalomas Costa Canaria. También habría que ver qué se entiende por esos conceptos, ya que son palabras que en sí mismo no significan nada, salvo que haya un paquete de proyectos que explique cómo modernizar y en qué hemos de ser más competitivos para cada destino, cada isla y para toda Canarias. Esto nos lleva a la promoción: cómo se hará, quién, para qué y dónde. Sobre todo cuando el fruto del impuesto irá a parar a organismos, empresas y personas ajenas a los perjudicados. Y es que la tasa se pretende aplicar exclusivamente a los establecimientos hoteleros, deja fuera de ella a los turoperadores y trata igual a todos, incluidos a los que trastocan la actividad económica del sector con el Todo Incluido.

Si todavía no alcanza a entender el impacto de la tasa turística en el sector, estamos ante un "Tributo que se impone al disfrute de ciertos servicios o al ejercicio de ciertas actividades" (R.A.E.). Algo muy diferente a un impuesto que es: "Tributo que se exige en función de la capacidad económica de los obligados a su pago" (R.A.E.). O sea, que se quiere imponer a todos los turistas una tasa lineal, sin tener en cuenta la capacidad o actividad del turista, y esa tasa no tiene que ver con servicios o actividades sino por dormir en un hotel o apartamento.

Es injusta la forma de recaudarlo, afectando exclusivamente al alojativo, y también será un reparto injusto, ya que no se opta por repartir directamente al número de camas, porque más del 70% se irá a la Comunidad Autónoma y Cabildos, lo que seguramente no significará un incremento de los fondos para el sector más importante de nuestra economía. Y, en su gestión, tampoco se vislumbra que los empresarios y otros sectores vayan a lograr un papel más activo en la gestión de ese dinero.

La tasa turística en Canarias es un asunto extremadamente delicado para un destino insular dependiente de la conectividad aérea y marítima (no olvidemos que los cruceros son hoteles flotantes y habría que ver si les imponen un euro por noche y cliente en sus escalas...); Canarias sufre la competencia de otros destinos mucho más baratos que Canarias. Y esa tasa será un incremento del precio final para el turista, lo que restará competitividad en precios: el principal determinante a la hora de elegir un destino.

Es cierto que la tasa se aplica en varios destinos, pero son destinos de otro tipo. Muy distintos a nuestro triángulo de atracción: sol, playa y buen clima. De hecho, un competidor de Canarias, las Islas Baleares, implantó y retiró la tasa turística que denominaron 'ecotasa' por las distorsiones que introdujo (y porque cambió el color político del Gobern Balear).

En diversos artículos he abogado por buscar otras fórmulas para hacer más rentable el negocio turístico en las Islas y aguantar (en la medida de lo posible) el impacto que supondrá la recuperación de otros destinos de sol y playa más competitivos en precios que el nuestro (países árabes del Mediterráneo, por ej.) ya que no existe la fórmula para cobrar por nuestro principal recurso: sol, playas y nuestro extraordinario clima. Pero tenemos que rentabilizar más el esfuerzo y oportunidad que supone recibir cuatro millones de turistas al año en Gran Canaria. Hay condiciones y conocimiento para ello, sin que sea necesaria una tasa. Es más, las tasas y las medidas que afectan al sector turístico planteadas de forma errónea sólo profundizan en la 'turismofobia', en vez de sensibilizar a la población acerca de la importancia del sector que, hoy por hoy, está salvando la economía canaria de la ruina.

martes, 10 de marzo de 2020

El alma de Gran Canaria es resistir, al virus también

La desinformación es otro riesgo apocalíptico.
El turismo en las islas ha sido uno de los sectores a los que infectó más rápidamente el virus que se inició en Wuhan, a 11604 kilómetros en línea recta desde Gran Canaria (unas seis veces el viaje a Madrid). Tal vez nos ha llamado más la atención la suspensión del Mobile Congress en Barcelona, o lo sucedido en un funeral y el contagio de gran parte de los asistentes, pero el primer caso en España fue localizado en La Gomera y las primeras cuarentenas masivas europeas se produjeron en un crucero turístico y en un hotel en el sur de Tenerife. Aunque estábamos avisados y podíamos preveer que sucedería, el turismo canario recibió un durísimo golpe.

Nos ha dado de lleno y seguimos recibiendo impactos. Tantos como el recuento que todos los medios de comunicación nos ofrecen a diario con el número de personas contagiadas en todo el mundo (con una tasa que duplica a la gripe común), y con el doloroso balance de víctimas mortales (con una tasa menor que la de la gripe común y más centrada en colectivos muy definidos).

Pero ya conocemos bien a este nuevo enemigo que daña al ser humano pero especialmente a su modelo económico. Y el resultado es que en una superpoblada Wuhan ya no se contabilizan nuevos contagios. Mientras tanto, en las antípodas de la Gran Muralla China, en un territorio como Canarias, en este clima cambiado que ofrece en febrero y marzo unas temperaturas veraniegas, nos dicen que probablemente el calor sea la mejor vacuna conocida por el momento para evitar el contagio. Y, digo yo que hasta la calima tendrá algo que decirle al virus. ¿Lo han escuchado o leído? Pues parece que no lo han entendido... No es tan fiero el animal como lo pintan, aunque sí un show. El espectáculo más viral que hemos conocido hasta la fecha, superando al ébola o al VIH hasta tal punto que han pasado desapercibidas las noticias del fin del ébola en el Congo o que el sida ya tiene el primer curado en el mundo.

Lo tiene mal el corona con nuestro clima, pero quien lo frena de verdad es el sistema sanitario público que es nuestra verdadera Defensa ante este fenómeno global. Un servicio que demuestra en estos momentos que las infraestructuras públicas son fundamentales para toda la población, incluido el sector turístico que toma nota de la importancia de un sistema con recursos para ejecutar protocolos de actuación que, en muchos otros territorios son inexistentes y en algún caso hemos visto a sus líderes rezando con el gabinete presidencial en la imagen más grotesca para una humanidad que intenta afrontar un problema médico y científico.

Esta pandemia nos afecta, pero nuestra historia está salpicada de grandes tragedias ocasionadas por piratas, terremotos, tsunamis, volcanes, temporales, plagas,  incendios y, cómo no, epidemias como el cólera o las gripes invernales. De todos estos sucesos el pueblo canario ha tenido que aprender a recuperarse y a prepararse, a resistir, como dice el lema utilizado por el Cabildo en una de sus ferias.

Quizás estemos en un lugar privilegiado para actuar ante el virus. No hemos olvidado aquel numeroso grupo de madres de centro Europa que vinieron a resguardar sus embarazos en Gran Canaria alejándose de la nube radiactiva de Chernobil. 'Las madres de Chernobil', como se llamó a ése fenómeno, puede ser un ejemplo de la comunicación que necesitamos, de la cordura que debe imperar y del freno como señala el presidente insular, Antonio Morales, o cuarentena al sensacionalismo y pánico que algunos irresponsables pretenden extender haciendo el juego a especuladores y negociantes que hacen de esta crisis una ruina inasumible para quienes menos tienen, demostrando que las desigualdades económicas también juegan su papel, sobre todo en los países donde los servicios públicos son inexistentes o han sido privatizados.

No olviden lavarse las manos tras leer este artículo y mandar a hacer gárgaras a quienes siembran el terror infundado.

domingo, 2 de agosto de 2015

Turismo, riqueza y empleo

"Estampa" de un destino de 'sol y playa'
La noticia publicada por el digital 02B acerca de la escasa rentabilidad por turista en destinos de sol y playa en España ha abierto un interesante debate en mi muro de Facebook acerca de, principalmente, dos temas que son permanentes en torno a la actividad turística: cuánto empleo puede crear y qué riqueza ocasiona en los destinos de sol y playa (lo que no quiere decir que sean de masas exclusivamente, aunque aquí se da ese caso). Todo ello contrasta con las cifras oficiales: el turismo representa el 10% del PIB mundial, el 5% de las inversiones en el planeta y 1 de cada 11 empleados en el mundo. En Canarias las cifras son más llamativas: el 28% del PIB y 1 de cada 3 empleos. Razones de peso para cuidarlo y mejorarlo.

Que la riqueza se reduzca a 100 euros por turista no deja de ser dinero, claro, pero no es lo que podríamos llamar una 'riqueza' y, además, habrá que ver y valorar cuánto se queda en el destino que es, en definitiva, el lugar que aporta a la actividad turística unos sacrificios que son repercutidos en toda la población y entre los que podríamos destacar:
  • Uso o presión sobre los espacios de mayor calidad ambiental.
  • Inversiones en infraestructuras y dotación de servicios al sector turístico. Aquí podemos señalar que supone una actividad económica y que precisa de puestos de trabajo, aunque encorsetados.
  • Presión de demanda y encarecimiento de los recursos energéticos que se necesitan para los centros turísticos vs resto de población, sobre todo si se usan combustibles fósiles que no tenemos y hay que pagar e importar; o la demanda de agua que provoca su encarecimiento para otros sectores al no contar con ríos o lagos, ni con la lluvia suficiente que garantice el suministro; o la gestión de residuos, incrementada por el impacto de los millones de turistas que, obviamente, no se llevan la basura a sus países de origen.
  • La necesidad de una mano de obra que puede ser autóctona pero para ello es obligatorio que sepa idiomas y, además, el personal queda ubicado en un sector servicios mayoritariamente de cualificación limitada.
  • Necesidad de importar productos de bajo coste (alimentos, fundamentalmente) ya que lo local no interesa porque sus precios no son tan rentables.
  • Incremento en el destino de las distintas formas de contaminación (atmosférica, sonora, lumínica, aguas residuales...) y masificación, aspecto de gran impacto en territorios insulares.
  • Riesgo de contagio de la economía local por los problemas del sector turístico, derivando en estancamiento económico y crisis, tanto por aspectos exógenos (crisis económica en un país emisor, huelgas o catástrofes e incluso la irrupción de un volcán islandés que paraliza el tráfico aéreo de Europa) como endógenos (saturación, obsolescencia o madurez del destino).
  • Limitado impacto en la generación de empleo (y bastante que da de sí el turismo)
  • Subordinación a intereses foráneos (turoperadores, compañías aéreas, de cruceros, grupos hoteleros o de gestión de parques temáticos, e incluso las empresas de animación y espectáculos en establecimientos hoteleros...)
  • Intervención política con importantes cantidades de dinero público en promociones con objetivos dispares (tengamos en cuenta que estamos ante una complejidad de destinos, de islas, de la comunidad, empresas, establecimientos, servicios o productos), e incluso se puede dar el caso de la utilización de estos recuros para campañas personales.
  • Laberinto legislativo...
  • Distorsión de la marca, siempre dependiente de los tumbos que da el encargo a consultoras (también mayormente foráneas), cada vez que hay elecciones y cambio del responsable político o por la falta de criterio de algún técnico (que de todo hay).
  • Y un largo etcétera...


Con este panorama que ya auguraba Mario Gaviria (‘España a go-go’ 1974) tenemos que reconocer y recordar que hubo quien pensó más allá que en justificar la venta del complejo turístico y sacarle el beneficio inmediato. Visionarios cuyo objetivo era rentabilizar la presencia del turista en nuestro territorio y que formaran parte de un proyecto o modelo en común con el isleño.Y es que la fórmula o el silogismo es sencillo. Si el sol y la playa es gratis y no es tasable, el visitante puede y debe dejar su aportación en actividad económica pagando por productos y servicios que no vengan en el ‘paquete’ que controla el turoperador o el alojamiento (en particular los que han implantado el ‘Todo incluido’).

Considero que Gran Canaria ha de aspirar (no queda otra) a mucho más dinero por turista y que éste, encima, salga satisfecho de la isla y regrese. Pero ¿qué se puede añadir al sol, la playa y el clima?. He indagado durante años en esta necesidad y veo varias posibilidades de distinto tipo que me reservo y considero necesario, además, crear un espacio permanente (y no me explico cómo no existe ya) para el encuentro entre empresarios que puedan imaginar las posibilidades de este territorio y sus gentes para que la marca turística de Gran Canaria se convierta en un referente mundial para un perfil de turistas que no miren sólo el precio (que es el determinante actual al dejarnos caer en el 'bombo' de destinos commodities) cuando eligen un destino de sol y playa entre los muchos que pueden elegir, sino que encuentren otros productos y servicios (no olvidemos que cada isla viene a ser un destino multiproducto) y todo lo demás que pueda desear o encontrar un turista -con la calidad esperada- en nuestros competidores.

Pero hay que apuntar más alto. Buscar el liderazgo. Además de lo dicho hay que ofrecer algo que no tengan otros, que sorprenda e incluso puedan desear exportar como franquicia.

Gran Canaria podría tener su nuevo lema más allá del exitoso creado por Fray Lesco del ‘Continente en miniatura’. Un contenido más atractivo para la sociedad del siglo XXI con productos que se conviertan en un referente y reclamo para el mundo. Que, además, destaque y sorprenda con usos novedosos de los avances tecnológicos, porque no todo está inventado, ni mucho menos, en el turismo.

Y ahora abordo la controvertida tasa. ¿Dónde hay dinero para esas iniciativas? Yo creo que podrían lograrlo con la tasa o como quieran llamarlo, pero con una importante diferencia: el importe recaudado no será gestionado sólo por el partido político que gobierne o el órgano de la administración que la tramite. Ni se difuminará entre los fondos de la institución. Ni se destinará a cubrir las actividades de la administración que se vienen realizando con partidas finalistas en el área de turismo.

Hablo de un nuevo modelo (también) de gestión, con más implicación del empresariado (porque va en ello que sus establecimientos puedan subir precios y aumentar su valor), la complicidad de la sociedad (porque habrá que investigar y crear...) y con la participación de la administración local e insular para que incrementen  su actividad y presupuesto e impulsar este cambio de modelo. Un cambio que hará que el turismo no sea un sector estanco y contradictorio, sino que pueda liderar el desarrollo como hiciera tras las iniciativas de Néstor Martín Fernández de la Torre bajo su espíritu de “Hacer de la vida una obra de arte” y en esa obra de arte viviremos los grancanarios y la compartiremos (porque contribuirán a mantenerla y mejorarla) con los turistas.

domingo, 9 de agosto de 2015

Del 'Todo Incluído' al 'Todo a tu Alcance'

Días atrás publicaba un medio local que uno de cada tres turistas en Canarias se aloja en establecimientos 'todo incluido' (TI). En diez años, según los datos de fuentes del sector, se ha pasado del 11% de turistas TI al 33%. Y sigue creciendo. Un auge que coincide con el del turismo que quiere olvidarse de cualquier preocupación. No molestarse más que en comer, beber y disfrutar de la piscina o las instalaciones del complejo turístico. Ello incide en la pérdida de clientes de los establecimientos en su entorno. Curiosamente, el número de restaurantes en las islas no ha parado de crecer en ése período, aunque sea la isla de Tenerife la que ha experimentado un crecimiento sorprendente frente al aumento moderado en la isla grancanaria.




Pero vamos al tema. El TI es una modalidad de alojamiento que procura que el turista no salga del establecimiento y disfrute de sus instalaciones (piscina, hamaca, piscina, hamaca y así hasta que finalice su estancia) con el consumo de bebidas y comidas sin tocar el monedero (o casi). Esto ha supuesto una merma de clientes en restaurantes y bares del entorno, o así lo aseguran las patronales del sector que han puesto en marcha campañas para reivindicar que se ponga freno a la actividad del TI y evitar que el 100% de los establecimientos turísticos se conviertan en 'reservas' para turistas que se inhiben del entorno del destino turístico más allá de los muros o jardines de su hotel.

De hecho, las organizaciones que agrupan a las empresas del sector de la restauración (la Federación Empresarial canaria de Ocio y Restaurantes (Fecao) y la Plataforma de Pequeños Empresarios Unete) abogan por establecer un impuesto a las empresas TI de un 15%, lo que vendría a ser un poco más del doble del IGIC (Impuesto General Indirecto) que actualmente se paga en Canarias. Una medida que habría que justificar y analizar para ver si es aplicable y si hay voluntad política de implantarla.

Lo cierto es que, como sucediera con la aparición hace años del time sharing (compra de inmuebles, apartamentos o habitaciones a tiempo compartido), al final habrá que regular esta actividad porque no es lo mismo dar pensión completa o media pensión que incluir en el precio de la estancia todos los consumos de comidas y bebidas que se realicen en el establecimiento. Aunque, lo cierto, este tipo de ofertas tienen sus clientes y, a la luz de los datos que se ofrecen, van en aumento.

El impacto sobre la economía local, es serio. El TI limita el reparto del gasto turístico y afecta seriamente al sector complementario en el turismo. Lo que no quita para señalar que este sector también peca de cierta pasividad y escasa solidaridad con el destino turístico. Tanto es así que son pocos los casos en los que colaboran con los eventos que celebran las instituciones o empresas privadas y sólo se les escucha cuando un espectáculo no se celebra en su entorno y se utiliza otra playa o plaza para satisfacción de los locales de ese lugar que, durante unas horas, hace su 'agosto'.

Dudo que la demanda de un 15% de IGIC a los establecimientos TI tenga recorrido, pero sí es cierto que hay que tomar la iniciativa y buscar alternativas porque el turismo cada vez dejará menos recursos en el destino y eso perjudica a la economía local y por ende al conjunto de la población que ve cómo se ocupan los lugares de mayor valor ambiental para un turismo que deja la calderilla para los residentes.

Por ello, más que gravar a los establecimientos con un impuesto vengativo, habría que plantearse si no sería conveniente que los propios establecimientos TI asumieran su parte de Responsabilidad Social Corporativa, aunque dudo que lleguen a planteárselo, por lo que habría que estudiar si se podría establecer una tasa por cliente de 5 céntimos de euro por día (por citar una cifra). Un dinero que no debería diluirse en la maraña burocrática, sino destinarse a una campaña en los mismos establecimientos TI que promocionara los productos, establecimientos y actividades del entorno, de la isla. Algo que debería existir en todos los alojamientos turísticos, pero que se hace necesario (por no decir obligatorio) en los establecimientos TI. De esta manera, el cliente podrá tener información para decidir si sigue comiendo y bebiendo sin salir del hotel, o si quiere disfrutar de una amplísima oferta que se encuentra tras las puertas de la recepción.

Haciendo cálculos, si uno de cada tres turistas acude a un TI y la media de estancias es de 7 días (pongamos 4 para no ser exagerados), tendríamos que la recaudación para esa actuación de promoción de la amplia oferta del destino podría ser superior a 800.000 euros. O sea, que podemos incluso conseguir dinero para otras acciones (patrocinio de espectáculos, festivales, torneos...).

martes, 13 de septiembre de 2016

El IGTE y la penalización al turismo canario

Antiguo libro de contabilidad del ITE
Muchos piensan que la devolución a la Hacienda canaria (o no transferir a Madrid) del importe del Impuesto General del Tráfico de Empresas (IGTE o antiguo ITE) es un 'regalo' a Canarias, cuando es todo lo contrario. En realidad, es un impuesto extinguido en 1985 (o en 1986) en España y que se reintrodujo en 1993 para compensar la ausencia de IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) en Canarias, o lo que es lo mismo, una reducción de la capacidad fiscal de las Islas Canarias porque pagamos al Gobierno Central parte de lo recaudado por el IGIC (Impuesto General Indirecto de Canarias), cosa que no hacen a otras autonomías que tienen reconocido su diferencial fiscal.

El Estado, en consecuencia, retiene cada año en las transferencias a Canarias una cantidad que se revisa en función de los ingresos reales del IGIC. El Gobierno de España se ha quedado, desde el año 1993 hasta 2009, con cantidades en torno a 300 millones de euros, sin tener en cuenta que Canarias es una de las comunidades peor financiada por habitante a la que se compensaba con convenios de infraestructuras (carreteras, agua, puertos...) y empleo, que desaparecieron con la excusa de la crisis, mientras otras comunidades han sido favorecidas con obras o con trenes de alta velocidad cuyo coste supera con creces lo recortado en las islas.

A partir de 2009, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero comenzó a aplicar rebajas del IGTE para compensar la falta de financiación en las islas. Un proceso que finalizó en 2012, ya con e PP en el poder, con la cesión del 50% del IGTE. De ahí que el Gobierno autonómico de Fernando Clavijo ha pactado con el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas la cesión del resto del dinero que el archipiélago tenía que ceder cada año a Madrid, unos 160 millones netos.

Imagen de la póliza que pagaban los turistas.
Por su parte, el Gobierno de Canarias presidido por Paulino Rivero, ante la caída de ingresos estatales que han dañado seriamente los servicios públicos (sanidad, educación, atención social), procedió a incrementar en 2012 el IGIC del 5 al 7% (un 40% más) dando como resultado que, con menos actividad económica, se recaude más por este concepto. Por ejemplo, en este año, se estima en más de un 6% el incremento de recaudación del IGIC. Y así, mientras se mantiene la maquinaria administrativa (y aumentan los cargos de confianza), todos miran al turismo para que pague más, contrate más y surge, como el Guadiana, la posibilidad de una tasa por turista.

En definitiva, el sector turístico y hostelería supone (directamente) el 31,4% del PIB y el 35,9 del empleo en Canarias. Además, aporta más del 30% de los impuestos que se recaudan en Canarias, pero desde 2012 el sector turístico paga un 40% más de IGIC (los servicios y productos que recibe), y de éste dinero el Gobierno de Canarias paga al Estado la parte que le restan del IGTE. Un impuesto más que impuesto y que se nutría, entre otras cosas, de la póliza por turista que fue creada el 17 de julio de 1946 para financiar la Dirección General de Turismo (estatal) con 3 pesetas por noche de hospedaje en los hoteles de Primera A y B, y con una peseta por noche en los hoteles de segunda y tercera categoría. Un timbre que se integraría en el ITE en 1964 y que desaparecería al crearse el IVA.

Imagen de una cuenta de hotel con la Póliza.
Así, nos encontramos que el impuesto al turista ya no lo pagan las demás comunidades españolas, por lo que seguimos en las mismas con la consiguiente pérdida de competitividad. Y no sólo en la actividad turística por excelencia (hotelería y restauración), sino también en el comercio, ya que el diferencial fiscal entre los productos que se venden en las islas (con un 7% de IGIC) y en la Península (el 21%) es menor y hace menos atractiva la compra que realizaban los turistas en los comercios de cámaras, perfumes, mantelería y tantos que daban vida a los centros y zonas comerciales de las islas.

lunes, 19 de abril de 2021

Sin memoria no hay paraísos

Una cuartería de aparceros en Gran Canaria

Estimada escritora, Andrea Abreu.

Con su artículo ‘Si esto es el paraíso’ (El País. 17 de abril), ha removido usted la mitología macaronésica para poner en evidencia (o en la picota) nuestro paraíso de “la Europa tropical” turoperada. Y no anda usted desencaminada, porque los homéricos Campos Elíseos, entre alisios y sirocos, fueron y son un lugar privilegiado, pero los dioses no habitan la tierra, ni hemos vuelto a otear San Borondón en el horizonte. Así que, por mucho que lo recen en las guías, las islas no son un lugar donde suceden cosas extraordinarias, salvo que llegues a sentir distinto el tiempo y el espacio isleño bañado por luces de Mafasca.
 
Pero, desmitificar nuestro dogma turístico no nos tiene que denigrar la realidad. Hemos podido progresar gracias a los/as 'chones', y mucho. El analfabetismo ganaba por goleada (75,26%) en 1900. En 1950, antes del boom turístico no llegaba al 23% y así se ha mantenido hasta 2009, que cae al 13,9%. Ahora es del 1,6 (INE. 2019), lo que nos permite afirmar que las competencias educativas autonómicas han dado sus frutos, aunque seguimos entre las CCAA con mayor tasa de analfabetismo. Una cifra que, si la analizamos desde el punto de vista de género, nos muestra un perfil más femenino de esta estadística. Entenderá con estos datos las dificultades endémicas y casi insalvables de las mujeres en las islas para aspirar a trabajos de mayor nivel.

Pues sí, antes del ‘paraíso’ que buscaba en su niñez, según cuenta en su artículo, esta era una región con demasiadas personas que no sabían leer ni escribir. Con una de las tasas más altas de natalidad, multiplicándose por cinco el número de habitantes en un siglo, así como el último bastión de enfermedades tan anacrónicas como la lepra. Y, sobretodo, con un mercado laboral de trabajos inestables y mal remunerados en el sector agropecuario, sin apenas industria, por lo que la única salida a la miseria secular eran las embarcaciones clandestinas al sueño -otro paraíso- venezolano o caribeño, con la ayuda de la marea.

De ese pasado, no tan lejano, puede ver -todavía- las cuarterías de finas paredes sin encalar ni sellar, cubiertas por uralita o cartón piedra, cuartuchos donde se hacinaban familias de aparceros junto a sus cabras y gallinas. Poblados lumpen casi pegados, como souvenires gráficos, a las incipientes ciudades para la nueva clase hedonista europea, mientras las/os niñas/os, mujeres y hombres víctimas del subdesarrollo, no disfrutaban de otra cosa que de trabajar al sol de invierno canario, para mandar a los muelles de Canary Wharf (hoy convertido en centro de negocios) las ensaladas que daban color al ‘smog’ enfermizo de la City, recordándoles que el vergel de belleza sin par estaba a un par de días de barco. El mismo sol que baña actualmente esos surcos abandonados junto a los complejos turísticos que dan trabajo estable, con unas condiciones laborales establecidas por un convenio que paga más que el Convenio de Despachos, el que rige para las contratas que limpian los edificios del Gobierno, por ejemplo. Asimismo, durante la crisis económica de comienzos de la pasada década, el sector que vio crecer sus salarios fue el de la hostelería, por encima del resto de sectores, una actividad que no sólo mantenía el empleo sino que subieron los sueldos. Fue el sector que facilitó la recuperación económica del país.

Pues hete aquí que, en estas islas, se desmantelaba las industrias del tabaco (demasiado competitiva para la Tabacalera estatal), la pesca (desviada a Marruecos por intereses estatales) y el sector primario se mantiene asistido con subvenciones europeas (y eso que nuestro plátano es insuperable), por lo que en la actualidad apenas ocupación al 5% de la EPA. Pero en algo habrá que trabajar en unas islas más allá de la burocracia (las oposiciones se hacían en la Península, para que digan del centralismo), con pocas esperanzas de una industrialización en islas. Pero la ilusión nunca se perdió, metamorfoseada en el oráculo recurrente de que Canarias podría ser un paraíso para empresas TIC o punteras en energías renovables, aunque seguimos esperando que suceda el milagro de la metamorfosis. Por ello, mientras tanto: ¡Gracias que somos un destino líder mundial del turismo! (mientras seguimos exigiendo que se fomenten esas otras alternativas, aunque esa canción ya suena a gramola decimonónica).

No obstante, algo de razón tenían Hesíodo y Homero, cuando a falta de carbón, cobre, uranio, acero, petróleo..., hemos puesto a producir el paisaje, el clima, al coste de pérdida para generaciones futuras de un territorio que hemos de cuidar con más ganas que las que pusieron Néstor Martín-Fernández de la Torre, César Manrique y otros/as muchos/as. Por lo menos, a falta de materias primas, minerales o empresas del Nasdaq, nos queda la alegría de que la población no padece enfermedades endémicas propias de esas industrias extractivas o manufactureras que tienen salarios más elevados, pero también producen mayores impactos en el territorio y en la salud de sus poblaciones.

Esta realidad de islas balneario, asilo de Europa, fiesta interminable, el templo del ‘happy hours’ y el todo incluido, nos muestra el altísimo peso del sector servicios en la ponderación del salario medio en Canarias, al tener un importante número de trabajadores que no precisan de formación académica. Y ése es el motivo. Por eso tenemos la media salarial y de pensiones de las más bajas de España y de Europa, junto a la cesta de la compra de las más caras (los puertos..., qué poco se habla de su papel). Y, a pesar de todo, siempre con una de las cifras de paro más elevadas del país. Pero, para qué quejarse si vivimos en este paraíso publicitado.

No es tan malo trabajar en el turismo, ni en la minería, ni de basurero urbano. Es cierto que no son necesarias cualificaciones especiales en los trabajos que más mano de obra se precisan para el turismo. Y es que después de décadas (casi un siglo y medio), desde los diferentes servicios de limpieza, animación, mantenimiento, promoción, big data y revenue management, restauración, o los cuidadores de animales en un parque temático… todos/as son profesionales, en su mayoría excelentes, capaces de convertir momentos en experiencias paradisíacas. En un sector donde el trato personal es clave del éxito de un establecimiento, de un destino. La amabilidad es una seña de identidad de los profesionales del turismo. Por eso, reflexione sobre el recuerdo que todavía vive en su memoria de cuando el dueño del complejo turístico le invitó siendo niña a saltar a la piscina mientras su madre atendía las habitaciones. No fue un gesto aislado, sino su forma de hacerle disfrutar de una experiencia inolvidable y que deseara volver en un futuro a ese hotel. Regresar al paraíso de aquella infancia. ¿Qué otra actividad económica puede obrar ése ‘milagro’?

viernes, 11 de agosto de 2017

La frágil frontera entre la hospitalidad y la turismofobia

El Queen Mary en La Luz, AÑOS 60 (FEDAC).
El rechazo a lo foráneo no es nuevo, es parte de la forma de ser de la humanidad que, aunque inmersa en la globalización, mantiene sus reflejos psicológicos grupales propios de tribus o comunidades que abandonaron el nomadismo para asentarse en lugares donde se consolidaron y crearon sus estructuras sociales entre las que figura la propiedad o la religión. De ahí que uno de los primeros casos de 'turismofobia' podríamos señalarlo en los inicios del turismo de salud, cuando los ciudadanos temían el contagio de enfermedades, o en una segunda etapa cuando arranca el turismo de masas, cuando había un rechazo doctrinal a las creencias religiosas de los chonis, el posible contagio de su democracia o, más importante, la moralidad pecaminosa de aquellas mujeres que mostraban con descaro sus cuerpos en bikini.

Lo de ahora es bien distinto, es el rechazo a un modelo de turismo que ha producido la mayor transformación y desarrollo económico conocido en las islas, pero que también ocasiona situaciones no deseables, aunque en esto hay demasiados tópicos y desinformación por falta de explicaciones e iniciativas pedagogicas para explicar la actividad turística y, sobre todo, para poder rentabilizarla. Algo que han hecho bien en otros destinos creados y diseñados para atraer turismo porque, no nos llamemos a engaño, todos quieren hacer turismo y sólo vemos los problemas en casa, aunque la culpa de esos problemas sea de los propios gestores de cada destino y no del turista que viene atraído por lo que se le ofrece.

Y es que no hay sector que más incremente sus salarios en España, que aporte tanto al PIB, que realice un uso más eficiente del agua, que incorpore los equipamientos para la producción de energía limpia, o que genere más ingresos y empleo en la Comunidad. Sin olvidar el auge de producciones cinematográficas que mejoran la marca isleña a pesar de que también surgen detractores. Y, dicho esto, si decidiéramos cambiar de modelo económico ¿habría otro sector que pudiera cubrir mínimamente la actividad en las islas? La industria no puede absorberlo, el sector agropecuario está subvencionado y los sueños de una sociedad tecnológica de alto valor añadido se desinflan con la diáspora masiva de profesionales a otros países o regiones... Y así cualquier posibilidad.

Promoción del Hotel Santa Catalina.
Poca memoria tenemos cuando nos quejamos de que el turismo ocupa las zonas de mayor valor ambiental de las islas, cuando hace poco más de cinco décadas eran el suelo improductivo que nadie quería. Ni recordamos que los monocultivos agrícolas nos conducían inexorablemente a crisis profundas que desembocaban en hambrunas y emigraciones masivas. 

Guía ilustrada por Néstor.
Pero tampoco debemos tirar voladores por el modelo actual. Un negocio turístico que controlan mayoritariamente agentes foráneos, que se centra en el sol y playa (que sale gratis a los turistas) a precios competitivos, o sea, de bajo beneficio para el destino (por culpa nuestra) y una obsesión desde las administraciones por traer más y más turistas -como si esa fuera la única medida posible de éxito- dedicando a ello cuantiosos recursos públicos en vez de sentar las bases de un modelo de progreso y sostenible, que prime la obtención de rentas y la ocupación para los residentes. Y la culpa no hay que echarla a las empresas turísticas que ni 'venden' las cifras de entrada de turistas ni encuentran en las islas las personas formadas para sus plantillas, y mucho menos planifican el territorio para convertir el litoral en cascadas de construcciones sobre el mar que confirman el efecto masificador del modelo actual en el que impera el 'low cost' en todos los ámbitos.

No olvido que hay numerosas debilidades en el sector turístico canario: poco competitivo en precios (nos salvaron las 'primaveras árabes'), de bajos salarios (por el perfil del sector de baja cualificación, aunque es el que más incrementa salarios), por su importante consumo energético, la llegada de personal foráneo, la demanda de infraestructuras y equipamientos, o la tendencia al turismo residencial (pero no olvidemos que en un principio fueron los propios canarios quienes compraron apartamentos para obtener rentas), la dependencia de los turoperadores extranjeros, o el riesgo del 'monocultivo' en un mercado global, etc. etc. Pero no se ha puesto freno a determinadas fórmulas que atraen turistas más propios de 'Resacón en Las Vegas' que de un destino de tranquilidad, bienestar y oferta de ocio novedosa y atractiva.

No quiero decir con ésto que la calidad se imponga a través de restricciones y exigencias medidas en estrellas de los establecimientos: hay hoteles de pocas estrellas con gran calidad en su segmento, al igual que apartamentos e incluso viviendas vacacionales. La calidad viene dada por el gasto en destino y eso se da en diferentes tipos de establecimientos con un beneficio mayor en el destino. Por ello, plantear por ejemplo poner una tasa es generalizar y dar una respuesta errónea al problema.

Sin embargo, la respuesta no ha de ser la de poner punto final a nuestra proverbial hospitalidad, una de las más valoradas cualidades de nuestro destino, para acusar al turismo de los males de la sociedad. Estamos jugando con fuego y contra los intereses de la mayor parte de nuestra sociedad. Hablemos de mejorar el turismo y convertirlo en el eje vertebrador de nuestro bienestar y de nuestro desarrollo tecnológico. Convirtamos las islas en ese lugar de salud (hoy lo llaman wellness) y de inovación y tecnología con nuevos productos para el turismo que, en esto, no hemos sido conscientes ni consecuentes con las oportunidades que nos ofrece la actividad turística.

lunes, 26 de octubre de 2020

Entender el turismo para reconstruirlo

Abanico y Rotonda (demolidos)
La crisis turística ha dado lugar a la búsqueda de posibles fuentes de riqueza alternativas al turismo en Canarias. Y no es que se quiera eliminar la actividad que representa el 36% del PIB isleño o cualquier otra producción y servicios que contribuyen, también con sus impuestos, al PIB, al empleo y a la renta per cápita, sino que si no hay turismo habrá que buscar dónde puede trabajar el 40% de los/as empleados/as de las islas. Pero, además, si existieran alternativas serían compatibles con el turismo. Una actividad que no ha suplantado, limitado o prohibido el desarrollo de otras formas de creación de riqueza y empleo. Por el contrario, las ha impulsado. Hemos comprobado estos meses su impacto en muchos productos km 0 o la industria local y cómo impulsa el sector servicios y comercial. Turismo es todo. Lo tangible y lo intangible. Somos todos. Y por eso debemos preocuparnos y preguntarnos quién decide sobre el turismo y nuestro futuro.

Estamos ante una actividad transversal que afecta a casi todo en casi todos sitios, en mayor o menor intensidad. En todo el mundo. Un planeta donde cada vez había menos lugares con colas de turistas (incluso en el pico Everest), donde la cultura de viajar se extiende a casi un tercio de la población mundial, y hay lugares como los 'sures' de nuestras islas, creados para un tránsito constante de personas cuando antes del turismo eran costas desérticas, improductivas. Allí se puso a producir el espacio. ¡Y tanto! Un espacio afortunado y deseado por los europeos, sobre todo en invierno. 

Así hemos visto nacer y crecer ciudades/espacio para esa colectividad desplazada por períodos -estaciones-, los migrantes o refugiados climáticos, quienes generan una actividad que es tan amplia que, tras más de treinta años escribiendo y aprendiendo sobre el turismo, sigo encontrando entresijos apasionantes. Sigo sorprendiéndome de la iniciativa e inventiva de la Humanidad y cómo hace del turismo su forma de vida en innumerables variedades. Pero bueno, también hay actividades más enriquecedoras y de futuro que deberíamos promover. Pero no es que no se intente atraer inversión, al contrario, porque son muchas las facilidades y ventajas de nuestro territorio implantadas desde hace décadas, con escaso éxito porque no vemos prodigarse tantas empresas como para superar a la actividad turística, salvo que la pandemia cambie la tendencia. Ni el clima, el REF, la Zona Especial, ser territorio europeo, las infraestructuras sanitarias, el IGIC vs IVA, la conectividad, los centros de I+D+i, las universidades, ocio, deportes y cultura todo el año... ¿Qué más quieren para convertir Canarias en Silicon Islands, o en Canarywood? Con medio millón de camas en instalaciones turísticas de calidad para atender esas iniciativas...¿dónde mejor que en el paraíso de las Afortunadas? Pues algo no funciona en esas promocionadas fortalezas y oportunidades para que sigamos (hasta el Covid-19) con la hegemonía del turismo. 

Hay países que tienen -o tuvieron- importantes cantidades de materias primas: el petróleo, los minerales, o incluso la capacidad de invención porque no profesan el españolísimo “que inventen ellos” (Miguel de Unamuno). De hecho, nos dijeron hace unos meses que entre tabaibas y dragos tenemos minerales raros y muy valiosos. La mala noticia es que para extraerlos y separarlos tendríamos que desmontar el Archipiélago y vivir sobre una montaña de escombros para poder vender el telurio, el vanadio o el itrio, hasta que se agote, como se acaba el petróleo, el oro o el aire puro. Sin olvidar que las zonas industriales extractivas en el mundo son las que presentan peores niveles de contaminación, o exportan residuos nada inofensivos a otros lugares, que se convierten en cementerios de productos contaminantes.

Tenemos un clima estupendo para la agricultura, pero ya sabemos de memoria la 'Polca frutera’ (Los Sabandeños) y conocemos la dureza del día a día del trabajo en un invernadero sofocante, o en las terrazas que escalonan los barrancos de las islas, labrados durante siglos y que hoy lucen abandonados y derrumbándose. La realidad estadística es que el sector primaro tan sólo supone el 1,5% del PIB y el 2,1% del empleo Todo ello a pesar de ser uno de los sectores más subvencionados. Tampoco olvidemos la importancia mundial del banco pesquero que fue canario y hoy está siendo saqueado por flotas de China, Turquía y la UE, sin que existan ya barcos isleños que puedan vivir de esos recursos. Bueno, se pueden desarrollar piscifactorías, pero ese es otro tema.

El sector industrial cuenta con medidas proteccionistas para las escasas fábricas existentes en las islas, pero hablamos de más o menos el 3,7% del PIB y el 1,4 del empleo. Por lo que, sin turismo, tanto la limitada industria como el agonizante sector agropecuario pierden uno de sus principales soportes.

Y, todavía, seguimos considerando el turismo como un enemigo de nuestra tierra. Sin diferenciar entre el turismo de masas, más vacacional y masivo, del experiencial, el de mayores y tantas otras modalidades. Sólo nos percatamos de la masificación del espacio y su rentabilidad puesta en cuestión por los intermediarios (nueva versión de la 'Polca frutera'). Y nos enfrascamos en buscar culpables sin asumir nuestra cuota  de responsabilidad. Porque no es que nos hayamos prodigado en apoyar otros tipos de turismo, en los que se genere más renta y valor añadido en el destino. Sobre todo en un Archipiélago donde 'vendemos' el paisaje, el clima, el sol... Y todo eso es gratis, por lo que los anuncios de una tasa siempre han desatado la polémica.

Hay opiniones contrarias a esta actividad, con sus razones, que culpan al turismo de la crisis (no sólo de ésta), mientras hemos estado décadas sin preocuparnos por cómo vivir y progresar en un entorno que nos produzca orgullo, salvo visionarios como Néstor Martín-Fernández  de la Torre o César Manrique, quienes nos advertían de la responsabilidad  común y la importancia de cada detalle, de vigilar los fundamentos de una actividad que ha supuesto la etapa más larga de desarrollo, pero que podría ser mucho más y no sólo económicamente, pero para ello hay que entender el turismo y, a pesar de llevar un siglo y medio conviviendo con él, adaptándonos a él, seguimos siendo unos analfabetos. Y eso nos limita las posibilidades de reconstruir o reconvertir el paraíso.

domingo, 20 de septiembre de 2015

El impacto del turismo en el PIB canario, un estudio a mejorar

Desde hace varios años se viene publicando el Estudio de Impacto Económico del Turismo (Impactur), pero a mi entender es un documento que bien podrían intentar hacer algo más práctico para un sector que representa la principal actividad económica del Archipiélago Canario. Sin duda, se trata –o debería- del informe que aporta los datos fundamentales para conocer dónde fracasamos y dónde deberíamos realizar nuestros esfuerzos para que el turismo sea un verdadero sector de desarrollo en todos los sentidos, ya que nos dice cuánto gastan, cuántos vienen, cuántos empleos se originan y cuánto se invierte... Pero presenta grandes lagunas y requiere un análisis más profundo que mejore la calidad de la información y le dé un sentido práctico. De ahí que me extrañe el silencio de todos los operadores: patronales, patronatos, sindicatos, periodistas… Ante un estudio tan importante para nuestra comunidad.

Yo tampoco le presté atención en su momento. Lo reconozco. Los titulares eran obvios y triunfalistas para contentar a todos en momentos en los que andamos huérfanos de buenas noticias. Por eso no me fijé en el detalle, en la letra pequeña. Pero, casualmente, preparaba hace unas semanas una conferencia sobre la historia del turismo en Gran Canaria cuando me vi necesitado de actualizar datos sobre variables como PIB turístico, empleo, gasto… Y recurrí para ello al documento Impactur elaborado por el Gobierno de Canarias y el organismo ‘Alianza para la excelencia en turismo’. Al releerlo con detenimiento, me encontré con un documento que adolece de diversos defectos que han de ser corregidos:

  • Contenidos mejorables y ampliables.
  • No se hace contextualización correcta de la situación política y económica.
  • No se desarrolla el estudio en la realidad insular, dado que las diferencias entre islas son abismales y la valoración global del archipiélago da lugar a una interpretación errónea para los diversos destinos.
  • Se ofrecen comentarios de análisis contradictorios.
  • Completar la herramienta para que pueda servir a los intereses de las distintas islas y, por ende, de Canarias.


Como ejemplo de esas mejoras que podría ofrecer el Impactor, tenemos que el resumen del estudio comienza obviando los antecedentes de la actividad motivo de análisis: el sector turístico canario. Un sector que padece la crisis del modelo en el que sustenta: el turismo de sol y playa, cuya decadencia evidente arrancó a comienzos del siglo XXI, si bien con diferencias entre las islas. Y es que Gran Canaria es la primera en entrar en declive (descenso de turistas y sobreoferta) en 1998/99, mientras que Tenerife inicia su descenso en 2001. En cuanto a Lanzarote y Fuerteventura, el declive comienza en 2003, si bien la llegada de turistas en estas islas presentaba crecimientos más moderados pero continuados.

Así, tenemos que el estudio se refiere a datos de 2008 a 2014, un período que es difícil de calificar, dado que hay acontecimientos previos que han influido en la evolución del turismo en las islas, en España y en el mundo, como la moratoria turística en Canarias o los atentados del 11S de 2001 en Nueva York, o los del 11M de 2004 en Madrid. A todo ello, se suma la crisis económica o gran recesión que se originó con el estallido de la (o las) burbuja inmobiliaria en EEUU y arrastró a las economías de todo el mundo. Esta crisis pudo suponer la puntilla para un sector turístico que rozó el hundimiento absoluto en 2009 en las islas de no ser por las ‘primaveras árabes’ que hicieron el milagro de desviar (desde entonces y hasta hoy día) los turistas europeos de los países mediterráneos competidores del ‘sol y playa’ a Canarias.

Puestos a revisar los datos de Impactur, nos encontramos con que nos dicen que el turismo es la ‘locomotora’ de la economía canaria en los últimos cuatro años (2011-14, incluidos) si bien la gráfica refleja que no estamos ante un crecimiento continuado, sino ante una serpiente de curvas pronunciadas al alza y a la baja que nos marca crecimientos del PIB por encima del 5% y en medio caídas del 1,2%. No destaca el comentario oficial que el PIB turístico en millones de euros no ha recuperado el dato de 2008 (12.623 millones) hasta 2014 (13.032 millones), tras mantenerse seis años por debajo del ‘logro’ del primer año de crisis.

Concluye también el informe que se produce un “incremento del peso del turismo en el conjunto de la economía canaria desde el 30,8% de 2013 al 31,4 con que cerró el año 2014, debido al menor dinamismo de la economía de la comunidad” lo que dicho en otras palabras -y siendo realistas-, significa que la caída de otros sectores aúpa al turismo a convertirse en monocultivo.

Acto seguido, se destaca que “desde 2009 el turismo ha venido incrementando continuamente su presencia en la economía de las islas hasta situarla 4,2 puntos por encima de los niveles del peor año de la crisis”. Suponemos que se referirá a la crisis económica, pero nos resulta demasiado cómodo limitar el análisis a un acontecimiento que no hace sino profundizar en las contradicciones del destino de sol y playa canario, agravadas por una inestabilidad política global (y que no decae).

Igual argumentación se utiliza en torno al empleo que genera la actividad turística, al señalar en esa montaña rusa que ofrecen las gráficas, así como la mejora de la percepción del sector por las siguientes causas: un “incremento de la actividad, la mayor confianza empresarial sobre la solidez de la recuperación y mejora de los márgenes de las empresas directamente relacionadas con la actividad turística”. Muy llamativo este lenguaje cuando resulta que en 2014 el sector turístico tenía menos empleados en las islas que en 2008. Probablemente habría que cruzar también el dato del número de camas ofertadas, sobre todo en Gran Canaria donde el ejecutivo canario se ha empeñado en impedir el desarrollo de hoteles de cuatro estrellas mientras salen del mercado miles de camas de apartamentos residencializados. Sin embargo, si al número real de empleados en el turismo le cruzamos la tabla sobre el total de empleos en Canarias, ahí sí que vemos cómo desde hace cuatro años el número de empleados en el turismo se distancia del conjunto de la población empleada y supera la tasa que había en 2008. Basta mirar el resultado absoluto para comprobar que ese incremento no es porque haya más empleados en el sector, sino porque apenas quedan empleados en los otros sectores productivos.

Los últimos datos se refieren al gasto turístico, con cifras poco alentadoras, al situar en 78,8 euros el gasto medio diario en destino del turista extranjero (que es un ingreso que no hay que despreciar, por supuesto), mientas que no se aporta la cifra del turista español. Por todo ello, nos encontramos con cifras positivas por el papel del turismo en el PIB (el triple que el de la media española, pero sólo un 75% en comparación con Baleares que es el ejemplo con el que deberíamos compararnos) y en el empleo (más del triple que la media española y apenas por encima de la de Baleares, y eso que el turismo en el archipiélago balear tiene un enorme componente estacional).

Tras escribir estas líneas sobre el documento resumen (no se ha publicado el informe completo), me leí el documento ampliado del año anterior (referido a 2013) de unas treinta páginas que sí está disponible. Para no cansarles, les diré que me llamaron la atención varias contradicciones:

Al calificar de ‘locomotora’ económica al sector turístico, se afirma que tiene una capacidad de arrastre sobre la actividad en otras ramas productivas. Curiosa declaración cuando la caída de los demás sectores es contante en el periodo analizado y, además, en casos como el de Gran Canaria agravada por la parálisis administrativa de proyectos de hoteles, puertos deportivos y demás… Ya sea por la falta de planeamiento, el exceso de planeamiento, los pasos de Colón o la exigencia de 5 estrellas a cualquier nuevo establecimiento hotelero.

De hecho, el informe no recoge cuántos hoteles, parques temáticos o centros comerciales se han construido. Tampoco se habla de la reducción de las inversiones en infraestructuras (segunda pista aeropuerto, carreteras, potabilización o depuración de aguas ) ni se cuantifica y analiza la venta de apartamentos y bungalós y la salida (o no) de éstos del mercado turístico, o la pérdida de valor de los establecimientos; ni el impacto del aumento de impuestos autonómicos o estatales… Variables que perfeccionarían muchísimo este modelo de análisis.

También (en el informe sobre 2013) se afirma que en ese año creció el sector turístico gracias al turismo canario… Un dato que ayuda a frenar el impacto negativo de la caída del consumo turístico de los extranjeros y, sobre todo, la reducción del gasto turístico de los peninsulares. Supongo que con tal caída de consumo, es obvio que el estudio destaque lo limitado que fue el traslado de la mejoría del turismo a otras ramas de actividad, ya que la ‘locomotora’ ha sufrido la mengua de “márgenes empresariales y la continua necesidad de ajustes de costes”. Y es lógico, aunque no lo diga Impactur: ante un sector empresarial desunido, los turoperadores consiguen rebajas al límite de la rentabilidad. Aún así, el informe elogia la creación de empleos indirectos gracias al turismo, afirmando que por cada 100 empleos directos se generan 41,7. ¿Y a nadie le interesa saber o profundizar en el por qué no conseguimos más gasto en destino y más empleos directos e indirectos?

De hecho, en el apartado sobre la demanda turística está la clave. La tabla representa que el consumo turístico de peninsulares y extranjeros alcanza el 70% y el de residentes el 16,6% del total del consumo realizado... La inversión privada y pública apenas supone el 16% del impacto económico. Y la conclusión es lógica: si el sol y la playa es gratis ¿cuánto y en qué gastan los turistas en las islas? Pues sólo en comer, beber y alguna cosilla que se compren a lo que habría que sumar algunas visitas a algún lugar perdido o museo. Pero lo peor es que la inversión privada y pública mantiene una caída permanente durante los años que este estudio analiza, o lo que es lo mismo: ya no se le echa carbón a la caldera de la ‘locomotora’. Aunque el Impactur echa voladores al cielo al indicar que la caída de la inversión privada y pública se ralentiza (que no significa que suba, sino que ya no cae tanto) porque “hay más confianza aunque se mantiene todavía condicionada por la falta de acceso al crédito”…

Entre 2008 y 2013 se afirma que hay un crecimiento interanual de pernoctaciones, mayor gasto diario en destino (aunque sea sólo de un 1,1%) y otras florituras, pero no deja de ser contradictorio el informe, sobre todo cuando se analiza el gasto por países de procedencia, ya que Alemania e Inglaterra son con diferencia los que más turistas traen, pero a su vez son los que menos gasto por persona en destino realizan. No así el caso de los rusos, que debería ser estudiado aparte y también explicarse cómo es posible que se dirijan casi exclusivamente a una isla.

Termino hablando de la inversión turística. En el ámbito privado, la mitad se ha destinado a hoteles y similares, fundamentalmente a la reforma y modernización. El siguiente epígrafe en importancia es el alquiler de transportes (un 19,1%). En cuanto al gasto público, el informe destaca que “para dar respuesta al mayor volumen de turistas que han visitado las islas (movilidad, servicios médicos, seguridad ciudadana…)”, los gastos de las administraciones vinculados con la gestión “propiamente turística de la región (promoción turística, infraestructuras turísticas) siguen reduciendo su cuantía un año más, a excepción de los relacionados con la formación profesional”. Y eso a pesar de que los impuestos que recauda la Comunidad Autónoma tienen en el sector turístico el 33,4% del total de sus ingresos, con un crecimiento de la presión fiscal en 2013 respecto a 2012 de un 9,3%.

¿Quién dice que el turismo es un sector parasitario de la economía canaria?

martes, 10 de noviembre de 2015

Turismo y Cultura en el Parlamento de Canarias

Parlamento de Canarias.
El Parlamento de Canarias aprobó una Proposición No de Ley (PNL) por la que se pretende que el sector turístico colabore con el sector artístico y cultural de las islas. La prensa destaca que el sector turístico está llamado a ‘favorecer’ el mercado del arte y a cambio elevará la categoría de los establecimientos por la presencia de obras artísticas en sus complejos. Esta iniciativa presentada por Podemos con el apoyo de colectivos de artistas tiene muy buenas intenciones, pero si lo que busca es aplicar estas premisas podría suponer más un ‘castigo’ que una mejora.

El acuerdo unánime de la Cámara insta al Gobierno de Canarias:
  1. A propiciar un acuerdo entre el sector turístico y el sector cultural en su conjunto (creadores, productores, gestores, etc.), para favorecer la difusión, promoción y comercialización de su trabajo, de sus creaciones y producciones, en las instalaciones, centros, equipamientos y servicios propios del sector turístico de las Islas.
  2. A impulsar conjuntamente con los sectores implicados, las acciones destinadas a promover y distinguir prácticas adecuadas de apoyo, patrocinio y mecenazgo a las creaciones y producciones del sector cultural de Canarias por parte del sector turístico. Así como a las acciones emanadas desde el sector cultural de apoyo, investigación, creación y producción de creaciones, obras y servicios dirigidos al sector turístico.
  3. A potenciar mecanismos de participación de los agentes del sector cultural y del sector turístico para que puedan contribuir de manera efectiva a la estrategia que, desde el ejecutivo canario, se implemente para favorecer la sinergia y la colaboración entre ambos sectores.
  4. A convocar una mesa de trabajo para tal fin en el primer trimestre del 2016, en la que, entre otros, estén representados los artistas visuales canarios, las asociaciones de gestores culturales, galeristas y expositores de arte.
Aunque en estas líneas no se cita la compra de obras artísticas o la mejora de la categoría por incorporar esculturas o pinturas en los edificios, me temo que la PNL tendrá un recorrido complicado y polémico tanto para el sector artístico al que pretende favorecer como para el sector turístico al que apunta con una nueva modalidad de impuesto o exigencia económica que probablemente no aportará valor al producto ni al destino. Además abre muchas incógnitas para poder desarrollar la propuesta. Por ejemplo, a ningún empresario se le puede imponer la compra de una obra artística si éste prefiere (y en este caso sí sería un atractivo turístico) un Kandinsky, Picasso o Chagall... Y así otros condicionantes que no responden a la pregunta fundamental: ¿Qué valor aporta o retorno de inversión producirá una obra artística al establecimiento? Y del otro lado ¿No debe contemplar la PNL a otros sectores artísticos que también existen en las islas? Los músicos por ejemplo, esos que hace años tocaban en los establecimientos turísticos y que han sido apartados por una empresa foránea que ofrece espectáculos con chinos, eslavos y africanos (del continente). ¿Y los escritores? Otros ninguneados, como la editorial ‘horaantes’ que no logra apoyo empresarial ni institucional para divulgar entre los turistas a nuestros escritores. Tampoco olvidemos el apoyo a festivales, y eventos culturales (algunos con patrocinio de empresas turísticas). Y así muchos episodios de falta de entendimiento entre artistas y el sector turístico (no todos, claro) que no difiere del resto del mundo empresarial.

Aún así, los proponentes están convencidos de que el arte dará más valor y atractivo a los hoteles, pero la experiencia de los últimos 50 años nos demuestra que esa idea no es real. Algunos inversores incorporaron obras de arte en sus establecimientos, como el Hotel Oasis Maspalomas de donde serían retiradas y vendidas. Una tendencia de desvalorización de lo artístico que ha cambiado en los últimos años coincidiendo con el 50 aniversario de Maspalomas Costa Canaria. .Y es que la colaboración de artistas se inició gracias a la iniciativa de la familia condal, el arquitecto Manuel de la Peña y algunos más. Gracias a ellos, hoy día se pueden contemplar obras de arte en numerosos establecimientos.

Y ya que hablamos de artistas ¿se puede su papel en la sociedad? ¿Qué opinaban algunos de nuestros grandes creadores?:
  • Manolo Millares: “El arte no debe serlo porque agrade (que no andamos en tiempos de buenas digestiones ni de reír por tonterías) sino más bien porque duela rabiosamente”.
  • César Manrique: "Creo que estamos siendo testigos de un momento histórico en donde el enorme peligro del destrozo del medio es tan evidente que tenemos que entrar en una nueva responsabilidad con respecto al futuro”.
  • Néstor Martín-Fernández de la Torre: “Todos, absolutamente todos los canarios somos culpables de haber liquidado nuestro pasado. Tenemos el deber de reconstruirlo y exigir que todos colaboren a esta obra”.
  • Saulo Torón: “En este peñón atlántico / hay que juzgar de este modo: / o eres del todo romántico / o eres imbécil del todo…”
Este posicionamiento crítico refleja la postura de quienes imaginaron el espacio turístico para crear un modelo original, cuando el sol y playa no lo había invadido todo.

Por ello, espero que esta PNL no se encamine a una simple venta (impuesta) sino que promueva un cambio de mentalidad de los artistas y empresarios. Es por ello que los artistas han de re-crear el producto para hacerlo más rentable. Sólo así podrá interesar al sector turístico. Hay que demostrar que la cultura, el arte, implica mucho más que una estrella para elevar la categoría de un edificio y su valor. El arte es experiencia vital, incluida la actividad turística, como enseñaron Néstor y César.

Pero, no podemos pasar de largo que esta PNL sólo hace referencia al sector turístico, cuando todos los sectores deberían apoyar al cultural.

Puede que ese señalamiento al sector turístico tenga que ver con el falso tópico de que el sector es el más subvencionado. Pero la realidad es bien distinta. Las inversiones en hoteles sólo pueden acogerse a los llamados Incentivos Regionales (fondos europeos), con una ayuda de hasta el 5% a la inversión industrial en España (no sólo Canarias), que se amplió a los hoteles y recientemente se ha conseguido incrementar hasta un 20% si se trata de obra nueva o renovación. Esta subvención obliga entre otras cosas a:
  • Mantener la plantilla
  • Es sólo para alojamientos de 4 ó 5 estrellas
  • La ayuda es limitada a una cantidad anual
  • Los parques temáticos obtienen un porcentaje mayor de ayuda.
  • ...
Dicho esto… ¿Cuántos hoteles se han construido en Gran Canaria en los últimos diez años? ¿Cuántos parques temáticos en los últimos veinte años? Queda claro que esas ayudas no impulsan la construcción ni la reforma o modernización turística. Encima, algunos partidos y sindicatos insisten en implantar una tasa a los visitantes. Un suma y sigue a la subida en un 40% del IGIC, las tasas aeroportuarias, el laberinto y arbitrariedad de leyes, los impuestos a los combustibles o a las energías ‘limpias’ y veremos qué más trabas se le ocurren a nuestros gobernantes.